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La tienda de Leoncio de la Torre

leoncio001.jpgEn 1902, existían en Triana 28 tiendas de ultramarinos, o como popularmente se las conocía: de aceite y vinagre. Una de ellas era la de Leoncio de la Torre, ubicada en el número 52 de la calle Mayor de Triana, local ocupado hoy por una perfumería. Las imágenes en alta resolución disponibles en la FEDAC invitan a recorrerla al detalle, a detenerse a leer los carteles publicitarios, a husmear en los estantes y a comprobar el género metiendo la mano en los sacos que hay en el suelo. Llaman la atención las cajas de galletas de la marca inglesa Peek Freak en lo alto de la estantería, las damajuanas protegidas con mimbre en el suelo, o el barril de sal inglesa rotulado con las letras J.T.

leoncio003.jpg Lejos de pretender escribir una biografía sobre su dueño, que sin duda merecería un trabajo de investigación más extenso, sí me parece interesante dar algunas pinceladas sobre la vida de este comerciante, cuyo nombre completo era don Leoncio de la Torre y Sarmiento, y rescatar así su memoria.

leoncio004.jpg De don Leoncio podemos aportar algunos datos. En el reglamento de la Sociedad Filarmónica de Las Palmas (creada en 1866), publicado en La Opinión el 6 de septiembre de 1873, aparece como archivero de la sociedad, de lo que deducimos que tenía inquietudes musicales. El 1 de julio de 1903 su nombre aparece en una lista para contribuir a la creación de una estatua en Madrid, dedicada al excmo. literato y estadista don Emilio Castelar, y para la que aporta 2 pesetas. El 30 de marzo de 1908, se le concede la autorización correspondiente para desempeñar el cargo de Vice-cónsul de Brasil en la Ciudad de Las Palmas. En la Guía de la Ciudad de Las Palmas publicada en 1911, a la que ya dediqué un artículo, encontramos un anuncio de su tienda:

leoncio005.jpg En la prensa de la época su negocio aparece con frecuencia en la sección de avisos. El más curioso es este publicado el 10 de julio de 1899, en el que aparece una oferta muy interesante:

España 01071899.jpgEl manantial del Balneario de Santa Catalina fue descubierto en la década de 1860. En 1876, el doctor Mariano Carretero determina que son aguas cloruradas sódicas. Estaba situado a 3 km de Las Palmas, y se podía ir a pie, en tranvía, o en los carruajes que los propietarios ponían a disposición de quienes quisieran hacer uso de las aguas y de los baños, y que salían regularmente. El edificio tenía en el centro un precioso jardín cultivado con esmero, y en cada uno de sus lados seis cuartos de baño perfectamente dispuestos. Las pilas eran de grandes dimensiones, y el agua se extraía del pozo con dos bombas y era conducida al baño por una tubería de hierro. El salón de descanso, que cerraba el establecimiento por la parte de oriente, era espacioso y estaba decorado con gusto y elegancia. Todo preparado para que la estancia en el balneario fuera cómoda y agradable, tanto para los que iban a beber su rica agua mineral como para los que acudían a dejar sus dolencias en sus saludables baños.

Don Leoncio falleció el 5 de julio de 1915. En la prensa apareció la noticia y decía así: "Ha fallecido en esta ciudad don Leoncio de la Torre Sarmiento, comerciante de gran reputación en esta localidad, persona de trato afable y de cualidades excepcionales de carácter, que le hacían ser objeto de estimación y aprecio en Las Palmas."

Con la muerte del comerciante llegó la desaparición de la tienda, y más tarde la del balneario. De todo aquello ya solo nos quedan unas viejas placas fotográficas y unos anuncios amarillentos. Sirvan estas letras para que cuando usted pasee por Triana y llegue a la esquina de la calle Clavel, recuerde a don Leoncio y a su entrañable tienda de aceite y vinagre.

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