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Novedades en la categoría Progreso


Ese rollo de la intimidad es una bobería; con Google la intimidad ha muerto. Las gentes del armario, o las personas de dobles/triples vidas o el fetichista de turno están condenados a la transparencia. Ellos mismos, o cualquiera de nosotros, se condena a la transparencia cuando busca un video subido de tono- y de todo-, o cuando mantiene una correspondencia donde las conchas y los onanismos son primeros actores de un video casero remitido; vía Whatsapp. Todo lo que buscamos, en la red, con el fin de descargar nuestros deseos o nuestra ira contra el cabrón de turno se almacena en una cajita muy hermosa- algunas veces de procedencia rusa, o americana- con nombre de gobernanta anglosajona: "Big Data". Dentro de la Big Data está todo el mundo, desde el cura de la parroquia que te come la oreja con no fornicar antes del matrimonio hasta los dedos gruesos de un juez tanzano. Dedos que entran y salen del Tribunal Superior de Dodoma (rima con Sodoma), entran y salen lentamente de Dodoma ante la atenta mirada de unos actores: creación de un clic en Google, y una cámara que te observa: un ordenador que lo almacena todo. Todo significa fobias, traumas y todo lo que no quieras pensar por miedo. Y sobre las gentes del armario y los que tienen dobles-triples vidas que se dejen de gilipolleces, porque sus claroscuros está en manos de cualquier informático imberbe que puede vender "el tema" al interesado de turno.


En Canarias, escandalizan las grabaciones a personajes públicos. Pero, más escandaloso es hacer tu vida enfrente y sobre y con un ordenador o un móvil. Perritos de una nomofobia que los controla. La jurisprudencia podrá prohibir o limitar lo que crea conveniente, pero la realidad virtual está al margen de la legalidad y la moral; es un gangster chismoso. Lo virtual almacena tu ubicación, tu historial; todo. Mientras escribo, un informático me sonríe. Ten cuidado con lo que escribes, que tarde o temprano le venderé tus cartas al diablo.

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Si Falete fuera artista en Irán se habría convertido, clarísimamente, en la reina de las transexuales de Teherán; se habría convertido en un santo, en una postal que se esconde entre los senos de plástico y el sujetador de contrabando de cualquier transexual con ganas de ser libre. Libre, quiere ser libre y por eso miles y miles de ellas escuchan a nuestro Falete cantar por la genial Marzieh mientras todo un pueblo- de progresistas, liberales, radicales y neutros- llora por esa voz que te sacude el alma. Si Ibn Arabi hubiera escuchado a Falete cantar por mi Marzieh le habría dedicado sus contemplaciones. Falete maquillada y paseada, de la mano de su sha, por las calles de Chah Bahar después de recorrer toda la República. <<¡Grande, Falete!>>, grita un pueblo persa en un intento de aclamar a la gran diva española. Tan diva, que ayer montó la de Dios. Se metió con los de arriba. Se metió, y no pudieron hacerle nada. Introdujo su mano torcida en el ojo de los radicales dogmáticos, en un intento de hacer las paces con Israel. Quisieron acabar con ella, pero ahí estaba el pueblo iraní para clamar la paz en nombre de Allah y mi señor Ali. Toda la nación lo apoyó para cantar en Isfahán a favor de la paz con Israel. Todos los transexuales, todos los jóvenes, todos aquellos que querían paz se concentraron en la plaza. Cantó dos canciones en español, otras dos en persa y una en... hebreo. Se armó la mundial, tradujo uno de los poemas de nuestro señor Jomeini, o Rumi no lo recuerdo, al idioma de Netanyahu. La gente lloró, y se produjo una explosión de amor en todo Irán. Todo fue amor, tanto que llegó a Israel: tanto que produjo miles y miles de protestas pacifistas cuyo único lema era la paz entre Israel e Irán: tanto que Irán permaneció en protestas, todo un mes: tanto que Israel lloró, y de esa lágrima nacieron dos o tres ríos que produjeron un millar de manifestaciones: tanto que Israel e Irán, hoy, son una misma nación gracias a la música.

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Ayer, me encontré a Marruecos en el bar. Estaba hasta arriba de whisky y té verde, una rara combinación que le revuelve el estómago. Estaba en el suelo, después de cuatro copas. Lo levanté, y comenzó a maldecir a sus hijos. A su padre. A Dios. A sus primos. Y a todos los camareros del bar "Aziz Ajannouch". Les escupía, maldecía en nombre de Dios. Pedía perdón a Dios, y al rato retomaba su batalla de gapos y golpes contra los camareros. Quiero más té, quiero más whisky: una metáfora de la alegría y el pan que tiene Marruecos, encima. Los camareros están a lo suyo. Le meten algún puñetazo ocular, no más; o dos o tres desprecios por segundo de indiferencia; o simplemente le impiden la entrada al bar. Tú en la puerta como los klab, como los perros. El primer camarero se llama "Sidi Ali", sirve copas a todo el mundo y es el encargado de la barra. "Afriquia" es de esas camareras que harta de tanto acoso, dio un golpe en la mesa y la empezaron a respetar los monstruos. Y por último, "Centrale" que es algo así como el gerente del local. Éste abre el bar por las mañanas, y le sirve los leche/leche a los madrugadores: a los obreros, a los limpiadores, a los empresarios, a los comerciales, a los periodistas, a los basureros, a los estudiantes y a todo quisque. Le sirve cafelitos o bocadillos, la carta es muy reducida. A Marruecos se le ocurrió quejarse al padre de Aziz Ajannouch, el primer dueño del bar. Los camareros se enteraron, y le prohibieron la entrada después de drogarlo. Ayer, me encontré a un Marruecos con ganas de té, pasta, whisky. Vi a un Marruecos con ganas de vivir, de tirar hacia delante pero sus ojitos blancos y esa boquita temblorosa se lo impedían. Marruecos está drogado, por unos narcotraficantes emocionales que nunca han conocido la grandeza de mi hermano Marruecos.

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Obras

Muchos intelectuales se niegan a trabajar con las manos, prefieren el trabajo intelectual: oficinista: dignificado por la burguesía de los informes y el escritorio. Estos intelectuales, entre los que me encontraba; ¿me encontraba? En el fondo, era uno de esos que se negaban al trabajo digno y deportivo de transportar cajas; limpiar oficinas o limpiar cristales. Los tiempos pasan, y el hombre libre poco a poco va renunciando a su narcicismo; a su ego. Hace tiempo que el ego no forma parte de mi vida, y por eso mismo me he hecho amigo de las fregonas, los cubos, los mojadores, los limpiacristales. Los limpio con la alegría de Aristóteles o Voltaire, cuando cultivaban sus respectivos huertos. Yo no tengo un huerto, pero tengo una ventana: un ventanal en el que se refleja mi cara, y en ella se ve- más allá- una obra. Van a ser un Mercadona, enfrente. Las obras continúan. Dibujo con el mojador el rostro de Isis. Lo borro con el limpiacristales. Shaa, pam, pam, pum. Limpio con un trapo absorbente los restos del jabón, y le sonrío al sol por este trabajo en el que me he dado cuenta de la necesidad del trabajo físico- y remunerado- para un hombre de escritorio. Mientras limpiaba esos grandes ventanales, me venía al corazón la imagen de mi- pido permiso por el posesivo- Roberto Bolaño vendiendo bisutería a los turistas impertinentes. ¡Qué paciencia, ay! O un Roberto de freganchín olímpico, si no llega a la meta de lavar X platos a Y velocidad: lo corren, como se dice en México. Vamos, qué lo echan: "carretera y manta".

Ahora, el maestro Bolaño, o el maestrísimo Borges, duermen debajo de los cristales que limpio todos los días: cojo el mojador y el palo, y dibujo un sol con alas de águila entre el cristal y el cielo.

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EL ABRAZO DEL ALMA.jpg

"¿El abrazo del alma?", Mundial del 78 ©Osvaldo Alfieri

A millones de ciudadanos del mundo se les marcan las venas. Están nerviosos, harían cualquier cosa con tal de que ganara su nación en esta Copa Mundial de Fútbol que se está celebrando. Antes de entrar en materia, me declaro amante y esclavo de ese arte y ese sapientísimo- no siempre, todo hay que decirlo- universo de estrategias: fútbol, nuestro fútbol. Pero, el macrofútbol me aburre; me asfixia entre los comentarios huecos y el teatro barato. Parece un teatro, no sé si teatro surrealista o social. Y si fuera social, estaría totalmente (como lo está) politizado en la gran mayoría de los casos. No me interesan los acuerdos entre los jugadores o los equipos de fútbol cuando de vender goles o fracasos se trata, ahora me toca escribir sobre un mal mayor que no tiene nombre ni apellido. Parece huérfano, pero todas las naciones de este Mundial lo han adoptado y le han puesto un babero. El chiquito, o chiquillo, se llama Nacionalismo y en su babero han cosido un nombre:" ODIO". Veo odio en los bares, en los balcones y en los ataques de histeria de los seguidores de fútbol (está de más, si afirmo que no todas las gentes somos así). Este Mundial separa, no existe un sentimiento de fraternidad u ocio fraternal entre los equipos. No, eso no existe. Tengo que maldecirme en el equipo enemigo, tiene que ganar mi nación (y por consiguiente, no cabe empate) frente a los otros. Libero todos los adjetivos, que haya podido almacenar en este inconsciente, contra el negro: el sudaca: el moro: o el gilipollas de turno. Tengo que ganar, porque es mi nación. Siempre he defendido la industria del espectáculo, porque no todo el mundo está dispuesto (o no le da la gana) divertirse con una obra de Becket o una lectura por Odisea. Viva el espectáculo, pero este planteamiento de odio que separa el mundo es propio de los estados pirómanos. Plantan políticas de interculturalidad y democracia, pero apoyan y promueven un fútbol nacionalista, odioso.

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888.jpg ¿Hacia dónde va el lenguaje? © Hicham Benohoud


El lenguaje que utilizamos, despiertos ante el mundo o dormidos, nos crea y nos modifica de una manera sorprendente. Y en este contexto, siempre se pasea algún pícaro pretencioso- y de mala fe- que conspira en contra de la libertad y el criterio de todos aquellos que utilizan el lenguaje. El pícaro tiene mil nombres, pero se concentra, según le convenga, en dos o tres cavernas. Hace amistad con unos y otros. El pícaro, o el anticristo lingüístico, se mueve por ideologías. Sí, hoy el lenguaje está esclavizado por la ideología. ¿Esclavizado? No, está a cuatro patas y con su celulítico trasero abierto ante un ejército de cactus y tabaibas. Pasa de todo, se mueve por el deseo y el alcohol de la ideología. No respeta el lenguaje ni la libertad, porque un individuo- en este caso, el pícaro- cuando segrega, en géneros, a las palabras que armonizan (¡y unifican!): está corrompiendo el lenguaje. La palabra lenguaje, en unos años: antes del 2777, seguro, tendrá su equivalente en femenino si al ideólogo de turno le interesa hacer un cambio de género. Lenguaje y lenguaja, dirán los veinteañeros que se las dan de libres (y libras).

No todos son ideólogos, no todas las personas que le cambian el género a las palabras lo hacen con mala fe sino porque se niegan al monopolio lingüístico de un género sobre otro. De acuerdo, estoy con ustedes. De la misma manera, que estoy de acuerdo con mi amigo Pedro de Pablo cuando argumenta que las mujeres (yo soy una de ellas, dicho sea de paso por si algún facebukino, o no, salta), históricamente, hemos estado más sometidas; sin voz o con menos voz. Hemos sido el segundo sexo, como dijo la Beauvoir . Las mujeres no han participado, generalmente, en la creación del lenguaje, como bien dijo Don Pedro; de acuerdo. Los hombres han creado el lenguaje, de acuerdo.

Derrida lo llamó falogocentrismo: los hombres han creado el lenguaje. Pero, hoy y ahora cuando en este texto se emplea un masculino se hace englobando a mujeres y hombres. ¿Por qué debe decir "bienvenidas"? Si las mujeres, y los hombres, están dentro de esa invitación (¡bienvenidos!); pero la cuestión va más allá: aquí quieren, y no quiero ser conspiranoico, segregar a los géneros; a los grupos marginados; a los ciudadanos, y a todo aquel que se pueda apartar: arrinconar: etiquetar.

En el 2777, después de rescribir todas las reglas lingüísticas, cada uno de los grupos sociales, en cualquier sociedad o contexto lingüístico, será dueño de un género o partícula gramatical que etiqueta su razón. Todos los sustantivos, todos los adjetivos; e incluso las categorías gramaticales que, ahora, no tienen género como los verbos, adverbios o conjunciones presentarán segregaciones. No se limita a los sexos culturalizados [géneros], sino, como ya he dicho, a todos los grupos de la sociedad que muchos no sabrán utilizar su prefijo/ sufijo correspondiente. Serán tantos, será tan absurdo y complejo su uso como las pesadas fórmulas de los logaritmos.

Estamos en el 2777. El hombre es una masa de etiquetas. Todas las palabras tienen una vertiente, una etiqueta/ cadena que les cuelga al cuello. Vertientes, partículas lingüísticas para referirse a:

Mujeres heterosexuales, hombres heterosexuales, hombres homosexuales, mujeres homosexuales, transexuales, inmigrantes, tercer género, andróginos, pansexuales, sapiosexuales, gitanos, religiosos, agnósticos, ateos, escritores. Han convertido la identidad, o las características de cada cual, en un falso techo, de estadísticas y etiquetas, que separa a las personas, a minorías y mayorías; a todos. En el 2777, los periodistas somos tratados (¡así lo manda la ideología del lenguaje: el poder!) de diferentes maneras (atendiendo a sexualidad, raza, creencias; etc.). Mi caso es: Sikabi, periodisto (varón), periodistu (heterosexual), periodistex (se siente intercultural); y escribe libremente (antiperiodistex).

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Bouchra.jpg"Mother-Daughter-Doll". Boushra Almutawakel ©


El islam, de hoy, se debería catalogar como "el islam del Ministerio de Interior"; esta es una de las múltiples ramas que presenta el islam, pero en este caso es de carácter político.

El islam del Ministerio de Interior rencarna a todos los califas ortodoxos, e incluso obra como si tuviese un poder general de Mahoma para crear un nuevo islam. No tiene este poder general, pero escribe libros. Recluta a estudiantes. Construye mezquitas para expandir sus conceptos, o preceptos ultradogmáticos, con el fin de monopolizar la empresa islámica ya que para el "islam del M.I." no estamos ante una filosofía; una teología; una forma de vida sino ante una masa (o umma bursátil) que debe obedecer al jefe con los ojos llenos: de amoniaco si te portas mal, de harissa si eres un burgués rebelde o navajearte el ojo crítico- a lo Buñuel- a quien vaya más allá. Son pocos los sujetos pensantes que se enfrentan a este Leviatán islámico que condena al ostracismo a sus rivales; y te acusa, si te opones a él, de islamófobo.

Este islam es camaleónico, lo mismo se traviste de malikí o wahabí: delante de la pared y el poder hiere a la gente, pero ante el espejo acusatorio llora como un bebe somalí. Sabe que no está en lo cierto. Llegará a la vejez, y se arrepentirá de tapar con la boca y el alma corrupta la democracia que lo hubiese salvado de la aniquilación. Es salvarse con la democracia o morir, como bien dijo el genial Adonis en una conferencia de la ADHOC Organisation en Bruselas.

"Todo es pecado, menos lo estatal", afirma el poeta Adonis. Hablar de cuestiones financieras es pecado. Escribir sobre la necesidad de la sociedad civil en el contexto islámico es pecado. Referirse a la igualdad entre géneros es un pecado, muy grande. Pecar no es pecado, pensar sí.

Existía más igualdad, en el plano religioso, en la primera época de los omeyas que hoy en muchos países islámicos. La igualdad es un tema gracioso, para los dirigentes araboislámicos; objeto de tesis doctorales, conferencias o informes. No más. La igualdad es un papel, que llevado a la acción es pecado. Todo es pecado, e incluso respirar con naturalidad: hay que saber respirar, y más si eres mujer. El papel de muchas mujeres está silenciado, y elevado a menos infinito, o supeditado al hombro de Papa: Esposo: Estado; y el hilo ejecutor es el hishab o velo como política de Estado. El velo es el gran comodín del islam del Ministerio de Interior, desde los ochenta cuando supo utilizar un trozo de terciopelo. Silencia con el velo y el matrimonio social. Otras se enfrentan a él con la libertad de no tener ninguna mano apretando la tela contra el rostro. Se manifiestan, conocedoras de la democracia, junto a sus amigas que toman el velo como símbolo-o no- porque quieren; y comienzan a liberarse.

El islam del Ministerio del lnterior sabe que, tarde o temprano, morirá; y por ello expande su virus (no-diálogo, no-progreso, no-Derechos Humanos) por el inconsciente colectivo que desconoce su pasado cívico.


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BARBRA STREISAND - AVINU MALKEINU.mp4 (Click aquí. Escúchalo, mientras lees)

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Hoy, estoy en ayunas: estamos en Ramadán y Shabat. Cien personas han muerto en la tierra de Lezama Lima. A Netanyahu se la han ido las cosas de las manos. Estoy en ayunas, escribo un poema a mi tierra cubana: ser cubano es una identidad. Una identidad que tira a cuestas con el bongó. Han muerto cien hermanos en el paraíso, secuestrado por la dinastía. La dinastía caerá en réquiem como bien dijo Belinda Marsans, mientras entregaba su baile a mi primo. Han muerto, a ver qué hace el sucesor. En la otra punta del mundo, discuten sobre Netta Barzilai y su predicador del tiempo moderno: Netanyahu como el tirano, que frivoliza con el Estado de Israel. Netanyahu y su política deben respetar. Deben tener educación y empatía. A las fuerzas de seguridad que mataron, a los manifestantes, se les fue de las manos. No hay necesidad de matar, suponiendo que quisieran parar a los manifestantes (por orden y mandato del rey republicano que le quedan dos eurovisiones para dejar de ser presidente, dicho sea de paso) existen otros mecanismos como las pelotas de goma. ¿Israel no tiene pelotas de goma?

El gobierno de Netanyahu se está comportando como el pesado del patio, que se apropia de la pelota y no quiere compartirla con sus compañeros. El suspenso del profe, ya, lo tiene. La gran mayoría de la sociedad civil de Israel, sí, está por la labor de compartir la pelota. De convivir. De amar. De abrazar. De romper el ayuno con el palestino. De dialogar. Israel es lo que es. Esas naciones, ambas, Palestina e Israel, están condenadas a convivir más allá del odio del pasado. El pasado es una simiente de odio, de egoísmo sembrado en la madera de una mesa imperialista. Hay judíos que se niegan a la simiente, no creen en este Israel. Creen en el Israel del Mesías, viven esperando. Viven. Vivieron. Tuvieron a sus hijos en esa tierra. Son de esa tierra. Otros apedrean al personal. Otros no dialogan. Otros tienen miedo. Otros no quieren dialogar. Otros-no todos- se cierran en barrios de sabiduría, sin conocer a Maimónides: ese sabio, el rey de los sabios que abrazó a cristianos, judíos, musulmanes; y a todo aquel que parara en su camino.

¡Maimónides no habría matado a cincuenta personas! Maimónides se habría negado al odio, se habría negado a la corrupción. Óscar Abou-Kassem emitió un interesante titular: ¿Y si invitamos a Palestina a Eurovisión? Invitada está. Cantará con las voces de Maimónides. No estarás solo, maestro. Fairuz cantará contigo. Yasmina Levy cantará. Barbara Streisand cantará: ¿escuchas esa voz?

El mundo ha firmado la paz, eterna y democrática: Maimónides ha cantado con ella. Continúa cantando. Levy quiere tocar el Qanun. Fairuz le enseña. Fairuz aprende ladino, mientras enseña.

Todo evoluciona, progresa.

Nos ayudamos, nos solidarizamos; somos ciudadanos civilizados, buenos humanos.

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