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Nombres lapidarios

En París, en el número 74 de la rue du Cardinal Lemoine, hay una lápida que recuerda que en ese lugar, a principios de los años 20 del siglo pasado, palpitó el corazón de uno de los escritores más importantes del siglo XX, el de Ernest Hemingway. Si afinas el oído y tienes suerte quizás puedas oír el eco lejano de las teclas de su máquina Corona nº 3 al salir por la ventana y diluirse en los charcos que se forman cuando llueve, un poco más abajo, en la plaza Contrescarpe; uno de sus lugares favoritos. La de Hemingway es solo un ejemplo. Las calles de esa ciudad están llenas de losas que honran los nombres de las almas que un día escribieron, pintaron, compusieron o crearon, a uno u otro lado del Sena.

En Las Palmas, en el número 15 de la calle Peregrina, hay una lápida que conmemora que en esa casa nació en 1913, y trabajó hasta su muerte, el que para mí es uno de los escritores canarios más importantes del siglo XX, me refiero a D. Jose Miguel Alzola González. Si aún no has leído a Don Chano Corvo eres un lector afortunado porque es de esos libros que no querrás terminar jamás. Si entras al zaguán y prestas atención, tal vez puedas escuchar el murmullo apagado del roce de su pluma sobre el papel, escabulléndose con el viento calle arriba para enredarse con las hojas de las palmeras de la, otrora, plaza de la Democracia; uno de los rincones que inmortalizó en su libro. La lápida de Alzola es solo otro ejemplo. En las calles de nuestra ciudad también hay losas que honran la memoria de los artistas, escritores y poetas, que un día crearon sus obras a uno u otro lado del Guiniguada. Aunque aún faltan algunas.

Alzola no es Hemingway, ni Hemingway es Alzola. Y Las Palmas no es París; ni falta que hace. Aunque Vegueta bien podría ser un fragmento de callejones, plazas y vericuetos extraído del barrio latino y extrapolado a esta afortunada ínsula del atlántico; por suerte para nosotros no es así. Tenemos nuestra singular identidad y nuestra propia esencia. París es una señorita encantadora, pero de quien hay que enamorarse es de esa seductora dama burguesa que es Vegueta, y de lo que producen nuestros artistas, escritores y poetas en cualquier rincón de esta bella ciudad.


001.JPG Fotografía: "Corona nº 3". Eduardo Reguera

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1 comentarios

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Como no enamorarse de esta dama nuestra que vista desde tus ojos haces que lo hagamos... no escucho el teclado de Hemingway ni la pluma de Alzola, solo me transporto con tus sonidos del
viajero en el tiempo...

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