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Triana, una calle con ecos galdosianos

Cada ciudad tiene calles por las que transita la vida como si fuera su propio reflejo. Uno sabe que está en París si camina por los Campos Elíseos, en Nueva York si alza la mirada en la Quinta Avenida o en la calle Preciados si deambula por Madrid como tantas veces deambuló Galdós reescribiéndola más allá de lo que asoma a sus portales o a sus escaparates. Triana es la calle en la que se asoma la vida diaria de Las Palmas de Gran Canaria, su gran rompeolas urbano.
Benito Pérez Galdós contaba siempre que antes de sentarse a escribir le gustaba salir a la calle a escuchar el rumor de la ciudad y las conversaciones de la gente; pero también le gustaba a mirar con ojos de poeta a los solitarios, a los que están todo el día aguardando amores en los bancos o a esos viejos que se sientan a recordar los brillos de lejanas miradas.
Uno imagina al niño Galdós corriendo por esta calle o admirando algunas de las mismas fachadas que hoy seguimos viendo nosotros. De aquellos paseos queda el eco de muchos de los personajes que soñó mucho antes de que se adentraran en sus novelas. Aquí también alimentaría sus sueños de escritor en la adolescencia, viendo pasar a la gente, imaginando lo que encontraría cuando tuviera que irse lejos y, sobre todo, aprendiendo a escuchar ese eco de palabras del que luego se nutren casi todos los sueños literarios.

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