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El salar más grande del mundo está en Bolivia

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Hoy les quiero contar acerca de mi visita al desierto de sal más grande del mundo con diferencia. Con cerca de 12.000 kilómetros cuadrados de extensión, el salar de Uyuni en Bolivia es uno de los accidentes geográficos más impresionantes de todo el globo.

Y no es que haya estado en todos ellos como para afirmarlo al 100%. Pero si los hubiera visitado todos seguro que estaría en el top 5 planetario. Y es que los fenómenos que en él se presencian son todo un espectáculo visual sin igual.

En datos, se trata de una formación de sal milenaria proveniente del mar que existía en la actual altiplanicie. Después de miles de años, tras el choque de placa que originó la cordillera andina, la región sufrió una gran época de sequía. Ésto provocó que se formase el salar que se aprecia en la actualidad. 120 metros de profundidad y una generación de 10.000 toneladas de sal anual, hace pensar que se trata de un recurso inagotable.

"Hace mucho tiempo que las familias de la zona recolectaban la sal, la trataban y posteriormente la vendían y exportaban a otros países. En la actualidad aún se sigue explotando pero en menores cantidades, ya que la principal actividad en la zona ahora mismo está encaminada al turismo", afirma Luis, nuestro guía por un día por el salar de Uyuni cuando apenas comenzamos la jornada.

Es sorprendente ver cómo con la sal los artesanos de la región realizan impresionantes figuras y objetos. Incluso hay construidos tres hoteles de sal, algunos más baratos que otros, pero todos con un encanto sin igual.

Existen varios tours de uno, dos y tres días. Dado el tiempo, y las recomendaciones de otros viajeros, nosotros escogimos el tour de un día. Fue la atracción perfecta para darle la bienvenida a mi gran amigo de la infancia Carlos, que decidió unirse a esta locura en mi último mes de viaje por el continente americano.

La jornada comenzó en el famoso cementerio de trenes. Un lugar muy visitado a causa de la gran cantidad de trenes a vapor abandonados que existe en un descampado a las afueras de la ciudad de Uyuni. Para mi gusto, no existe un gran encanto en visitarlo, no deja de ser la muestra de cómo abandonamos aquello que "no sirve" sin darle otra utilidad o reciclaje. Pero bueno, ellos lo tienen como un patrimonio de otra época en la que el tren a vapor era el encargado de transportar materiales minerales que se extraían de unas minas cercanas.

Y una vez visto el cementerio de trenes, comienza lo bueno. Se ingresa al salar en 4x4 y desde el primer momento la emoción que me invadió fue bastante grande. Nunca antes había visto una extensión tan enorme de sal. Y mira que en Canarias tenemos salinas, muy bonitas, pero ver la sal petrificada hasta dónde mis ojos alcanzaban a ver fue algo verdaderamente impresionante.

De esas sensaciones que te impiden articular palabra. La primera parada fue en los montículos de sal, esos cuyos campesinos forman para ser extraída la sal posteriormente. La segunda parada los famosos Ojos del salar. Se trata de unas perforaciones naturales que dejan fluir el agua que se encuentra debajo de la sal. El fenómeno que ahí se aprecia se compone de fuertes burbujas producidas por la existencia de gases en el subsuelo.

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Después de un delicioso y completo almuerzo vegetariano cortesía de Turismo el Cristal, llegó la parte divertida. ¡Las fotos de perspectiva del salar! Es un típico muy típico que todo aquel que visita este lugar realiza, y nosotros no íbamos a ser menos. Sacamos algunos objetos del coche y nos pusimos manos a la obra. Las risas fueron las protagonistas de los diferentes escenarios. De esas risas que hacen que se te salten las lágrimas y te duela el estómago. De esas risas de puro enrale.

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Posteriormente nos dirigimos a un peculiar lugar. La llaman la Isla pez. Aunque no entendí muy bien su nombre, pues los habitantes son cactus de más de 10 metros, y no peces. La atracción es más que peculiar. Un islote en medio de un manto blanco de sal se erige sobre éste con cientos de cactus gigantezcos. Se desconoce su formación y es única en el lugar. Los lugareños aseguran que siempre existió de forma natural. Quién sabe.

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Para culminar el día fuimos partícipes de un atardecer que nos dejó sin habla. La mayoría de los tours que se realizan por el salar de Uyuni no se adentran en el llamado "doble cielo". El motivo es que resulta dañino para los vehículos. Pero perderse dicho momento del día en semejante lugar es todo un sacrilegio.

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Les hablo de los llamados reflejos de agua. Muchos aseguran que sólo hay agua en el salar en la época de verano, cuando las lluvias convierten el desierto de sal de Uyuni en una verdadera piscina. Pero la realidad es que agua siempre se va a encontrar. Es cierto que en menor cantidad, pero el desierto nunca llega a secarse del todo.

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Y ahí estábamos, alucinando con el reflejo de las montañas, con el reflejo del sol, con el reflejo de nosotros mismos. No sabíamos a qué parte mirar, pues los paisajes enamoraban a cada lado. Aprovechamos para sacarnos fotos preciosas. Aunque la verdad que no hacen justicia a lo que presenciaron nuestros ojos. Y, finalmente, se escondió el sol tras un horizonte que se hacía dificultoso diferenciar. Más que dos cielos, parece que estás flotando.

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Sin duda Bolivia me está sorprendiendo. Volveré a Uyuni, pero en la próxima ocasión no me quiero perder la noche en el salar. Aseguran que te hace sentir flotando en el universo por el reflejo de las estrellas. Ese reflejo que las comunidades indígenas usaban para orientarse y estudiar las costelaciones. El planeta tiene lugares verdaderamente maravillosos e increíbles y el salar de Uyuni es uno de ellos.

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