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Novedades en la categoría Pérez Galdós

Cada ciudad tiene calles por las que transita la vida como si fuera su propio reflejo. Uno sabe que está en París si camina por los Campos Elíseos, en Nueva York si alza la mirada en la Quinta Avenida o en la calle Preciados si deambula por Madrid como tantas veces deambuló Galdós reescribiéndola más allá de lo que asoma a sus portales o a sus escaparates. Triana es la calle en la que se asoma la vida diaria de Las Palmas de Gran Canaria, su gran rompeolas urbano.
Benito Pérez Galdós contaba siempre que antes de sentarse a escribir le gustaba salir a la calle a escuchar el rumor de la ciudad y las conversaciones de la gente; pero también le gustaba a mirar con ojos de poeta a los solitarios, a los que están todo el día aguardando amores en los bancos o a esos viejos que se sientan a recordar los brillos de lejanas miradas.
Uno imagina al niño Galdós corriendo por esta calle o admirando algunas de las mismas fachadas que hoy seguimos viendo nosotros. De aquellos paseos queda el eco de muchos de los personajes que soñó mucho antes de que se adentraran en sus novelas. Aquí también alimentaría sus sueños de escritor en la adolescencia, viendo pasar a la gente, imaginando lo que encontraría cuando tuviera que irse lejos y, sobre todo, aprendiendo a escuchar ese eco de palabras del que luego se nutren casi todos los sueños literarios.

En una corrección siempre se pierde algo. El libro que finalmente lees ha tenido muchas palabras de las que nunca tendrás noticias y personajes que no llegaron a ninguna parte. La vida de cualquiera de nosotros también está llena de galeradas que solo conocemos los que transitamos por sus días y por sus párrafos.
Acabo de leer en un texto de Juancho Armas Marcelo que, según García Márquez, tenemos una vida pública, una privada y otra secreta. Por más que corrijamos vamos dejando pistas de cada una de ellas en nuestro propio recuerdo. Las biografías también se escriben con lo que hemos ido perdiendo o rechazando a lo largo de los años. Como los libros, también tenemos múltiples lecturas. A veces todo depende de la interpretación de una palabra o de un estado de ánimo. Ayer estuve viendo algunas galeradas de las novelas de Pérez Galdós. En el capítulo de Fortunata y Jacinta en el que presenta a Juan Santa Cruz en la facultad de Derecho había palabras tachadas, sugerencias, cambios de adjetivos y signos de puntuación que cambiaban por completo el ritmo de la narración. Una coma puede variar de arriba abajo la musicalidad y hasta el propio entendimiento de un texto. También a nosotros nos cambia cualquier gesto, un viento inesperado o una mirada que quizá ya venimos intuyendo mucho antes de que empecemos a escribir un capítulo nuevo en nuestra novela diaria.

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