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Yo me quedo



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Asisto atónita, en medio de una semana frenética de viajes y trabajo, al salpafuera que se ha montado en este país por utilizar una palabra, una figura que se llama diálogo, mediador, relator o cómo quieran ustedes llamarlo.

Siempre he defendido que una de las obligaciones que tiene la clase política, unida al sueldo que pagamos la ciudadanía por sus servicios, es el diálogo. Lo tenemos todas las personas con responsabilidades, pero quienes viven del dinero público, más. También he repetido, hasta la saciedad, que quienes asumen esas responsabilidades tendrían, como poco, que haber sido responsables de sus comunidades de vecinos y vecinas. Y saber lo que es poner de acuerdo al señor del primero, que no quiere ascensor con la del quinto que, obviamente lo necesita.

Por eso, mientras esta semana me peleaba por conseguir contratos de trabajo, recordar a la administración pública sus responsabilidades, gestionar horarios y agendas, se monta este sal pafuera que, sinceramente no creo que sea ni por el relator, ni por diálogo, ni por un patriotismo que quieren envolver en banderas rojas y gualdas. Se trata, única y exclusivamente, de querer llegar al poder sea como sea. O de convertirse en fuerza hegemónica. En este caso, en la calle, esa que tantas veces critican cuando no les conviene pero que tan bien usan cuando les va interesa.

Tengo la sensación de estar ante una competición: a ver quién la tiene más grande, quién dice la burrada mayor en cuánto al papel que tenemos que jugar las mujeres, quién es más reaccionario en sus planteamientos, quién es más Trumpista que Trump, quién es más de lo más.

Y sinceramente, me pregunto si realmente están sabiendo medir esta competición o se están metiendo en un charco, que quizás cuando quieran meter tijera para cortar tanta carrera, sea complicado.

Es evidente que esta competencia por la competición forma parte de un magma que se está extendiendo por todo el planeta: el magma del liberalismo a ultranza. Ese que tiene como objetivo que unos pocos privilegiados lo tengan todo, mientras la gran mayoría se ahoga en la miseria; ese neoliberalismo que te dice lo que tienes que pensar, lo que tienes que hacer, lo que tienes que decir, porque unos pocos se creen los dioses de esta era. Y mucha gente encuentra en esos dioses la esperanza perdida.

Por eso, en esta escalada de neoliberalismo envuelto en banderas patriotas y cánticos evangélicos, tenemos que estar muy vigilantes en esta Europa que ha conseguido los mejores niveles de estabilidad y democracia. Y claro, por eso mismo, se la quieren cargar. Y se la quieren cargar, con todos estos fenómenos que apelan al corazón, a la grandeza de la patria. Pero mira por donde en esa corriente, se olvidan de cuidar la sanidad pública, la escuela pública o la concertada que es buena, se olvidan de la obligada igualdad de oportunidades, se olvidan de sueldos y salarios dignos para la clase trabajadora, se olvidan de una administración pública eficaz, se olvidan de la ley de la dependencia, se olvidan de tener un transporte público decente, se olvidan de garantizar las pensiones, se olvidan de todo lo que supone favorecer un estado de bienestar frente a otro de desigualdad. Y este olvido consciente, tiene un objetivo: privatizarlo todo, quién tenga pasta que lo pague y quién no, se tire de un puente.

Pero eso si, todos muy patriotas, envueltos en banderas y llenos de dignidad.

Por eso, yo ni voy ni dejo de ir. YO ME QUEDO este domingo en mi casa, o me voy a pasear al parque, para descansar y poder seguir trabajando por lo que creo: por la Economía Social y Solidaria, por la negociación, por el diálogo, por la igualdad, porque no me quieran vender gato por liebre y también por decirle a la ciudadanía: el mejor patriotismo es la igualdad de oportunidades para todo el mundo, la tolerancia, el respeto a todas la personas, el cuidado en las formas, la buena educación. 

De la misma manera que en nuestras casas educamos en estos valores, recordemos a la clase política que nos representa, que quienes no cumplan estas máximas, deben irse a su casita a recordarlas.  Pero que no compitan por el enfrentamiento, el mal gusto, el insulto, la confrontación o si quieren hacerlo, que lo hagan entre ellos, y dejen a la ciudadanía en paz.

Y mientras tanto, que se ganen el sueldo que les estamos pagando. Porque me pregunto:¿quien evaluará el cumplimiento de objetivos de todos estos cargos públicos? Y ya, ya llegarán las elecciones y se someterán al electorado. Pero mientras tanto, trabajen como lo hacemos la mayoría de la gente de este país y dejen de enredarnos en sus competiciones.




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