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Hace unos días fui a comer al restaurante El Equilibrista (Calle Ingeniero Salinas, 23) con el buen amigo Alfredo Martín, propietario del Gabinete Gastronómico, y una eminencia en todo lo relacionado con la gastronomía. A propuesta de él, fuimos a un restaurante del que había escuchado hablar mucho (y muy bien), pero que todavía lo seguía teniendo en la lista de pendientes. Debo reconocer que me sorprendió gratamente. Un local muy ameno, bien iluminado y con una distribución inteligente, la carta es un constante guiño a la cocina canaria, pero con el indudable sello de su chef, Carmelo Florido. Platos sorprendentes como los makis con gofio o el carpaccio de Angus con helado de frambuesa, dejan en evidencia que no es un restaurante cualquiera, sino de una elaboración compleja sin perder la raíz del producto, lo cual es de agradecer. Así pues, esta fue la agradable velada en El Equilibrista.

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El Casino de Las Palmas de Gran Canaria acogió un evento organizado por Coca Cola, para presentar la gama de mixes Royal Bliss, que protagonizaron el almuerzo gracias al talento de Brand Ambassador del Grupo Coca-Cola Canarias, Óscar Lafuente.

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Los que estamos enamorados de Marruecos y de su gastronomía, hemos encontrado en el restaurante Marrakech de Las Palmas de Gran Canaria un refugio al que asistir cuando la nostalgia por el país vecino es demasiado intensa.
Y es que este restaurante marroquí tiene la gran virtud de realizar la comida tradicional de Marruecos sin desvirtuarla en absoluto, algo realmente complicado. No hace ninguna adaptación, la sirve tal y como lo haría en uno de los fabulosos riads que abundan en la Medina de Marrakech. La ciudad necesitaba un restaurante marroquí de este nivel, y la demanda habla por sí sola. Conseguir mesa en este restaurante sin reserva es algo cada vez más difícil, lo cual confirma que la calidad siempre será garantía de éxito. Les dejo con alguna de las deliciosas propuestas que podemos disfrutar en el restaurante Marrakech (calle Juan Manuel Durán 46).

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Hay locales con los que hay que ser extremadamente contundentes, y la Bodega Extremeña es uno de esos locales. Así pues, afirmo con contundencia lo siguiente: Si este sitio no existiera, habría que inventarlo.
Primero, por la calidad de todos sus productos. Segundo, por la exquisita oferta de vinos. Y tercero, porque allí todos los días son fiesta, y eso, quiera o no, se agradece.
En la calle Franchy Roca, prácticamente en el Paseo de Las Canteras, en la bodega se respira ese aroma de un sitio que garantiza el buen comer. Jamones de Extremadura, Jabugo y Gijuelo, unos surtidos de ibéricos de primerísimo nivel, y la tortilla... ¡Qué tortilla!
Además de los platos, una variedad de montaditos muy interesante, que lo convierten en un sitio bastante diferenciado a todo lo existente por la zona, y esa precisamente es la clave. A pesar de ser un local pequeño, siempre habrá hueco. Y si no lo hay, es mejor esperar. Esta fue mi última cena en La Bodega Extremeña.

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El pasado viernes asistí como invitado a la magistral velada ofrecida por IQOS, de Philip Morris, que eligió como escenario el elegante hotel Santa Mónica Suites, en Maspalomas. El evento no era uno cualquiera. Dentro de los actos de Moda Cálida, allí se congregó buena parte del mundo de la moda a nivel nacional, así como influencers, empresarios, y artistas. Para ponerle más glamour a la noche, el reputado chef Alejandro de la Nuez, se encargó de preparar un sorprendente y delicioso menú elaborado sin combustión, siguiendo la filosofía de IQOS. El resultado fue sencillamente de 10. No decepcionó a nadie. Trasladar la marca a la sociedad a través de la comida, y de un chef tan comprometido, solo puede traer buenos resultados, y eso lo saben muy bien toda la gente que trabaja en Philip Morris. Así pues, con una noche muy agradable, un entorno único con las dunas de Maspalomas como testigo, y un menú a la altura de las circunstancias, esta fue mi última cena en el Santa Mónica Suites.

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Tras conocer en profundidad todo lo que rodea al planeta Roca, había llegado el momento de sentarse a la mesa. Un momento por el que todo el mundo (o casi todo el mundo) espera cerca de dos años, si es que finalmente acaban presentándose. Hay numerosas anécdotas sobre las reservas del Celler de Can Roca. Uno de los clásicos, el feliz matrimonio que reserva mesa con toda la ilusión del mundo, pero se acaban divorciando. Al parecer, más de una vez se ha presentado en la fecha señalada de la reserva, él o ella, en el restaurante, sin saber que su expareja ya había cancelado la mesa. Otro de los clásicos, el gran número de reservas online que realizan miles de personas el día 1 de enero a las 00:01 de la madrugada, es decir, es la primera acción del año. Eso sí que es pasión. También se dejan caer numerosas personas que intentan convencer al jefe de sala que tiene reserva, y que si no aparece su nombre debe tratarse de un error. Miles de historias con un único fin: Comer. Y más que comer, sentir. Y más que sentir, vivir una experiencia única. Así pues, y tras haber dejado pasar un tiempo adecuado para ello, esta fue la experiencia gastronómica en el mejor restaurante del mundo.

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Al entrar en Can Roca, origen de todo el éxito de los exitosos hermanos, pudimos comprobar el mérito que tienen haber llegado a la cima desde un local tan sencillo como ese. Una acogedora bienvenida por parte de los padres, Montserrat y Josep, que siguen llenando el restaurante a base de deliciosos menús diarios por once euros, dio buena muestra de que la humildad, cercanía y sencillez de sus hijos es una herencia en vida. Montse nos enseña orgullosa el restaurante, nos cuenta el número de mesas, explica los orígenes y de paso, le dice al responsable del BBVA que no haga viajar tanto a sus hijos, que los echa de menos. Y no es para menos. Todo el equipo del Celler de Can Roca almuerza todos los días aquí, a media mañana, seguramente para no olvidar de donde vienen, y para volver a la casa de su infancia, donde jugaron entre las mesas de los comensales, donde Joan y Jordi hicieron sus primeros pinitos en la cocina, y por supuesto, donde consiguieron la primera estrella Michelin.

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Cuando sabes que el destino final de tu viaje es el Celler de Can Roca, lo realmente placentero es el viaje en si. Saber que vivirás una de las experiencias culinarias más singulares del mundo hacen que cada minuto de avión o de tren rumbo a la hermosa Girona sean una experiencia realmente valorada. En mi caso, la admiración hacia los tres hermanos Roca viene de lejos. Hace años, a través de un documental, vi por primera vez el increíble mundo que habían creado los tres genios en su barrio. Me fascinó. Es de esas cosas que ves, y apuntas en una optimista lista de deseos futuros, de destinos a los que visitar como experiencia vital casi obligatoria. Ese momento llegó, y ahora, en frío, puedo decir que superó cualquier expectativa posible. Da igual todo lo que hayas imaginado, y cómo lo hayas hecho, una vez allí, todo eso se supera. El Celler de Can Roca te traslada a un mundo utópico de felicidad desde que entras por su puerta, con todo lo que ello significa.

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Con la aparición de los locales 'gastro' 'bio' 'eco' o 'vegano', a veces uno echa de menos poder comer comida de verdad, de la que sabe a comida, sin adornos ni postureos. Reconozco que soy un purista, y donde esté un buen mesón o taberna con los productos clásicos y bien preparados, siempre lo voy a elegir por delante de todas las opciones antes mencionadas. Por supuesto, he comido en vegetarianos, gastrobares y de productos bio, algunos de ellos muy respetables, pero al césar lo que es del césar, y al cocinilla, lo que es del cocinilla. Este mesón ubicado en la calle Ruiz de Alda, en la capital grancanaria, tiene una carta bastante reconocible para todo aquel que busque un homenaje de siempre. Buen embutido, buena carne, buen pescado y buen vino. Aquí, mi última cena en el Mesón La Cocinilla.

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Animado por las excelentes críticas que colecciona este pequeño restaurante argentino, me animé a cenar un jueves por la noche, algo más temprano de lo habitual, para asegurarme una de las pocas mesas con las que cuenta El Almacén. Conocía el local, ya que era cliente habitual del anterior negocio, y debo reconocer que con el actual me he llevado una grata sorpresa. Los amantes de la carne argentina encontrarán aquí un espacio muy placentero, hecho con todo el cariño y pasión de los hermanos Eduardo y Gerardo.

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