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Archivos Octubre 2018

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Círculo negro, cuadro del suprematista Kazimir Malévich


Unirme con el libro más bello de las tres dimensiones. Ese libro es el alma, lo tomo con templanza y veo la luz. La luz tenue que nos salvará del salvajismo. Unirme al libro, unirme a mi alma. El libro es sinónimo de alma. Quien no conoce su libro, no tiene alma. El concepto libro, en este contexto, no es un formato encuadernado sino una llave que, según las circunstancias, se recita o se lee. Hay quienes no leen, pero conocen cada una de las letras de su alma. Letras escritas con el oro de la templanza de quienes caminan pausados y felices. Esta mañana he caminado bajo la templanza del cielo (él también conoce su libro). Subí los ojos hacia el techo, y me encontré con una gran luz. Una luz omnipotente, celestial e infernal: esa luz es la biblioteca donde todas las almas-libros se posan (por orden del Demiurgo). No todos pueden ver esa biblioteca que vuela en los cielos. Quienes observan con templanza, sí.

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Darío Villanueva (director de la RAE), Shmuel Refael Vivante y Jacob Bentolila en la construcción de la academia del ladino; asociada a la RAE.

El ladino es el gran ejemplo de supervivencia, de cómo sobrevive un idioma y una identidad a pesar de las dogmatismos, las guerras o el paso del tiempo. Conocí el ladino, hace unos años, gracias al profesor y gran amigo Carlos Yebra López (mi hermano O' Yebrish); y sin pretenderlo descubrí algo que, ya, conocía. Esa canción que escuché con diez, once años era ladino. Esa canción, cantada en mi Almería y bailada en Israel, en la que dos hermanas se rencuentran en tierras lejanas. La canción es "La reina Jerifa mora"y, quizás, sea una metáfora de la situación del ladino contemporáneo: disgregado en diferentes núcleos, en diferentes partes del mundo, pero siempre conservando su parte nuclear o lo que es lo mismo: se habla el mismo ladino en Estambul, Toledo, Rabat o Buenos Aires. El ladino, para ubicarnos, nació en tierras españolas/andalusíes; y por consiguiente en este contexto tuvo una gran influencia del árabe, el castellano medieval y el hebreo. Después de la expulsión de los sefardíes, por parte de los Reyes Católicos, siguió existiendo el ladino pero siempre conviviendo y alimentándose de las influencias lingüísticas de su alrededor: el turco, en el caso de los que se exiliaron al Imperio otomano; el francés o el eslavo. Es cierto, que el ladino que investiga y difunde el profesor O' Yebrish, es en esencia el que se hablaba en la Provenza o en Estambul. Pero, la forma varía: se han sustituido préstamos turcos, franceses y eslavos por un léxico con una gran influencia del español estándar.

El ladino es la lengua de los escritores, con permiso de Balzac. Es la lengua de los exiliados, de los extranjeros, de los repudiados, de los genios y de los grandes literatos. En el ladino, existen auténticas joyas literarias y filosóficas con forma de cuento, canción o poema. Agradezco al profesor O' Yebrish por su generosidad conmigo (felicidades, hermano, por estos treinta años de conocimientos, de investigación y de ascendiente éxito). En la misma línea, agradezco a todos aquellos que me han permitido penetrar en los augustos misterios de esta áurea lengua: Pepa Rull y su infatigable trabajo de divulgación, Beni Aguado y sus impagables conocimientos; no puedo olvidarme del magnífico proyecto Ladino 21 con el que me he prometido hablar, escribir y soñar en ladino.

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Mary Sánchez con Néstor Álamo junto a los perros de Santa Ana.


Él no es un cuervo pasajero, te arranca el alma y se va. Hoy, no está pero está. Está conmigo: duerme conmigo, o yo aferrado a sus brazos hercúleos con aroma a timple y agua salada. Tiene las mejillas quemadas, cayó de la barca de Caronte pero nadó hasta mi encuentro. Hoy nos amamos, mientras cantan.

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Mary Sánchez con Maso Moreno, el amor.


Qué Dios no te pida cuenta, porque lo amo con la fuerza de un volcán que arrasa con niños y viejos. Soy el amante de Dios, te amo a ti. Pero, lo de él no depende de mi voluntad sino de algo superior. Ese Dios superior me obliga con su nobleza, con su belleza de ojos verdes y piel dura-deportista: a todo. No hace falta que venga el cuervo, solo quiero escucharte junto a tu compañero. Y si viene ella, la muerte, que sea cuando él no esté.

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Mary Sánchez en Las Canteras. Extracto de "Una voz de ida y vuelta", escritas por el genial amigo Emilio González Déniz.


Eres la sombra de mi flor, esa flor que da aliento a mi alma. Eres el cuervo que me saca los ojos. El cuervo de los éxitos, el cuervo que devora la mano que lo toma. En mi vida, hay dos cuervo uno rosa y otro como Dios. Dios es un cuervo que ama, un cuervo de ojos verdes y sonrisa hermosa. La sonrisa de los labios rasos del éxito. Ay, si los hombres no tuvieran ley: te condenaría a mil años de éxitos, y a mí a cincuenta de tranquilidad con él, con el sabio amor. Eres grande, yo te hice aunque no me permitieras hacer vida con aquel que me daba vida. ¡Belleza, más belleza!, decía Byron mientras le besaba los labios de la cadera a su amante. Hoy es un amante, mañana es otro y siempre será el cuervo.

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Santa Teresa de Jesús, por el genial Agustín Sciammarella. ©


Cuando Teresa me saluda lo hace con envidia. Es obsceno ver envidia donde no la haya, pero en este caso hay algo más que eso. Ella envidia a los jóvenes, porque morirá sin haber escrito algo mínimamente valioso y catalogable en el Index librorum prohibitorum. Teresa solo escribe para su círculo, para sus palmeros que son los de todos. Los palmeros se apuntan a todo, sea quien sea. Teresa escribe para ese círculo de aburridos. Ella se aprovecha. Mete dos o tres giros eruditos, y a eso lo llama literatura. Teresa es educada como mi maestra de Ávila, pero jamás será como la de Ávila porque no es generosa con los otros. Y en esta vida quien no da, no recibe. Teresa es educada, pero aburrida: siniestra: quizás, sea algo más que una vieja enemiga del tiempo, de un tiempo que para ella, ya, pasó. También, pasará mi tiempo pero siempre estaré abierto como el pelícano ante las generaciones venideras.

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No puedo con esos "pequeñonicolases" que harían cualquier cosa con tal de llegar, de llegar a no sé qué sitio que ellos llaman poder. Estos sujetos harían cualquier cosa con tal de alimentar ese ego. Ese ego de monstruo, ese odio hacia el otro. Pisar al otro, aunque sea su madre. Son gentuza, chusma y lo peor es que en la política hay muchos. Gente analfabeta emocional y culturalmente, chusma de paja que busca la foto con cualquiera que tenga nombre y apellido. Estos seres, que son la peor categoría del género animal, no se forman con libros: algunos son técnicos, memorizan y ahí se queda la cosa. Otros se limitan a las conferencias (que no las entienden, muchas) o videos que resumen/manipulan; y ya con eso se creen cultos y ciudadanos democráticos.

Dejar de mentir, el ciudadano que vive en una democracia debe formarse continuamente y siempre sometiéndose a la voluntad de la verdad. Esta gente no sabe de eso, solo conocen de falos. Muchos son hombres, el que yo conozco es un hombre. Un hombre malo, nacido de las alcantarillas: de muy abajo. Muchos hemos venido de abajo, pero después de horas y horas y horas y horas de formación intensa- autodidacta o asistida-hemos llegado a ser ciudadanos. Este ni se forma ni es ciudadano. No soy nadie para repartir tarjetas de buen o mal ciudadano, pero un buen ciudadano no es un trepa. No machaca al que tiene detrás, un buen ciudadano lucha por los otros y más si se dedica a la política. Este no, este se limita a comerse un chupachups todos los sábados. Se come el chupachups socialdemócrata, o los chupachups. Algunas veces se los come, otras veces se lo pasan por el muslo cuando están en una reunión. Se deja, no tiene dignidad. ¡Qué palabra más hermosa, muy pocos la conocen! Este chico es paja, nunca mejor dicho. Tira de frases hechas en su discurso vacío, se aprovecha de los débiles. ¡Miserable! Soy enemigo de las injusticias y los injustos, saco los tanques de la dialéctica si hace falta contra los injustos. Me debo a la justicia, este chico se dedica a la política y a la justicia. Así va España. Cómo haya más gente como este en política, que venga el leviatán y que nos aniquile. No puedo con la gente mala, que machaca al débil. Conmigo sí, porque puedo con esos personajes. Los destruyo para darles vida, les doy un consejo. Los congelo, y caen en que están equivocados. No se puede tratar con menosprecio al otro, ¡no!

Este cocoso de la política, este mamador de chupachups no hace caso. Solo da dictámenes, es todo un tribunal. Es el juez de la vida de los otros, a pesar de los chupachups y sus rodillas en el suelo. Reprime su sexualidad, y obra según las ordenes de su falito microscópico. Cruza las piernas, se le nota la hormiguita: muerta, caída, reprimida: alimentada por una falsa relación heterosexual; y un falso discurso aperturista. Se hace llamar progresista, ¡qué desgracia para el mundo! Son gente camaleónica dotados- ¿perdona?, afirma la novia de éste- del don de la metamorfosis: lo mismo es hombre que mujer, lo mismo es de derechas que de izquierdas. Hoy, este sujeto tendrá- no sé...- veintipico años. ¿Cómo se puede vivir así, infeliz y poniendo la cadera ante el sol que más calienta? ¿Cómo se puede vivir sin la dignidad del sudor, del esfuerzo y el amor fraterno hacia la humanidad? No sé cómo puedes mejorar este país, desde la política, pequeño conservador o pequeño socialista (me da igual, tú no tienes ideología) si te dejas abusar: y abusas de los débiles.


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Las paredes de este patio son como el aire fresco que me relaja la muñeca. Es raro que a un escribidor no le duela la mano. Escribir al igual que boxear son verbos que duelen: revientan ojos y destinos. En las paredes solo hay alegría, ilusión de quien viaja a la otra tierra porque para mí Tenerife es otra tierra. Otra tierra que hoy es mi tierra. Agito la mano, me duele el radio. Será de escribir boxeando, o boxear escribiendo. Un saco de ilusiones está en las paredes. Ilusiones en japonés, alemán, chino, croata, árabe; ilusiones que no están limitadas por una gramática o una nacionalidad sino por la identidad del viajero que no es turista. La identidad del viajero es multicultural, no se inclina ante las ideologías sino ante las llaves de su albergue si caen al suelo. Al suelo que es de todos.

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Un tipo de mi habitación duerme desnudo: un Adán caducado, una pasa cuando se le cae la sábana. Fuera, en el patio abierto a la noche tinerfeña, nos sentamos tres personajes. El marroquí entró: le ofreció un trago de cerveza a un tipo de piel fina, a mí no. No me dirige la palabra, ni la mirada. Tiene unos rasgos muy femeninos, me recuerda a una reina esclava que gobernó en Kenitra. Rasgos femeninos, salvajes y arrogantes. Una mirada profunda, parece lector de Ibn Jaldún: cosa rara en los árabes- no todos por si salta algún tigre- de hoy, formados en YouTube y en el discurso del Imán. El segundo personaje no para de mirarme. Escribo encima de una mesa, y debajo de una jaima que me protege del frío de las gotas de lluvia. La lluvia en Tenerife es poesía. La poesía prosaica de quien la sufre con placer. Continúa mirándome, creo que abriré una conversación con él. Conoceré quien está tras ese porro, esa cortina abstracta de humo natural que no me molesta. Una amiga, una gran amiga fumaba porros mientras llorábamos por el pasado. El porro es un género literario, ¡cómo me va a molestar! El del porro tiene pelos en el pecho, no es Hércules. Hércules está en Las Palmas, ahora. En verano se muda para Tenerife. Mi Tenerife querido. El del porro, o el del tupé o el que se está explotando los granos de los hombros. Ya no me mira. Sigo escribiendo. Suena una alarma, mi reloj está tan "tin, tin" como su dueño.

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J.J. Armas Marcelo en la presentación de "Ni para el amor ni para el olvido" junto a Santiago Gil.

Ni para el amor ni para el olvido es un libro sincero como casi ninguno. En todas las crónicas y en casi todas las biografías se omiten verdades por otras. Personajes por otros. Unos tiempos por otros. Eso no ocurre en este libro, corazón abierto ante el cirujano de la ética y la conciencia. El encuentro con la sinceridad de quien se expresa en absoluta libertad sobre su vida, el derecho universal a escribir sobre lo que se vive. Sobre la vida, sobre su vida, que en parte, es la de los otros: sean amigos o enemigos. Escribir, amar, maldecir. Esa fórmula, quizás, marca el destino de cualquier escritor: escribir mucho, maldecir a los hijos de pupa y amar mucho, mucho, mucho, mucho. Amar para poder escribir y olvidar el rencor, dejar el rencor a las puertas del sabio templo en el que está Juancho. Cuando hablo con Juancho hablo con un sabio, con un genio generoso y humano.

La obra es un canto a la libertad, a la sinceridad, a la amistad, a la lealtad y a los testículos de oro que caracterizan a la gente sincera capaz de enfrentarse a mil ejércitos. ¡Óle tus cojones!, te habría dicho el generoso Cela que retratas en tu obra. El Cela humano que abre las puertas de su habitación en el Hotel Cristina, para dedicarte unas horas a ti y a tu amigo. En esta biografía están reflejadas las grandes biografías de las literaturas en español, leyendo la vida de Juancho te topas con mil calles del mundo. Calles donde salen personajes originales: Barral y su generosidad intelectual, el genial poeta Gil de Biedma y sus amantes imberbes; o las mismas calles de Las Palmas o Madrid que se vuelven personajes. Personajes que se escriben a sí mismos, en eso mismo consiste tu libro-hermano Juancho-: una oda a la sinceridad, realmente este libro no lo escribieron tus manos sino tu corazón abierto a la verdad.

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Desde mi cama, a lo Onetti, escribo estas palabras con la rapidez de un tren. Quizás porque el amor es un tren, pasa una vez: quizás, dos: quizás, tres. O realmente solo una vez, el gran amor es uno: pasa, se desvía del curso natural, rompe las vallas y acaba con todos. El amor, ay: herida putrefacta por el tiempo. Uno puede amar a un ser toda la vida, pero no podrá toda la vida ignorar ese sentimiento. Es imposible ignorar al amor de tu vida, la herida asoma. Duele. Maldita, cállate. A más la callas, más se rebela. Es como si Baudelaire dejara de tomar hachís de la noche a la mañana, una dependencia recorrería su cuerpo que es el de todos los adictos. Una dependencia, un mono que te muerde con rabia las orejas. Sangras, apartas al mono. Pero, cada cierto tiempo-cada cual tiene los suyos- reconoces tu sentimiento. Lo ignoras, te psicoanalizas con los espejos: te engañas, te mientes a sabiendas que a solas vendrá el mono del amor.

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Recorrió siete montañas y siete lagos y siete angustias, antes de caminar sobre este manuscrito. Sobre esta ciudad-manuscrito. Es llamada ciudad-manuscrito porque todo lo que ves, en ella, es conocimiento: palabras en las paredes, en los carteles, en el suelo, en las cimas de las montañas. Cada rincón es un eslogan, una publicidad filosófica, una cita o un proverbio. Nadie puede entrar a la ciudad, digo nadie porque (casi) muy pocos conocen de su existencia; también, es cierto que pocos mortales se interesan por la luz. Casi nadie entiende leyendo, o lee entendiendo: o lee viviendo. María leyó y enseñó, conoció el conocimiento. Y ese mismo conocimiento la abrazo hasta la asfixia, para finalmente-casi muerta-invitarla a la ciudad de las luces.

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Tawakkul Karman, nobel de la Paz, manifestándose a las puertas de la Embajada de Arabia Saudí en Estambul ©WSJ

Jamal Khashoggi es un intelectual comprometido con el progreso. El pensador que cuestionaba al poder habiendo nacido en una las cunas más adineradas de Arabia Saudí. Director de medios de comunicación, articulista, hombre culto y valiente que empleó sus fuerzas y la tinta de su bolígrafo en defender una "Democratización de Arabia Saudí y el mundo árabe". Crítico con la política de Mohamed Bin Salman (príncipe heredero y apoderado de su padre minusválido), y voz disidente contra: el bloqueo de relaciones y aislamiento a Qatar, o los millones invertidos en sangre y banderas negras. Nuestro amigo Jamal Khashoggi fue un hombre, un hombre libre que escribió a favor de la libertad y en contra de los tiranos con los que comparte sangre. Pero, la sangre no marca en estos casos: se rebeló contra esa oligarquía de analfabetos con millones de dólares, analfabetos diplomados en fiestas y orgías perpetuas. El no quiso esa vida, se entregó al pensamiento y a la libertad. Tomó la libertad, y voló hacia el exilio. El exilio de los que le permitieron escribir. Hoy, no sabemos dónde está nuestro compañero Jamal Khashoggi: fue a la Embajada de Arabia Saudí en Estambul para arreglar unos papeles. Entró. Desapareció. ¿Lo secuestraron? ¿Despareció hacia otra dimensión? ¿Se perdió de camino al despacho del embajador? ¿Está escondido en alguna parte subterránea de la Embajada? O quizás, supuestamente, vinieron los quince de Arabia Saudita y se lo llevaron en dos helicópteros hacia Ryad. Son tantas las hipótesis, pero la única realidad es: JAMAL KHASHOGGI DEBE APARECER, esté donde esté. Y si no aparece, la Comunidad Internacional debe presionar con firmeza a quienes lo han hecho desparecer. Presionar hasta que confiesen. Por consiguiente, debo felicitar a Richard Branson, a los directivos de The New York Times, a la directora de The Economist y a todos aquellos empresarios/intelectuales/Estados que se han manifestado con acciones en contra de este suceso. Quienes lo secuestraron- no sé quiénes son, por ahora- creyeron que la Comunidad Internacional no iba a ser nada o no se enteraría. Lo típico, mato o secuestro a un intelectual o a un futuro intelectual creyendo que no va a pasar nada. Casi nunca pasa nada, ¿cuántos intelectuales no están amenazados, o han sido secuestrados este año sin que trasciendan sus nombre a la opinión pública? Con Jamal Khashoggi sí pasó: todos supimos de su desaparición, muy pronto se sabrá la verdad.

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Llibertat (1988). © Antoni Tapies

Cuando escuchamos a nuestros hermanos mexicanos gritar con orgullo y alegría: << ¡Viva México!>>, no nos escandalizamos o acusamos al personal de fascista. En cambio, cuando se trata de España la cosa cambia. Se transforma esa alegría en un monstruo con mil dedos, dedos gruesos y de largas uñas que acusan con mil adjetivos a quien se atreva a afirmar: ¡Viva España! Seamos realistas, el régimen anterior explotó ese "viva España" a su manera que no es la nuestra. Franco y sus campañas publicitarias nacen del nacionalismo, es decir del odio al otro. Y si a esto le añadimos, el complejo de vergüenza e inferioridad derivado de la leyenda negra que pesa sobre España: pues, lo llevamos claro. Es cierto, que muchos españoles se sienten avergonzados del colonialismo español pero la cuestión no está en avergonzarse o en crearse una culpabilidad ante las otras las naciones del mundo: esa no es la vía, porque la culpabilidad nos hace ser/estar débiles como nación. Los ingleses, los americanos o los mismos alemanes se avergüenzan de determinados episodios de su historia moderna o antigua, pero caminan hacia el progreso; no se sientan en el sofá de la culpabilidad y el remordimiento. La cuestión: mis abuelos aceptaron un sistema fascista o nacionalsocialista, pero no es mi culpa. Condeno la actitud de mis antepasados, pero no es culpa mía y por ello mi única labor debe ser mirar hacia el futuro. De ahí el lema, para atrás ni para coger impulso: el pasado, pasado está. La cuestión está en pensar en el presente, cuando enfocamos nuestra existencia desde el presente hacia el ahora o hacia un mañana: la cosa cambia, ese nacionalismo: ese odio al otro, esa envidia hacia el otro, ese complejo de nación más modesta que; se trasforma en patriotismo, en amor hacia los tuyos- como dijo el gran provocador Romain Gary-. Y por consiguiente quien ama a los suyos, ama a los otros.

Amando a España, y afirmando con total énfasis: ¡Viva España!, estoy elogiando a mi nación y a todas las naciones del mundo.

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Longino. Biblia de San Luis de Francia (S. XIII)


Longino me abraza, me confunde con Cristo. Me invita a una copa de vino, mirándome con sus ojos llenos de lágrimas: el apocalipsis se refleja en esa mirada de culpabilidad, deseo y falsa conversión. Me toma el costado: comienza a golpearme con la rabia de un enamorado, con la impotencia de un enamorado que ve morir a su amante-Dios en vida. Longino me abraza. Recibe un puñetazo. Alguien lo maldice con insultos homófobos. Otros lo vitorean, mientras se llevan las manos a la boca. Longino se levanta del sofá. Confiesa su amor por Cristo:

-En la otra vida, te clavé la lanza porque quería ser como tú. ¿Por qué no puedo? Mira, si no puedo ser te poseeré.

Longino se abalanzó sobre ese yo-Cristo. Se presentó Baphomet en la sala, y con uno de sus dedos bendijo con una traqueotomía a Longino. Murió. Cristo lloró, y ahí comenzó la reconciliación entre Bapho y Yo.

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Vive con gloria o muere siendo noble, ese es el lema de mi vida. Los años han pasado, aún me queda algo de juventud. Las arrugas asoman. Arrugas nobles, cordilleras por las que pasan los años: viejas y caídas carreteras que sedujeron a poetas y arquitectos. Lo he dado todo, puedo morir tranquilo: posar mi cabeza sobre la guillotina, y morir en nombre de cualquier ideología contraria a la fraternidad. ¡Qué venga el destino a enfrentarse conmigo! Puedo con él y con mil leviatanes. Se los confieso, siempre he vivido con la cabeza alta: siempre he ayudado a cualquier hermano, siempre. Cuando pequeño regalaba todos mis cromos, con tal de ver la alegría en el rostro del otro. A estas alturas, lo he dado todo: solo me queda subirme al órix, y declarar mi amor a quien no pude confesarle mi devoción de joven.

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Esperando al mesías en la parada de guagua. La guagua interminable, cíclica como el informe psicoanalítico de más de un chófer. Continúo esperando. Dos compañeros de carrera pasan haciéndose los locos, pero con el mentón subido. Pasan otros dos. Y así pasan los días, menos cuando Cid de Pablo me rescata. Es un martirio no tener carnet. No tener carnet limita la libertad de cualquier sujeto con ganas de comerse el mundo. Puede usted coger guagua, afirma un ingenuo. De acuerdo, tomaré la guagua para mi casa: y esperaré quince minutos. Y después bajaré al Puerto: y esperaré otros quince o veinte minutos. A la mañana siguiente, cogeré la azul para el Roque Nublo: esperaré más de veinte minutos, seguro. No quiero guagua, pero a pesar de negarme a las guaguas; no puedo dejar de afirmar que son todo un género literario. La alta literatura está en las conversaciones de las personas que se montan en esa ameba amarilla/azul, guagua. Le quiero decir adiós a esa ameba, pero antes debería inclinar todo mi cuerpo ante el teórico&práctico. Estoy convencido, el día que tenga carnet lloraré. Podré ir al sur cuando quiera, e incluso a oscuras. Seré lo que las cuatro ruedas de mi coche quieran que sea. En ese momento me reconciliaré con la ameba azul/amarilla. Es exagerado llamarla ameba, pero que poco educados y profesionales son esos virus- no todos, no todos, no todos- que conducen la guagua.

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