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El fraile pintado

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IMG_E1075 copia.jpgEncontré aquel libro en un enorme sótano atestado de antigüedades. Estaba en francés, pero me gustó su encuadernación. A pesar de estar en otro idioma tenía un tema y una fecha interesante, y un mejor precio, así que me lo llevé pensando que quedaría muy bien en mi escritorio. Se titulaba Dictionnaire abrégé de la fable, escrito por Pierré Chompré e impreso en París en 1774. Tres antiguos propietarios habían dejado su rúbrica escrita a plumilla. En la primera página aparecía: "F. A. Raymond", sobre una hermosa y diminuta filigrana. En el reverso, tachado: "P. Bravo de Laguna", y debajo: "E. Hernández". La primera y la última me resultaron desconocidas, la segunda podría pertenecer a Pedro Bravo de Laguna, el insigne general. Pero no le di mayor importancia.

Un bonito libro-objeto que estuvo un tiempo sobre la mesa donde escribo estos textos y que acabó olvidado, junto a otros títulos, en una estantería de libros antiguos sin clasificar. No volví a acordarme de él hasta hace unos días, cuando descubrí por casualidad la historia que encerraba una de aquellas firmas.

Una noche, sumergido en la lectura de una obra de Néstor Álamo titulada Thenesoya Vidina, encontré unas referencias a un monje agustino llamado Fray Francisco Antonio Raymond. Enseguida se me encendió una bombilla y corrí a la biblioteca a rescatar aquel librito en francés, y comprobé que tanto las iniciales como el apellido coincidían, ¿podría haber pertenecido a dicho fraile? Para averiguarlo seguí leyendo.

Parafraseando a Néstor, Fray Antonio Raymond fue un célebre monje agustino natural de Gáldar, al que apodaron el "Pintado" por su color de piel. Néstor lo describe como un personaje escapado de una sátira de Samaniego y que según las crónicas, tenía literatura más que excesiva y gracia y buen humor que a ratos traspasaba los linderos de todas las conveniencias. A tanto llegó, que los muchachos cantaban a boca chiquita:

"Guarda, muchacha, del Diablo y del fraile colorado. Guárdate de Belcebú y del frailito "Pintado"

En 1786, "El Pintado" asistió en Roma al Capítulo General de su Orden, y aprovechando la ocasión, solicitó a Su Santidad autorización para leer libros prohibidos, licencia que el Pontífice le concedió. Al año siguiente, ya en Gran Canaria, decidió irse a Tenerife donde tenía excelentes relaciones con la aristocracia pensante de la época. Esta sociedad poseía gran número de obras prohibidas por el Santo Oficio, imposibles de ver en Gran Canaria. Al pedir a la Inquisición Provincial que diese validez a la autorización pontificia, creyó aquella preciso dar cuenta a la Suprema, informando de paso la improcedencia de conceder dicha gracia por ser el fraile Raymond de espíritu bullicioso y vida poco recogida y arreglada, es decir, franco en el hablar, muy apasionado de libros franceses y fácil en proferir proposiciones y sembrar doctrinas de libertinaje. Terminaban los señores su informe diciendo que Raymond había estado encausado por el Tribunal entre 1.775 y 1.777.

Llegué a la conclusión de que aquel pequeño diccionario en francés había pertenecido al irreverente e ilustrado fraile, pero ¿fue este libro un título prohibido por la Inquisición? Ya sin sueño y emocionado con el descubrimiento, seguí con mis investigaciones.

Resulta que este título fue publicado en castellano en 1.783, y fue el mismísimo José de Viera y Clavijo quien censuró y corrigió la obra. Leamos su informe, fechado en Madrid el 12 de septiembre de ese mismo año:

Ilustrísimo Señor:
He examinado con la debida atención el Diccionario abreviado de la Fábula, escrito en francés por monsieur Chompré, y ahora traducido al castellano. Me ha parecido fiel esta traducción y acomodada en las frases a las correspondencias de nuestra lengua. Sin embargo, he procurado enmendar de paso algunas ligeras equivocaciones, y no he dejado de notar que el prólogo del traductor, que sigue al del autor, debía precederle, no solo porque en él se da noticia del mérito de la obra original, sino también por el artículo Mitología, que nuestro traductor inserta, sacado del Diccionario de la literatura, y que igualmente coloca antes de su prólogo, debiendo colocarle después.
También sería de desear que al pie de este mismo artículo "Mitología" añadido, en el cual se hace memoria de los manantiales de la fábula y de la ficción mitológica, recomendando las investigaciones del abate Banier, las de monsieur Fréret, y las de las Memorias de la Academia de Inscripciones y Bellas Letras, añadiese el traductor por Nota:
"Últimamente acaba de llamar la atención de los literatos el nuevo sistema con que monsieur Court de Gibelin, en su famosa obra del Mundo primitivo, y su Historia del Kalendario, obras a la verdad de selecta erudición, y de pensamientos tan profundos como curiosos, pretende explicar el caos de la Mitología pagana, probando, casi con evidencia, que todas aquellas fábulas, tan absurdas a la primera vista, no eran más que unas meras alegorías de las revoluciones físicas, y vicisitudes del Universo".
Que es cuanto en el asunto debo hacer presente a la superior compresión de VSI."

De dicho informe sacamos en claro que este librito en francés fue una lectura peligrosa para la fe, que necesitó ser corregido antes de aparecer en las librerías. Uno de los libros prohibidos que tanto gustaba leer al fraile pintado de Gáldar. Tanto le gustó que dejó su rúbrica con filigrana escrita en la primera página.
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