los blogs de Canarias7

Archivos Junio 2018

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Minuto de silencio en la Facultad de Ciencias Jurídicas de la ULPGC.

La universidad está de luto, nuestro compañero Javier ha pasado a la inmortalidad de los buenos hombres. Un buen hombre, un buen compañero; una buena persona que siempre ha estado ahí, siempre. Ayudó a muchos compañeros en su ingreso a la Facultad de Ciencias Jurídicas, y continuó abriéndoles las puertas del Derecho con apuntes, explicaciones exprés-diez minutos- antes del examen, quedadas en la biblioteca.

Javier era una gran persona, compañero con sus compañeros y con los profesores. Era el mismo con todos, transparente y buena gente; con la ideas claras. Se suele decir que las personas nunca mueren, si se habla de ellas. Javier está entre nosotros, es uno de los nuestros. A nadie se le olvidará lo buena gente que es, y lo mucho que hizo por nuestra universidad.

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"¿El abrazo del alma?", Mundial del 78 ©Osvaldo Alfieri

A millones de ciudadanos del mundo se les marcan las venas. Están nerviosos, harían cualquier cosa con tal de que ganara su nación en esta Copa Mundial de Fútbol que se está celebrando. Antes de entrar en materia, me declaro amante y esclavo de ese arte y ese sapientísimo- no siempre, todo hay que decirlo- universo de estrategias: fútbol, nuestro fútbol. Pero, el macrofútbol me aburre; me asfixia entre los comentarios huecos y el teatro barato. Parece un teatro, no sé si teatro surrealista o social. Y si fuera social, estaría totalmente (como lo está) politizado en la gran mayoría de los casos. No me interesan los acuerdos entre los jugadores o los equipos de fútbol cuando de vender goles o fracasos se trata, ahora me toca escribir sobre un mal mayor que no tiene nombre ni apellido. Parece huérfano, pero todas las naciones de este Mundial lo han adoptado y le han puesto un babero. El chiquito, o chiquillo, se llama Nacionalismo y en su babero han cosido un nombre:" ODIO". Veo odio en los bares, en los balcones y en los ataques de histeria de los seguidores de fútbol (está de más, si afirmo que no todas las gentes somos así). Este Mundial separa, no existe un sentimiento de fraternidad u ocio fraternal entre los equipos. No, eso no existe. Tengo que maldecirme en el equipo enemigo, tiene que ganar mi nación (y por consiguiente, no cabe empate) frente a los otros. Libero todos los adjetivos, que haya podido almacenar en este inconsciente, contra el negro: el sudaca: el moro: o el gilipollas de turno. Tengo que ganar, porque es mi nación. Siempre he defendido la industria del espectáculo, porque no todo el mundo está dispuesto (o no le da la gana) divertirse con una obra de Becket o una lectura por Odisea. Viva el espectáculo, pero este planteamiento de odio que separa el mundo es propio de los estados pirómanos. Plantan políticas de interculturalidad y democracia, pero apoyan y promueven un fútbol nacionalista, odioso.

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Una jornalera del Mediterráneo ©Stefania Prandi/Buzzfeed

Las jornaleras del Mediterráneo representan el Marruecos más rural y trabajador que es violado- por el ano, por la boca; o azotado por las manos ágiles del patrón-, mientras una mujer llora e implora ayuda a Allah. Comienza a llover. El patrón se enfurece. Será que Allah está llorando, piensa Mariem mientras se muerde las enaguas: ¿Dónde está mi país? ¿Acaso no hago el mismo papel que la embajadora de Marruecos? Trabajo en otro país. Represento a mi Marruecos. Lo dejo todo, por trabajar y ayudar a mi país vecino. Pero, el mío: ¿dónde está para defenderme de los depredadores?

Mariem, ya, lleva dos o tres abortos. Denunció. No paran de amenazarla. Sus compañeras son víctimas de lo mismo. Nadie habla, es una ecuación sencilla: te violan o
te despiden. Esto no solo ocurre en Huesca, sino en mi Marruecos; también:

-Acá, en España, creo que harán algo conmigo; los nassara* me ayudarán.

Estas mujeres buscan trabajar, a sabiendas que están siendo explotadas en jornadas de trabajo maratonianas. Llegan cansadas, y empieza él (nacionalizado en el infierno de las malas personas) a explotarme con su cuerpo asqueroso. ¿Dónde está Allah? Estamos en Ramadán. No respeta ni eso. ¿Dónde está el mundo? ¿Quién podrá limpiarme, después de mil violaciones? Me encomendaré a Sidi Bouzid y a todos los santos. Pasaré por ellos, uno por uno. Me ayudarán a salir de esta. ¡Qué pena que tenga que recurrir a Allah y a los santos, y no a mi nación! Después de esta me declaro apátrida, mi país me trajo acá- o me dejó allá- para no protegerme.


*Forma coloquial de referirse a los españoles.

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© Màxim Huerta


Tu currículum sigo siendo una hoja blanca, o amarillenta, de cara a todo un Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Sigo manteniendo lo que dije el otro día, un Ministerio es algo mú grande para ti. No es justo que Lydia Lozano o Belen Esteban no sean ministras, y tú sí. Pero, más allá de esto, hoy, vengo a darte la mano. Apretarte, fuertemente, la mano y felicitarte por dimitir voluntariamente. Has sido honrado, leal y consecuente con tu pasado. Te felicito, porque supiste sobrevivir-¿sigues ahí?- a un bombardeo de piedras calientes: ¡meteoritos de veneno y envidias! Escapaste airoso, a sabiendas que una jauría hambrienta- y de amarilla dentadura, como dijo el poeta granadino- quiere comerte. Camina, no temas. No mires atrás, que te convertirás en uno de ellos.

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¿Estos mediocres habrán leído a Borges? ©Vasco Szinetar

Parece que cualquier periodista tiene el derecho- canónicoliterario- de considerarse, a sí mismo, escritor. Licenciarse en periodismo, y ¡úpa!: doble salto moral sobre la piscina de la literatura. A estas alturas, muchos periodistas se han tirado a la piscina (vacía o llena, según mande la Santa Editorial); otros continúan tomando el sol sobre la piedra dura- y uniforme- de la fama. Soy periodista y, por consiguiente, soy escritor. Soy famoso, trabajo en la tele (con/sin título de periodista, con/sin formación periodística) y cuando me da el punto me considero García Márquez ( gran periodista sometido a la ideología del tac-tac). Pido un mes de vacaciones a los de la tele o el periódico. Escribo un libro sobre los conejos/conchas/esmeraldas/melocotones que me he metido en la boca, y ya soy Marguerite Duras. Me paran por la calle. Me invitan a las grandes embajadas en nombre de la Cultura. Me piden consejos amatorios, a sabiendas- o no- que soy un fracaso en el amor y las letras. Soy periodista, escribo y hablo de todo sin saber de nada. No hay más máximas que las mías, yo soy el paradigma de periodista que se entromete en la literatura después de leerse dos o tres clásicos. No leo a Quevedo, porque es misógino, antisemita, homófobo, islamófobo. Solo leo a los progres. Me llenan como mujer u hombre; u las dos cosas. Sólo leo a Sandra Barneda, la reina de la literatura y la libertad. Ay...mi vida, qué bien escribe esta mujer. Sandra escribe con la misma vehemencia con la que lee. Con la vehemencia del 0, el cero. Con la vehemencia de las mercedesmilá (excelente lectora, pero pésima escritora de frases hechas y lugar común) o los maximhuerta (óle tú, ministro afirma la de San Blas). Cualquiera escribe mal. Cualquiera miente a los lectores. A cualquiera le escriben el libro (caso Belén Esteban, Sánchez Dragó, Arturo P.C., Ana Rosa Quintana y su fallo informático; y un laaaargo etcétera).

Mañana me matriculo en Periodismo, quiero crear escuela; hacerme periodista sin conocer a Larra; tener un programa de TV, y ser el Terenci Moix del 2018.

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Unos salvan libros, y otros pasan de ellos


Los escritores de mi generación son profetas: tienen un séquito de palmeros (y palmeras putrefactas) y hablan en nombre de la Divina Providencia, o lo que es lo mismo en nombre de la literatura sin conocerla. No conocen las sagradas escrituras, dicen que son un tostón. Otros dicen que no tienen tiempo. Otros dicen que los clásicos están pasados de moda. Otros se pelean con uno. Otros siguen leyéndose, sí eso es. Estamos ante el escritor narcisista que se lee, después de publicarse. Es algo así como un Job, que lee su libro cuando se da cuenta que no vale como creador. Como Job, pero sin la sabiduría de Job. ¿Y a estos los llaman escritores? Con razón la literatura está en la UVI, como dijo Savater. Ser escritor, he aquí una definición para los descarados que se las dan de escritores, es recorrer mil universos: leer a miles y miles de autores, recorrer su pensamiento. Sí, eso es. No es leer, y decir que conoces a Heidegger sino dormir; y si hiciera falta despojarte de tu Ser y ofrecérselo a la pirámide de la Literatura. Es una necesidad. Es todo o nada. Es fracasar en la existencia, invertir millones de horas y decir: Soy escritor, ese escritor que nunca deja de leer. Leer debe ser una cosa enfermiza, pero esa comunión debe- como imperativo metacategórico- ser con esos libros que te rompan la cabeza; te derritan la retina y te provoquen nauseas sartrianas. Y hablando de Sarte, ¿dónde está el discurso filosófico de Gide o Dostoyevski o Camus en el texto literario? Esto no funciona así, el escritor (portador del verso o la prosa) debe tener unas referencias en psicología; en filosofía y en todas las áreas del saber. E incluso en las temidas matemáticas, ¿qué sería de Borges sin las matemáticas?

Pero, todo esto no lo entiende una mente maquiavélica- y mediocre, que es lo peor- porque no busca la esencia de la literatura o las esencias. Cada creador tiene la suya, pero un mediocre (¡cuántos hay, ay!) no habla de esencias; ni analiza su contexto literario, ni su calidad literaria. Publican, se aburguesan y comienzan a disparar a los que, tarde o temprano, devorarán. Los escritores de hoy, y no todos, son caníbales porque donde no hay no puede haber. No hay discurso, no hay belleza, no hay formación, no hay nada porque lo que no vale no perdura. Algunos murieron asesinados por sus colegas escritores como fue el caso de Leopoldo María Panero (Véase la entrevista que le hizo Sánchez sin-Dragó), y otros mueren a los años como las moscas: bzzzzzzz, pero después zas: ¡muerte!

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Màxim Huerta.png ©Màxim Huerta


"Estamos frente a un pelotón de pistacho. Alguien se para en seco. Comienza a esnifar pistacho. Se ahoga, y lo nombran ministro socialista", este es el resumen curricular de Màxim Huerta. Un valenciano que presentó durante unos años los informativos del Canal Nou (caído en desgracia, D.E.P.) y, posteriormente, el destino (...) lo puso frente a los informativos de Telecinco. Los años pasan, le sigue gustando la tele. Comienza su andadura, en la ermita-plató de Santa Ana matutina. La misma santa que acabaría expulsando a Màxim, ¡a la calle! Pero, antes escenificamos un baile juntos (bailar pegados es bailar/ igual que baila el mar). Un baile. Un ministerio. Una reconciliación con la princesa de las mañanas, y polémica. Polémica, ay, esa mano que le ha escrito el currículum a nuestro ministro (qué bien suena, eh, señor ministro); esa mano de polémicas y verborreas matutinas que hablan sin hablar; y que desembocaron en su esnobismo ministerial. Ministros de esta teledemocracia, que no han dado palo al agua (e indispuestos a hacer deporte, que sano...) y que solo leen teleprónter. Estaría bien verlos rellenando las horas de las jubiladas, de los que juegan al cinquillo en el Parque Santa Catalina, de las gentes que desean escuchar gritos: movidas televisivas. Pero, puestos a elegir prefiero a Belén Esteban. Nos ofrecerá más titulares, se negará a saludar al rey, se rascará las axilas, gritará (¡bien fuerte, guapaaa!) en el Congreso de los Diputados. Belen será mejor ministra que Màxim, los dos fueron copresentadores. Pero, Belén captará: robará con su estilo directo y trash más votos.

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Soy una Pringada es un fenómeno sociológico y artístico que ha revolucionado la forma de pensar de miles de adolescentes, con un mensaje que se caga en todo el panorama artístico nacional e internacional. Maldice todo aquello que no sea Trash, todo aquello que no sea basura. Pero, en el universo de Soy una Pringada, o Esty Quesada para los puritanos, la basura es una metáfora con olor a mayonesa podrida- y sobre la que se pasean dos o tres ratas peludas- y huevos rotos. La Pringada toma todas las basuras, todas las depresiones, todos los brazos acuchillados por la adolescencia y le dice al joven: "Eres un cacho de mierda". ¡Cacho de mierda, vuela! Es decir, en ese estilo provocador: malhablado: depresivo se esconde una profunda esperanza para todos aquellos que sufrieron- y sufren...- la mierda de la adolescencia. Esty es, por esto y mucho más, la reina Trash de los millennials que combate contra los gallitos del parque a favor de una sociedad en la que no haya necesidad de esconderse. Muéstrate tal y como eres; y no le tengas miedo a los monstruos morales. Si eres gorda, asúmelo. Si eres homosexual, asúmelo. Si eres una mierda, asúmelo. Asume tu realidad y construye un universo en el que solo valgan tus reglas.

Esta es la filosofía de Soy una Pringada que vive- y predica- como:

En plan travesti radical
Le da la espalda a cualquier muestra de tristeza
¿Melancolía o decepción?
¿Felicidad o tentación?
Todo podría ir a peor.

Esty estuvo en la Feria de Libro de las Palmas de Gran Canaria, y cautivó a un ejército de seguidores de todas las juventudes, de todas las ideologías. Apenas se podía respirar, olía a sudor y a éxtasis. Ha llegado el mesías, a presentar un libro lleno de verdad y rabia y una minúscula dosis de odio. Freak, un libro redactado por una tipa generosa que se fundió con el público. Permitió todas las preguntas, más allá del tiempo vanidoso de los autores. Permitió todos los criterios. El público fue un arcoíris, entre el cielo y el discurso soleado de nuestra Esty.

Esty es la reina del Trash. Si en España existió la Movida madrileña fue para que, años después: ahora, venga Esty a restaurarla y construir algo mejor. Esty es reina y señora (¡yassssss!) por tener la generosidad de estar siete horas, desde las siete de la tarde a la una de la madrugada, firmando: hablando: reinando.

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888.jpg ¿Hacia dónde va el lenguaje? © Hicham Benohoud


El lenguaje que utilizamos, despiertos ante el mundo o dormidos, nos crea y nos modifica de una manera sorprendente. Y en este contexto, siempre se pasea algún pícaro pretencioso- y de mala fe- que conspira en contra de la libertad y el criterio de todos aquellos que utilizan el lenguaje. El pícaro tiene mil nombres, pero se concentra, según le convenga, en dos o tres cavernas. Hace amistad con unos y otros. El pícaro, o el anticristo lingüístico, se mueve por ideologías. Sí, hoy el lenguaje está esclavizado por la ideología. ¿Esclavizado? No, está a cuatro patas y con su celulítico trasero abierto ante un ejército de cactus y tabaibas. Pasa de todo, se mueve por el deseo y el alcohol de la ideología. No respeta el lenguaje ni la libertad, porque un individuo- en este caso, el pícaro- cuando segrega, en géneros, a las palabras que armonizan (¡y unifican!): está corrompiendo el lenguaje. La palabra lenguaje, en unos años: antes del 2777, seguro, tendrá su equivalente en femenino si al ideólogo de turno le interesa hacer un cambio de género. Lenguaje y lenguaja, dirán los veinteañeros que se las dan de libres (y libras).

No todos son ideólogos, no todas las personas que le cambian el género a las palabras lo hacen con mala fe sino porque se niegan al monopolio lingüístico de un género sobre otro. De acuerdo, estoy con ustedes. De la misma manera, que estoy de acuerdo con mi amigo Pedro de Pablo cuando argumenta que las mujeres (yo soy una de ellas, dicho sea de paso por si algún facebukino, o no, salta), históricamente, hemos estado más sometidas; sin voz o con menos voz. Hemos sido el segundo sexo, como dijo la Beauvoir . Las mujeres no han participado, generalmente, en la creación del lenguaje, como bien dijo Don Pedro; de acuerdo. Los hombres han creado el lenguaje, de acuerdo.

Derrida lo llamó falogocentrismo: los hombres han creado el lenguaje. Pero, hoy y ahora cuando en este texto se emplea un masculino se hace englobando a mujeres y hombres. ¿Por qué debe decir "bienvenidas"? Si las mujeres, y los hombres, están dentro de esa invitación (¡bienvenidos!); pero la cuestión va más allá: aquí quieren, y no quiero ser conspiranoico, segregar a los géneros; a los grupos marginados; a los ciudadanos, y a todo aquel que se pueda apartar: arrinconar: etiquetar.

En el 2777, después de rescribir todas las reglas lingüísticas, cada uno de los grupos sociales, en cualquier sociedad o contexto lingüístico, será dueño de un género o partícula gramatical que etiqueta su razón. Todos los sustantivos, todos los adjetivos; e incluso las categorías gramaticales que, ahora, no tienen género como los verbos, adverbios o conjunciones presentarán segregaciones. No se limita a los sexos culturalizados [géneros], sino, como ya he dicho, a todos los grupos de la sociedad que muchos no sabrán utilizar su prefijo/ sufijo correspondiente. Serán tantos, será tan absurdo y complejo su uso como las pesadas fórmulas de los logaritmos.

Estamos en el 2777. El hombre es una masa de etiquetas. Todas las palabras tienen una vertiente, una etiqueta/ cadena que les cuelga al cuello. Vertientes, partículas lingüísticas para referirse a:

Mujeres heterosexuales, hombres heterosexuales, hombres homosexuales, mujeres homosexuales, transexuales, inmigrantes, tercer género, andróginos, pansexuales, sapiosexuales, gitanos, religiosos, agnósticos, ateos, escritores. Han convertido la identidad, o las características de cada cual, en un falso techo, de estadísticas y etiquetas, que separa a las personas, a minorías y mayorías; a todos. En el 2777, los periodistas somos tratados (¡así lo manda la ideología del lenguaje: el poder!) de diferentes maneras (atendiendo a sexualidad, raza, creencias; etc.). Mi caso es: Sikabi, periodisto (varón), periodistu (heterosexual), periodistex (se siente intercultural); y escribe libremente (antiperiodistex).

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