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Un funeral sin muerto

Cuando caminaba por las calles de Tokio hacia mi lugar de trabajo, casi todos los días me encontraba con situaciones que llamaban mi atención: desde el monje solitario apostado en una esquina del metro en su camino de peregrinaje o una pequeña parcela entre edificios que se había acordonado con una cinta de la que colgaban lo que parecían pequeños trozos de papel blanco, con un sacerdote budista, también vestido de blanco, acompañado de tres o cuatro personas más (los dueños de la futura casa que se construiría allí o del local de negocio) celebrabando una ceremonia para traer los buenos augurios al lugar; o un chico que llevaba a su amiga atada a una correa por el cuello, paseando por las calles de Omotesando. Lo cierto es que en Tokio, al igual que en Blaner Runner del ya inminente 2019, puedes encontrar cualquier cosa, incluso alguna forma tokiota de replicantes. También me encontraba muchas veces, locales abiertos a las calles, garajes de casas abiertos y en cuyo interior había una fotografía de alguien en una especie de altar y un ajetreo de ir y venir de personas, vestidas de negro y que celebraban allí la ceremonia del funeral. Allí o en salones de restaurantes o en templos.
Ayer, le invitaron a una extraña ceremonia en Tokio. Una de las productoras del programa de televisión en el que trabajamos, le invitó al funeral de su padre. Rápidamente le dio el pésame y ella contestó: ¡no! ¡si no está muerto! Es que ha decidido celebrar su funeral mientras esté vivo, porque dice que ¿para qué van a celebrar una ceremonia en la que él es el protagonista y no disfrutar de ella? Y la celebró y cantó. Y junto a los sutras que se leen en toda ceremonia budista o sintoísta, alguien tocaba la batería. Y cantó Let it be. Y disfrutó junto a su familia y amigos a los que invitó de verdad. Con los que quería compartir su todavía no realizable partida, pero partida cierta, sin necesidad de hacerlo con esas aves que aparecen solo en entierros y funerales, muchas veces sin haber cruzado más de dos palabras seguidas con el homenajeado o sus familiares. Una fiesta en su honor y en la que ¿por qué no iba a estar?

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