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Archivos Abril 2018


Me pregunto si se puede decir alguna cosa nueva, aparte de las ya expresadas, desde que ayer conocimos la sentencia del juicio de la llamada manada. Probablemente no. Hemos visto expresiones de rabia en caliente, lecturas de la setencia sosegadas, manifestaciones por doquier poniendo en evidencia que No es abuso, es violación, firmas para solicitar la inhabilitación de quienes han dictado tamaña barbaridad, pronunciamientos públicos desde partidos políticos a monjas de clausura, pasando por medios de comunicación y artistas famosas.

Podemos decir que una buena parte del país está en shock. Ese es al menos mi caso y el de mucha gente a mi alrededor porque vivimos esta sentencia como un castigo: castigo a las mujeres, castigo al éxito del movimiento feminista del día 8 de Marzo, castigo a la insolencia de querer una sociedad igualitaria, castigo al no es no.

Debo reconocer que el espectáculo mediático que nos ha ofrecido la clase política esta semana ya me dejaba un sentimiento de orfandad, de abandono (y me consta que hay mucha gente en política comprometida que no sale en los medios) pero la sentencia de ayer me produjo un escalofrío, una sensación de vulnerabilidad, de desprotección e inmediatamente de rabia.

La calle, ese espacio emblemático que tantas conquistas ha propiciado, se me ocurría la mejor manera de hacer frente a esos sentimientos, la única capaz de parar esa segunda violación que ayer se firmó en Pamplona contra todas las mujeres. Y en unas horas, todos los ayuntamientos de España, todas las plazas se llenaron de mujeres y también de hombres que gritaban una y otra vez: no es un abuso, es violación. Yo te creo, hermana.

Tengo una hija a la que le gusta salir, llegar a casa de madrugada, que se conoce todas las clases de cerveza del mundo mundial, a la que he querido educar como a mis hijos: seguros, libres, con entusiasmo por lo que hacen. ¿Tengo que decirle que se esté quieta si algunos animales racionales quieren mostrar su fuerza? ¿Que se deje hacer porque sino puede perder la vida, como Nagore, que opuso resistencia? ¿Tengo que decirle que lleve algún arma para defenderse? ¿Que la calle es peligrosa? ¿Que está trabajando para pagar un sistema que no la protege? ¿Qué le decimos a nuestras hijas, a mi Dana y Kiara, a Cristina a Carla a todas ellas?.

Esto no puede quedar así. En este momento solamente nos queda la movilización en la calle, el apoyo a las asociaciones de juristas que trabajen este tema, a los partidos políticos que realmente hagan una apuesta real por la igualdad y en contra del terrorismo doméstico que se ha instalado en nuestra sociedad. Se ha cruzado una línea muy muy peligrosa.

Ayer, una viñeta decía que cuando una sentencia convierte una violación colectiva en un "abuso" desaparece el respeto a la Justicia. Con este tipo de comportamientos no solamente se pierde el respeto, se pierde la confianza. Y si ya la relación que existe entre la ciudadanía y la justicia es bastante deficiente, estas situaciones no la acercan.

Para más inri, dos de los miembros de la manada, cobran el setenta y cinco por ciento del sueldo a cargo de los presupuestos generales del Estado. Uno, por militar y el otro porque forma parte de los Cuerpos y Fuerzas eso si, cuerpo y fuerza han mostrado en sus vídeos que tienen, lo de Seguridad del Estado, está muy por ver.

Yo seguiré participando en las diferentes manifestaciones que se programen. Yo te creo, hermana. Mucho ánimo, no estás sola.




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El medioambiente está ocupando un espacio cada vez más importante en la vida de la ciudadanía, en la agenda política y como no podía ser de otra manera, en el mundo de los negocios.

Términos como economía circular, economía sostenible, economía verde, ecoturismo, sostenibilidad, turismo verde, se han ido introduciendo suavemente en nuestro vocabulario, instalándose en el imaginario colectivo, acercándonos al necesario cuidado del medioambiente. También es cierto que muchas veces no sabemos exactamente el contenido de dicha terminología y desconocemos lo que hay detrás de cada uno de estos conceptos.

Al margen de si sabemos más o menos, considero fundamental poder distinguir el trigo de la paja; diferenciar quienes están detrás de estos principios para realmente cuidar la tierra y el medio ambiente; quienes aprovechan la ocasión para hacer actividades sostenibles; quienes, al olor de la sardina salen del corral.

Desde hace muchos años me he dedicado al desarrollo de las empresas de inserción, una de las familias de la economía social y solidaria, que tienen como finalidad la inserción de las personas más vulnerables a través del empleo, en muchos casos a través de actividades medioambientales.

Ya hace muchos años, acompañadas de una pequeña furgoneta y unos bidones recuperados, empezamos en la Calle Dr. Chil un proyecto de recogida de vidrio. Esas incipientes experiencias se acabaron cuando, tanto el vidrio como el cartón, se convirtieron en un residuo por el que se obtenían grandes beneficios.

Nos estamos encontrando con algo parecido, cuando afrontamos el tema del textil, la ropa de segunda mano. Desde las diferentes Cáritas o las entidades del Tercer Sector se han utilizado como medio para conseguir la inserción. Estas entidades hemos trabajado durante muchos años para conseguir una legislación que reconozca a las empresas de inserción como prestadoras de bienes de interés general y económico, al mismo tiempo que introduce la obligatoriedad de la administración pública de hacer una reserva de mercado, con el fin de seguir generando empleo de inserción.

Pues nos encontramos también con entidades que diciendo que son Ongs y que destinan sus beneficios para causas en el Tercer Mundo, no sabemos cuáles son esos proyectos, a qué dedican el dinero que obtienen de estas donaciones y cómo crean empleo.

Me parece muy importante que tanto las administraciones públicas como la ciudadanía en general, sepan cuáles son las entidades que realmente hacen un uso de la ropa para la creación de empleo digno y no para un negocio lucrativo. Quienes cuidan realmente del medio ambiente y no lo usan como una técnica de marketing; quienes establecen criterios éticos en la gestión de la ropa, respetando la trazabilidad y por último, la transparencia en sus cuentas.

Quiero invitarles a reflexionar sobre este tema, a buscar información veraz sobre las entidades que hacen buen uso de este residuo y actuar en consecuencia. En mi caso, lo tengo claro: visiten la página web de la Red Social  Koopera, busquen, comparen y si encuentran algo mejor, sigan confiando en nuestra red.
http://koopera.org/

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Tengo en mi casa fotos y muchos recuerdos de mis viajes a la República Democrática del Congo, concretamente a la zona de los Grandes Lagos, el Sud-Kivu. Tres se encuentran en el salón, dónde pasamos la mayor parte del tiempo, para tenerlos siempre presente. Recuerdo que me decían: habla del pueblo congoleño, di que no somos gente salvaje, que esa es una manera de ocultar lo que realmente pasa aquí.

Y efectivamente, esa es la sensación que tengo. El Congo sigue sumido en un conflicto de grandes magnitudes, del que prácticamente no se habla en nuestro país. Hay que busca algún informativo francés o belga para saber algo de lo que pasa en uno de las zonas más ricas del mundo.

Según un informe publicado el pasado mes de marzo por las Naciones Unidas, más de 13 millones de congoleños y congoleñas, necesitan ayuda humanitaria, el doble que hace un año; Y más de cuatro millones y medio se encuentran desplazados en el segundo país más grande de Africa, después de Argelia.

La negativa del actual presidente Josep Kabila a convocar elecciones, como estaba previsto en el año 2016, se ha sumado a los diferentes conflictos existentes entre los grupos guerrilleros que controlan las numerosas riquezas naturales en el país.  Las zonas más alejadas de la capital Kinshasa, el Norte y el Sur Kivu son las más afectadas.

Ese es paradojicamente su problema más grave, las numerosas riquezas producidas en una de las zonas más bellas que conozco: agua, bosques, oro, diamantes y sobre todo, el coltán conocido como el oro gris, o el mineral de sangre por las numerosas muertes que su extracción produce. El coltán se utiliza para la fabricación de ordenadores, teléfonos móviles, consolas y todo lo relacionado con las nuevas tecnologías y la carrera aeroespacial.

Y mientras el ejercito, los grupos guerrilleros y paramilitares siembran el pánico, controlan las minas, negocian condiciones con las multinacionales, el pueblo vive la más profunda de las miserias, sufre el hambre, los desplazamientos en busca de mejores condiciones, las violaciones.

Y sí, parece que no hay conflicto bélico o guerrillero del que se escape la violencia sexual contra las mujeres y las niñas. Si ya las mujeres fueron utilizadas en masa, como arma de guerra en anteriores contiendas, en esta no iba a ser menos. Según Médicos sin Fronteras, una de las pocas ONGs que intenta acercarse a estos territorios, los combatientes de un grupo armado violaron a 60 mujeres al apoderarse del mercado en una aldea. Y esto se sucede en carreteras, pueblos, allí donde el conflicto se produce.

Todo ello se está desarrollando en el más absoluto de los silencios por parte de los medios de comunicación, algunos de los cuales  han sufrido la expulsión de sus corresponsales.

También  Kabila se ha visto confrontado con el Presidente de la Conferencia Episcopal Congoleña. La iglesia está denunciando el conflicto y el sufrimiento del pueblo enfrentándose al gobierno y los grupos guerrilleros. 

Solamente nos queda nuestras amistades, me decía Matilde, mi amiga de Bukavu. Habla de nosotras, di que el pueblo está sufriendo, que las Naciones Unidas tienen que mediar para que se acabe este conflicto. Que Kabila convoque elecciones y podamos tener un gobierno legítimo que ponga orden en nuestras riquezas, que éstas sirvan para que nuestro pueblo viva en paz, tenga sus derechos, nuestros niños y niñas vayan a la escuela, las mujeres estén seguras y vivamos en paz.

Pues eso, me hago portavoz de la buena gente del Congo para romper este silencio cómplice que eso si, nos permite estar a la útlima con las tecnlogías, gracias a la sangre derramada por los niños y niñas que rastrean la tierra en busca del coltán, quedando muchas veces sepultados para siempre.

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Esta es una de las fotos que miro cada día en el salón, la tomé en una de las zonas rurales de Bukavu.
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Esta semana he llegado a su término, justita de gasolina o pidiendo agua por señas, que decimos en nuestra casa. Tras los días de asueto y tranquilidad disfrutados en la Semana Santa, la agenda daba brincos exigiendo su atención.

Y los puntos eran múltiples y diversos: seguimiento de concursos públicos, búsqueda de financiación, desarrollo de nuevas actividades económicas, reuniones programáticas; todo ello estaba irremediablemente sazonado por la actualidad mediática en este país, que a su vez, parece imposible desvincularla de los acontecimientos políticos.

Parece que estamos ante una órbita extraterrestre, donde las necesidades de la ciudadanía no figuran en el sumario del programa. El drama y la trama, es la incapacidad de la clase política para resolver lo que realmente nos afecta. Y esa misma clase política nos ofrece un permanente espectáculo mediático convirtiéndose en protagonista absoluta de la actualidad.

Como dicen en mi pueblo: el jueves por la tarde llegué "con la cachimba llena!" Me "hubiese mandado a mudar" a otro país, no sé si mejor porque todavía desconozco cuál podría ser, pero sí en el que los medios de comunicación, no nos estén machacando una y otra vez, con este tipo de información.
Porque en el deseo de ganar audiencias y adeptos, o el quién da más en los minutos consumidos y consumados, se encontraban tres noticias principales: Cifuentes y su máster; las reinas y sus rifirrafes; Puigdemont y su excarcelación.

Las informaciones catalogadas como serias, eran protagonizadas por personalidades pagadas por los presupuestos generales del Estado, es decir con la pasta de nuestros impuestos.

Yo tenía entendido, que con el dinero público, se debe hacer frente a las tareas de gobierno para resolver las necesidades de la ciudadanía. Esas que están pidiendo los abuelos y las abuelas, gente enfadada porque el cartero les han llevado una carta, con una subida provocadora que les ha llevado a la calle; o las kellys, esas mujeres que llevan denunciando que hacen en los hoteles un trabajo de esclavas, dejándose las manos y la columna destrozadas, ya no digo el corazón; o el Pacto de Estado contra el terrorismo machista, esos atentados que no cesan; o la huida de nuestros chicos y chicas hacia el extranjero, porque aquí no van a pasar de mil euristas; o los precios de los alquileres en las grandes ciudades, que se han disparado porque las nuevas formas de hacer turismo, cambian las normas de usos. Y puedo seguir con un listado hasta necesitar otro blog.

En fin, que decidí el viernes aislarme de las noticias, cerrar mis semana laboral, evaluando si había sido coherente con mis responsabilidades y conseguido mis objetivos. 

Me pregunté también, si de alguna manera no hay que poner esos criterios en la actividad política, que nos muestren sus señorías, cuál es su agenda de trabajo y cómo han sido los resultados.

Porque sinceramente creo que si estuvieran en la empresa privada y les pidieran cuenta me gustaría conocer cuáles son los resultados de esta semana. Aunque eso si, haya habido aplausos, convenciones, manifestaciones, etc.

Tenía entendido que elegíamos a la clase política para que resolvieran nuestros problemas y en estos momentos creo sinceramente que son quienes más los generan.

Por eso, el sábado decidí retirarme a las trincheras, serenar el alma, dar de nuevo cuerda al corazón, encontrarme con la buena gente militante de los movimientos que desde el compromiso y eso si, cada vez con más canas, siguen reivindicando la necesidad de Ver, Juzgar y Actuar como una herramienta de cambio. Allí también encontré amistades con responsabilidades políticas que tienen agenda y pueden mostrar resultados. Haberlas, haylas,  y muchas, me constan, en los pueblos, ciudades, distintas administraciones, pero estas salen poco en la prensa o sencillamente, no salen.

Hoy quiero seguir dando cuerda al corazón, porque de lo único que puedo responder es de mi agenda y mi compromiso. Una vez en una conversación una amiga me decía: quizás la gran PAZ, no esté a nuestro alcance pero las pequeñas paces, si. ¡Pues, a por ellas!

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Empiezo esta nueva aventura que me ofrece Canarias7. Es como volver a casa después de muchos años. En este caso no es Navidad sino Pascua, el PASO como me recordaba el otro día mi amigo Bernardino, ateo como muchas de mis amistades. El PASO de la muerte a la vida; el PASO de recoger sin vergüenza los trozos de sueños rotos y volver a empezar. El PASO de saber que de nada sirve ser luz, si no es para iluminar el camino.

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