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Archivos Octubre 2018


Esta semana ha sido  emocionalmente muy intensa. El final del mes de octubre, antesala del día de las personas difuntas, nos ha sacudido particularmente a las mujeres feministas.
Nos conmovía la noticia de la muerte de Carmen Alborch, la ministra colorista, feminista y vitalista que formó parte del gabinete de Felipe González. No seré yo quien intente añadir nada más a la cantidad de calificativos que esta semana se han dedicado a esta brillante mujer.

Ayer, estábamos preparando la marcha de otra mujer sonriente, luchadora, cámara en ristre para sacar lo mejor de nosotras. Dori Fernández pasó a otra fase. Se fue esta vasca, afincada en tierras andaluzas, feminista y creyente. Sí, si lo decía Charo Marmol ayer en su recuerdo, era creyente.


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Debo reconocer que no somos muchas, más bien somos raritas las que hemos llegado al feminismo desde la militancia cristiana; desde la convicción de que el Evangelio hace una propuesta de igualdad integral para hombres y mujeres; una apuesta porque la justicia llegue a todos los confines de la tierra; una opción preferencial por la gente más vulnerable, entre las que sin duda, nos llevamos la palma las mujeres de Europa, de Africa, de América Latina, de Asía.

Pues si, somos raritas las que estamos en esta a veces tierra de nadie, porque no encontramos un lugar en la Iglesia Institucional, peleada con las mujeres, ni en las estructuras políticas que miran con reojo a la progresía creyente, aunque tenga poco que cuestionarle en su compromiso social. Dori estaba en ese grupo, era creyente, feminista y peleona.

Y seguro que como a mi, sabedoras que sacamos ratos para nuestros oraciones particulares, le llegaban peticiones de rezos varios. ¡Ay, reza por mi para esto, reza por mi para lo otro! Si,si, mis amistades no creyentes. Al ponerles en evidencia de tamaña contradicción me dicen: yo no creo, pero tu si. Así es que debe valer. De esa manera me paso muchos ratos pidiendo para que las intenciones de mis amistades no creyentes se cumplan. Eso lo comenté una vez con Dori y se moría de risa porque también le pasaba.

En lo que no creo, y en eso me considero también rarita, es en la deriva de esta fiesta, en la que los cementerios se convierten, una vez al año es espacios de concentración de flores como si no hubiese más días para el recuerdo. Debo reconocer que no me gustan los cementerios ni las flores después de haber pasado el tránsito. Mi madre y yo hemos convenido que las flores nos las vamos a regalar en vida, que vamos a disfrutarlas de la misma forma que debemos cuidarnos mientras estamos en este planeta. Después, todo lo demás, vanidad de vanidades. 

Esta semana también, mientras nuestras amigas morían tras luchar contra esa peste del siglo XXI que se llama cáncer, en el Parlamento se debatía la ley de eutanasia. Según el Sr. Casado es una realidad que no existe en España. Me pregunto en qué burbuja vive. Si no ha tenido en su familia ninguna persona sufriente, sujeta a una cama mientras se deterioraba día a día, sin ninguna esperanza.

Como todas las leyes de estas características, no se pide que se despachen en los supermercados. Queremos poder elegir, cuándo el sufrimiento en lo que se ha convertido la vida, pueda terminar sin que las personas que nos acompañen, terminen con sus huesos en la cárcel.

Pero lo conseguiremos porque hay cosas en las que aunque el teatrillo político pida otra cosa, es tan evidente que solo es una cuestión de tiempo.

Como tiempo es lo que creo que debemos dedicar a decirnos lo que tengamos que decirnos antes de morir. Pensar que en cualquier momento, la parca puede venir a visitarnos, ojalá sin tener que pasar por trances tan sufrientes.

Cada vez creo menos en los homenajes póstumos, en las flores en los tanatorios y cementerios, en las loas después de muerta. Y más en lo que hagamos y vivamos en el presente. Decididamente, cada vez me voy viendo más rarita.


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Ayer, en una conversación con unas amigas que han venido a pasar el finde en Madrid, comentábamos el estilo educativo que se ha ido imponiendo en nuestro país en los últimos años. Lo denominábamos con el nombre de un programa de televisión, al que no pienso dar publicidad, pero que se identifica por sus gritos, personajes que viven de esos espectáculos, sin haber hecho nada medianamente productivo salvo mirar la vida de todo el mundo y exponer la suya para sacar negocio.

Aunque es doloroso aceptar que ese tipo de comunicación crea escuela, debo reconocer parte de razón, a juzgar por cómo se va imponiendo en la sociedad.

Pienso en todas mis amistades dedicadas a la educación y a nuestro propio proyecto en el Cerezo, en el que se intenta inculcar a los chicos y chicas, los valores del respeto, petición de la palabra ordenada, cuidado en el turno de intervención del compañero/compañera, reflexionar antes de hablar y elaborar los argumentos para defender los posicionamientos.

Me estoy preguntando estos días, cuando oigo a sus señorías en el Parlamento, esas personas que hemos elegido para que nos representen, qué pensarán los niños y niñas que van a la escuela cuando ven el pataleo en el Congreso mientras habla una ministra; o qué les pasa por la cabeza cuando contemplan, mientras engullen el puré de verduras que no les gusta mucho, una comparecenccia en la que sus señorias se tratan de palmeras e imbéciles. Y también visibilizo a mis amistades al frente de las clases de literatura, abrir los ojos como platos, buscando ejemplos de elaboración de buenos discursos y se encuentran con la intervención de la exministra Monserrat.

De cómo se compara la educación de una y otra comunidad, ya ni hablamos porque afortunadamente los niños y niñas de este país serán capaces de distinguir las actuaciones de los mayores cuando estamos en nuestras batallitas para demostrar que somos lo más, con actuaciones que evidencia el mínimo común múltiplo

En medio de todo esta carrera de desvaríos para conseguir más minutos de gloria en los medios, cara al posicionamiento en las encuestas electorales, aparece una muy buena noticia que espero sirva para cambiar esta escuela de griterío sin educación: la vuelta de la asignatura de filosofía. Fue incomprensible entender su desaparición. ¿Cómo podemos entender la vida, las relaciones, la historia y proyectar el futuro sin esa base fundamental en la formación? Pues curiosamente ha vuelto con el apoyo mayoritario. 

Me lo quiero tomar como esos brotes verdes de luz, a los que acogerse de vez en cuando, para seguir creyendo en la política como instrumento de cambio. Un brote verde que esta semana ha venido también con la posibilidad de que las personas con diversas capacidades puedan ejercer su derecho legítimo al voto.

Confío en que los brotes vayan convirtiendose en cercados cada vez más amplios y tengan espacios en los medios. Para ello también ha surgido el Lobby de Mujeres Progresistas Siglo XXI, con el objetivo de que el feminismo, como ideología política, vaya impregnando todas las actividades públicas y privadas, de tal manera que la mitad de todo lo que nos corresponde no sea una realidad legal sino una real.

Estos foros posibiltan encuentros curiosos. En mi caso, encontrar otra paisana en la Comunidad Valenciana, Isabel García elegida como canaria del año. Un gusto compartir acentos igualitarios. Pero de este proyecto merece la pena hablar más profundamente en otra entrada. Por lo pronto, bienvenida de nuevo la filosofía a los planes de formación y cuidémosla para que no corra el riesgo de volver a desaparecer. 



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Esta semana, el presentador de una cadena de televisión compartía en los medios de comunicación y en las redes sociales, lo que le había costado la compra de su hijo. Y lo hizo con una expresión clara y contundente. Podría ponerle a su hijo el nombre de Altagama porque le costó, pagó un precio tan alto, como el de un cochazo de esos que solamente se pueden pagar algunas personas privilegiadas.

Creo que estas manifestaciones hablan por si solas, son claras y ponen de manifiesto la enorme hipocresia que existe entre quienes plantean el tema de la gestacion subrogada como una cuestión de generosidad. Esta confesión confirma, la otra vuelta de tuerca del sistema  neoliberal, que tiene como principios el poder comprar y venderlo todo. Que puede comprar también el cuerpo de la mujer como una vasija reproductora para satisfacer los deseos, sobre todo de quienes tienen dinero para comprarse una alta gama.

Me parece maravilloso tener descendencia, tengo dos hijos estupendos y una hija maravillosa. Es una suerte poder vivir esa experiencia de maternidad deseada y realizada. Pero la maternidad es eso, un deseo, una maravillosa experiencia para quienes la hemos podido vivir, pero no es un derecho. No es algo que tengamos que tener a cualquier precio, no es algo que podamos o debamos pagar para satisfacer nuestros deseos como si de comprar un coche se tratara.

He participardo en algunos debates en las redes sociales sobre este tema, máxime cuando aparece la palabra generosidad. Creo que tengo una generosidad con la vida y los seres humanos, bastante aceptable. Me considero solidaria con muchas causas en este país y en otros en peores circunstancias, pero parir una criatura para dársela generosamente a otra, me parece sinceramente, poco creíble.

Tenía un hermano, que se lo llevó el cáncer hace unos años. Lo quería mucho, fue mi compañero de juegos, mi escudo ante las intransigencias de mi padre. No pudo tener hijos, pero en ningún momento se me ocurrió pensar en que podía darle uno de los míos. No entraba ni en sus principios, ni en los míos.
Acudió a la adopción y lo ayudé en lo que pude. Es cierto que ese proceso, también fue como de alta gama, costoso en dinero, tiempo y energías pero lo consiguió.

Por eso, cuando se habla de legalizar la gestación subrogada, sobre todo por quienes practican unas políticas neoliberales brutales en contra de las mujeres, la conciliación y utilizan la palabra generosidad, se me sube la mala leche y veo cómo nos quieren colar otra de las suyas.

Celebramos el aniversario de la explosión del movimiento internacional de MeToo, que ha empezado a manifestar los abusos de millones de mujeres en el mundo. Estamos ante un acontecimiento que seguirá creciendo porque ha empezado a derribarse el miedo. Quedan todavía muchas aberraciones públicas y privadas por derribar, pero ahí estaremos para defender, entre otras cosas, lo que quieren esconder tras la gestación subrogada: controlar el cuerpo de las mujeres, utilizarnos para la compra venta de sus deseos. Y eso, no es generosidad, eso se llama compra, mercantilización.

Lo que podrían hacer quienes tanto interés tienen en legislar sobre este tema es facilitar todos los mecanismos de adopción para que quienes quieran satisfacer ese hermoso deseo pueda hacerlo sin que le vaya en ello la vida, los recursos y la paciencia.



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