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Los cuadernos del cirujano

20141122_135523~2.jpgDespejar incógnitas es uno de mis pasatiempos favoritos, a pesar de que nunca se me dieron bien las Matemáticas. Yo siempre fui de letras; de Literatura; de Historia; de lenguas muertas... Un ratón de biblioteca con un suspenso eterno en Matemáticas que con el tiempo se convirtió en un detective por cuenta propia ocupado en resolver enigmas, ¿pero de qué tipo? Cualquiera que comenzara en un rastro de tinta y terminase en archivos y hemerotecas. Pero seguir un rastro de ese tipo a veces no resulta sencillo. En ocasiones ocurre que cuanto más investigas más se difuminan las certezas, y las pistas se vuelven brumosas. Quienes siguen mis escritos desde el principio ya conocen mi pasión por los manuscritos. Hoy les traigo el caso de dos antiguos cuadernos que llevan años cogiendo polvo en mi biblioteca, y de los que aún no he podido averiguar la misteriosa identidad de la mano que se esconde tras esa preciosa letra.

IMG_E1848 ret.jpgSe trata de dos cuadernos numerados y titulados "Patología Quirúrgica", que según aclara la primera página del cuaderno nº 1, "es aquella parte de la medicina que se ocupa especialmente de las enfermedades externas o quirúrgicas", o para entenderlo mejor, aquellas enfermedades que exigen procedimientos manuales u operatorios para su curación. Fueron escritos a plumilla con una delicada y pulcra letra cursiva en algún momento del siglo XIX. Sus más de 350 páginas contienen 62 lecciones, y hay muchas curiosidades. Llama mi atención las explicaciones sobre la picadura de distintos animales.

Veámos lo que dice sobre la serpiente de cascabel: "Es una culebra cuyas escamas producen al andar un ruido particular al que debe su nombre. Esta picadura es siempre mortal pues el veneno produce instantáneamente una adinamia extraordinaria. Se cuenta que el capitán Daille ató una culebra e hizo que mordiese a tres perros y los tres murieron; el 1º a los 30 minutos, el 2º a las dos horas y el 3º a las 3 horas y media. Mr. Drake murió también a las 9 horas de haber sido mordido. De todos modos debemos hacer la cauterización con el cauterio actual y hacer uso de bebidas excitantes y tónicas."

IMG_E1850 copia.jpgRespecto a la de escorpión: "Este animal es una araña cuya picadura es más graves que las dichas antes. Sus síntomas son: dolor muy agudo; tumefacción y rubicundez que se propaga a mucha distancia, hay además los síntomas nerviosos siguientes que son muy pasajeros: angustia, ansiedad, tendencia al desfallecimiento, náuseas y vómitos. Se cura usando primero los repercusivos y después los emolientes y narcóticos. Deben administrarse ligeros antiespasmódicos."

Lo que revela sobre la picadura de la tarántula no tiene desperdicio: "La tarántula es una araña de Tarento cuya picadura va acompañada de los síntomas locales dichos en la de escorpión y de algunos síntomas generales, y principalmente una agitación continua. Ha habido la preocupación de que esta picadura se curaba tocando en la guitarra ciertas sonatas al compás de las cuales bailaban los enfermos. Las curaciones obtenidas por este medio dependen del sudor que se determina y el mucho ejercicio, y de la preocupación que hay. El método curativo que hay que emplear es el mismo que para la picadura de escorpión."

También aparecen algunas fórmulas magistrales, como ésta para elaborar el que la mano anónima denomina Licor de Gaugal, y que resulta ser un potente desinfectante. Aquí tienen la receta: "de agua común, dos libras; de cloruro sódico, onza y media; de alumbre, ídem; de nitrato de potasa".

IMG_1849 copia.jpg Admiren la caligrafía y lean un extracto de lo que dice de las heridas por armas de fuego: "Los antiguos creían que los proyectiles adquirían un veneno al atravesar el aire, así consideraban como envenenadas todas las heridas que producían, lo cual dio lugar a graves errores terapéuticos".

Estas son solo algunas píldoras para que el lector se haga una idea de la curiosa información contenida en estas páginas amarillentas. Puede que a estas alturas se haya preguntado como llegaron a mis manos. Los encontré en el estante de una de esas librerías donde van a morir los libros que ya nadie quiere.

Pero vayamos al misterio que nos ocupa, ¿quién fue el autor de estos cuadernos? Para averiguarlo elaboré una relación de los médicos que ejercían en Las Palmas en el año 1869, acotando así las posibilidades:

-Domingo Navarro Pastrana
-Domingo Déniz Greck
-Manuel González y González
-Luis Navarro Pérez
-Juan Padilla y Padilla
-Pedro Suárez Pestana
-Miguel de Rosa y Báez
-Gregorio Chil y Naranjo
-Andrés Navarro Torrens
-Victor Grau Bassas
-Antonio Jiménez Suárez

El siguiente paso consistió en comparar la caligrafía del cuaderno con la de los doctores anteriormente mencionados. Descarté a Gregorio Chil y Naranjo porque los técnicos de El Museo Canario no reconocieron en los cuadernos la letra de su fundador. También taché de la lista a Pedro Suárez Pestana. En su día escribí un artículo titulado Misterio caligráfico en el que analizaba una receta expedida por este doctor en 1872, y no hace falta ser un perito calígrafo para comprobar que no fue el artífice de estos apuntes. Para seguir tachando nombres de la lista es necesario encontrar documentos escritos por estos doctores, y ahí es donde se detienen mis investigaciones por tener muchos frentes abiertos sobre el escritorio y muy poco tiempo. Confío en que más temprano que tarde acabaré retomando el caso y averiguando, si tengo suerte, la identidad de este enigmático médico del siglo XIX.

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