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La chimenea Swanston

swanston.jpgAgosto. Una tarde cualquiera. El sol luce radiante y hace un calor insoportable. La línea 1 me ha traído hasta el barrio de Arenales, y ahora camino por la calle Aguadulce siguiendo el sinuoso y estrecho sendero que me marca la sombra. Me dirijo a un local situado a un par de calles con la intención de visitar a una amiga, que como yo, tiene alma de brocante. Hace tiempo que no la veo y quiero curiosear las novedades que ha añadido a su particular gabinete de antigüedades.

Entonces me percato de la presencia del gigante, y cambio de acera. Detengo mis pasos un poco más adelante, frente al colegio, y uso mi mano a modo de visera para observar al monstruo. Ya lo había visto en otras ocasiones, pero nunca desde este ángulo. Se trata de una chimenea de ladrillo rojo a la que todo el mundo conoce como chimenea Swanston. Desde aquí solo es posible verla parcialmente ya que ha quedado atrapada en el interior de una manzana de casas. Mientras la miro detenidamente aparece un hombre en bicicleta que se para frente a la puerta metálica del patio del colegio. Va a entrar. Sin pensarlo dos veces me acerco y le pregunto por la chimenea. El hombre sonríe. Me invita a pasar y a verla de cerca. Mientras caminamos hacia ella me cuenta que a su alrededor crece un huerto urbano. Yo no tenía ni idea. Deja la bicicleta junto a una valla y nos adentramos en el cercado.

Desde aquí puede verse la construcción en todo su esplendor. Tiene unas dimensiones impresionantes: 37,5 metros de altura y 2 metros y ochenta centímetros de diámetro en su base, que se reducen en lo alto hasta el metro sesenta. Fue construida por el arquitecto Fernando Navarro en el año 1900, y formaba parte de una factoría que pertenecía a la antigua Sociedad Canaria de Molinería y Panificación. Más tarde fue una fundición mecánica. Luego, en 1962, pasó a ser la fábrica de jabones "Dos Llaves", fundada por Manuel Quevedo Alemán, y que funcionó a pleno rendimiento hasta 1980, año en el que se destruyó el complejo.

El hecho de que se llame "Swanston" es un error que por alguna razón se consolidó con el tiempo, porque no existe vínculo alguno que relacione esta fábrica con los Swanston que construyeron el puerto. Probablemente sea por asociar la fábrica de jabón con el conocido jabón fabricado por esta familia inglesa y que toda la ciudad conocía como jabón "suasto".

IMG_1973 copia.jpgJose Luis, que así se llama mi cicerone, me enseña todo lo que tienen cultivado. Él es un agricultor a tiempo parcial, yo un urbanita a tiempo completo, y aunque me suena a chino todo lo que me cuenta del compost y las lombrices, le presto toda mi atención porque es algo que siempre ha llamado mi atención. Me dice que trabajar en ese pedacito de terreno es volver a nuestras raíces, es poner los pies en la tierra. Cuánta razón. Claro que no es el único que trabaja en ella. Forma parte de un heterogéneo grupo. Mientras me muestra todo lo que tienen plantado parece que la chimenea me observa desde lo alto. Soy un extraño que ha invadido sus dominios y que de repente planea escribir sobre ella. Yo no puedo evitar mirarla de vez en cuando, mientras a mi alrededor crecen tomates, higos, aguacates, frutas tropicales, plantas medicinales... siempre con el beneplácito de ese gigante, que languidece olvidado entre los edificios del barrio como el último testimonio del pasado industrial de Las Palmas de Gran Canaria.

Antes de irme le pido a Jose Luis que me deje tomar algunas fotografías. El amable agricultor desaparece unos instantes y regresa con un obsequio: un manojo de hierbabuena recién cortado y que huele de maravilla. Le doy las gracias y me acompaña hasta la puerta. Dejo atrás la tapia del colegio y mis pensamientos fluyen por el interior de la chimenea. Ya he olvidado a dónde iba... ¡ah sí! a ver a mi amiga, la que tiene alma de brocante. Continúo calle arriba y cuando llego a su local le digo:"Mira lo que te traje". Ella sonríe, ¡Un ramillete de hierbabuena!

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