los blogs de Canarias7

« Un funeral sin muerto |Inicio| Historias de Tokio: La portera, segunda parte »

Historias de Tokio: La portera

Llegó el momento de cambiar de hogar. Las carreras se seguían sucediendo en el falso techo y la llegada de Yui era inminente. Así qué comenzó la ardua tarea de buscar nueva casa. Cada vez que pasaba por la agencia me paraba en el escaparate. Estudiaba meticulosamente cada uno de los planos que exhibían. Me había hecho una experta en descifrar los símbolos: 1LDK, osiire, yokushitsu... Y los precios. Ya había controlado uno que tenía dos habitaciones y no era demasiado caro, aunque se me caía la baba viendo aquellos que pertenecían a edificaciones nuevas: lo malo es que lo único que nos podíamos permitir sería una habitación y diminuta, pero yo estaba dispuesta a sacrificar espacio(más todavía)a cambio de un baño en condiciones, un "Ofuro" nuevito en el que poder meterme dentro con ese agua ardiendo y llena de sales japonesas que eran una maravilla. Qué duro fue encontrar un nuevo apartamento. Quizá si hubiésemos tenido un presupuesto más amplio, bastante más amplio, no hubiésemos tenido tanto problema, pero al tener que limitarnos a un determinado tipo de apartamento, la cosa se ponía difícil, y no por el dinero, sino porque éramos extranjeros. Creo que esa fue la primera vez que me sentí realmente mal al vivir allí. Decidíamos visitar un apartamento, la agencia concertaba la cita, llegábamos acompañados por uno de los hermanos de la agencia, tocábamos el timbre, veíamos una cortina que se movía sutilmente, volvía a tocar el timbre, se empezaba a poner nervioso, nos miraba, le mirábamos al principio sonrientes, luego más serios, luego tristes, para finalmente darnos la vuelta y volver caminando a casa preguntándonos por qué no habían abierto. Eso la primera vez. Las siguientes ya estábamos preparados, sobre todo porque ya no nos hacían pasar el mal trago de tener que ir hasta allí y que no nos abriesen: la agencia ya explicaba de antemano que éramos extranjeros para saber si seríamos recibidos o no. En algún caso no pudieron concertar la cita y en algún otro sí. Creo que fuimos a visitar tres más. Recuerdo uno cerca de las vías del tren que tenía posibilidades. Hubiese sido divertido porque tenía un pequeño balcón que yo ya imaginaba lleno de plantas. Pero la cercanía del tren y el restaurante coreano que había en la planta inferior nos echaron para atrás. Aunque me encanta la comida coreana no hubiese sido buena idea estar oliendo todas las noches los efluvios que sin lugar a dudas nos iban a invadir. Otra de las visitas fue a un edificio nuevo. Ese es el que yo quería. ¡Menudo Ofuro! ¡Aire acondicionado! ¡Mini cocina! ...pero muy pequeño, demasiado. Me fui de allí con mucha pena. Y llegamos al siguiente. Era el único que tenía dos habitaciones y que no por ello tenía un precio desorbitado. Algo más caro, sí, pero asequible. ¿Cuál era la pega? Otra vez muy antiguo. Pero a diferencia del anterior, que era de madera, este era de " concrito" (hormigón). El baño seguía siendo de estilo oriental, una habitación era de tatami y otra de suelo cubierto de una "pegatina" que imitaba al parqué. La cocina se encontraba entre las dos habitaciones, pero voy a añadir fotos ( mejor una imagen que mil palabras, por lo menos en este caso). Precio: 99.000 yenes al mes + un mes para el dueño de la casa + un mes para el dueño del suelo + un mes para la agencia. Y lo mejor de todo: al dueño no le importaba de qué nacionalidad éramos con tal de que pagásemos puntualmente. ¡Ah! Se me olvidaba, estaban pintando la fachada, lo que lo hacía más bonito.
Continuará... Y prometo no tardar...

| | Comentarios (0)

Escribir un comentario