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El camino hacia Machupichu

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Y cómo no, cuando dios nos cría y nosotros solitos nos juntamos pueden ocurrir cosas maravillosas. Sin ir más lejos, en Perú, coincidimos cinco canarias para emprender el camino hacia Machupichu. Sí, Machupichu, esa montaña sagrada para los incas cerca de Cuzco y una de las siete maravillas del mundo contemporáneo. Y no es para menos. Es de los pocos lugares en donde las fotos hacen algo de justicia a lo que pueden apreciar tus ojos. Pero vayamos por partes.

Para quién no lo sepa, cuando en un grupo de personas hay mayoría de mujeres frente a los hombres, la Real Academia Española recoge que se debe hablar en femenino y no en masculino, como sucede generalmente. Por ese motivo hablaré de las seis de Canarias, un grupo formado por Cristina, lanzaroteña, por Carlos, Nerea, Belén y yo, de Gran Canaria, y por Carmen que ella no es canaria, pero como si lo fuera porque ya dice guagua. Fue la que le dio el toque andaluz a la excursión.

La expedición partió de la ciudad cultural de Cuzco, capital del imperio inca, rumbo a Machupichu. En total, cuatro días intensos de caminatas, descubrimientos, risas y aventuras. El primer día lo dedicamos a visitar tres de las cuatro ruinas principales del conocido Valle Sagrado: Pisaq, Moray y Chinchero. Por supuesto, lo hicimos por nuestra cuenta, nada de tours. Y cómo no, aprovechamos la gran afluencia de éstos para pegar la oreja y escuchar sobre las curiosidades de cada lugar.

En Pisaq existe uno de los más grandes cementerios incas. Se encuentra en una pared escarpada de un risco donde se labraron numerosas cavidades para tal fin, y aprovecharon otras tantas naturales para aglutinar a más de 100.000 momias. Cuando me enteré de la técnica de enterramiento se me vinieron a la cabeza los espacios fúnebres canarios en los altos de las montañas. Quizá no somos tan diferentes al fin y al cabo.

Pisaq también se caracteriza por contar con una red hidráulica avanzada para traer agua proveniente de un río situado a 20 kilómetros para fines agrícolas. El sistema de agricultura estaba basado en la sucesión de diversas parcelas o terrazas en escalera, abarcando un gran territorio y conectadas entre sí. Dada las dimensiones y las evidencias, se ha determinado que la producción era bastante abundante y muy variada: tubérculos, frutas, verduras y plantas medicinales.

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Para llegar hasta Moray tuvimos que tomar varios transportes. Con el último llegamos a un acuerdo después de una calurosa y enfrentada conversación puesto que quería cobrarnos más de lo acordado en un primer momento, es la tónica de los peruanos en general. Este lugar es realmente espectacular. También se trata de una zona de cultivo, pero en esta ocasión las terrazas se distribuyen en unas circunferencias perfectas hacia el fondo del barranco. Parecen sacadas de una película de extraterrestres. Este lugar se conoce como "el laboratorio inca" pues en sus diferentes terrazas se hicieron diferentes experimentos con cultivos y plantas medicinales dado los microclimas que se desarrollaron gracias a la disposición circular y escalonada de la zona.

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La última parada del día la hicimos en las ruinas de Chinchero. Un lugar que mezcla las terrazas y construcciones incas, con una iglesia de estilo colonial bastante curiosa, la más antigua de la zona. Sin duda, el lugar perfecto para presenciar un atardecer verdaderamente mágico. Pues el sol se ocultó tras las montañas mientras teñía el cielo de colores rojizos y anaranjados que se reflejaba en los adobes de las construcciones incas. Día completo y a descansar.

Al día siguiente todo iba a ser más relajado, aunque nos relajamos tanto que casi nos quedamos tirados. La visita la hicimos a las ruinas de Ollaytaytambo. Un complejo arqueológico algo más elaborado que los anteriores en el que se encuentra una ciudadela perfectamente dividida. También cuenta con un granero en la montaña aledaña a la zona de cultivo y de un complejo carcelario. Los condenados eran abandonados en este lugar escarpado de difícil acceso en lo alto de la montaña, sin alimentos ni agua. Estos lugares, enclavados entre los sistemas montañosos andinos, y con un cuidado exquisito, son realmente mágicos.

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Cerca de las cuatro de la tarde nos dispusimos a tomar una guagua en la carretera principal de Ollaytaytambo que nos llevase hasta la localidad de Santa Teresa. Con tan mala suerte que ésta pasó delante de nuestra cara sin detenerse. Después de estar más de una hora buscando alternativas, pues la siguiente guagua no pasaba hasta las 10 de la noche y duraba 6 horas, conocimos a Guido Lindo, un hombre que tras acordar un precio con él nos hizo el favor de llevarnos cuando ya había terminado su jornada.


Caminando hacia Machupichu

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A la mañana siguiente despertamos en Santa Teresa, cargamos nuestras mochilas de provisiones y salimos al camino que nos llevaría al pueblo de Aguas Calientes. Un pueblo meramente turístico en las faldas de la imponente montaña que alberga la maravilla del mundo. 

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Normalmente la gente suele hacer esta ruta en transporte, pero nosotros queríamos andar por el camino inca. Y después de haberlo realizado todos coincidimos en que la experiencia no hubiera sido tan espectacular si hubiéramos ido cómodamente sentados en un taxi o guagua.

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Cruzamos puentes, ríos, caminos de tierra y hasta propiedades privadas por equivocación. De ésta nos sacaron a patadas prácticamente. "¡Esto es un lugar privado, tienen que salir ya!", nos advirtió un operario de una planta de gestión de residuos. Nosotras seguimos el sendero y decidimos hacer una parada en el río. ¡Había que darse un baño! Y la verdad que fue bastante reparador. 

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Energías recuperadas seguimos caminando hasta llegar a la Hidroeléctrica. A partir de ahí los vehículos tienen restringido el acceso y es el punto de recogida y bajada de las minivan. La única forma de llegar hasta Aguas Calientes es andando o en tren, un tren que aunque quisiéramos coger no podíamos dado su elevado coste.

"¡Guido Lindo qué haces aquí!", nos alegramos al verle de casualidad y tras hablar con él concertamos una cita para que dos días después nos llevara desde Santa Teresa hasta Cuzco, también con un precio pactado. Lo que no sabíamos es que nos la iba a jugar y a dejar tiradísimas. Pero esa es otra historia.

Continuamos el camino en paralelo por las vías del tren. Se notaba que ya estábamos en zona selvática. El paisaje era asombroso y abrumador a la vez. Numerosos pájaros y animales nos encontramos en la ruta. Todo fue maravilloso, aunque después de llevar cinco horas andando cuesta arriba el cansancio iba haciendo mella en nosotras. Pero como digo siempre, sarna con gusto no pica, así que tiramos tensas como cometas hacia arriba. El último tramo fue el más difícil, no solo por el cansancio acumulado, sino porque empezó a llover. 

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Nos servimos de las bolsas chubasqueras para no mojarnos, pero pasamos un calor enorme. Por fin llegamos a Aguas Calientes. En total 7 horas desde Santa Teresa, sin contar el tiempo de descanso. Me dolía absolutamente todo, y al día siguiente iba a ser peor, tocaba el gran reto: subir caminando a Machupichu y a Huaynapichu. Así que comida ligera y a dormir

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En idioma Quechua "pichu" significa montaña, "machu" significa vieja y "huayna" significa joven. Por tanto, el complejo arqueológico se divide en dos espacios sagrados: la montaña vieja donde se encuentra la ciudadela, y la montaña joven, de mayor altura, y donde se encuentran las ruinas del complejo carcelario. Hay quiénes dicen que los incas eligieron este lugar sagrado dado que la orografía del sistema montañoso se corresponde con la cara de un inca. Y no sé si es una ilusión óptica, pero realmente si realizas una fotografía desde Machupichu hacia Huaynapichu y la giras hacia la izquierda, se puede apreciar la cabeza ladeada de una figura humana que casualmente se parece a un amerindio.


Machupichu y Huaynapichu

4.30 a.m. estamos listas y dispuestas a afrontar el gran reto: subir desde Aguas Calientes a Machupichu y posteriormente a Huaynapichu para bajarlo todo hasta la Hidroeléctrica y regresar en transporte hasta Santa Teresa. Un full day. El tiempo estimado de subida que recomiendan del primer tramo es de una hora y media, aunque es posible hacerlo en menos tiempo. Si tenemos en cuenta que el desnivel es tan solo de 400 metros, se pueden hacer una idea de lo escarpada que es la subida.

A las 5.00 a.m abren las puertas los de seguridad para aquellos que quieren hacer el camino a pie. Cuando recuerdo esa subida puedo sentir los calambres en las piernas y cómo mi corazón se acelera del cansancio. Todo un reto de superación personal. Hice la subida en una hora y cuarto, pensaba que iba a tardar más pero me obligué a darle vida al camino y a no parar mucho. Lloviznaba. No sabía si estaba mojada de lluvia o de sudor, pero temía ponerme enferma por los cambios de temperatura. Mi amigo Carlos llegó el primero de todo el pelotón, pudo apreciarlo todo en soledad. Qué suerte.

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Por fin llegué a la puerta de acceso a la ciudadela. Pasé el control de entrada y me dirigí a las ruinas. De repente todo se paró para mí. Me quedé alucinando al ver semejante lugar. Las nubes se iban disipando poco a poco dejando ver un lugar verdaderamente asombroso. Después de quedarme unos minutos contemplando una de las Maravillas del Mundo Contemporáneo, me dirigí al punto de control que daba acceso a la subida a Huaynapichu. La verdad que ésta fue más dura que la anterior, pues los escalones eran muy pequeños y escarpados. El desnivel respecto a Machupichu es de 300 metros y lo hice en 50 minutos.

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Las vistas fueron verdaderamente asombrosas y espectaculares. A los pies se veía la ciudadela flanqueada por un sistema montañoso imponente y selvático. Sin duda todo el gran esfuerzo que me supuso subir hasta ahí, con lluvia incluida, mereció totalmente la alegría que estaba sintiendo en ese momento. 

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Al bajar nos reunimos todas para hacernos las respectivas fotos, y apreciar el paisaje en compañía, pues solo Carmen, Nerea y yo conseguimos entrada para subir a Huaynapichu. El acceso es muy restringido y las entradas vuelan. Se compran con meses de antelación, y sale más barato si la compra la realizas por internet pero desde Perú. Al comprarla desde España te cuesta casi el doble.

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La bajada fue mucho más suave, por suerte, aunque mis rodillas no opinaron lo mismo. Descendimos por las líneas del tren, el cansancio que sentí fue exagerado, pero sentí una gran satisfacción al pensar que estaba a punto de superar el reto. Las piernas me dolían, mucho. Sentí calambres y los tobillos ya se me desviaban. Por fin llegamos a la Hidroeléctrica donde tomamos el primer colectivo que nos llevaría hasta Santa Teresa. Y terminamos la expedición en las aguas termales de Santa Teresa. No podía haber ido mejor.

Al día siguiente no podía ni caminar, supongo que mi cuerpo supo que ya no iba a hacer ningún esfuerzo físico más y se relajó por completo. Esperamos a Guido Lindo en el lugar y hora acordado. Después de casi 45 minutos de espera le llamamos porque no aparecía. Nos dijo que no podía ir a recogernos que le salió otro trabajo. Nos la jugó. Cansados buscamos otra alternativa, después de otro engaño más, por fin tomamos rumbo a Cuzco, donde pasamos los últimos días antes de volar a Iquitos, la ciudad amazónica del Perú. Ahí comenzaría otra expedición por el río Amazonas. Pero esa historia, la dejamos para otro día.

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1 comentarios

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Excelentes tanto el texto como las fotos. Nos acerca a la historia y a la naturaleza.

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