los blogs de Canarias7

Archivos Noviembre 2017

Llevaba días levantándose con una tristeza extraña que sabía que no le pertenecía. Él era un hombre jovial, con una vida afortunada, que hacía años que no se quejaba nunca por nada. Se levantaba y veía caer unas lágrimas delante del espejo antes de dibujar su sonrisa diaria. Esa extraña desazón venía del piso de abajo. El nuevo vecino lloraba en sueños y él, sin darse cuenta, escuchaba, y casi llegaba a sentir, la misma tristeza. Si no hubiera vivido solo a lo mejor le habría avisado alguien de ese llanto lejano en la madrugada. Lloraba, se lavaba la cara y salía a la calle como si nada hubiera pasado. Hoy se tropezó al vecino en el ascensor. Tenía su misma cara y sus mismos gestos, y vestía con el mismo traje y una corbata idéntica. No hizo falta que se saludaran. Se miraron a los ojos y lloraron mansamente, como si cada uno de ellos reconociera la misma pena lejana. El otro tampoco sabía por qué había empezado a llorar todas las mañanas desde que se había mudado a aquel edificio con vistas a las montañas nevadas.

| | Comentarios (0)

No invento nada. Venía del supermercado y lo vi aparecer con un perro famélico y una muleta. De fondo sonaba la banda de Agaete en un acto que habían organizado en la Plaza de Santa Ana. Nos conocíamos de Agaete. Él era uno de los jóvenes más deseados por las mujeres, con moto, deportista, y buen estudiante. No sé en qué momento se le quebraría la vida. Me recordó los días de La Rama mientras sonaba la música de fondo. Me dijo que le habían mandado muchas pastillas, pero que él prefería el ron barato que vendían en el supermercado en el que yo acababa de comprar. Era una marca blanca de bebidas. Le brillaban los ojos. Me pidió dinero y le dejé veinte euros. Me dijo que había leído uno de mis libros hacía tiempo y que se reconoció en uno de los personajes de aquellos veranos en Agaete. En ese libro él es el rey de aquella pandilla de jóvenes que pensaba que la vida no era más que un veraneo interminable.

| | Comentarios (0)

Llevaba el carro de la compra a todas partes. Recogía hojas del parque y luego las tiraba por toda la casa. Vivía solo desde hacía muchos años, en un eterno otoño de olvido y hojarasca.

| | Comentarios (0)

Los recuerdo a los tres en la primera fila, siempre levantando la mano, respondiendo a todas las preguntas, dibujando con trazos perfectos los mapas y las figuras geométricas, mirándonos a los demás con desdén y con aquel aire de superioridad alentado por los profesores. Hoy me reuní con ellos. No me reconocieron. Me contaron que estudiaron juntos en el instituto y en la carrera, siempre en la primera fila y con los mismos sobresalientes. Yo les había perdido la pista cuando me fui a vivir a otro país a los doce años. Me pedían un aumento de sueldo. Eran hombres grises, como sin alma, vestidos exactamente iguales y con los mismos tics nerviosos.

| | Comentarios (0)

Lo veía cada mañana, concentrado, colocando cada una de las piezas, como si atisbara miles de jugadas en el tablero. Luego llegaban los niños y tiraban aquel ajedrez de fichas gigantes al suelo. Él había sido una gran promesa a la edad de esos niños, pero se vino mentalmente abajo a los veinte años. Desde entonces no juega una sola partida. Limpia la piscina del hotel. Era el único de los empleados que sabía colocar cada pieza en su sitio.

| | Comentarios (0)

Le preguntaba al suelo, a ese espacio de baldosas de colores que llevaba pisando desde hacía veinte años cada vez que salía de la cama, al que reconocía su peso diario, cada gramo de más, cada uno de sus desgarros y de sus alegrías, el que a veces parecía que la encaramaba y el que otras veces sentía como que se hundía ante su mirada, el mismo suelo que sentía primero que nadie las pisadas de ese hombre cada día más extraño e indiferente que llevaba acostándose a su lado desde hacía veinte años.

| | Comentarios (0)

De vez en cuando se sacaba fotografías que imprimía y que luego colocaba en la trituradora de papel para observar cómo su cara se iba desfigurando antes de desaparecer para siempre. Así moría un rato cada día y mataba a su ego entre pequeños trozos de papel en los que no se reconocía ni el brillo de sus ojos, ni ese gesto desafiante con el que a veces miraba a los espejos pensando que era eterno.

| | Comentarios (0)

Cada cierto tiempo compraba un billete de tren y se acercaba a la estación. Se sentaba y dejaba que se escaparan esos trenes en los que tenía que haber partido lejos. Regresaba a su casa, pero con la tranquilidad de quien intuye que sigue viajando interminablemente en otras direcciones y hacia otros destinos que solo conocen su conciencia y esos billetes que llevan su sombra en los bolsillos de otros viajes.

| | Comentarios (0)

Pasaba junto a ellos y ninguno me miraba. Perseguían sombras, el reflejo de otras sombras que pasaron antes por esa calle. Fue entonces cuando me miró. No lograba recordar su nombre ni qué papel había jugado en mi vida. Fueron los únicos ojos que vi en aquella calle. Luego salí a una plaza y jugaban niños con una pelota. Se acercó otra mujer más joven y me dio un beso. Tampoco recordaba su nombre, pero me agarré a su mano y me sentí seguro. Llegamos a una casa grande y me saludaron muchos niños que decían que eran mis nietos. La foto de aquella mujer estaba entre otras fotos de familia. Era la que había visto esa mañana cuando atravesaba la calle de los muertos.


| | Comentarios (0)

Le siguen escribiendo en su blog y los que le odiaban lo insultan a diario como llevaban insultándolo desde hacía años. Siempre le dijimos que tenía que moderar los comentarios, pero no nos hacía caso. Ninguno de nosotros tiene sus claves y no sabemos hasta cuándo dejó los textos programados. Han pasado varios meses desde que falleció y cada día aparece un relato nuevo. Hoy ha escrito sobre los muertos que se quedan para siempre en las pantallas. Dice que él es uno de esos muertos, que no se irá nunca y que seguirá escribiendo incluso cuando ya esté enterrado. Sus enemigos le escriben que es un loco y un ególatra. Ninguno de ellos sabe que es verdad que hace meses que está enterrado y que aún sigue publicando. A lo mejor esos enemigos también murieron hace tiempo y tampoco lo saben.

| | Comentarios (0)

Blogs de Canarias7

Bardinia

Ciclotimias

Ventana verde

Páginas

  • Carrete