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Historias de Tokio: El recién llegado

Muchas cosas son las que sorprenden al extranjero en Japón. Pero hay que diferenciar bien entre el "extranjero turista" y el "extranjero residente". Con esta diferenciación quiero referirme al distinto modo de "mirar". Sin duda, esto es aplicable no solo a los visitantes de Japón sino que podríamos aplicarlo al extranjero en cualquier país. Pero quizá por la diferencia cultural tan marcada, por la lejanía, o simplemente porque fue mi experiencia personal, esta diferencia cobra para mí especial relevancia en lo que a Japón se refiere. Muchas son las cosas que cambiaron para mí después de aquel primer viaje de vacaciones, a aquél, dos años después, en el que llegué con mi maleta para quedarme. Mientras escribo intento recordar qué fue lo primero que sentí aquellos días y son muchas cosas las que se mezclan pero cierro los ojos y una palabra es la que me sale: ojos. ¿Ojos?, sí, miradas. Ciudad frenética, agotadora, luces de neón y ojos, muchos ojos que cruzan miradas, la mayoría "ojos rasgados" y de vez en cuando, muy de vez en cuando un "ojos redondos" y entonces esa mirada se convierte en comunicación telepática. Un sinfín de preguntas se intercambian en esa mirada fugaz: ¿qué haces aquí? ¿Estudias o trabajas? ¿De vacaciones, de negocios, o....realmente vives aquí?... Y es así como mi "mirada" que había ido cambiando con el paso de los meses, de los años, a medida que Tokio me iba mostrando sus secretos, se encuentra un día con una realidad que la primera vez se había mostrado fugaz, pero que ahora ya formaba parte de aquel entramado de metros, rascacielos, laberintos, ciudades subterráneas, parques, cartones, plásticos azules...homeless*.

Recién llegado.

7:30 am. Otra mirada, pero esta vez es una mirada distinta. Es la mirada del que decide abandonarlo todo, del que una mañana se levanta como todos los días, un salaryman* que se mira al espejo mientras se hace el nudo de la corbata, no necesitaría mirarse, pero lo hace, no lo puede evitar. Es otra parte más de su rutina diaria. Ya le han preparado el desayuno que él despacha en un silencio solo roto por los sorbos sonoros a la sopa de miso, el repiqueteo de los palillos en el cuenco de arroz y el canto de los semi, insectos parecidos a las mariposas cuya vida transcurre bajo tierra y solo salen al exterior una vez en su corta vida, apenas un año, para cantar al mundo su existencia durante el caluroso mes de agosto y morir poco después. Él piensa en ellos. Él también es un semi. Él también ha vivido en la oscuridad, en la sombra de una sociedad que le puso un nombre, kaishain* y le otorgó un papel y unas normas inquebrantables: trabaja-produce; canta-muere.
Como tantos otros días sale de casa. Esta vez no se le oye el tradicional ittekimasu* (literalmente "voy y vuelvo") acostumbrado. Varios hombres se encuentran acomodados bajo un puente que les sirve de techo. La mayoría acostados sobre trozos de cartón, y entre ellos, con su traje todavía impoluto, se encuentra el "recién llegado". Conserva su corbata y su maletín. Su espalda todavía está erguida. Solo su mirada comienza a parecerse a la de ellos. Como el semi, ha decidido cantar pero su canto no es el sonido acompasado del verano japonés. El suyo es más profundo y no perceptible a través de los sentidos. Su canto penetra en el alma. Es el canto del silencio.


NOTAS//
Homeless: como se denomina en Japón a las personas sin hogar. Viven en las calles protegidos por cartones o en verdaderos asentamientos en parques dónde crean pequeñas ciudades de color azul (utilizan plásticos azules). No piden. Salen adelante con pequeños trabajos, reciclando latas, reparando bicicletas, etc... Algunos llegan a esta situación porque han cometido un error, generalmente profesional y por "honor", deciden no volver.

Salaryman: término muy utilizado en Japón para denominar a los miles de japoneses que trabajan en una empresa, generalmente en oficinas, siempre con traje de chaqueta. (Literalmente: hombres que reciben un salario)

Kaishain: persona que trabaja en una empresa. Un kaishain es casi un funcionario. Si haces las cosas bien, puedes trabajar toda la vida en esa empresa con un sistema jerárquico cuasi funcionarial pero en el que llegas arriba no tanto por méritos como por edad.

Ittekimasu: en Japón cuando sales de casa siempre dices "voy y vuelvo".

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