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Archivos Julio 2018

00011674_0001 color.jpgEscribo estas líneas sentado en un banco de la Calle Mayor de Triana. Uno próximo a la esquina con la calle Arena. La mañana está agradable y llevo un rato distraído con el ajetreo que siempre hay en esta arteria comercial. No estoy en este banco por casualidad. Me he sentando aquí para tratar de imaginar la antigua casa que en otro tiempo había en la esquina con Arena, frente al elegante edificio Lleó, donde hoy se levanta una anodina construcción que en sus bajos alberga una conocida zapatería.

A simple vista puede verse a través de los escaparates a una señora eligiendo un bolso y unos zapatos de tacón a juego, mientras un señor busca unos zapatos cómodos en la sección de caballero. Yo trato de ver más allá, e intento visualizar el edificio que se levantaba justo ahí no hace tanto tiempo, y que fue devorado por las llamas en la década de los sesenta. Pero vayamos por partes. El edificio al que nos referimos se erguía en la esquina de esta calle ya desde finales del siglo XIX, como puede verse en esta fotografía de Luis Ojeda Pérez. En la imágen aparece una Triana muy distinta. No se moleste en ubicar ciertas fachadas que han desaparecido.
00281 1890-1895.jpgComo atestigua la prensa, ya en la década de los 30 del siglo XX ocupaba los bajos de este precioso edificio la Droguería-Bazar Espinosa.
Alerta 01101938.jpgAnteriormente, como vemos en este ilustrativo reclamo aparecido en El Noticiero del 1 de enero de 1919, ocupaba el local de Triana, 29.
el noticiero 01011919.jpg
En otra ocasión ya les conté el impacto que produjo en mí las llamas en la antigua botica cuando yo tan solo tenía 4 años. La imagen que quedó grabada en mi memoria se parece mucho a la que encabeza este artículo.

El 29 de abril de 1962 era un día de fiesta en Gran Canaria. El día de la procesión del pendón de la Conquista. Se cumplían 479 años de la incorporación de Gran Canaria a la Corona de Castilla. Pero este evento quedó eclipsado por el virulento incendio que se desató aquella tarde en el corazón de Triana. El humo atraía a los curiosos. Fíjese en esta fotografía tomada desde Vegueta y en la que se aprecia la impresionante columna de humo. Los bomberos no extinguieron el fuego hasta la mañana siguiente.

00007076_0001 ret.jpgEl comercio quedó reducido a cenizas y el edificio en tan mal estado que finalmente fue derribado. Hace unos días, cuando ya tenía en mente escribir este artículo y me estaba documentando, encontré en el sótano de un anticuario esta percha plegable con publicidad de la droguería. Un objeto sencillo, pero cargado de historia.
percha.jpgCuando pasee por Triana y pase delante de la zapatería, haga como yo, siéntese en un banco y trate de imaginar el bonito edificio que se levantaba en esa esquina de la calle Arena, que se prendió fuego y del que ya no queda nada... ni siquiera las cenizas.

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Mientras escribía las primeras líneas sobre los negativos en cristal hallados en el mercadillo de Las Palmas, recordé la última vez que estuve en París, y mi visita al Mercado de las Pulgas de Saint-Ouen. Había numerosos puestos dedicados exclusivamente a la venta de este tipo de fotografías. Miles y miles de antiguas placas de vidrio en cajas donde aparecían retratados damas y caballeros luciendo sus mejores galas. La mayoría con gesto serio para no salir movidos. Exigencia de las largas exposiciones fotográficas del momento. No era para menos, iban a pasar a la posteridad. Además, con la boca cerrada no se apreciaría el mal estado de sus dientes.

Las Palmas no tiene un mercado de pulgas. Ya me gustaría. Aunque han habido algunos intentos muy interesantes impulsados por el floreciente gremio de anticuarios de nuestra ciudad. Tenemos un mercadillo de toallas, calcetines y calzoncillos. No voy a engañarles, en el mercado de París también venden estos artículos; y en la Feira de Ladra de Lisboa; y en el maravilloso rastro de Madrid. Pero esos puestos tienen en ellos una presencia anecdótica. Allí lo que se mueve son antigüedades. En el de Las Palmas, entre tanta prenda, hay tres puestos interesantes. Uno de libros antiguos y curiosidades, y dos inclasificables donde a veces aparece algo interesante. Pero volvamos a los negativos y a las preguntas que dejé en el aire en la primera parte de este artículo.

Según mis investigaciones las fotografías fueron tomadas en torno a 1910. Se trata de la celebración de una primera comunión en la casa que los Massieu tenían en El Tejar, en el pago de Las Meleguinas, del término municipal de Santa Brígida. Respecto al fotógrafo, en su día se las enseñé a un experto en fotografía antigua y me dijo que podrían haber sido tomadas por Luis Ojeda Pérez. A continuación las dos imágenes inéditas y ya positivadas:

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P1030903p.jpgCon una copia de las fotografías me presenté en la casa y su propietaria me atendió amablemente. Le enseñé las imágenes y buscamos, sin éxito, el lugar donde fueron tomadas. Llegamos a la conclusión de que quizás esa zona habría sido transformada en algún momento del siglo XX y ahora era irreconocible.

Queda por responder una pregunta, ¿cómo habían acabado estos negativos en el rastro? Para obtener una respuesta volví al mercadillo al domingo siguiente y le pregunté al vendedor. Me contó que procedían de una casona de Vegueta que había sido vaciada para ser puesta a la venta, y que él no había sido el único en comprar cosas. Semanas después comprobé que algunos anticuarios habían llenado vitrinas y escaparates con los más finos artículos sacados de aquella mansión.

Le di las gracias por la información y antes de que me fuera extrajo del bolsillo de su chaqueta un objeto envuelto en un pañuelo. Lo extendió y salió a relucir un precioso sello para lacre de estilo art nouveau que procedía de la misma mansión. Hoy reposa sobre mi escritorio, junto a otros golpes de suerte, como la escribanía de bronce o la polvorera de peltre.

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IMG_E1743.JPGEn los anaqueles de mi biblioteca no solo hay papel. Entre los libros y las cajas con documentos hay objetos antiguos, la mayoría traídos de mis viajes a otras épocas. También los hay con un origen más prosaico. Algunos han salido de la oscura vitrina de un anticuario. Otros, como el caso que hoy nos ocupa, han sido hallados sobre la manta de un puesto de mercadillo. La procedencia es lo de menos. Particularmente lo que me interesa de ellos son las historias que callan... o que cuentan. Ahí es donde radica el encanto, y donde surgen mis letras.

Hace unos días, retirando el polvo a esos objetos que componen mi particular gabinete de curiosidades, reparé en una cajita que ya tenía olvidada. La adquirí hace una década en un mercadillo de esta ciudad. Buscaba libros, pero como siempre estaba preparado para cualquier cosa. Recuerdo una ocasión en la que encontré una preciosa polvorera de peltre de las guerras napoleónicas, o cuando localicé entre un montón de calderos y sartenes viejos una preciosa escribanía de bronce de finales del siglo XIX que hoy decora mi escritorio. La suerte me acompañó también ese día y hoy voy a compartir con ustedes la historia y el contenido de esa cajita. Dicen que la basura de un hombre es el tesoro de otro ¡cuánta razón! porque sobre una manta, en el suelo, había toda una suerte de objetos que parecían recuperados de un vertedero. Eché un vistazo rápido y una caja de cartón llamó mi atención. No me pregunten por qué. Llámémoslo intuición.

El vendedor me la alcanzó y me dijo que contenía unos delicados cristales envueltos en periódico pero que no sabía qué eran. Escrito a lápiz un nombre y una dirección: "Nicolás Massieu Falcón, calle Castillo, 2". Saqué con cuidado el primero de ellos y comprobé que se trataba de un negativo al colodión sobre vidrio, o lo que es lo mismo, una antiquísima fotografía en cristal. Rasgué los periódicos, que por cierto eran de principios del siglo XX, y comprobé que había dos artefactos más.

Pagué lo que me pidió por ellos sin rechistar. Cuando llegué a casa los saqué con mucho cuidado, deseoso por desvelar las imágenes que habían quedado retenidas en aquellos frágiles cristales. Lo primero que hice fue positivar las fotografías. Como no disponía de escáner utilicé un método más rudimentario pero efectivo. Coloqué cada una de las placas a contraluz y tomé una fotografía digital que luego invertí en Photoshop. Miren el antes y el después.

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De repente me encontré con un grupo de personas vestidas de época que me miraban fijamente. Sentí un escalofrío y me embargó la falsa sensación de que la fotografía había sido tomada hacía unos días, debido seguramente a la sorprendente nitidez de la imagen. La escena ya la había visto antes en la base de fotografía antigua de la FEDAC. Solo que ellos tenían una deteriorada copia en papel y yo acababa de encontrar el negativo. En la fotografía aparecían miembros de dos familias emparentadas, los Massieu y los Manrique de Lara. Destacaba de pie, al fondo y a la izquierda, el pintor Nicolás Massieu y Matos (1876-1954).

Mientras analizaba el contenido de las otras dos placas en el ordenador me asaltaron una serie de preguntas. ¿Cómo habían acabado aquellos negativos en un rastro? ¿Quién había sido el fotógrafo? ¿Existía aún la casa que aparecía vagamente en las imágenes?

La respuesta a estas preguntas y el contenido inédito de las otras dos placas bien merecen otra entrada.

Continuará...

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1686.jpg En las novelas de aventuras un mapa es un encantador cliché donde la "x" siempre marca el lugar en el que hay enterrado un tesoro. Encontrarlo jamás resulta fácil. Siempre hay alguna dificultad. Y si no pregúntenle al pequeño Jim Hawkins, protagonista de La Isla del Tesoro, novela escrita por Robert Louis Stevenson.

En la vida real, un mapa impreso hace más de 300 años es ya de por sí un tesoro, aunque no me negarán que una "x" indicando un lugar añadiría romanticismo y emoción a nuestras vidas. No es el caso. Ojalá. Aún así el documento que hoy les traigo invita a soñar, a navegar... y dan ganas de sentarse en la posada del Almirante Benbow a releer a Stevenson.

Se trata de una carta náutica de las Islas Canarias de 55 x 47 cm, dibujada en 1686 por el cartógrafo holandés Hendrick Doncker (1626-1699) en el que se aprecian escalas, líneas de rumbo y rosa de los vientos. Antes de entrar en materia deben saber que este documento procede de una mansión de Vegueta. Cómo fue a parar allí... jamás lo sabremos. Ahora veámoslo de cerca.
angeles.jpg En un recuadro, en el margen superior derecho, hay un apéndice con detalles sobre la Isla de Lanzarote.lancerota.jpg Atentos a la representación de la Isla de Gran Canaria. Aparece dibujado el castillo de la Luz, la pequeña ciudad de Las Palmas con la Catedral, y el Guiniguada. El ancla indica un puerto natural.
grootcanaria.jpgDije al principio que una "x" añadiría emoción. Como habrán comprobado este mapa no la tiene, pero si le damos la vuelta encontraremos una enigmática frase que de momento no he podido traducir, tal vez el lector pueda ayudarme:
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Las casas del casco antiguo de Las Palmas de Gran Canaria siguen arrojando documentos de gran valor histórico. Este en concreto se encuentra expuesto en La Deco Chic, en la Calle Reyes Católicos nº 12. Uno de los anticuarios de Vegueta. Pasen a verlo, y si resuelven el enigma que hay en el reverso ¡avísenme!

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CIMG0739.jpgNo todos los turistas que pasan por la plaza de Santa Ana disparan instantáneas con su cámara. Los hay que se sientan a dibujar e inmortalizan lo que ven a golpe de lápiz. Una vez conocí una chica alemana que trazaba una vista de la Catedral. Se llamaba Anne, y estaba sentada en los escalones de las Casas Consistoriales. Por aquella época yo también dibujaba, así que le enseñé mis dibujos y ella me enseñó los suyos. Su cuaderno contenía encantadoras vistas a mano alzada de Vegueta y de Triana. Me confesó que prefería el lápiz a la cámara porque al dibujar el lugar quedaba retenido con más fuerza en su memoria.

En otra ocasión, mientras leía la prensa en un banco de la plaza, se sentó a mi lado un caballero de avanzada edad con aspecto de bohemio. Llevaba un desgastado sombrero Panamá, gafas redondas de metal y una larga barba blanca. Sacó una libreta del bolsillo de su sahariana y no pude evitar mirar de soslayo. Con una asombrosa destreza comenzó a convertir los perros de la plaza en siluetas. Se dio cuenta de que miraba y esbozó una sonrisa. Yo elogié sus dibujos y tras un apretón de manos, nos presentamos. Se llamaba Geri y procedía de Israel. Me contó que escribía poemas y relatos, y que viajaba por las islas sin prisas, con la única intención de conocer el archipiélago y atrapar lugares en su libreta. Mientras hablábamos no perdía de vista su trazo ágil y preciso, ajeno al resto del mundo... que disparaba fotos sin cesar.

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waterman bottle.jpg¿Quién puede resistirse al encanto de la letra manuscrita? Yo sucumbí hace años. Desde entonces escribo todos mis textos a mano y nunca me separo de mi cuaderno. Tampoco de mi pluma de resina azul y acero, vestida de riguroso luto por dentro. Es imposible resistirse. Tampoco lo pretendo. En esta época donde todo es digital y con prisas, es interesante volver a lo orgánico: al papel y a la tinta.

Hoy quiero que se contagie de ese encanto. Para ello vamos a seguir un rastro de tinta que nos llevará a un viaje en el tiempo y en el espacio. Retrocederemos a Las Palmas en 1884 haciendo equilibros sobre la preciosa caligrafía de un comerciante llamado Horacio Morello y Coloma.

El documento que hoy les traigo fue escrito en el despacho de la casa de comercio Morello e Hidalgo, que como su membrete indica, estaba situado en Vegueta, en la calle de la Pelota, nº 13, y se dedicaban a "negocios por cuenta propia y a comisión. Consignaciones y tránsitos".
morelloa.jpgmorellob.jpgNo voy a pedirle que se pelee con la preciosa caligrafía, ya lo he hecho yo. A continuación, la transcripción de esta carta dirigida a los Señores Gutiérrez y Hermanos, en Jerez de la Frontera, una bodega muy famosa de aquella época:

Las Palmas 4 de noviembre de 1884

Sres. Gutiérrez Hermanos
Jerez de la Frontera

Muy señores míos:

en abril del corriente año regresé de mi viaje a la República Argentina a donde me llevó un asunto que tengo aún pendiente de consolidación, a la par que me propuse estudiar aquel país mercantilmente.
El principal móvil de mi viaje era el negocio que traigo entre manos y que según dejo dicho está en vías de feliz término, y mis estudios comerciales me han dado por resultado mi decisión a establecerme en aquel territorio abriendo una casa de comercio introductora en general y que abarque todos o casi todos los ramos del comercio.
Como centro de mis operaciones comerciales he elegido la ciudad de la Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, ciudad de gran porvenir y donde se está desarrollando un rápido e inconcebible progreso mercantil. Solo tiene 4 años de existencia, cuenta con 55 a 60 mil almas, hay una asombrosa fabricación de edificios para habitaciones, grandes y suntuosos palacios, casas de gobierno ocupadas por el elemento oficial, Bancos, sus calles son anchas y excepción hecha de los barrios extremos, se halla alumbrada por luz eléctrica. Tiene ferrocarriles, teléfonos y telégrafos. El puerto fue rematado en diez millones de pesos fuertes, y ya están terminados dos de los cinco canales en proyecto, dentro de 4 ó 5 años harán en él las faenas de carga y descarga los buques de ultramar de gran calado y alto bordo.
Con objeto de llevar adelante mi propósito, la casa que regento en esta plaza bajo la razón social de Morello e Hidalgo, pasará una circular a todos mis amigos del cese de la misma y en época no lejana pasaré a aquella república donde creo asociarme a un amigo de conocimientos comerciales y de capital suficiente para emprender negocios de importancia y en grande escala.
Como para desarrollar mi pensamiento cuento con el apoyo de mis amistades, el cual será tanto moral como material, desearía figuraran ustedes entre mis corresponsales de confianza manifestándome si merezco de parte de ustedes la misma que dispensaron a mis antecesores Horacio Morello y cª, y con la que siguen honrando a la casa próxima a cesar que lleva mi nombre en esta Ciudad.
En espera de sus gratas noticias quedo siendo siempre atto. S.S. Q.B.S.M.

Horacio Morello y Coloma [rúbrica]

Espero que a don Horacio le fueran bien los negocios en aquel país tan lejano.

¡Cuánto ha cambiado la comunicación! ¡cómo hemos mejorado! pero no me negarán que con la rapidez que nos proporcionan las nuevas tecnologías perdimos todo el encanto. Mentiría si dijera que renuncio a las modernidades...¿si no, cómo me iba usted a leer? Tengo alma antigua pero soy un hombre de mi tiempo. Aunque si tuviera que elegir, elegiría sin duda la pluma y el tintero.

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IMG_E1659ret.jpgAlgunas de las casas señoriales del casco histórico de Las Palmas de Gran Canaria poseen notabilísimos ejemplos de aldabas, muchas de ellas de alto valor artístico. Manos, figuras zoomórficas o simples anillas. En bronce o en hierro. Las hay de todas clases.

Su diseño y complejidad pueden darnos una idea del poder social de los antiguos moradores de la casa. Ya saben... "de tal casa tal aldaba". Hoy salimos con la cámara a la calle a "cazar" estos preciosos llamadores, tan escasos como extraños. He aquí el resultado ¿Cuál es tu preferida?


IMG_E1629ret.jpgIMG_E1636ret.jpgIMG_E1645ret.jpgIMG_E1640ret.jpgIMG_E1650ret.jpgIMG_E1625ret.jpgIMG_E1654ret.jpgIMG_E1656ret.jpgIMG_E1641ret.jpgIMG_E1634ret.jpgIMG_E1646ret.jpgIMG_E1648ret.jpg

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IMG_1552 copia.jpgSi le pareció curioso el rótulo desgastado de la London Assurance, en el 6 de la calle Clavel, tiene que ver este otro situado justo al lado, en el actual número 8. Éste está mejor conservado, por encontrarse en el interior de un zaguán a salvo de las inclemencias del tiempo. Se ve desde la calle, solo tiene que mirar con discreción a través de unos barrotes. El día que fui a tomar la instantánea que preside este artículo encontré la verja abierta y pude hablar con los propietarios, que me atendieron muy amablemente y me permitieron tomar una fotografía desde dentro, mientras me contaban una historia fascinante ocurrida en el edificio en 1966. Desde aquí darles las gracias. Pero vayamos por partes.

El cristal rotulado a mano alzada se encuentra en penumbra, a la izquierda, sobre una puerta que da acceso a un semisótano. Lo descubrí un día mientras paseaba por allí distraído, y cuando lo vi me llamó la atención aquel apellido de sobra conocido, en Triana y en Las Palmas, pintado con letras amarillas: Rexachs ¿Quién ha olvidado la maravillosa papelería? ¡Cuántos tesoros escondía la trastienda de Rexachs! Era uno de los últimos sitios, junto a Lantigua, donde conseguir cinta para máquina de escribir. La papelería ya no volverá, hoy solo quedan los espejos pintados de Triana... y este rótulo intacto de la calle Clavel, en el semisótano donde comenzó la historia de esta saga familiar.

Pedro Rexachs Torres nació en Barcelona el 5 de junio de 1892. La primera referencia en la prensa de Las Palmas la encontramos en Falange Diario de la tarde, el día 28 de agosto de 1940:28081940 Falange diario de la tarde copia.jpg
Unos años más tarde, en el mismo periódico, el 15 de noviembre de 1947:15111947 Falange diario de la tarde copia.jpgDurante toda la década de los cuarenta son numerosos los anuncios en prensa, vean este otro publicado también en Falange el 22 de octubre de 1947:22101947 Falange diario de la tarde copia.jpg

Don Pedro falleció en Las Palmas el 26 de agosto de 1952. Continuó con el negocio su hijo Don José Rexachs Miranda, que en 1954 compró la librería-imprenta "El siglo" (abierta desde 1934), a la que cambió el nombre por Librería Rexachs. Su hijo, José Rexachs del Rosario, se hizo cargo del negocio en 1971 al enfermar su padre. Lo que ocurrió en 2016 ya lo sabemos todos.

A estas alturas del artículo estoy convencido de que usted piensa que el que escribe ha errado en el título. Yo lo pensaría. Dije al principio que mientras fotografiaba el rótulo los propietarios me contaron un hecho increíble que ocurrió precisamente en el semisótano de Rexachs, y que me parece interesante recordar.

El jueves 17 de febrero de 1966, el Berlin Zirkus levantaba su carpa cerca de San Telmo, en unos terrenos ganados al mar. Vean el anuncio publicado en la prensa:el eco de canarias 17021966.jpgCuentan los periódicos que el 12 de marzo, a las dos y cincuenta de la tarde, cuando en las instalaciones del Berlin Zirkus se procedía a encerrar en sus jaulas a los leones, una leona de nombre Mesalina rompió las cuerdas escapando al exterior. Inmediatamente Angel Christo y varios empleados del circo persiguieron al animal y consiguieron acorralarlo en un solar que se hallaba en la calle Rafael Cabrera. Cuando parecía que a la leona no le quedaba más que ir a parar a una jaula, ésta dio un salto y emprendió la huída hacia la calle Francisco Gourié. Pasó por detrás de Almacenes Cuadrado y buscó refugio en la calle Clavel. Se dice que Mesalina llegó hasta la misma calle Triana, volviéndose sobre sus pasos, seguramente sobrecogida por el movimientos de vehículos y personas. Al regresar por la calle Clavel se introdujo en el amplio portal del número 8 (en aquel momento el 5). La leona, enfurecida, encontró la puerta de Rexachs abierta y entró. En ese momento solo se hallaba el encargado, que al oír por las ventanas las advertencias de la policía urbana hizo ademán de ir a cerrar la puerta, apreciando a unos cinco metros de distancia que la cabeza de la leona asomaba por la segunda puerta del taller. De un salto se metió en el aseo y cerró con el pestillo. Mientras tanto, la leona se paseaba entre los comodines, las cajas y los estantes, emitiendo fuertes rugidos. Pronto intervinieron el domador y los empleados del circo, que después de administrar un sedante al animal, consiguieron capturarlo y llevarlo de nuevo al circo. Imagino que al empleado también hubo que sedarlo después de semejante susto.

Desde entonces todos conocen a la casa de la calle Clavel, la que hace esquina con Francisco Gourié, como la casa del león.

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Abandonamos brevemente las investigaciones en la biblioteca para emprender trabajos de campo, disfrutar del clima si el tiempo acompaña y descubrir curiosidades de nuestra ciudad. Hace unos meses compartí una entrada titulada Aviso a paseantes donde les mostraba una antiquísima señal que encontré en Vegueta. Les confieso que siempre que paso por la calle Castillo compruebo que siga ahí y entonces respiro tranquilo.

Hoy quiero que me acompañen a Triana. A la calle Clavel. En la fachada del número 6 hay algo que puede que pase desapercibido para el que simplemente va a disfrutar de un helado y de un paseo por los aledaños de la calle mayor. Tal vez le haya llamado la atención, como a mí, y se haya preguntado qué historia guarda ese desgastado reclamo publicitario que anunciaba la ubicación de las oficinas de una compañía, y que parece sacado de un Londres victoriano, con la salvedad de que está en castellano. Se trata de un rectángulo de cristal rotulado a mano, con letras doradas sobre un fondo oscuro, que preside la entrada del edificio. Échele un vistazo:
londonas.jpgPara contar su historia tenemos que remontarnos a 1854, cuando Tomás Miller establece una oficina de la London Assurance en Las Palmas. Vean este anuncio aparecido en la prensa local en 1905.el progreso de canarias 10 01 1905.jpg

La firma pasó de generación en generación hasta que en 1932, Mr. Harry Fisher tomó el relevo de su suegro y comenzó a aumentar el volumen de negocio. Los Miller fueron los únicos agentes de la London Assurance en España y tuvieron oficinas por todo el territorio nacional. Mr. Harry se retiró en 1966 y el testigo lo cogió su hijo, Mr. Peter Fisher, estableciendo las oficinas en el número 9 de la calle Clavel, donde se encuentra este reclamo. Así lo anunciaba la prensa:1968.jpgNo he podido averiguar la antigüedad de este letrero. Quizá sea una pieza reciente pintada en algún momento del siglo XX, o tal vez fuera creada antes de 1900. Lo cierto es que el objeto transporta a otra Triana y a otro tiempo.

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IMG_E15410.JPGMis perseverantes lectores ya saben que en mi biblioteca hay unos cuantos anaqueles reservados a la letra manuscrita, a los que hemos acudido en otras ocasiones. Si es la primera vez que me lee sea bienvenido, y si le gusta este artículo no se pierda el de aquel cuaderno lleno de secretos, o el de un papelito que contenía un extraño mensaje y que encontré entre las páginas de un libro.

Hoy regresamos a esa sección para rescatar un curioso dietario de 1948 que encontré hace años en una librería de viejo, y que llamó mi atención por su diseño y su buen estado. Pero lo que me cautivó fue la historia que contaba todas aquellas anotaciones, las decenas de papeles sueltos y el dinero. Sí. Había tres billetes antiguos entre sus páginas: 100 Pesetas de 1928, 100 Pesetas de 1953, y 500 Pesetas de 1954.

Antes de seguir vea esta instantánea de Las Palmas. Así era la ciudad en la década de los cuarenta. Fíjese en los coches y en los sombreros. Prepárese para viajar en el tiempo...
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En este evocador entorno se movía el autor del cuaderno, reflejando en él las entradas y salidas de dinero. Todos los días apuntaba las compras de alimentos, las limosnas, los medicamentos...

La identidad de nuestro particular contable no es relevante, si revelaré por ser un dato bastante interesante que era farmacéutico, y que algunos detalles de su vida aparecen en ese surtido de papeles sueltos. Comprenderá el lector que guarde con celo toda esa información. Lo que interesa son los números... y que cuadren las cuentas, así que veamos en qué se gastaba nuestro anónimo las pesetas.

IMG_E15420.JPGEn las compras del día, la leche, el pan y las verduras son una constante. Los precios son dignos de análisis. Luego hay otros artículos usuales en 1948 pero que hoy en día pueden resultarnos extraños, sobre todo a los de mi generación. Tal es el caso de las pastillas de clorato, para la garganta; la leña; el carbón; las agujas para la cocinilla; el petróleo; la naftalina; el añil; el bálsamo oriental para los callos; el perborato de sodio; el laxante Bescansa; el Formitrol; la glicerina; el Pelikanol; el dyformil; o el carburo.

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En ocasiones aparece en las listas una revista americana a la que era asiduo; también la Selecciones; los cigarros Cumbre Especiales; las pastillas Juanola; la loción del Dr. Ronier para la calvicie; los fideos argentinos; los plátanos machos; el limpia metales; el cherne; el agua de Firgas; la de Fuente Agria; unas jeringas; la insulina...

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No había día que no anotara una limosna. A veces incluso apuntaba una breve descripción de quien la recibía. Destaca un donativo para ayudar a unas monjas a construir un monumento, y para los católicos de Polonia. También dejó anotadas las idas y venidas en guagua al puerto o a la plaza, y los servicios de la tintorería.

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Nota curiosa la del 16 de diciembre: "Lotería, aguinaldo y propina al cartero: 5,50 Ptas". El 30 de diciembre encontramos, entre otras cosas, la compra de la agenda para 1949. Pagó por ella 12,50 pesetas. Tal vez la encuentre un día en alguna librería de viejo, quién sabe... volveremos a hacer números entonces.

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underwood standard.jpgSe enamoró a primera vista. Fue todo un flechazo. Coincidía con ella todos los días mientras esperaba la guagua que le llevaba al trabajo. Su pose seductora y sus labios carnosos le cautivaron. Su corazón se partió en dos cuando retiraron el cartel de aquella maravilla de la parada, que lucía modelo de lencería, curvas de infarto y ojos de un profundo azul cobalto.

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