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No hay mejor bodega que la extremeña

Hay locales con los que hay que ser extremadamente contundentes, y la Bodega Extremeña es uno de esos locales. Así pues, afirmo con contundencia lo siguiente: Si este sitio no existiera, habría que inventarlo.
Primero, por la calidad de todos sus productos. Segundo, por la exquisita oferta de vinos. Y tercero, porque allí todos los días son fiesta, y eso, quiera o no, se agradece.
En la calle Franchy Roca, prácticamente en el Paseo de Las Canteras, en la bodega se respira ese aroma de un sitio que garantiza el buen comer. Jamones de Extremadura, Jabugo y Gijuelo, unos surtidos de ibéricos de primerísimo nivel, y la tortilla... ¡Qué tortilla!
Además de los platos, una variedad de montaditos muy interesante, que lo convierten en un sitio bastante diferenciado a todo lo existente por la zona, y esa precisamente es la clave. A pesar de ser un local pequeño, siempre habrá hueco. Y si no lo hay, es mejor esperar. Esta fue mi última cena en La Bodega Extremeña.

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Para comenzar como corresponde un homenaje de bien, hay que hacerlo por el principio. Y aquí el principio es muy claro, embutidos. El jamón y el lomo ya te adelantan lo que va a pasar durante el resto de la noche. Es como esos ligues que no esperan a que empiece la película en el cine para cogerte la mano poco a poco, sino que se lanzan al comienzo para evitar todo tipo de dudas y sufrimientos. La Bodega tiene poco de romántico, y mucho de tradición. ¿Para qué ponerse interesante, si con lo que tengo te voy a conquistar con total seguridad? Pues eso.

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Tras el surtido de ibéricos, otro de los platos obligatorios. La ensalada de aguacates, tomate, ventresca y aceitunas. Debería venir incorporado un cartelito que diga: No recomendamos hacerla en casa, no le va a quedar igual. Y lo digo por experiencia. Una ensalada muy simple, pero muy sabrosa, que nos sigue guiando por este pequeño templo del buen comer. Aquí no hay tataki de atún, ni berenjenas con miel, ni tartar de salmón. Y los que van allí bien lo saben. Porque los que van allí buscan los platos de siempre, y saben que no hay medias tintas. Y me gusta eso. Ya lo comenté en otro post, y lo reitero. Me gustan los sitios que van de cara y te ponen justo lo que tenías en mente que te pusieran. Y eso es muy difícil.

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Tras la ensalada, por supuesto, una de las dueñas del cortijo, la tortilla. Creo que nunca he visto una mesa en la que no haya salido una tortilla. Plato patrio amado y querido, generador de debates intensos, y algún disparate épico, en la Extremeña vuelven a dar otra lección de sentido común, y la preparan como debe ser. Una jugosidad perfecta, un tamaño perfecto, y un sabor perfecto. Soy gran consumidor y amante de las tortillas, y suelo ser bastante crítico, sobre todo cuando me ponen una masa seca de papas que no baja ni con cinco litros de cerveza. Pero aquí le ponen huevos al tema, y unos embutidos (otra vez) que no se andan con inventos. Si ya la has probado, seguramente tu rostro dibuja una sonrisita de afirmación, porque en este punto no hay debate.

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Y tras este glorioso momento, y si la noche se pone interesante, pues unas carrilleras con puré de papas y arroz. Otra vez ocurre lo mismo. Te comes un plato bien elaborado, que cumple las expectativas, y que además supone un fin de fiesta a lo grande. Embutidos, tortilla, ensalada y carrilleras. Cuatro episodios de cine clásico que alegra y seguirá alegrando tantas y tantas noches a orillas de Las Canteras.

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