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Novedades en la categoría Democracia

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Si Falete fuera artista en Irán se habría convertido, clarísimamente, en la reina de las transexuales de Teherán; se habría convertido en un santo, en una postal que se esconde entre los senos de plástico y el sujetador de contrabando de cualquier transexual con ganas de ser libre. Libre, quiere ser libre y por eso miles y miles de ellas escuchan a nuestro Falete cantar por la genial Marzieh mientras todo un pueblo- de progresistas, liberales, radicales y neutros- llora por esa voz que te sacude el alma. Si Ibn Arabi hubiera escuchado a Falete cantar por mi Marzieh le habría dedicado sus contemplaciones. Falete maquillada y paseada, de la mano de su sha, por las calles de Chah Bahar después de recorrer toda la República. <<¡Grande, Falete!>>, grita un pueblo persa en un intento de aclamar a la gran diva española. Tan diva, que ayer montó la de Dios. Se metió con los de arriba. Se metió, y no pudieron hacerle nada. Introdujo su mano torcida en el ojo de los radicales dogmáticos, en un intento de hacer las paces con Israel. Quisieron acabar con ella, pero ahí estaba el pueblo iraní para clamar la paz en nombre de Allah y mi señor Ali. Toda la nación lo apoyó para cantar en Isfahán a favor de la paz con Israel. Todos los transexuales, todos los jóvenes, todos aquellos que querían paz se concentraron en la plaza. Cantó dos canciones en español, otras dos en persa y una en... hebreo. Se armó la mundial, tradujo uno de los poemas de nuestro señor Jomeini, o Rumi no lo recuerdo, al idioma de Netanyahu. La gente lloró, y se produjo una explosión de amor en todo Irán. Todo fue amor, tanto que llegó a Israel: tanto que produjo miles y miles de protestas pacifistas cuyo único lema era la paz entre Israel e Irán: tanto que Irán permaneció en protestas, todo un mes: tanto que Israel lloró, y de esa lágrima nacieron dos o tres ríos que produjeron un millar de manifestaciones: tanto que Israel e Irán, hoy, son una misma nación gracias a la música.

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©Miniwallist


Todos sabemos lo que fue Goytisolo. De la misma manera que conocemos, casi, a la perfección las aficiones íntimas del poeta de la juventud, Gil de Biedma; y en las mismas líneas podríamos mencionar las biografías de Rimbaud- y su afición, a la hora de buscarse la vida, de comprar y vender con esclavos- o Houellebecq: un aficionado a pasearse con lollipops de Lanzarote o Irlanda. Este artículo se torcería con las innumerables biografías que a nivel moral son un vómito con sabor a jengibre e hígado, pero en eso mismo se fundamenta el entendimiento de una obra artística: el lector o el académico debe separar- como bien dijo el sadomasoquista de Foucault- la obra de la biografía. La obra nunca debe estar etiquetada por los chismes, o las adicciones que pudiera presentar el autor; el autor es dueño de una vida que puede- o no- compartir con la sociedad. Un autor, por lo general, es un personaje público sometido a la moral de su época. ¿Qué sería de Foucault, en vida, si se hubiera sabido de sus paseos nasales por las rayuelas de harina blanca (o morena, si viene de Marruecos)? Pues, el autor de La arqueología del saber habría sido condenado a un solo golpe: el ostracismo, habría sido silenciado como, hoy, son silenciadas miles y miles de lenguas indiscretas. Si la vida inapropiada, o estéticamente sucia, de los autores sale a la luz de los medios de comunicación oficiales: ese escritor, ese filósofo, ese personaje público sería condenado por la Inquisición posmoderna a morir entre terrible sufrimiento; en nombre de la doble moral de los tecnócratas.

Defiendo la libertad del creador, dentro de un marco estético-democrático. Para juzgar están los jueces y magistrados, y no los medios de comunicación. Es superfluo renunciar a "Una temporada en el infierno", porque el autor vendía y compraba etíopes. A nivel moral, Rimbaud o cualquiera de los mencionados, son lo que son; pero como artistas que nadie los toque porque son tan inmaculados como mi Virgen de Guadalupe.

En resumen, separar la obra de la biografía es más sano para aquel que busca realizarse.

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EL ABRAZO DEL ALMA.jpg

"¿El abrazo del alma?", Mundial del 78 ©Osvaldo Alfieri

A millones de ciudadanos del mundo se les marcan las venas. Están nerviosos, harían cualquier cosa con tal de que ganara su nación en esta Copa Mundial de Fútbol que se está celebrando. Antes de entrar en materia, me declaro amante y esclavo de ese arte y ese sapientísimo- no siempre, todo hay que decirlo- universo de estrategias: fútbol, nuestro fútbol. Pero, el macrofútbol me aburre; me asfixia entre los comentarios huecos y el teatro barato. Parece un teatro, no sé si teatro surrealista o social. Y si fuera social, estaría totalmente (como lo está) politizado en la gran mayoría de los casos. No me interesan los acuerdos entre los jugadores o los equipos de fútbol cuando de vender goles o fracasos se trata, ahora me toca escribir sobre un mal mayor que no tiene nombre ni apellido. Parece huérfano, pero todas las naciones de este Mundial lo han adoptado y le han puesto un babero. El chiquito, o chiquillo, se llama Nacionalismo y en su babero han cosido un nombre:" ODIO". Veo odio en los bares, en los balcones y en los ataques de histeria de los seguidores de fútbol (está de más, si afirmo que no todas las gentes somos así). Este Mundial separa, no existe un sentimiento de fraternidad u ocio fraternal entre los equipos. No, eso no existe. Tengo que maldecirme en el equipo enemigo, tiene que ganar mi nación (y por consiguiente, no cabe empate) frente a los otros. Libero todos los adjetivos, que haya podido almacenar en este inconsciente, contra el negro: el sudaca: el moro: o el gilipollas de turno. Tengo que ganar, porque es mi nación. Siempre he defendido la industria del espectáculo, porque no todo el mundo está dispuesto (o no le da la gana) divertirse con una obra de Becket o una lectura por Odisea. Viva el espectáculo, pero este planteamiento de odio que separa el mundo es propio de los estados pirómanos. Plantan políticas de interculturalidad y democracia, pero apoyan y promueven un fútbol nacionalista, odioso.

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Bouchra.jpg"Mother-Daughter-Doll". Boushra Almutawakel ©


El islam, de hoy, se debería catalogar como "el islam del Ministerio de Interior"; esta es una de las múltiples ramas que presenta el islam, pero en este caso es de carácter político.

El islam del Ministerio de Interior rencarna a todos los califas ortodoxos, e incluso obra como si tuviese un poder general de Mahoma para crear un nuevo islam. No tiene este poder general, pero escribe libros. Recluta a estudiantes. Construye mezquitas para expandir sus conceptos, o preceptos ultradogmáticos, con el fin de monopolizar la empresa islámica ya que para el "islam del M.I." no estamos ante una filosofía; una teología; una forma de vida sino ante una masa (o umma bursátil) que debe obedecer al jefe con los ojos llenos: de amoniaco si te portas mal, de harissa si eres un burgués rebelde o navajearte el ojo crítico- a lo Buñuel- a quien vaya más allá. Son pocos los sujetos pensantes que se enfrentan a este Leviatán islámico que condena al ostracismo a sus rivales; y te acusa, si te opones a él, de islamófobo.

Este islam es camaleónico, lo mismo se traviste de malikí o wahabí: delante de la pared y el poder hiere a la gente, pero ante el espejo acusatorio llora como un bebe somalí. Sabe que no está en lo cierto. Llegará a la vejez, y se arrepentirá de tapar con la boca y el alma corrupta la democracia que lo hubiese salvado de la aniquilación. Es salvarse con la democracia o morir, como bien dijo el genial Adonis en una conferencia de la ADHOC Organisation en Bruselas.

"Todo es pecado, menos lo estatal", afirma el poeta Adonis. Hablar de cuestiones financieras es pecado. Escribir sobre la necesidad de la sociedad civil en el contexto islámico es pecado. Referirse a la igualdad entre géneros es un pecado, muy grande. Pecar no es pecado, pensar sí.

Existía más igualdad, en el plano religioso, en la primera época de los omeyas que hoy en muchos países islámicos. La igualdad es un tema gracioso, para los dirigentes araboislámicos; objeto de tesis doctorales, conferencias o informes. No más. La igualdad es un papel, que llevado a la acción es pecado. Todo es pecado, e incluso respirar con naturalidad: hay que saber respirar, y más si eres mujer. El papel de muchas mujeres está silenciado, y elevado a menos infinito, o supeditado al hombro de Papa: Esposo: Estado; y el hilo ejecutor es el hishab o velo como política de Estado. El velo es el gran comodín del islam del Ministerio de Interior, desde los ochenta cuando supo utilizar un trozo de terciopelo. Silencia con el velo y el matrimonio social. Otras se enfrentan a él con la libertad de no tener ninguna mano apretando la tela contra el rostro. Se manifiestan, conocedoras de la democracia, junto a sus amigas que toman el velo como símbolo-o no- porque quieren; y comienzan a liberarse.

El islam del Ministerio del lnterior sabe que, tarde o temprano, morirá; y por ello expande su virus (no-diálogo, no-progreso, no-Derechos Humanos) por el inconsciente colectivo que desconoce su pasado cívico.


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BARBRA STREISAND - AVINU MALKEINU.mp4 (Click aquí. Escúchalo, mientras lees)

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Hoy, estoy en ayunas: estamos en Ramadán y Shabat. Cien personas han muerto en la tierra de Lezama Lima. A Netanyahu se la han ido las cosas de las manos. Estoy en ayunas, escribo un poema a mi tierra cubana: ser cubano es una identidad. Una identidad que tira a cuestas con el bongó. Han muerto cien hermanos en el paraíso, secuestrado por la dinastía. La dinastía caerá en réquiem como bien dijo Belinda Marsans, mientras entregaba su baile a mi primo. Han muerto, a ver qué hace el sucesor. En la otra punta del mundo, discuten sobre Netta Barzilai y su predicador del tiempo moderno: Netanyahu como el tirano, que frivoliza con el Estado de Israel. Netanyahu y su política deben respetar. Deben tener educación y empatía. A las fuerzas de seguridad que mataron, a los manifestantes, se les fue de las manos. No hay necesidad de matar, suponiendo que quisieran parar a los manifestantes (por orden y mandato del rey republicano que le quedan dos eurovisiones para dejar de ser presidente, dicho sea de paso) existen otros mecanismos como las pelotas de goma. ¿Israel no tiene pelotas de goma?

El gobierno de Netanyahu se está comportando como el pesado del patio, que se apropia de la pelota y no quiere compartirla con sus compañeros. El suspenso del profe, ya, lo tiene. La gran mayoría de la sociedad civil de Israel, sí, está por la labor de compartir la pelota. De convivir. De amar. De abrazar. De romper el ayuno con el palestino. De dialogar. Israel es lo que es. Esas naciones, ambas, Palestina e Israel, están condenadas a convivir más allá del odio del pasado. El pasado es una simiente de odio, de egoísmo sembrado en la madera de una mesa imperialista. Hay judíos que se niegan a la simiente, no creen en este Israel. Creen en el Israel del Mesías, viven esperando. Viven. Vivieron. Tuvieron a sus hijos en esa tierra. Son de esa tierra. Otros apedrean al personal. Otros no dialogan. Otros tienen miedo. Otros no quieren dialogar. Otros-no todos- se cierran en barrios de sabiduría, sin conocer a Maimónides: ese sabio, el rey de los sabios que abrazó a cristianos, judíos, musulmanes; y a todo aquel que parara en su camino.

¡Maimónides no habría matado a cincuenta personas! Maimónides se habría negado al odio, se habría negado a la corrupción. Óscar Abou-Kassem emitió un interesante titular: ¿Y si invitamos a Palestina a Eurovisión? Invitada está. Cantará con las voces de Maimónides. No estarás solo, maestro. Fairuz cantará contigo. Yasmina Levy cantará. Barbara Streisand cantará: ¿escuchas esa voz?

El mundo ha firmado la paz, eterna y democrática: Maimónides ha cantado con ella. Continúa cantando. Levy quiere tocar el Qanun. Fairuz le enseña. Fairuz aprende ladino, mientras enseña.

Todo evoluciona, progresa.

Nos ayudamos, nos solidarizamos; somos ciudadanos civilizados, buenos humanos.

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