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Novedades en la categoría Libertad

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Arthur Rimbaud. © Ernest Pignon

No existe literatura sin experiencia. A diferencia de las otras artes y ciencias, la literatura necesita de vivencias y experimentar hechos o al menos un hecho intenso. Los grandes escritores crean desde la experiencia. No conozco en toda la historia de las literaturas ni un solo escritor que haya creado de la nada experiencial. Rimbaud fue lo que es, después de ver la luz iniciática del amor y el sexo de Verlaine. Fue un genio pero vivió, no creó su literatura copiando a los que leía. Rimbaud vivió, intentó vivir al menos. En esa misma línea se encuentra Víctor Hugo, el padre de los miserables más bellos de Francia. El maestro fue un genio no por lo que estudió en las diversas ramas del saber humano, sino por lo que vio y vivió mientras existió. Y en la línea de Rimbaud y Hugo está Emily Brontë con su angustia contra el amor, o Vita Sackville por su pasión poética hacia la mujer. Los creadores necesitan vivir, vivir viviendo intensamente (escribió Lucía Martín) para escribir.

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Hani Naqshabandi en la calle capitalina Los balcones.


Esta tarde de noviembre será testigo, testigo fiel de la construcción de un puente donde se sentarán a conversar el hermano Hani Naqshabandi sobre "Medio ciudadano respetable", una novela donde decir NO está prohibido. Sidi Hani se sentará en el puente de culturas junto al gran humanista Juan Carlos de Sancho. Se elevarán puentes y ríos donde los barcos enseñan su bandera, la bandera universal de la libertad y la literatura mientras Galdós observa la escena desde las ventanas de su casa. A las 19:00, hoy, en la Casa-Museo de Galdós, estar para cruzar el puente
hacia el horizonte de la belleza.

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La mirada de una feminista con velo es un murciélago en busca de alguna caverna. Hablar, en voz de Nawal Saadawi o la misma Fatima Mernissi, de feminismo y velo es como mezclar agua con aceite; son mezclas incompatibles. Es cierto, que hoy existe una ola de jóvenes de mi edad que defienden un velo libre. Son mujeres jóvenes, formadas en occidente- otras en la cultura occidental- que se definen como feministas y se ponen velo. Esto es una contradicción si me permite la corrección la portadora del murciélago, porque sabe que el velo- hoy por hoy; hoy por hoy, repito- es una política de Estado para silenciar a la otra mitad de la sociedad; y en algunos territorios mahometanos a la gran mayoría de la sociedad formada por mujeres. Tal y como está el panorama, referirse al velo como símbolo de libertad es como si yo volara encima de un murciélago: caería sin apenas subirme al mismo. Si uno analiza los textos coránicos (llámese sura de las mujeres, los comentarios de Al- Bujari o los del místico Algacel) se da cuenta, que el velo fue un fenómeno creado para diferenciar entre las mujeres musulmanas y politeístas de la península arábiga de la época. Además del factor sexual: la mujer como objeto de deseo. Hoy, el velo no tiene una base argumental para defenderse. Las feministas, o las supuestas feministas, no saben lo que dicen cuando se tapan la cabeza voluntariamente para ir a la facultad. No saben lo que dicen, el deseo sexual está en la mirada del otro; y en la de uno incluso. El velo no hará nada, eres una mujer y poniéndote el hijab te estás cosificando como elemento sexual; y estás creando un barrera entre tú, portadora del velo, y el otro. ¿Acaso te obliga el corán? Olvídate de lo que diga el imán del Estado, ¿te obliga el corán? ¿Te lo recomienda el corán? Con el hijab te apartarás de la sociedad, pero con el niqab (esa masa opaca) desapareces como individuo, como sujeto pensante: como mujer.

El niqab o el hijab como elemento físico no son elementos positivos para una sociedad. Estos elementos deben ser discursos, deben ser una forma de vida- para quien la quiera llevar- y no un trozo de tela que muchas- occidentales- no saben ni porqué se lo ponen.

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La vida es un soplo. Un ladrido. Un gemido angustiado por la monotonía de los días, las semanas, las décadas y las vivencias que giran como una noria. Una vez le dijeron a Julia, que la vida era un aullido interminable: un aullido agudo y temible, que te empuja. La vida es lo que quieran que sea, será alegre o acompañada de algún sonido como el bostezo. La mía estuvo ahogada de bostezos, sin aire. De bostezos, perfumados y estáticos que te obligaban a parar los pies contra un muro de yeso. Comenzabas a dar golpes hasta romperte las piernas, a ver si así morían los bostezos. Nunca he llegado a asesinarlos. Los bostezos con aire, aire caliente y maloliente son necesarios para las pócimas de los brujos: lo respiras, y giras en círculo hasta perderte de la verdad (ellos no mueren, tú sí). Los bostezos acaban con la vida, te condenan a morir después de haber muerto en vida habiendo renunciado a ella: a la niña bonita, a la vida activa.

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Ese rollo de la intimidad es una bobería; con Google la intimidad ha muerto. Las gentes del armario, o las personas de dobles/triples vidas o el fetichista de turno están condenados a la transparencia. Ellos mismos, o cualquiera de nosotros, se condena a la transparencia cuando busca un video subido de tono- y de todo-, o cuando mantiene una correspondencia donde las conchas y los onanismos son primeros actores de un video casero remitido; vía Whatsapp. Todo lo que buscamos, en la red, con el fin de descargar nuestros deseos o nuestra ira contra el cabrón de turno se almacena en una cajita muy hermosa- algunas veces de procedencia rusa, o americana- con nombre de gobernanta anglosajona: "Big Data". Dentro de la Big Data está todo el mundo, desde el cura de la parroquia que te come la oreja con no fornicar antes del matrimonio hasta los dedos gruesos de un juez tanzano. Dedos que entran y salen del Tribunal Superior de Dodoma (rima con Sodoma), entran y salen lentamente de Dodoma ante la atenta mirada de unos actores: creación de un clic en Google, y una cámara que te observa: un ordenador que lo almacena todo. Todo significa fobias, traumas y todo lo que no quieras pensar por miedo. Y sobre las gentes del armario y los que tienen dobles-triples vidas que se dejen de gilipolleces, porque sus claroscuros está en manos de cualquier informático imberbe que puede vender "el tema" al interesado de turno.


En Canarias, escandalizan las grabaciones a personajes públicos. Pero, más escandaloso es hacer tu vida enfrente y sobre y con un ordenador o un móvil. Perritos de una nomofobia que los controla. La jurisprudencia podrá prohibir o limitar lo que crea conveniente, pero la realidad virtual está al margen de la legalidad y la moral; es un gangster chismoso. Lo virtual almacena tu ubicación, tu historial; todo. Mientras escribo, un informático me sonríe. Ten cuidado con lo que escribes, que tarde o temprano le venderé tus cartas al diablo.

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Si Falete fuera artista en Irán se habría convertido, clarísimamente, en la reina de las transexuales de Teherán; se habría convertido en un santo, en una postal que se esconde entre los senos de plástico y el sujetador de contrabando de cualquier transexual con ganas de ser libre. Libre, quiere ser libre y por eso miles y miles de ellas escuchan a nuestro Falete cantar por la genial Marzieh mientras todo un pueblo- de progresistas, liberales, radicales y neutros- llora por esa voz que te sacude el alma. Si Ibn Arabi hubiera escuchado a Falete cantar por mi Marzieh le habría dedicado sus contemplaciones. Falete maquillada y paseada, de la mano de su sha, por las calles de Chah Bahar después de recorrer toda la República. <<¡Grande, Falete!>>, grita un pueblo persa en un intento de aclamar a la gran diva española. Tan diva, que ayer montó la de Dios. Se metió con los de arriba. Se metió, y no pudieron hacerle nada. Introdujo su mano torcida en el ojo de los radicales dogmáticos, en un intento de hacer las paces con Israel. Quisieron acabar con ella, pero ahí estaba el pueblo iraní para clamar la paz en nombre de Allah y mi señor Ali. Toda la nación lo apoyó para cantar en Isfahán a favor de la paz con Israel. Todos los transexuales, todos los jóvenes, todos aquellos que querían paz se concentraron en la plaza. Cantó dos canciones en español, otras dos en persa y una en... hebreo. Se armó la mundial, tradujo uno de los poemas de nuestro señor Jomeini, o Rumi no lo recuerdo, al idioma de Netanyahu. La gente lloró, y se produjo una explosión de amor en todo Irán. Todo fue amor, tanto que llegó a Israel: tanto que produjo miles y miles de protestas pacifistas cuyo único lema era la paz entre Israel e Irán: tanto que Irán permaneció en protestas, todo un mes: tanto que Israel lloró, y de esa lágrima nacieron dos o tres ríos que produjeron un millar de manifestaciones: tanto que Israel e Irán, hoy, son una misma nación gracias a la música.

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Obras

Muchos intelectuales se niegan a trabajar con las manos, prefieren el trabajo intelectual: oficinista: dignificado por la burguesía de los informes y el escritorio. Estos intelectuales, entre los que me encontraba; ¿me encontraba? En el fondo, era uno de esos que se negaban al trabajo digno y deportivo de transportar cajas; limpiar oficinas o limpiar cristales. Los tiempos pasan, y el hombre libre poco a poco va renunciando a su narcicismo; a su ego. Hace tiempo que el ego no forma parte de mi vida, y por eso mismo me he hecho amigo de las fregonas, los cubos, los mojadores, los limpiacristales. Los limpio con la alegría de Aristóteles o Voltaire, cuando cultivaban sus respectivos huertos. Yo no tengo un huerto, pero tengo una ventana: un ventanal en el que se refleja mi cara, y en ella se ve- más allá- una obra. Van a ser un Mercadona, enfrente. Las obras continúan. Dibujo con el mojador el rostro de Isis. Lo borro con el limpiacristales. Shaa, pam, pam, pum. Limpio con un trapo absorbente los restos del jabón, y le sonrío al sol por este trabajo en el que me he dado cuenta de la necesidad del trabajo físico- y remunerado- para un hombre de escritorio. Mientras limpiaba esos grandes ventanales, me venía al corazón la imagen de mi- pido permiso por el posesivo- Roberto Bolaño vendiendo bisutería a los turistas impertinentes. ¡Qué paciencia, ay! O un Roberto de freganchín olímpico, si no llega a la meta de lavar X platos a Y velocidad: lo corren, como se dice en México. Vamos, qué lo echan: "carretera y manta".

Ahora, el maestro Bolaño, o el maestrísimo Borges, duermen debajo de los cristales que limpio todos los días: cojo el mojador y el palo, y dibujo un sol con alas de águila entre el cristal y el cielo.

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Una jornalera del Mediterráneo ©Stefania Prandi/Buzzfeed

Las jornaleras del Mediterráneo representan el Marruecos más rural y trabajador que es violado- por el ano, por la boca; o azotado por las manos ágiles del patrón-, mientras una mujer llora e implora ayuda a Allah. Comienza a llover. El patrón se enfurece. Será que Allah está llorando, piensa Mariem mientras se muerde las enaguas: ¿Dónde está mi país? ¿Acaso no hago el mismo papel que la embajadora de Marruecos? Trabajo en otro país. Represento a mi Marruecos. Lo dejo todo, por trabajar y ayudar a mi país vecino. Pero, el mío: ¿dónde está para defenderme de los depredadores?

Mariem, ya, lleva dos o tres abortos. Denunció. No paran de amenazarla. Sus compañeras son víctimas de lo mismo. Nadie habla, es una ecuación sencilla: te violan o
te despiden. Esto no solo ocurre en Huesca, sino en mi Marruecos; también:

-Acá, en España, creo que harán algo conmigo; los nassara* me ayudarán.

Estas mujeres buscan trabajar, a sabiendas que están siendo explotadas en jornadas de trabajo maratonianas. Llegan cansadas, y empieza él (nacionalizado en el infierno de las malas personas) a explotarme con su cuerpo asqueroso. ¿Dónde está Allah? Estamos en Ramadán. No respeta ni eso. ¿Dónde está el mundo? ¿Quién podrá limpiarme, después de mil violaciones? Me encomendaré a Sidi Bouzid y a todos los santos. Pasaré por ellos, uno por uno. Me ayudarán a salir de esta. ¡Qué pena que tenga que recurrir a Allah y a los santos, y no a mi nación! Después de esta me declaro apátrida, mi país me trajo acá- o me dejó allá- para no protegerme.


*Forma coloquial de referirse a los españoles.

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Soy una Pringada es un fenómeno sociológico y artístico que ha revolucionado la forma de pensar de miles de adolescentes, con un mensaje que se caga en todo el panorama artístico nacional e internacional. Maldice todo aquello que no sea Trash, todo aquello que no sea basura. Pero, en el universo de Soy una Pringada, o Esty Quesada para los puritanos, la basura es una metáfora con olor a mayonesa podrida- y sobre la que se pasean dos o tres ratas peludas- y huevos rotos. La Pringada toma todas las basuras, todas las depresiones, todos los brazos acuchillados por la adolescencia y le dice al joven: "Eres un cacho de mierda". ¡Cacho de mierda, vuela! Es decir, en ese estilo provocador: malhablado: depresivo se esconde una profunda esperanza para todos aquellos que sufrieron- y sufren...- la mierda de la adolescencia. Esty es, por esto y mucho más, la reina Trash de los millennials que combate contra los gallitos del parque a favor de una sociedad en la que no haya necesidad de esconderse. Muéstrate tal y como eres; y no le tengas miedo a los monstruos morales. Si eres gorda, asúmelo. Si eres homosexual, asúmelo. Si eres una mierda, asúmelo. Asume tu realidad y construye un universo en el que solo valgan tus reglas.

Esta es la filosofía de Soy una Pringada que vive- y predica- como:

En plan travesti radical
Le da la espalda a cualquier muestra de tristeza
¿Melancolía o decepción?
¿Felicidad o tentación?
Todo podría ir a peor.

Esty estuvo en la Feria de Libro de las Palmas de Gran Canaria, y cautivó a un ejército de seguidores de todas las juventudes, de todas las ideologías. Apenas se podía respirar, olía a sudor y a éxtasis. Ha llegado el mesías, a presentar un libro lleno de verdad y rabia y una minúscula dosis de odio. Freak, un libro redactado por una tipa generosa que se fundió con el público. Permitió todas las preguntas, más allá del tiempo vanidoso de los autores. Permitió todos los criterios. El público fue un arcoíris, entre el cielo y el discurso soleado de nuestra Esty.

Esty es la reina del Trash. Si en España existió la Movida madrileña fue para que, años después: ahora, venga Esty a restaurarla y construir algo mejor. Esty es reina y señora (¡yassssss!) por tener la generosidad de estar siete horas, desde las siete de la tarde a la una de la madrugada, firmando: hablando: reinando.

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888.jpg ¿Hacia dónde va el lenguaje? © Hicham Benohoud


El lenguaje que utilizamos, despiertos ante el mundo o dormidos, nos crea y nos modifica de una manera sorprendente. Y en este contexto, siempre se pasea algún pícaro pretencioso- y de mala fe- que conspira en contra de la libertad y el criterio de todos aquellos que utilizan el lenguaje. El pícaro tiene mil nombres, pero se concentra, según le convenga, en dos o tres cavernas. Hace amistad con unos y otros. El pícaro, o el anticristo lingüístico, se mueve por ideologías. Sí, hoy el lenguaje está esclavizado por la ideología. ¿Esclavizado? No, está a cuatro patas y con su celulítico trasero abierto ante un ejército de cactus y tabaibas. Pasa de todo, se mueve por el deseo y el alcohol de la ideología. No respeta el lenguaje ni la libertad, porque un individuo- en este caso, el pícaro- cuando segrega, en géneros, a las palabras que armonizan (¡y unifican!): está corrompiendo el lenguaje. La palabra lenguaje, en unos años: antes del 2777, seguro, tendrá su equivalente en femenino si al ideólogo de turno le interesa hacer un cambio de género. Lenguaje y lenguaja, dirán los veinteañeros que se las dan de libres (y libras).

No todos son ideólogos, no todas las personas que le cambian el género a las palabras lo hacen con mala fe sino porque se niegan al monopolio lingüístico de un género sobre otro. De acuerdo, estoy con ustedes. De la misma manera, que estoy de acuerdo con mi amigo Pedro de Pablo cuando argumenta que las mujeres (yo soy una de ellas, dicho sea de paso por si algún facebukino, o no, salta), históricamente, hemos estado más sometidas; sin voz o con menos voz. Hemos sido el segundo sexo, como dijo la Beauvoir . Las mujeres no han participado, generalmente, en la creación del lenguaje, como bien dijo Don Pedro; de acuerdo. Los hombres han creado el lenguaje, de acuerdo.

Derrida lo llamó falogocentrismo: los hombres han creado el lenguaje. Pero, hoy y ahora cuando en este texto se emplea un masculino se hace englobando a mujeres y hombres. ¿Por qué debe decir "bienvenidas"? Si las mujeres, y los hombres, están dentro de esa invitación (¡bienvenidos!); pero la cuestión va más allá: aquí quieren, y no quiero ser conspiranoico, segregar a los géneros; a los grupos marginados; a los ciudadanos, y a todo aquel que se pueda apartar: arrinconar: etiquetar.

En el 2777, después de rescribir todas las reglas lingüísticas, cada uno de los grupos sociales, en cualquier sociedad o contexto lingüístico, será dueño de un género o partícula gramatical que etiqueta su razón. Todos los sustantivos, todos los adjetivos; e incluso las categorías gramaticales que, ahora, no tienen género como los verbos, adverbios o conjunciones presentarán segregaciones. No se limita a los sexos culturalizados [géneros], sino, como ya he dicho, a todos los grupos de la sociedad que muchos no sabrán utilizar su prefijo/ sufijo correspondiente. Serán tantos, será tan absurdo y complejo su uso como las pesadas fórmulas de los logaritmos.

Estamos en el 2777. El hombre es una masa de etiquetas. Todas las palabras tienen una vertiente, una etiqueta/ cadena que les cuelga al cuello. Vertientes, partículas lingüísticas para referirse a:

Mujeres heterosexuales, hombres heterosexuales, hombres homosexuales, mujeres homosexuales, transexuales, inmigrantes, tercer género, andróginos, pansexuales, sapiosexuales, gitanos, religiosos, agnósticos, ateos, escritores. Han convertido la identidad, o las características de cada cual, en un falso techo, de estadísticas y etiquetas, que separa a las personas, a minorías y mayorías; a todos. En el 2777, los periodistas somos tratados (¡así lo manda la ideología del lenguaje: el poder!) de diferentes maneras (atendiendo a sexualidad, raza, creencias; etc.). Mi caso es: Sikabi, periodisto (varón), periodistu (heterosexual), periodistex (se siente intercultural); y escribe libremente (antiperiodistex).

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