los blogs de Canarias7

Hace más de un siglo que alguien escribió una frase en el techo de la casa situada en el nº 3 de la Plaza de Cairasco, en el barrio de Triana, y no volvió a ver la luz hasta hace unos pocos años, cuando el bajo del edificio fue reformado con la intención de convertirlo en restaurante.

He estado en varios ocasiones en ese establecimiento, y hasta ayer no había reparado en ese detalle. Es más, no fui yo, sino mi acompañante, quien se percató de la frase escrita en las alturas, sobre la escalera que conduce al sótano, y a la que doy las gracias porque en más de una ocasión ha demostrado tener mejor olfato que yo para ciertos hallazgos.


Nos llevó poco más de un minuto descifrar el mensaje, debido a lo alto que está y a la ténue luz del local. El mensaje decía lo siguiente, falta de ortografía incluida: "Fecha del cielo rázo postizo 1º de Enero de 1913".

IMG_2620.JPGCuando la camarera vino a tomarnos nota, nosotros aún mirábamos hacia arriba. Entonces señalé al techo y le pregunté si sabía qué era aquello. La chica alzó la vista, y sorprendida, me dijo que era la primera vez que lo veía, algo normal teniendo en cuenta que el ajetreo de su trabajo no le permite estar mirando para los celajes. Al preguntarle le transmití mi curiosidad y prometió preguntar al encargado.
IMG_2620r.jpgNosotros nos quedamos haciendo elucubraciones mientras disfrutábamos de la comida. Fue con el postre cuando volvió la camarera y nos dijo lo que comentaba al principio de este artículo, que la frase había sido descubierta durante las reformas, y que probablemente había sido escrita por un albañil anónimo con la intención de dejar constancia de cuándo terminó su trabajo.

Un acierto haber respetado ese hallazgo, tan irrelevante como curioso. Quién le iba a decir a su autor que su escrito iba a formar parte, más de cien años después, de la decoración de un moderno restaurante.

| | Comentarios (0)

castillo.jpgEl Archivo de fotografía histórica de Canarias de la FEDAC custodia doce instantáneas tomadas por un enigmático fotógrafo que firmó su trabajo como Bravo y Negrín, pero del que poco más se sabe. Por la información impresa en los cartones de cinco de las fotografías, sabemos que tenía su estudio en Las Palmas, en la calle Castillo, 16. Ayer pasé por allí y me detuve a observar su fachada. Es una de las más sencillas de la calle, y lleva años cerrada. Quizás aún conserve en sus entrañas los restos del estudio fotográfico, dormidos en algún altillo polvoriento a la espera de que alguien se interese por ellos. Lo sé. Soy un romántico.

Por la información revelada por la propia colección parece que estuvo activo entre 1890 y 1910. Es curioso que durante todo ese tiempo no dejara ni el más mínimo rastro en la prensa, ni profesional ni personal, pues no hay anuncios de su estudio ni aparece nadie que se apellide Bravo y Negrín y que nos lleve a pensar que se trata de este misterioso artista.

En la colección hay cinco fotos de estudio en formato carta de visita, y en ellas se aprecia una evolución en el membrete que figura en el cartón.

Hay otras tres que forman un conjunto. En ellas se aprecian tres salas de tres colegios atiborradas de objetos, y datadas entre 1890-1895. Es posible que se trate de trabajos realizados con motivo de la celebración de la Fiesta de las Flores en 1892, en la que hubieron concursos en distintas categorías.

00013617_0001.jpg00013616_0001.jpg00013615_0001.jpg

Las otras cuatro fotografías que restan son todas de exterior. Hay una vista interesantísima del Lazareto de Gando con dos jinetes en primer plano.

00013618_0001.jpgDos tomadas en 1906 durante la visita del rey Alfonso XIII. En una de ellas aparecen unos militares pasando revista. La otra, más interesante, muestra el desfile real con el tejado del hotel Bellavista asomando por encima de los árboles, y en la carretera los raíles del tranvía.

00013683_0001.jpg00013684_0001.jpg

La última fotografía es, a mi juicio, la más interesante de todas por la historia que encierra. Se trata de una capilla mortuoria en el interior de la Catedral de Las Palmas, en la que se ve la proa de un barco rodeada de candelabros. A la maqueta no le falta detalle, y en ella apreciamos ojos de buey, cadenas, barandilla, mástil, salvavidas, y un nombre: REINA REGENTE.

00013689_0001.jpginfog.jpgEl Reina Regente fue un barco de guerra español construido en los astilleros de Thompson-Clydebank, en Escocia, botado el 24 de febrero de 1887. Fue un moderno crucero de 97,3 metros de eslora y 15,4 metros de manga. Tenía un desplazamiento de 4.664 toneladas, y era propulsado por dos máquinas Thompson que trasmitían a sendas hélices 11.598 caballos. Contaba entre sus armamento con cuatro piezas individuales de 240 mm, y que posiblemente, debido a su peso, acabó contribuyendo a su hundimiento al comprometer con su desplazamiento la estabilidad del buque.

Reina regente copia.jpgLa tragedia sucedió el 9 de marzo de 1895. Zarpó de Cádiz rumbo a Tánger en lo que sería su última misión. El día siguiente amaneció con cielo muy nublado, fuerte viento y mar picado. A pesar de las malas condiciones, su capitán decidió emprender el viaje de regreso y en aguas del estrecho el Regente paró dando grandes bandazos en medio del temporal, con fuertes vientos del S.O.

En los días siguientes comenzó la búsqueda del flamante crucero con la esperanza de encontrarlo protegido en algún puerto, pero la desgracia se confirmó días después al aparecer en algunas playas de la Península restos del naufragio. Sus 420 tripulantes se fueron al fondo con el buque, quedando tan solo un único superviviente. Se trató de un perro Terranova, propiedad del alférez de Navío José María Enríquez, que no corrió la suerte de su mascota. El animal, encaramado a uno de los enjaretados del crucero, fue recogido por un buque inglés de los que estuvieron buscando restos por la zona.

El naufragio del Reina Regente es una de las mayores pérdidas de vidas humadas de la Armada, al que se rindió homenaje en la Catedral de Las Palmas, y allí estuvo Bravo y Negrín para inmortalizar el momento. Espero que con el tiempo aparezcan más fotografías de este fotógrafo, en el altillo de la casa que cobijó su estudio, o en alguna de esas cajas donde guardamos recuerdos de nuestros antepasados.

| | Comentarios (0)

bench.jpgEl que escribe mira al pasado no con nostalgia, sino con curiosidad. La nostalgia anquilosa, y acaba entumeciendo la prosa. La curiosidad, en cambio, es un arma poderosa que unida a la imaginación permite atravesar el umbral de una fotografía antigua, buscar el rastro de un comerciante olvidado, o seguir, desde la orilla de un escritorio, la estela de tinta reseca que dejó un naufragio hace más de cien años.

Estos son algunos ejemplos. Cualquiera vale como excusa para emprender un viaje en el tiempo. Cualquiera que despierte la curiosidad y dispare la imaginación. Yo me voy todo lo lejos que me permite el trazo de mi estilográfica, sin más equipaje que el que cabe en mi desgastada cartera de cuero. En ella llevo algunos amuletos, un cartucho de tinta de repuesto y mi inseparable cuaderno negro con adorno de plata.

A veces el viaje comienza mientras camino por una calle de Vegueta o Triana. Otras veces, el punto de partida es un viejo manuscrito o un raro ejemplar de esa incipiente biblioteca de otra época en la que estoy convirtiendo mi hogar. Confieso que alguna vez he perdido el sueño, ilusionado con algún descubrimiento, y he recorrido a oscuras el largo pasillo que conduce a mi escritorio para sentarme a contar esa fascinante historia que no me deja dormir.


| | Comentarios (0)

monopol.jpgEs 14 de enero de 1929 y me encuentro en una pequeña barbería de Las Palmas, situada en un local del Hotel Monopole. Mientras espero para recibir un buen afeitado me deleito con la vista de la plaza Hurtado de Mendoza, leo la prensa y a la vez atiendo a la tertulia. La barbería lleva en funcionamiento desde 1909, y la plantilla la forman dos operarios y un chiquillo aprendiz. En las paredes cuelgan almanaques con vistas rurales del centro de Europa, hay una colección de postales y junto a la puerta una lista de precios en la que indica que el rasurado me va a costar 50 céntimos. Al fondo hay una puerta que conecta con el patio del hotel. El afeitado no es más que una excusa, lo que me ha traído hasta aquí es una historia que no tiene desperdicio. Lleva días siendo el tema preferido en bares y barberías. Les pondré al tanto.

Resulta que hace unos días se presentó en la Comisaría don Ramón Prats, dueño del Hotel Monopole, con la intención de denunciar a un señor llamado Manuel Samitier Colomier, viudo, de 36 años, abogado y natural de Huesca, porque el día 30 del pasado mes se presentó en dicho hotel pidiendo alojamiento. Una vez alojado en una cómoda habitación, acudió al restaurante y se puso fino, desapareciendo a la mañana siguiente sin abonar el gasto efectuado que ascendía a la cantidad de 18,75 pesetas. Un dineral en esta época.

El señor Prats manifestó que tenía entendido que dicho sujeto embarcó para Tenerife, y que de ser cierto, estaría haciendo hazañas parecidas como las que llevó a efecto aquí en Las Palmas, y que a continuación les cuento:

Hará cosa de un mes se presentaron en la Comisaría cuatro chauffeurs para denunciar que dicho sujeto había alquilado seis automóviles, sin haber abonado el importe de los viajes. A los pocos días fue denunciado por el dueño del Hotel Unión dejando una maleta vacía y una deuda de 315,50 pesetas, ¡una fortuna!

Dos agentes de policía salieron en su busca, enterándose por un camarero que el tal Samitier estaba en un conocido restaurante, y fue detenido cuando intentaba abandonar el local sin pagar la cuenta. Como premio a su intachable conducta pasó quince días entre rejas de donde salió el día 30 del pasado mes, que fue cuando llevó a cabo la estafa en el Monopol. Según cuenta Luis, uno de los barberos, ese día recibió un afeitado y un corte de pelo y pidió que lo cargaran a su cuenta dando su número de habitación.

Otra de las veces, apareció por la Mallorquina, una conocida dulcería de esta ciudad, y pidió al mozo una caja de bombones, de las grandes, diciéndole que era para enseñársela a no se quién, y que en caso de que le gustara le compraría más, y si no se la devolvería. El camarero, al ver que tenía buena presentación y parecía ser un caballero, se la dejó llevar y nunca más apareció.

También un alemán fue víctima de nuestro truhán al prestarle 300 pesetas, prometiéndole que le buscaría un empleo en la Compañía Italcable, pues alegó tener una gran influencia sobre el jefe. Empleando una técnica parecida levantó 13 pesetas a dos camareros, uno de la Mallorquina y otro del Hotel El Rayo.

Se acaba de levantar el caballero que estaba siendo afeitado y Luis me hace un gesto indicando que ya me toca. Pliego mi ejemplar de La Crónica y me acomodo en la silla. El barbero me pone una toalla húmeda y caliente en la cara y pasados unos minutos me aplica la espuma con una brocha de pelo de caballo. El debate sobre dicho sujeto continúa mientras la navaja se desliza por mi barba. Llega un caballero y dice traer noticias del estafador. En ese instante la navaja se detiene en mi bigote y todos los presentes prestamos atención. Cuenta que Manuel Samitier ha sido detenido en un café de la calle Canalejas, al parecer estaba fingiendo ser policía y estafaba con el pretexto de facilitar colocaciones. ¡Menudo fresco! Le espera una buena temporada a la sombra.

| | Comentarios (0)

_DSC9584_web.jpg

Fotografía: Alberto Suárez

El misterioso buque Cdt. Fourcault lleva semanas fondeado detrás de la escollera del muelle deportivo. La suave corriente de la bahía lo hace rotar sobre su proa, y ahora desde la avenida puede verse su llamativa silueta, con ese color gris naval que le confiere aspecto de buque de guerra.

Basta recorrerlo con la vista para darnos cuenta de que este barco con bandera panameña y puerto de registro belga no es un simple mercante. En su cubierta, custodiada por una pareja de Dóberman, hay un helipuerto habilitado para un helicóptero AS-350, varias planeadoras y motos de agua, y cuenta con sofisticados equipos de inmersión. El Cdt. Fourcault es un cazatesoros, un buscador de pecios, y allá donde va llama la atención. Ahora, al anochecer, pareciera que esté a punto de zarpar rumbo a la isla Calavera con todo dispuesto para adrentarse en la niebla y capturar a King Kong.

_DSC9542_crop_web.jpg

Fotografía: Alberto Suárez

Construido en 1968, tiene 489 toneladas brutas, 65 metros de eslora, 9 de manga y 4,75 de calado. Cuenta con 33 camarotes y 52 camas, y autonomía para navegar durante 45 días sin recalar en puerto alguno. Desde su construcción hasta 1985 operó como buque práctico belga e incluso llegó a ser buque escuela militar. En 2006 fue adquirido por Seatec, una empresa dedicada al rescate submarino.

Entre sus hazañas destaca su participación en el rescate del Costa Concordia, que naufragó en la costa italiana en 2012, y en la búsqueda de plata de galeones españoles hundidos en el Caribe. Se rumorea que está en nuestro puerto porque busca un buque mercante hundido en aguas de Marruecos durante la Segunda Guerra Mundial. A saber qué valiosas mercancías yacen en sus bodegas, ahora en el fondo del mar.

Su armador, Patrick Lizé, es un reconocido historiador especialista en arqueología submarina, autor de varios libros y artículos, y conocedor de viejas historias de piratas y tesoros sumergidos. "La próxima aventura está en el horizonte" es el lema de la expedición. Una evocadora frase que incita a enrolarse y a navegar en busca de nuevos desafíos.

| | Comentarios (0)

vista 003.jpgRápido. Póngase este atuendo y acompáñeme. Con esa ropa que lleva llamaría demasiado la atención allí donde quiero llevarle. ¿A qué espera? No hay tiempo que perder. Disponemos de media hora para ir y volver. ¿Que a dónde vamos? Haremos un fugaz viaje al pasado para admirar, desde una de las azoteas de Triana, la ciudad de Las Palmas. Se preguntará qué tiene eso de extraordinario. Tendrá que descubrirlo con sus propios ojos. ¿Ya está preparado? Comenzamos. El viaje durará lo que dura un salto de párrafo.

Ya hemos llegado. Le pongo en situación mientras caminamos hacia nuestro objetivo. Hoy es 27 de diciembre de 1889 y estamos en la calle Cano. Siento si le aprietan los zapatos, pero no tenía claro su número de pie. ¿Ve aquella casa de tres alturas? Es ahí a donde dirigimos nuestros pasos. Su propietario emigró hace años a América y nadie la ha profanado desde entonces.

Ya estamos frente a la puerta. Sujete este pequeño estuche de cuero mientras estudio la cerradura. Como verá, vamos a cometer un allanamiento de morada. Pero no tema. Si todo sale como es debido nadie se percatará de nuestra visita. Además, piense que cuando volvamos al presente el delito ya habrá prescrito. ¡Ajá! con esta ganzúa la abriremos sin alterar su compostura. ¡Voilá! ¡Usted primero! Subamos a la azotea. Buscamos un torreón desde el que podremos divisar nuestra querida ciudad de Las Palmas.

vista001.jpgPara disfrutar de la vista hay que subir esa empinada escalera. Sujétese a la barandilla, y no se deje atemorizar por el crujido de la madera. Ya estamos. Ante usted una imponente panorámica de Triana y de la bahía de San Telmo. Para que se ubique, le diré que a la diestra queda la calle Torres, y al otro lado la calle Travieso.

¡Qué silencio! Es algo que los ciudadanos de Las Palmas en breve echarán de menos. Los ingleses pronto traerán los adelantos, y dispondremos de electricidad, tranvía y teléfono, y con ellos se acabará la paz que reina en este momento. Pero mientras llegan disfrutemos de la tranquilidad... ¿oye eso? es el bramido del mar que rompe furioso solo un par de calles más allá. Un perro nos ladra desde lejos. Diría que nos intuye como lo que somos: dos extraños, dos viajeros en el tiempo. Le advierto que aventurarse a buscar este preciso lugar en el presente es hacerlo en vano. El tiempo se encargará de desfigurar todo lo que ve desde esta singular atalaya, derribando edificios para construir otros más altos y modernos. Y donde hoy rompen las olas se construirán nuevas calles, y más allá una autopista. Claro que todo esto ya usted lo sabe.

vista002.jpgLlaman la atención las chimeneas de las cocinas, que impregnan con sus aromas el cielo de la ciudad. Por no hablar de la fantasmagórica silueta de la Isleta, de las gárgolas de cañón, de la silla triste y solitaria, de las sábanas tendidas y relucientes, o de las ventanas nubladas de guillotina que aparecen por doquier. Hay más torreones como este. Cada uno ofrece una vista única y diferente, y son un excelente mirador desde el que otear el horizonte en busca de la blanca y efímera estela de un bergantín, o de la huella que deja en el cielo la chimenea exhausta de un vapor.

Rematan la vista las fachadas de las casas señoriales de la calle Mayor, que aparecen recortadas a lo lejos. Y si mira más allá, verá la imponente silueta de un vapor correo español, rodeado de algún que otro velero de porte más modesto pero no por ello menos encantador.

Deje que consulte mi reloj de bolsillo... Lo que me temía. Guarde en su memoria las vistas. Ya es hora de regresar.

| | Comentarios (0)

Ponencia presentada en el V Encuentro de Genealogía Gran Canaria, organizado por Genealogías Canarias, celebrado en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria, el 14 de noviembre de 2018.

Hace años, curioseando en los estantes de una de esas librerías donde terminan los libros que ya nadie quiere, encontré un antiguo cuaderno manuscrito que presentaba la siguiente anotación en la cubierta:

"Islas. Empezó en Febrero 16 1888. Terminó en Abril de 1890".

P1040124.jpgLe pregunté a la librera si conocía su procedencia. Lo único que pudo decirme es que había venido en una caja anónima junto a otros libros. Tras examinarlo descubrí que lo que tenía ante mí era un viejo copiador de cartas que se desahacía con solo mirarlo. Lo abrí con mucho cuidado y la que en otro tiempo había sido una preciosa caligrafía, se había tornado con el paso de los años en un grueso trazo aparentemente ilegible, debido a la oxidación de la tinta. Aún así pude leer algunas palabras sueltas, fechas, y una firma, la de un hombre llamado Roque Hidalgo. Un completo desconocido para mí en ese momento. No voy a contarles cuánto pedían por el cuaderno, pero el precio era desorbitado y lo dejé donde estaba.

Paso el tiempo, y unos meses después volví a aquella librería. Mientras echaba un vistazo a la sección de libros antiguos, recordé aquel cuaderno manuscrito y decidí buscarlo en los estantes. Apareció debajo de una montaña de revistas viejas y libretas escolares, más deshecho que antes, debido seguramente a la cantidad de manos que lo habrían manipulado sin cuidado alguno durante todo ese tiempo. Pasé un rato ojeándolo y me pregunté si valía cada céntimo de lo que pedían. Sin duda era un interesantísimo documento, ¿pero cuánta información podía recuperarse? Recuerdo que me acerqué a la librera y le hice una oferta razonable. En un principio se negó, pero la convencí alegando que estaba muy deteriorado y que si seguían pasando manos por él acabarían de destrozarlo y entonces ya nadie lo querría. Salí de la librería con la cartera vacía y el cuaderno bajo el brazo. Acababa de rescatar, sin saberlo, un pedazo de historia, escrita de puño y letra por uno de los comerciantes más importantes de Las Palmas en la segunda mitad del siglo XIX.

El cuaderno estaba en muy mal estado. Recuerdo que de camino a casa me senté en un banco y lo abrí, con tan mala suerte que se levantó una ráfaga de viento y vi como volaban algunos pedazos. Intrigado por saber qué decían aquellas cartas y quién era el que las firmaba, decidí fotografiar las 500 hojas del cuaderno para poder trabajar con ellas en la pantalla de un ordenador, y guardar el delicado original en un caja de archivo. Con el original digitalizado dediqué meses a su transcripción, consiguiendo desvelar el contenido de más de 400 cartas. Cuando terminé de transcribir comencé a buscar al comerciante en archivos y hemerotecas. A continuación, parte de mi investigación. Acompañaremos a Roque Hidalgo desde la cuna hasta la tumba.

Roquehidalgo.jpgD. Roque Hidalgo López nace en Las Palmas el 26 de diciembre de 1851. Su madre se llama Catalina S. López Morales, y su padre Juan Antonio Hidalgo Rodriguez. Ambos proceden de Agüimes y fijan su domicilio en el número 18 de la calle de San Roque, luego Granados, hoy Ramón y Cajal. En junio de ese año, cuando Catalina cuenta con apenas tres meses de embarazo, se declara la epidema de cólera morbo que causará miles de muertos. Catalina y Juan Antonio escapan al contagio y el niño nace sano y salvo. Es bautizado el 1 de enero de 1852 en la parroquia matriz de San Agustín. Le llaman Roque en honor del Santo porque nace muy cerca de una ermita erigida en honor del santo peregrino.

En 1852, cuando Roque tiene poco más de un año, es promulgada la Ley de Puertos Francos de Canarias por el ministro Juan Bravo Murillo. Esta Ley se componía de un conjunto de medidas económicas que supuso la liberalización de la entrada y salida de mercancías del archipiélago canario, provocando un enorme crecimiento de la economía de las islas. El puerto aprovechará su situación como punto de escala obligada en la navegación de barcos europeos hacia las colonias africanas y hacia los mercados latinoamericanos, generándose al amparo del puerto numerosos negocios y actividades económicas que dan lugar a la formación de grandes fortunas. Su padre, Juan Antonio Hidalgo, es uno de los que aprovechará estas circunstancias para montar una tienda de ultramarinos en la calle de Remedios núm. 2, esquina con San Pedro.

En 1862, Roque tiene 10 años y ya no corretea entre la mercancía de la tienda de su padre. Lleva toda su vida viéndolo despachar tras el mostrador, y ahora le ayuda por las tardes después del colegio, haciendo recados y atiendiendo a la clientela. Es un niño espabilado y aprende rápidamente los entresijos del negocio familiar, mientras observa a su padre anotar asientos en los libros de contabilidad.

Pasan los años, y en 1868 España entra en guerra con Cuba. El 15 de julio de 1873, Roque es llamado para el servicio militar. Sus padres están preocupados. Saben que si su hijo es enviado a la guerra no volverá, o volverá lisiado. La tienda de ultramarinos no ha dejado de dar beneficios y gozan de una buena posición económica. Juan Antonio está dispuesto a hacer lo que sea para que su hijo no vaya a la guerra. Si es necesario pagará los 6.000 reales que por aquel entonces solucionaban el problema.
Su expediente militar se conserva en el Archivo Histórico Provincial Joaquín Blanco. Roque Hidalgo alega padecer fuertes jaquecas que le producen vómitos. Asegura que le impiden estar mucho tiempo a la intemperie y le obligan a guardar cama con mucha frecuencia, por lo que no puede dedicarse a ninguna clase de ocupación ni oficio. El cura de la Parroquia de San Agustín, Juan Guerra Herrera, da fe de ello. Varios testigos firman que Roque padece este mal desde pequeño. El doctor Pedro Suárez Pestana lo certifica, y añade que su enfermedad no está sujeta a ningún tratamiento, considerando el mal incurable a la espera de que la edad modifique la intensidad y frecuencia de los ataques. El 4 de diciembre de ese año es excluido.

El censo de 1874 revela que sigue soltero, continúa viviendo con sus padres y trabaja de depentiente. Llama la atención que un año antes se evadiera el servicio militar alegando que por su enfermedad no valía para ningún trabajo. Es probable que trabajara en el almacén de Francisco Bethencourt López, situado en el número 70 de la calle Triana. Bethencourt fue uno de los mayores impulsores del comercio en la segunda mitad del siglo XIX. Sus tiendas de Teror y de Las Palmas fueron una auténtica escuela por donde pasaron algunos de los que luego fueron importantes comerciantes.

En algún momento entre 1874 y 1877 pasa de ser un simple dependiente a ejercer la profesión de comerciante. Su padre abre un nuevo negocio en la calle Triana y Roque se queda con la tienda de ultramarinos de la calle Remedios. Ya forma parte de la burguesía local, y comienza a comportarse como tal haciendo donativos para distintas causas. Uno de 15,50 rvn para la continuación del camino de Firgas hasta las aguas medicinales de Azuaje. Otro de 15 rvn para le reforma de la plaza del teatro.El 22 de marzo de 1877 casa con Juana Navarro Correa. Él tiene 25 años y ella 22. La ceremonia se celebra en la parroquia matriz de San Agustin, en el barrio de Vegueta. Les casa el párroco Juan Guerra Herrera, el mismo que dio fe de su enfermedad cuando lo llamaron para el servicio militar. Juana y Roque comienzan a vivir en una elegante casa de tres plantas situada en el número 15 de la calle Castillo. La casa hace esquina con el callejón Bedmar, y sus estancias son amplias y luminosas. En 1878 nace su primogénito, y se llama Juan. El segundo vendrá al año siguiente, y se llamará como su padre: Roque. En este año de 1879 se crea el Círculo Mercantil y Roque formará parte de él. También se inaugura El Museo Canario, y Roque se hace socio. Comienza la década de 1880 y la tienda de ultramarinos va viento en popa. Roque decide ampliar horizontes y a principios de 1881 viaja a Cuba a hacer contactos. Regresa el 17 de abril de ese mismo año en el vapor correo español Antonio López, que parte de la Habana rumbo a La Coruña y Santander, con escala en Gran Canaria. Al año siguiente, en mayo de 1882, nace su tercer hijo. Es una niña y se llama Dolores. El 7 de septiembre, El Comercio. Diario de noticias comercial y marítimo publica una lista de "Establecimientos públicos de Las Palmas". La tienda de Roque figura en ella como tienda de "granos y comestibles", en Remedios, 2. El fruto de su viaje a Cuba lo vemos reflejado el 14 de septiembre en el manifiesto de carga del vapor Alfonso XII. Roque Hidalgo carga para la Habana 123 sacos de frijoles y 18 barriles de almendras. El mismo día recibe por la fragata Trinita un cargamento de azúcar y aguardiente.

El 26 de Febrero de 1883 se coloca la primera piedra del Puerto de Refugio de La Luz. Un acontecimiento muy importante para el futuro de la isla de Gran Canaria, y para celebrarlo la casa contratista celebra un acto de gran solemnidad.Están invitados todas las autoridades, cuerpo consular, presidentes de las corporaciones y sociedades, prensa periódica, y muchas más personas distinguidas. Durante la mañana, multitud de coches de caballos han ido llegando al al edificio construido por el Comercio para Lazareto de observación. En Santa Catalina, en el lugar donde se iniciaron los trabajos, multitud de banderas ondean. Unas sobre una elegante caseta de madera levantada por la empresa constructora. Otras, sobre los lugares donde se emplazarían los cimientos del muelle transversal y los raíles de los vagones que habran de servir para transportar el material.Bajo estas banderas es donde se celebrará la ceremonia de inauguración. Todos los invitados se agrupan junto a la carretera y en la playa. El Excmo. Sr. Obispo D. José Pozuelo y Herrero, rodeado de varios
eclesiásticos y de todos los invitados, se colocó junto a los obreros en actitud de dar comienzo a la obra. En aquel momento el Obispo, visiblemente emocionado, dirige a los presentes un emocionante discurso que causa una gran impresión entre todos los presentes. El fotógrafo Luis Ojeda Pérez es el encargado de inmortalizar el momento. Entre los asistentes se encuentra nuestro comerciante.

rh001.jpg

Lo encontramos a la derecha en la magnífica fotografía que disparó Ojeda, luciendo bombín y un generoso bigote. En este momento tiene 31 años, y pertenece a la Junta de Comercio.
En este mismo año de 1883, llegan a Las Palmas los vapores Dacia e Internacional con el cable telegráfico. El 16 de diciembre circula el primer telegrama procedente de Las Palmas, y en 1884 entra en funcionamiento. La dirección telegráfica de Roque será: "Hidalgo". El 20 de julio de 1884, Roque recibe una carta de El Museo Canario en la que le informan que debido al bajo número de socios es necesario subir la cuota mensual, a lo que Roque contesta: "No estoy conforme con el aumento y me doy de baja". El 11 de octubre se produce el hundimiento del Villé de Pará en la Baja de Gando. El telégrafo supone un impulso en las relaciones del comerciante con América y Europa, como puede apreciarse en los datos extraídos de la sección Noticias Marítimas, de El Noticieron de Canarias.
En el terreno personal, nace su cuarto hijo, un varón llamado José. El 13 de febrero de 1885 se produce otro naufragio en Gando, el del vapor Alfonso XII. Este año Roque es nombrado tesorero contador del Círculo Mercantil. En 1886, Roque deja Remedios, 2 y traslada su negocio a un local más amplio y mejor situado, en Remedios núm. 6, esquina con la calle Peregrina. A su vez abre una sucursal en Remedios 16, pero será algo temporal.

En julio de 1887 abandona Remedios 16 y abre en Triana 70. Curiosamente en el almacén donde estuvo el comercio de Francisco Bethencourt López, y donde sospecho que trabajó como dependiente. El local de 400m2 pertenece a N.P. Nathans Sons, y el contrato de alquiler se firma por 7 años con una cuota mensual de 131,25 ptas. En octubre de 1887 será pade de nuevo. Nacerá Lorenzo, su quinto hijo.

En 1888, año en el que empieza el cuaderno copiador de cartas, Roque Hidalgo es nombrado Vice-Presidente del Círculo Mercantil. El 2 de junio de 1888 pide a su agente de seguros que modifique la póliza contraincendios de Triana 70-72 elevándola a 125.000 ptas. El 13 de septiembre ocurre un suceso trágico en la entrada del puerto grancanario. El vapor italiano "Sud-América" es abordado por el buque galo de mayor envergadura y tonelaje "La France". Se ahogan 80 italianos. El 18 de septiembre pasa por Las Palmas, en su regreso de América, el tenor italiano Roberto Stagno. Al conocer la tragedia se ofrece a dar un concierto benéfico a favor de las familias de sus compatriotas fallecidos. El concierto se celebra en el Gran Teatro. Lleva veinte años en obras y aún no está acabado. Roque Hidalgo es uno de los accionistas, imagino que acudió al concierto en compañía de su esposa. El 12 de febrero de 1889 abandona Remedios núm. 6 y se establece definitivamente en Triana 70. En 1890 nace su quinto y último hijo: María. Los 400m2 de Triana no son suficientes y tiene alquilado un almacén en la gallera, en la calle Santa Bárbara. La póliza de seguros de este local asciende a 15.000 ptas. En abril de 1890 escribe la última carta en el cuaderno. Es el año en el que comienza a circular en Las Palmas el primer tranvía y a funcionar el servicio telefónico local con cien usuarios. En 1891, se crea el Real Club de Golf y se construye el mercado del Puerto.

Comienza 1892 y nuestro comerciante acaba de cumplir 40 años. Entre el 28 de abril y el 8 de mayo se celebra en Las Palmas la Fiesta de las Flores. Una fiesta cuyo fin es mostrar las virtudes de cada municipio: plantas, frutos, animales, aves, productos agrícolas, industriales y artísticos. Se realizan concursos en los que se premia lo mejor de cada sector y Roque participa como jurado en el concurso de cestería. El fotógrafo Luis Ojeda Pérez es el encargado de inmortalizar el evento y Roque aparece en luciendo traje de gala de autoridad civil.
rh002.jpgrh005.jpg

Mientras Ojeda va de un lado para otro con su cámara fotografiando los pabellones que hay por toda la ciudad, el fotógrafo palmero Miguel Brito Rodríguez se dedica a captar con su cámara los interiores y exteriores de los comercios de Triana. El gran almacén de Roque Hidalgo es uno de los que pasará a la historia, y gracias a Brito hoy podemos recorrer su recorrer su comercio y su escritorio.

rh004.jpgrq003.jpg

Merece la pena detenerse para analizar la magnífica fotografía de su escritorio. Roque aparece sentado en el centro de la imagen. A sus pies hay un perro. Es posible que sea el que le envió José Mª Rocha, comerciante de Lanzarote, en noviembre de 1888. A su derecha encontramos a su hermano Juan Hidalgo López, y a su izquierda está su ahijado en el comercio Manuel Corbacho Quintana, de 21 años. Corbacho usará los conocimientos adquiridos en Triana 70-72 para montar, en un futuro próximo, su propio comercio de ultramarinos en la calle Peregrina número 12. Con el tiempo acabará siendo cónsul de Cuba. El cuarto hombre, de pie, puede que sea uno de sus criados.

La fiesta se acaba y vuelve la rutina a la ciudad de Las Palmas. Mayo se va pasado por agua y junio trae días más azules. Es un lunes por la mañana, y Roque Hidalgo sale de su casa de la calle Castillo en dirección a su comercio de Triana. El fin de semana lo ha pasado en familia, en la casa solariega que posee en Marzagán. Le acompaña su perro, al que le encanta dormir a sus pies mientras su dueño hace dinero sentado en su escritorio de caoba. Roque llega al puente de piedra y nota que le falta el aire. Últimamente le sucede con mucha frecuencia. Se detiene bajo una de las cuatro estatuas y su perro le mira mientras tuerce la cabeza. Consulta su reloj de bolsillo y le tiembla la mano. Luego seca el sudor frío de su frente con un pañuelo de seda. El tiempo se le acaba. Desde que el médico le dijo lo que padece ha tenido días buenos y días peores. Sabe que la tuberculosis no distingue entre ricos y pobres. Junio se acaba y Roque tiene cada vez peor cara. Juana está preocupada y los niños se asustan cuando ven que su padre no puede levantarse de la cama. Su hermano Juan toma las riendas del comercio y le dice que no se preocupe por nada.

Llega el mes de Julio y el médico visita la casa día sí y día también. Juana, desesperada, le ofrece una bolsa repleta de monedas de oro para que busque un medicamento que salve a su esposo. El doctor le responde que no es una cuestión de dinero, no hay remedio para lo que está llevándose a su marido. Por las noches la criada les lee cuentos a los niños y les canta nanas hasta que se quedan dormidos. Todo para que no oigan a su padre toser al otro lado de la casa. La noche del 22 de julio la salud de Roque empeora y Juana envía a una de las sirvientas en busca del médico. Los niños son despertados de madrugada y enviados a casa de unos vecinos.

El médico lleva un rato dentro de la alcoba. Fuera, Juana espera con el alma en vilo acompañada de la familia más cercana. Juan y Pedro, hermanos de Roque, tratan de mantener la compostura y tranquilizan a la esposa y a su madre que también está presente. El médico sale de la habitación con gesto serio. Juana se desmaya cuando afirma que ya no se puede hacer nada y que es hora de llamar al cura. El párroco Juan Guerra Herrera, el mismo que les casó, visita al moribundo y le administra el Santo Óleo. Los perros del vecindario aullan. Parecen presagiar la muerte. El desenlace se produce a las nueve y cuarenta y cinco minutos de la mañana. Matías Vega Padilla, procurador y amigo de personal de Roque, firma el certificado de defunción. No deja testamento. Las puertas de la calle se entornan para anunciar la desgracia y se detienen los relojes. Los espejos son cubiertos con paños y se retiran adornos y alfombras. El velatorio será breve. Lo enterrarán esta misma noche en el cementerio de Vegueta, en la cuartelada norte al naciente, parte alta, nicho 91.


rh006.jpgEl 28 de julio, el Diario de Avisos de Las Palmas publica una columna dedicada a Roque
Hidalgo López, que dice así: "Con verdadero sentimiento damos cuenta hoy de la prematura muerte del que fue muy querido amigo nuestro, D. Roque Hidalgo y López, ocurrida en la mañana del día 23 del corriente, a la edad de 40 años.
Hijo del pueblo, supo con su natural talento, su actividad y su honradez, conquistarse una posición desahogada y un puesto distinguido entre el comercio de esta plaza, del que forma parte y en él gozaba de gran crédito y general estimación.
De carácter batallador, dejaba entrever en el fondo de todos sus actos el espíritu de justicia que siempre le animaba y sus sentimientos de generosidad sobre todo tratándose de su familia a la que atendía con paternal solicitud y dentro de la cual fue dechado digno de imitación. Por eso todos sus deudos le lloran con ese dolor solo sentido por quienes en aquellas diversas circunstancias apreciaron tan de cerca sus excelentes cualidades.
La conducción del cadáver, desde la casa mortuoria, Castillo 15, al Cementerio de esta Ciudad, tuvo lugar en la noche del mencionado día 23 con un escogido y numeroso séquito. El lujoso féretro lo cubrían seis hermosas coronas en cuyas cintas se leían estas dedicatorias: Recuerdo de su esposa e hijos / Recuerdo de sus padres y hermanos / Recuerdo de amistad de sus compañeros del comercio / A mi querido primo. Juan Hidalgo Romero /A mi padrino. Manuel Corbacho Quintana / Recuerdo de sus amigos.
Una corona faltó, a nuestro juicio, entre las enumeradas, que habría sido como el símbolo del recuerdo de las Hermanas de la Caridad y de la gratitud de los pobres asilados a quienes el finado socorría siempre que aquellas virtuosas señoras acudían a él con tan humanitario objeto. Y no seguramente porque esta deficiencia hallara eco en sus bellos corazones, sino acaso por algún olvido disculpable o por otras razones independientes de su deseo y voluntad.
Reciba la atribulada familia del infortunado amigo el testimonio de nuestro sentimiento, muy especialmente sus hermanos, nuestros queridos amigos D. Pedro y D.Juan Hidalgo y López. D.E.P."

Muere el comerciante pero los grandes almacenes de Triana continuarán abiertos. Al frente de su escritorio quedará el que siempre fue su mano derecha, su hermano Juan, que había renunciado en 1883 a su cargo como maestro de la escuela pública de San José para ayudar a su hermano con los negocios. Hasta que Juan fallece en 1917, y los grandes almacenes cierran para siempre.

| | Comentarios (0)

Corona keyboard 2.jpgEn el Café Madrid, frente a la alameda, encontraréis cada noche a uno de los últimos poetas malditos que quedan. Suele sentarse en un apartado rincón a escribir en servilletas líneas que se tuercen, versos tan oscuros como su negra vestimenta. A medianoche, cuando el café cierra, recorre el camino de vuelta a su guarida y cruza el Guiniguada. Siempre detiene sus pasos sobre el puente de piedra. Allí rasga sus papeles y sus poemas rotos vuelan, convertidos en mariposas negras. Ocurre cada noche, cuando cierra el Café Madrid, ese que está frente a la alameda.

| | Comentarios (0)

biblioteca.jpgVegueta tiene muchos sitios con encanto. Uno de mis preferidos es El Museo Canario, y particularmente su biblioteca. Ya han pasado casi tres décadas desde aquel día en el que D. José León, mi profesor en quinto de primaria, mandó un trabajo sobre Néstor-Martín Fernández de la Torre y para realizarlo sugirió que consultáramos una enciclopedia. Añadió que si alguien no tenía semejante fuente de conocimiento en casa, y yo era uno de los desafortunados, podía acudir a la biblioteca de El Museo Canario.

Fue en una lluviosa tarde de invierno cuando un compañero de clase y yo, vestidos aún de unirfome, cruzamos el umbral de aquel fantástico lugar que olía a libros. En mi corta vida jamás había visto una biblioteca semejante. Solo en películas. En aquella época la sala de consulta estaba donde hoy está la tienda, y una interminable mesa de madera oscura descansaba sobre la crujiente tarima en el espacio que hoy ocupan los expositores.

Pronto aprendimos la liturgia, que consistía en rellenar una ficha que luego entregabas al bibliotecario. Un añoso caballero, con aspecto y modos de exquisito mayordomo que tras estudiar la ficha desaparecía tras una puerta en esquina que comunicaba con una zona reservada de la biblioteca. Mientras aquel hombre seleccionaba el volumen que mejor se ajustaba a nuestra petición, yo me distraía con los títulos dorados de aquellos libros que cubrían las paredes. Pasados unos minutos, el bibliotecario regresaba portando unos tomos vencidos por el tiempo que depositaba ante nosotros, en el más absoluto silencio. Porque allí no hacían falta las palabras. Con la ficha bastaba. Entonces abríamos el pesado tomo y deslizábamos el dedo por las páginas hasta dar con el motivo de nuestra consulta. Era como buscar un tesoro.

Con el descubrimiento de ese santuario se abrió ante mí todo un mundo de posibilidades, y cuando mi profesor mandaba algún trabajo acudía encantado, rellenaba la ficha, y en silencio me dejaba embriagar por el aroma a lignina de aquel lugar mágico. Hoy las enciclopedias son cosa del pasado, y el conocimiento parece estar al otro lado de una pantalla. Por suerte no hemos perdido ni la esencia ni el encanto. Permanecen intactos en los anaqueles de la biblioteca de El Museo Canario.

| | Comentarios (0)

003.jpgUn año ha pasado ya desde que publiqué por primera vez en Retrografías, y no quiero que pase este día sin mostrar mi agradecimiento a todos los que siguen mis escritos. Sin embargo, parece que fue ayer cuando escribí aquella primera entrada en la que hablaba sobre un zapatero y su particular museo. Desde aquel día no he parado de llenar cuadernos con mis investigaciones, y a día de hoy el blog cuenta con más de un centenar de artículos que se pueden consultar en la sección Archivos. El tiempo se me ha ido volando, o más bien escribiendo. Suele pasar cuando disfrutas haciendo algo, y yo lo he hecho viajando al pasado para descubrir cosas de mi ciudad que no sabía. Gracias a todos los que me han acompañado.

Ahora sí, el texto que prometía en el título.

Fue en la calle Peregrina, de esto hace años, donde conocí a un anciano venerable que contaba en un libro la historia de esa calle y de quiénes la habitaron. Con una sonrisa encantadora me invitó a pasar a sus dominios. Anaqueles repletos de libros, máquina de escribir, pluma y antiguos escritos. Sentado en su escritorio vi que el añoso caballero rejuvenecía, y en su discurso descubrí a un guardián del tiempo, a un hombre con una mente clara y prodigiosa al que podías preguntar cualquier cosa. Fueron varias las visitas a su casa solariega, donde acudía a escuchar en silencio historias de otras épocas, bajo la atenta mirada de antiguas fotografías y retratos de su noble parentela. Él conservaba el siglo en su memoria, y llegó a cumplir ciento un años. Siempre con la memoria viva, y esa sonrisa inolvidable que cautivó a quienes por su despacho de la Peregrina se acercaron.

Dedicado a D. José Miguel Alzola González (1913-2014)

| | Comentarios (0)

Comentarios recientes

Categorías

Páginas