los blogs de Canarias7

Archivos Junio 2011

Uno pensaba que los océanos eran eternos y, desde que leímos a Jorge Manrique, también sabíamos que nuestras vidas terminarían desembocando en esa mar que nos acogería como decía Antonio Machado que acogía siempre a sus hijos, casi desnudos y con la mirada serena de quienes saben que de alguna manera regresan al origen de su propia vida. Los isleños nos hemos asomado siempre a los horizontes con la mirada puesta en el infinito, y más allá de aquel todo, que por José Hierro también sabemos que solo es parte de la nada, dejábamos que nuestros sueños se perdieran y acabaran navegando a su albedrío. Daba lo mismo que se cumplieran o no porque en el océano los sabíamos a salvo. Podríamos decir que las aguas marinas eran el último reducto que nos quedaba para mantener a flote la justicia poética. Hasta ayer mismo pensaba que el mar y sus especies me sobrevivirían miles de años, y uno confiaba en quedarse eternamente en el mundo siendo polvo o cenizas entre las aguas. Pero ayer no había leído las noticias que cuentan que los océanos también naufragan en este planeta de locos que quiere volver esclavos a los hombres y que, entre centrales nucleares en las costas y residuos contaminantes, también se empeña en borrar del mapa los océanos azules que creíamos eternos. Ando cerca de la orilla del mar en estos momentos. Bajaré a avisarle para que, si aún le quedan infinitos en los que resguardarse, escape cuanto antes de nosotros. Si no se salva o lo salvamos a tiempo, cualquier día de estos las olas arribarán a las costas entonando aquel Plany al mar de Serrat que ya avisaba proféticamente de estos descorazonadores desatinos.

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Nadie conoce sus propios límites. Ningún texto está escrito hasta que no trazas las palabras. A veces, cuando empiezas a apretar las teclas del ordenador, compruebas que lo que pretendías luminoso sale sombrío, o que lo que iba para tragedia se termina convirtiendo en un sainete desternillante. La vida también es una sucesión interminable de intentos que no siempre nos llevan adonde queríamos. Si no fuera por esa aventura en la que no sabes qué te va a deparar el próximo segundo todo esto sería aburrido, previsible y monótono. Hay encuentros que justifican toda una existencia. Por eso tenemos que dejarnos llevar cuando parece que todo se vuelve hostil a nuestro alrededor. No olvides nunca que sigue habiendo miles de orillas donde poder instalar tu propio paraíso. Yo no sabía qué es lo que iba escribir en este blog hasta hace unos minutos. Me he dejado llevar y se han ido ordenando todas estas palabras. Supongo que tenían que ser escritas inevitablemente un día como hoy.

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