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Springsteen en Compostela (y II): El desastre

la cola bruce.jpg

Observen la foto de la derecha, publicada por La Voz de Galicia. Es una de las colas para acceder al concierto que ofreció Bruce Springsteen en el auditorio del Monte do Gozo de Santiago de Compostela el pasado 2 de agosto.

Si se fijan en la parte superior de la imagen, verán que se aprecia un pequeño claro, y se intuye, a la izquierda, que su razón es que existen unas vallas amarillas que delimitan -muy poco, ciertamente- el lugar por donde se accede al recinto.

Esas vallas las colocamos, in extemis, mi mujer, Ángeles, mi sobrino Juan y yo.

Lo hicimos a eso de las siete de la tarde, cuando ya llevábamos casi cuatro horas de espera, y ante la evidencia de que la multitud no iba a respetar de ninguna manera el amago de civilizada cola a la que nos habíamos unido cuando llegamos al lugar sobre las 15.30 horas. Las vallas en cuestión estaban apiladas al otro lado de la carretera. Sírvase usted mismo; nadie de la organización se había molestado en colocarlas. Bueno, es que allí no había nadie de la organización, sólo un par de tipos que custodiaban el acceso al hemiciclo.

Dos tipos para controlar a...¿cuánta gente creen que puede haber en esa cola? Tengan en cuenta que la foto sólo muestra una parte de la multitud, una pequeñísima parte.

Los habituales recordarán el reciente post sobre la historia del músico al que una compañía aérea le rompió la guitarra, el que se vengó con una canción. "United breaks guitar", se llamaba la pieza. Si yo supiera música, compondría una titulada "Doctor Music jugó con nuestras vidas".

Porque esa es la verdad: El civismo del público evitó una catástrofe en el concierto de Springsteen en Santiago. Pudo haber un muerto. dos, diez, cien heridos...si no pasó nada fue porque Dios, el apóstol Santiago o Prisciliano de Compostela, a saber, son grandes (a veces). Pero desde luego, no porque la organización o las autoridades competentes hicieran algo para evitarlo.

El auditorio del Monte do Gozo (para que se hagan una idea, lo puede ver aquí debajo, dormitando bajo las gaviotas ; pinchen para verlo en detalle) es sin duda un espacio natural formidable....para 25.000 personas, para de contar, pero es que en esta olla metieron el 2 de agosto a 40.000 almas, así, a lo bruto, sin pasillos, sin señalizaciones, sin orden alguno. Auditorio_del_Monte_del_Gozo.jpg

El perímetro de la instalación era inconmensurable. Desde fuera, imposible hacerse una idea de sus dimensiones. La señalización, escasísima, provisional y apresurada, tanto que a día de hoy no tengo claro cuantos accesos había, si dos, tres o cuatro (en todo caso, una cífra rídicula: ¿cuántas puertas tiene uun estadio?). Ni Doctor Music ni las autoridades ¿competentes? dispusieron de efectivos para controlar el orden de las colas, y las puertas se abrieron más allá de las 20.30 (media hora larga más allá del horario señalado en las entradas) para un concierto que empezaba teóricamente a las 22 horas.

Es decir, que cuando se permitió el acceso, la marea humana en el exterior era de pesadilla. Esto provocó una armageddónica avalacha sobre las gradas (soterradas ad hoc para ganar más espacio, por cierto), que si no llegó a desgracia fue porque en las puertas de control interior (¿digo puertas? dos vallitas sobre la hierba enfanganda) se dieron cuenta (afortunadamente) de que no podían cortar las entradas una a una -eso habría creado peligrosísimos tapones- y optaron por entender que todo el que había llegado hasta allí la portaba. Siendo una opción deplorable, era la mejor en aquel momento, dadas las circunstancias.

Mucha gente llegó al graderío con la entrada sin cortar, y alguna hubo (yo creo que poca; ahora lo explico) que se coló. Sea como fuere, la gente que había creído que aquello iba a ser algo civilizado y decidió llegar, digamos, dos horas antes del concierto, que es lo más normal en sociedades civilizadas, se encontró con que el recinto estaba ya petado y ellos, tras pagar la friolera de 74 euros, no podían entrar o tenían que verlo desde el quinto pino, y esto es literal. Aquí les cuelgo uno de los videos que grabó un universitario que se quedó en el extrarradio. El cabreo del joven es antológico y está justificadísimo.

Les decía que no creo que mucha gente se colara. Sin duda, algunos -qué se yo, 200 o 300- sí lo hicieron, pero es un poco peregrino pensar que 10.000 o 15.000 caraduras llegaron hasta el lejano auditorio sin entrada y con clarividencia para saber que aquello iba a ser la casa de putas en que devino y que podrían pasar por la cara.

Me parece que la explicación es mucho más sencilla: se vendieron más entradas que las que soportaba el aforo. Presuntamente, la -en apariencia, que está sub iudice- codiciosa y negligente Doctor Music (el primer sorprendido soy yo, que los tenía por experimentadísimos y solventes profesionales) no pensó en otra cosa que en la pasta y metió a una multitud casi sin precedentes en la historia del recinto en una lata de sardinas, sin valorar cómo podía acabar aquello. Sigamos con nuestro amigo el estudiante:


Chiquito mosqueo, ¿verdad? Bueno, pues mientras este buen hombre se desesperaba en el quinto coño, nosotros, por circunstancias que ya explicó Ángeles en su post en caliente, estábamos en la primera fila detrás del foso. Felices, pero desde luego atrapados. No way out. También explicó Ángeles que fuimos previsores y no ingerimos ningún líquido desde las tres de la tarde.

Si hubiéramos tenido una necesidad, nos la tendríamos que haber hecho encimba. Y ese era el mal menor.

Imagínense que entre tanta gente civilizada se cuela una panda de maquis pasados de ácido o de cualquier psicotropo -lo que no es descabellado ni mucho menos- que se quedan como el estudiante del vídeo (en la puta calle, o en el puto monte), se mosquean, empiezan a empujar y crean una avalancha. Imagínense que en lugar de Springsteen toca AC/DC o los Stones, imaginen que en lugar de una tarde fresquita hace un día de calor extremo y la gente se pone nerviosa, o que cae un aguacero y la hierba se convierte en un barrizal.

Miren cómo acabó nuestro hombre:


Por si esto fuera poca tomadura de pelo, al día siguiente Doctor Music sale al paso de la carajera que se estaba montando en los foros de internet, en El País, en la Voz de Galicia y en casi todos los periódicos de España, y un portavoz dice que no pudieron evitarlo porque el avión que traía al Boss aterrizó tarde (más allá de las 19.30 horas, creo que dijo), en el aeropuerto de Santiago. Falso: La Voz de Galicia cuelga en la web un pantallazo de la bajada del músico del avión y se ve en el registro de la cámara que son las 18.21 horas de la tarde. A continuación le larga el mochuelo a la Xunta de Galicia.

La consejera del ramo ofrece una rueda de prensa esa misma tarde y muestra el contrato con la productora, donde se especifica claramente que la organización en el monte del carallo es competencia de esta última (mucho habría que decir sobre esta lavada de manos ¿no? pero lo cierto es que está por escrito. Bueno, esa sería otra historia).

La evacuación fue casi tan caótica como la entrada. En lo que se refiere a nuestra experiencia personal, ya les dije que estábamos en primera línea de fuego, sin posibilidad de movernos. Esperamos como 20 minutos desde que se encendieron las luces, y cuando empezamos a ver algunos claros, subimos monte arriba y nos tomamos la primera y única cerveza del día en un bar del interior del auditorio, que, claro, nos supo a gloria. Comimos un gomoso bocata en el mismo bar, y como ya había pasado más de media hora de la apoteosis, entendimos que podíamos regresar a casa con cierta tranquilidad.

Los cojones: La puerta de salida tenía el ancho del portal de mi casa (metro y medio), y por ahí aún fluía lentamente la riada humana, a oscuras, haciendo trial por el monte, sorteando escaleras, apelotonándose en un camino estrecho y cuesta abajo...

El concierto acabó a eso de la una de la madrugada. Llegamos a Vigo (a 90 kilómetros por autopista) a las cuatro de la mañana.

Les dejo con la noticia tal y como la emitió Antena 3 en caliente. Doctor Music, no cuentes conmigo para la próxima.



PD: Para aquellos que accedan a este post por casualidad y no conozcan el blog, para ver la primera parte de la crónica, referida al concierto en sí, pinchen aquí.

Otrosí, muchas gracias y un aplauso al estudiante que grabó las imágenes del caos.


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4 comentarios

1

Antoine, tú no fuiste al de Elton John en Tenerife??? Igualico igualico pero con más avalancha y entradas de 60-90 y 120 euracos. Pasamos mucho miedo y mucha vergüenza y sí se colaron todos los que en principio iban a mirar, y de pipí mejor ni hablamos......... Pero al final todo el cabreo queda en casi nada, algunas devoluciones de dinero (éso se debe inmdemnizar con viaje, room y entrada a otro concierto, carallo) mucha pasta pal chiringuito, y contentos de poder contarlo.
Te dejo que estoy siguiendo en directo el de la Plaza de la Revolución para recordar viejos tiempos y añorar a algunos colegas a.C... (antes de la conversión). Industrial. Besos con grelos.

2

Es increíble. He visto el vídeo después de leer tu crónica y aquello olía a tragedia. Menos mal que empézó con retraso. Allí se oyen cuatro notas, la gente ve que empieza el concierto y empuja para entrar como sea. He vivido -hace ya una eternidad- situaciones parecidas en conciertos en los que no había más de 5.000 personas y lo pasabas bastante mal. En cualquier caso, yo creo que fue Descroques (¿se dice así?) quien evitó los males. Gracias por tu relato.

3

Macanaz, me imagino que te refieres al Santo dos Croques, al que por cierto, ya no se puede tocar. Aprovecho para mandarte una curiosa página en la que te enseñan cómo se pronuncia, muy gracioso. Ésta y todas las palabras. Con lo curioso que eres, te va a encantar el site, a tí y a todos: http://es.forvo.com/search mete en el buscador "santo dos croques", y oirás cómo se dice. O mete "carallo", o lo que quieras en cualquier idioma, sin pasarte de "rebuscao", claro.

4

Vicky, no fui al de Elton, y no fue por falta de ganas. Me encantan los besos con grelos.

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