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Criaturas alta gama



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Esta semana, el presentador de una cadena de televisión compartía en los medios de comunicación y en las redes sociales, lo que le había costado la compra de su hijo. Y lo hizo con una expresión clara y contundente. Podría ponerle a su hijo el nombre de Altagama porque le costó, pagó un precio tan alto, como el de un cochazo de esos que solamente se pueden pagar algunas personas privilegiadas.

Creo que estas manifestaciones hablan por si solas, son claras y ponen de manifiesto la enorme hipocresia que existe entre quienes plantean el tema de la gestacion subrogada como una cuestión de generosidad. Esta confesión confirma, la otra vuelta de tuerca del sistema  neoliberal, que tiene como principios el poder comprar y venderlo todo. Que puede comprar también el cuerpo de la mujer como una vasija reproductora para satisfacer los deseos, sobre todo de quienes tienen dinero para comprarse una alta gama.

Me parece maravilloso tener descendencia, tengo dos hijos estupendos y una hija maravillosa. Es una suerte poder vivir esa experiencia de maternidad deseada y realizada. Pero la maternidad es eso, un deseo, una maravillosa experiencia para quienes la hemos podido vivir, pero no es un derecho. No es algo que tengamos que tener a cualquier precio, no es algo que podamos o debamos pagar para satisfacer nuestros deseos como si de comprar un coche se tratara.

He participardo en algunos debates en las redes sociales sobre este tema, máxime cuando aparece la palabra generosidad. Creo que tengo una generosidad con la vida y los seres humanos, bastante aceptable. Me considero solidaria con muchas causas en este país y en otros en peores circunstancias, pero parir una criatura para dársela generosamente a otra, me parece sinceramente, poco creíble.

Tenía un hermano, que se lo llevó el cáncer hace unos años. Lo quería mucho, fue mi compañero de juegos, mi escudo ante las intransigencias de mi padre. No pudo tener hijos, pero en ningún momento se me ocurrió pensar en que podía darle uno de los míos. No entraba ni en sus principios, ni en los míos.
Acudió a la adopción y lo ayudé en lo que pude. Es cierto que ese proceso, también fue como de alta gama, costoso en dinero, tiempo y energías pero lo consiguió.

Por eso, cuando se habla de legalizar la gestación subrogada, sobre todo por quienes practican unas políticas neoliberales brutales en contra de las mujeres, la conciliación y utilizan la palabra generosidad, se me sube la mala leche y veo cómo nos quieren colar otra de las suyas.

Celebramos el aniversario de la explosión del movimiento internacional de MeToo, que ha empezado a manifestar los abusos de millones de mujeres en el mundo. Estamos ante un acontecimiento que seguirá creciendo porque ha empezado a derribarse el miedo. Quedan todavía muchas aberraciones públicas y privadas por derribar, pero ahí estaremos para defender, entre otras cosas, lo que quieren esconder tras la gestación subrogada: controlar el cuerpo de las mujeres, utilizarnos para la compra venta de sus deseos. Y eso, no es generosidad, eso se llama compra, mercantilización.

Lo que podrían hacer quienes tanto interés tienen en legislar sobre este tema es facilitar todos los mecanismos de adopción para que quienes quieran satisfacer ese hermoso deseo pueda hacerlo sin que le vaya en ello la vida, los recursos y la paciencia.



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