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Ya debiéramos estar acostumbrados a que nos etiqueten de lo primero que se les ocurra. Que desde la derechona se me mire mal no es que me importe, es que me tranquiliza. De la izquierda es más complicado hablar, porque aunque fuese el más radical de mundo, siempre surgirá alguien que se cree más a la izquierda. Así que ya me resbala que, por dar mi opinión, me puedan colocar adjetivos distintos e incluso opuestos. De un tiempo a esta parte resulta que se ha instaurado la moda de dar lecciones de cómo ser demócrata, palabra que por lo visto acaban de implantar y que otros nunca hemos entendido. No me espanta que se erijan en adalides de esta corriente las nuevas generaciones, porque eso es lo normal, cada hornada trae su propia lectura de la historia; paralelamente a eso, entre la risa y el patetismo, criaturas de largo recorrido se han convertido en oráculos de la nueva política, una especie de nuevo cuerpo profesoral de la democracia "verdadera".

555555.JPGPuedo entender que haya personas que sientan que hasta ahora han estado en el error, les haya invadido una luz cegadora en el camino de Damasco y se hayan caído del caballo. Perfecto; lo que resulta más pintoresco es que gente que nunca ha pisado esa calle de Agustín Millares en la que se luchan los derechos ciudadanos, aparezca ahora como una fuente de sabiduría revolucionaria. De pronto tratan de ponerse al frente de cualquier cosa -que por supuesto acaban de descubrir-, despreciando los esfuerzos de mucha gente durante décadas, seguramente porque ignoran la historia y la necesidad de que se haga cada día. Y esta soberbia absoluta de la izquierda -que me recuerda a las matrioskas rusas, pues cuando crees que has sacado la última muñeca, aparece otra y otra- es la que lleva demasiado tiempo impidiendo que pueda haber una posibilidad real de gran cambio. Aparte de los personalismo evidentes, pone palos a las ruedas esa manía conspirativa de querer ser siempre el más de lo que sea, y si no compartes su idea, aunque sea delirante, no es que te hayas quedado antiguo, estás equivocado o qué sé yo. Nada de eso, no hay matices; si no lo sigues eres un facha, directamente. Y así es como la gran derecha sigue en el poder, cuando las circunstancias que la rodean aconsejarían otra cosa. Por eso podemos decir que quien mantiene a Rajoy en La Moncloa es sobre todo la estúpida desunión de las fuerzas progresistas, y no especifico las culpas porque, como dice el pueblo, entre todos la mataron y ella sola se murió.


¡A la hoguera!

Echemos a las llamas las mentiras, calumnias o injurias que arman quienes viven en la frustración, la envidia y el fracaso propio del que culpan a los demás.


Quememos el odio, sea cual sea su tamaño, porque una leve brizna de su esencia
se multiplica en el infecto alimento de sí mismo; tan putrefacto es el que pone sal
en las heridas y las ilusiones como el que genera catástrofes humanas de
dimensiones bíblicas. Solo es cuestión de oportunidad.

Prendamos fuego a la indiferencia que nos hace cerrar los ojos ante el sufrimiento
ajeno, y enviemos al olvido las ofensas, murmuraciones, traiciones e infamias
que nos pesan en el orgullo.


***
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Mantengamos siempre lejos del fuego la memoria de los afectos,

la fuerza de la generosidad y el peso de la lealtad.

¡FELIZ SOLSTICIO DE VERANO!



La mayor parte de las personas pueden sentirse atraídas de manera irresistible por algo, que también suele ser una idea engañosa. Puede pasar en ciertos momentos de la vida, y a veces ese momento se alarga hasta el punto de que, en algunos casos, puede ocupar muchos años o incluso la vida entera. Es una especie de adicción mental que abarca todo lo que nos rodea, incluyéndonos a cada uno. Francis Scott Fitzgerald estaba fascinado por la riqueza, lo que se trasluce en su novela El Gran Gastby; para él los ricos eran una especie de aristocracia elegida y respetable porque así se había establecido por una combinación morganática entre sociedad y naturaleza. Esta idea enlaza con una manera de pensar parecida que expresaba en sus cartas nada menos que el Cervantes en lengua alemana Johann Wolfgang von Goethe, que se debatía entre su amor por su patria y su admiración ilimitada hacia Napoleón. Esa fascinación por el poder no es exclusiva de Goethe, y no me refiero a quienes se arriman al sol que más calienta para medrar, sino admiración en sí misma de alguien que no necesita del poder para ser reconocido, como es el caso de García Márquez, IMG_5673.jpgabducido por el propio concepto de poder como él mismo admitió más de una vez. Luego está la fascinación hacia uno mismo, que se iguala con la perfección en la valoración propia; son adorados y desprecian esa rendición ajena porque en realidad lo que les colma es la perfección, que creen poseer, lo cual a veces se acerca a la verdad. Es el caso de Herbert Von Karajan, a quien el aplauso y el halago le importaban poco porque sabía lo que hacía cada noche en el escenario; o esa vida fugitiva hacia el anonimato de escritores muy celebrados, como Thomas Pynchon y Juan Rulfo, aunque el paradigma de esa fobia a ser visto es J.D. Salinger, que algunos psicólogos interpretan como una muestra de soberbia, al considerar inconscientemente que la gente no merece su presencia y menos su simpatía.

Por el contrario, las más frecuentes muestras de este fenómeno son las que requieren una loa permanente, y sus protagonistas siempre están insatisfechos porque basta con que les suene mal una palabra en medio de una lluvia de parabienes para que entren en cólera, se depriman o se oculten majestuosamente, que de todo hay. Esa fascinación consigo mismos se da en determinados personajes que triunfan en disciplinas que tienen proyección pública, sean artistas, científicos o humanistas, desde Truman Capote y María Callas a Edison y Miguel Ángel Buonarroti. Y los hay, incluso, que se consideran elegidos por los dioses, el destino o quien fuere, se saben grandes y se comportan de forma mesiánica, como Bob Dylan, que en 1978 declaró a la revista Rolling Stone: "Dylan siempre ha estado ahí, siempre lo estuvo; antes de que yo naciera ya estaba Bob Dylan. Yo estaba mejor preparado para interpretar ese papel". Y siguió tocando la armónica.

***

NOTA FINAL:

No se niega la grandeza y el talento de estas figuras, ya que su influencia en su

campo y a menudo en toda la sociedad está por encima de cualquier discusión;

es de su carácter de lo que hablamos.


sira11.jpgComo diría el poeta Miguel Hernández, en Gran Canaria, su isla y la mía, se me ha muerto como del rayo mi amiga la gran artista Sira Ascanio. Fue siempre una mujer singular, que vibraba escuchando Piensa en mí cantada por Luz Casal, metiéndose en las abstracciones de Kandinsky, que coleccionaba copas de cristal y amigos, que sufría por este país machadiano de charanga y pandereta, que en otra vida de ficción fue Ginebra en Camelot o decía que tal vez un pez o un delfín (yo creo que una sirena), esa mujer se ha ido dejando un rastro de luz que se le escapaba en todo lo que hacía. Por cronología, por postulados estéticos y por contenidos vitales, debiera figurar en la generación del setenta, pero entonces la vida personal la absorbía, asunto crónico por desgracia en las mujeres. Despegó como una cometa al filo de los primeros ochenta, y esa cometa voló muy alto apenas se le dio hilo, sira12.jpgporque Sira vivía pendiente de las imágenes de su entorno, era pintora veinticuatro horas, y últimamente se aliaba también con la fotografía. Podría decirse que parecía tímida y callada, pero era muy fuerte, sus cuadros así lo delatan, esos torsos hercúleos, eso colores definitivos. Siempre se intuía el océano en el rumor de sus trazos, aunque no lo pintaba directamente; igual que Oramas, dejaba el mar como respaldo, estaba aunque no estuviera. Al compararla con una cometa, me dijo en una entrevista que le hicimos Tato Gonçalves y yo en el Castillo de La Luz despidiendo el siglo XX: "No creo ser de aire, eso me crearía más inseguridad, ni siquiera soy de tierra; mi elemento natural es el agua, metida en ella me siento segura; me gustaría diluirme en agua como una acuarela". Como pintora, Sira trataba el mar a distancia, y tal vez cuando se diluía en él queriendo ser acuarela lo miraba como un dios, en una especie de panteísmo romántico que solo es posible en la contradicción fructífera del arte. Ya Sira es color, acuarela, memoria, arte. Buen viaje, amiga.


Hay nuevos datos sobre los dos cuerpos entrelazados en la Pompeya arrasada por el Vesubio el año 79 de nuestra era. Cuando fueron descubiertos petrificados bajo toneladas de cenizas en el año 1922, en la Italia siempre tan dada al amor carnal se dio por hecho que en el momento en que los sorprendió el volcán estaban en pleno acto sexual, y por inercia del pensamiento único de la gente de orden, se decidió que era una pareja heterosexual. Para empezar, imaginar que era un encuentro sexual es una hipótesis aventurada, porque la posición del hallazgo no asegura sino que hay un cuerpo con la cabeza recostada en el lado derecho del torso del otro. Pero se trataba de la Italia roja y negra de Mussollini, la de la pasión, la Italia del mito de Romeo y Julieta, y más tarde de las canciones de Celentano y de los seductores papeles de Gassman y Mastroianni (Visconti y Pasolini molestan en el cuadro que quieren pintar); quedó establecido que era un acto sexual "de toda la vida" porque ya diría Rafaella Carrá que para hacer bien el amor hay que venir al sur. Se llegó a especular más tarde que podrían ser una madre y una hija, o un padre y un hijo, aunque siempre se imponía el orgullo prepotente de la sensualidad latina: definitivamente, eran amantes.

pompeya.JPGPero la ciencia acaba poniendo tarde o temprano las cosas en su sitio, y las nuevas técnicas forenses, con los medios más avanzados a su alcance, han determinado que se trata de dos varones, ambos entre 18 y 20 años, por lo que todas las hipótesis anteriores quedan anuladas. No son, pues, un Romeo y una Julieta, y por la edad y el sexo no puede haber esa posible relación filial. De manera que ya no es una posibilidad, es una certeza, son dos jóvenes varones, y curiosamente cuando esto se ha sabido empieza a perder fuerza la defensa de que estaban en pleno acto sexual. Ahora a la Italia de Gigi L'amoroso no parece gustarle la homosexualidad como cartel amatorio de ese sur caliente de Mussollini. Se empieza a especular sobre si podrían ser hermanos que dormían en la misma cama, o incluso dos desconocidos que no estaban juntos pero que acabaron así por la fuerza del Vesubio. Todo esto me lleva a pensar en cómo la ideología o las presiones de la costumbre empujan a personas inteligentes a deducir conclusiones apresuradas y convenientes. Pues mira por dónde, ahora me parece más posible que fuesen dos amantes varones. Es más, celebraría que así fuera, porque el amor entre seres humanos sigue siendo un valor supremo, sea en el ardiente sur hetero y convencional de Rafaella Carrá, Dalida y Eros Ramazzotti o en la eternidad de dos jóvenes homosexuales, fundidos en piedra por el fuego del volcán... o del amor.


Ignorantes somos todos, lo que pasa es que no todos ignoramos las mismas cosas.
Albert Einstein.

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Se está extendiendo la idea de que cualquier asunto, sea el que sea, tiene solución y explicación. Se piensa que cualquier especialidad de la ciencia de la que hablemos ha llegado a conclusiones definitivas sobre lo que sea. Curiosamente, vivimos una época en la que se está produciendo el empoderamiento de la ignorancia; muchos "enciclopedistas" de documentales, Youtube o Wikipedia creen estar en la sabiduría máxima de casi todo, y nadie controla la veracidad de lo que se publica ni de lo que se dice en los medios o las redes. En esta orgía de conocimiento subrogado, hacen su agosto los libros de autoayuda, las llamadas pseudociencias y las teorías más peregrinas, que son seguidas por muchas personas porque, en el desentrenamiento general por el rigor en lo que se hace, creen cualquier cosa que aparezca en un medio o en la pantallita de su móvil. A esto se une la paranoia colectiva, que funciona sin aspavientos pero que propicia un sobresalto permanente que no se nota, porque cada día nos llegan por muchas vías advertencias sobre peligros informáticos, alimenticios, medicamentosos o medioambientales. Y esa paranoia es el río revuelto en el que se forran -o al menos sobreviven- los charlatanes de feria, que a veces hasta tienen títulos universitarios pero venden humo. Lo último es la moda del lenguaje no verbal; si ya todo el mundo cree que hay por ahí espías que nos leen los labios, ahora también saben si mentimos, estamos deprimidos con cara de risa o contentos con aspecto triste, si estamos decididos o dubitativos, si somos proclives o contrarios a lo que sea. Y lo deducen porque pestañeamos mucho o poco, apretamos el labio superior, bajamos los hombros, cruzamos o descruzamos las piernas o tenemos las manos extendidas o cerradas. Y se quedan tan anchos. Viene a ser casi como echar las cartas, nuestro cuerpo es un libro abierto.

IMG_5160.JPGPues siento decirles que no es así. El lenguaje no verbal efectivamente expresa de manera inconsciente sentimientos o actitudes. No es solo lo que se dice, sino el tono, la manera de alargar o truncar los sonidos, los gestos de nuestro rostro, las posiciones de nuestro cuerpo. Esto es objeto de profundas investigaciones, y llegar a tener un cierto dominio de la materia lleva mucho tiempo y esfuerzo en formación. Y aun así, las garantías de que esos profesionales muy especializados acierten como si fueran mensajeros de otra dimensión son a su vez motivo de debate. Es cierto que se están conformando disciplinas que sirven de apoyo en diversos campos. Pero son una herramienta más. Si a menudo un médico experto ve cómo su paciente no responde a un tratamiento que ha usado con éxito otras veces, entrar en este territorio en el que se mezclan muchos componentes inasibles resulta todavía más azaroso. Pero aparece alguien en televisión, que no se sabe muy bien qué formación acredita, y asevera toda una serie de cosas mirando un vídeo de 15 segundos de una persona; y sin arrugarse sentencia que miente porque se ha tocado cierto lugar del rostro, ha mirado hacia un lado concreto o ha movido el torso de una determinada manera. Y lo peor es que luego, en la vida real, esa paranoia colectiva hace que alguien que ha visto ese programa crea que le mienten cada vez que ve las miradas, los gestos o los movimientos de los que hablaban en televisión. Como si fuera una ciencia exacta y las personas se comportasen como mecanos.

IMG_516011.JPGNadie pone coto a esta serie de disparates, y ya empieza a estar uno hasta el gorro de tanto experto cotidiano en alimentación sana, en inteligencia emocional o en lo milagroso que es tomar infusiones de tomillo. El colmo es lo de la autoestima; llega alguien, te lanza dos gritos o te insulta sin más y la explicación es que es muy auténtico. Como decimos por aquí, efectivamente, es un auténtico malcriado (lo siento Rojas Marcos, se me subió la autoestima).


La condena en la Audiencia Nacional a la joven Casandra Vera por unos tuits sobre Carrero Blanco materializa la hipócrita y contradictoria sociedad en que vivimos. Aparte de los histerismos políticos y la derechización de las leyes y los poderes públicos, todo va tomando una deriva inquietante, que tiene que ver con el uso del lenguaje y con la manera de conducirse en cualquier situación. Vemos sucesivamente la implantación y posterior caída en desuso por considerarse ofensivas de muchas palabras que definen asuntos humanos; un ejemplo claro es la forma de nombrar a las personas que están por debajo de la media en capacidades intelectuales. Antaño, era el tonto o el bobo del pueblo, lo cual es claramente ofensivo y discriminatorio. Para ser correctos, se les llamaba retrasados, pero esto también acabó sonando mal. Hace cincuenta años se determinó por decreto como término técnico la palabra subnormal, y eso era lo elegante, amable y correcto; poco a poco, esta palabra empezó a usarse como insulto, y se habló entonces de disminuidos, y por si acaso se usaron oficialmente expresiones más largas del tipo "que padece una deficiencia psíquica, intelectual, psicomotora o lo que fuere". Y ahora disminuido y deficiente empiezan a encontrar socialmente significados peyorativos y pronto equivaldrán a las denostadas subnormal o retrasado. Curiosamente, llamar tonto o bobo a alguien puede ser incluso calificado de cariñoso, la noria ha dado la vuelta. De manera que, cuando uno tiene que definir para que se le entienda a una persona así ya no sabe cómo nombrarla, porque de repente se toma por un insulto o una discriminación y acaba uno en los juzgados. Y así ocurre con todo.

Foto0327bk.JPGDesde que se implantó la costumbre de lo políticamente correcto, tenemos la sensación de que pisamos siempre terreno pantanoso y resbaladizo. Cierto es que venimos de un tiempo en el que se traspasaban los límites y se entraba en la ofensa continuamente, pero es que ahora se ha vuelto todo tan delicado, que hay que medir cada palabra, cada adjetivo; y si hablamos del humor, es que prácticamente no se puede hacer, porque seguro acabarán acusando de algo al humorista. Lo curioso es que se ha abierto la veda para atizar a cualquiera que se desvíe lo más mínimo de nuestra opinión sobre las cosas, atacando con espadas cada vez más afiladas, pero por el contrario, está la piel muy fina y cualquier persona o colectivo se siente atacado. Incluso se hace revisión histórica y se muestra con gran sorpresa que filósofos, matemáticos, escritores o científicos de muchos siglos atrás eran machistas, excluyentes en asuntos religiosos o con opiniones hoy discutibles sobre temas varios. Y todo eso es verdad, pero ya lo sabíamos, y no entiendo a qué viene hoy rasgarse las vestiduras porque Voltaire, tan avanzado y pionero, tenía palabras, actitudes y comportamientos que hoy consideramos machistas. Thomas Jefferson, tenido por padre de la modernidad política en su redacción de la Constitución de Virginia, tenía esclavos en sus plantaciones. Es decir, se usa un sable justiciero cuando se trata de atacar posiciones contrarias, pero se sienten heridos apenas algo no concuerde con su ideal, sea de palabra o de obra. Y ahí chocamos con lo que entendemos por libertad de expresión, que es un derecho básico, pero al que por otro lado se quiere limitar según conveniencias. Por si no ha quedado claro, aunque no soy precisamente un entusiasta del humor negro, la condena a Casandra Vera me parece un disparate, un contrasentido en una sociedad democrática, un paso atrás. Se alega grosería, cutrerío o mal gusto. Pero ¿qué es el mal gusto? ¿Lo que no me gusta a mí? Lo que he dicho, tenemos espadas afiladas y pieles muy finas.



Fonda robertson.JPGNo me extraña que ahora todo se vea como lo que no es y que lo impensable se convierta en real. Y en estos tiempos apocalípticos (lo digo no porque espere el Fin del Mundo, sino porque hay demasiada gente que falsamente lo predica), tal vez, por la evidencia de lo imposible, deberíamos disponer de un día para recordar que hasta lo más absurdo puede materializarse, y no siempre para bien. Ejemplos de ello hay muchos. Y como habitamos la permanente celebración del absurdo, para muestra vale un botón:

En el año 1964 se rodó la película The best man (El mejor hombre), en la que se narraban conspiraciones alrededor de dos candidatos a la Presidencia de Estados Unidos. Ronald Reagan, entonces actor en activo, se presentó al casting para uno de los papeles de candidato; Gore Vidal, guionista, y Franklin J. Schaffner, director, lo rechazaron porque "no daba el aspecto de un candidato presidencial", y adjudicaron los papeles a Herny Fonda y a Clift Robertson. Y tonto no eran ni Gore Vidal ni el director, que es el mismo que dirigió Nicolás y Alejandra, Patton y El planeta de los simios. Supongo que Franklin J. Schaffner se quedaría perplejo cuando en 1980 Ronald Reagan fue elegido Presidente, y eso que, según él, no daba el tipo siquiera para candidato presidencial. Ahora, seguramente se habría metido en un agujero al ver en la Casa Blanca a un tal Donald Trump, que ha escenificado de una vez por todas cómo entra un elefante en una cacharrería.


Hoy se ha ido Pepe Rivero. Aparte de su bonhomía y su generosidad -cosas muy corrientes pero poco frecuentes-, siempre hemos sabido que no era uno más. No fue un periodista más, no fue un activista social más, no fue un gestor cultural más. Era distinto, preciso, especial. Todo lo hizo de forma sutil, elegante y sin aspavientos. Tenía una presencia suave, a veces difuminada por propia voluntad, pero siempre se notaba que estaba ahí, que aun a pesar suyo, quedaba siempre su sello en todo lo que tocaba. Hoy es día para estar tristes, pero no puede decirse que lloramos su ausencia, porque esta no se ha producido. Esta idea es muy socorrida cuando alguien se va, pero en este caso es verdad, porque con su manera de hacer las cosas es posible que ni él mismo tuviera consciencia de que, después de él, nada sería lo mismo. Y no va a serlo, porque su trayectoria al frente de su gran proyecto personal que fue -y es- el Museo Poeta Domingo Rivero ha cambiado las reglas del juego. 6677Celajes.jpgLo llevó adelante de la forma que siempre hizo las cosas, discretamente, sin ruido pero con voz. Se hubiera dicho que el nieto de Domingo Rivero quiso homenajear a su abuelo, tal vez porque consideraba que su obra no había tenido la proyección que merecía. Y eso habría estado bien, un museo dedicado a la memoria justa de un poeta. Pero no fue así. Es decir, no fue solo así. Ese primer objetivo de una patente obviedad fue logrado con creces, ya nadie duda de la grandeza de Domingo Rivero. Pero Pepe, con inteligencia, serenidad y firmeza, inició un camino que ha trastocado la idea del papel de las instituciones privadas y públicas en la profundización y difusión de la cultura. Nada le fue ajeno a un museo que, por sus características y su nombre, tiene un marcado aire literario. Pepe abrió espacios para la música, la historia, las bellas artes y todo lo que fuese cultura y sociedad. Desde su fundación en 2012, la impronta que poco a poco, suavemente, "al estilo Rivero", ha ido imponiendo este espacio cultural es uno de los legados -y no menor- que deja Pepe a toda esta sociedad. En cinco años lo ha cambiado todo, más allá de que cualquier manifestación individual o colectiva tenga un escenario antes imposible en muchos casos. Eso queda ya como lección, faro y señalización para todo lo que se mueve en la isla, especialmente en la cultura y en las instituciones culturales, a veces demasiado rígidas. Por ello, el agradecimiento es un concepto que se queda corto hacia un hombre que siempre pensaba colectivamente. El mayor homenaje que puede hacérsele es tomar su testigo y seguir ensanchando esos caminos que él sorribó. Esto había que decirlo ahora mismo alto y claro, y luego sí que toca llorar al amigo, al cómplice, al hombre bueno e insobornable que siempre será en nuestra memoria Pepe Rivero.


8marzo0065.JPGEste 8 de marzo se han mezclado demasiadas cosas en el imaginario popular, y quienes quieren retroceder se aprovechan. Aunque no debiera porque es una trayectoria que viene de lejos, una vez más los jerarcas católicos me han vuelto a decepcionar, porque no han usado su voz y el peso que tienen en esta sociedad para oponerse con la energía -que derrochan en asuntos puramente formales- a la violencia machista que está costando la vida a muchas mujeres.

Todo lo que impulse la igualdad entre todas las personas en derechos y en su plasmación cotidiana (un derecho solo es tinta en un papel mientras no se materialice con hechos) es bienvenido, pero a veces nos perdemos en asuntos que, siendo importantes, no avanzan porque falla la base de la argumentación. Últimamente se habla de micromachismos, refiriéndose a pequeños detalles que se producen por la inercia de tantos años (siglos) de desigualdad. Y hasta casi se justifican, porque "ha sido así de toda la vida".

Muy al contrario, creo que eso que llaman micromachismos conforman la columna vertebral del gran machismo, porque es esa inercia la que activa el mecanismo de la desigualdad. Bien está que tratemos de modificar un uso del lenguaje claramente machista, que impulsemos la corresponsabilidad en la tareas del hogar, que defendamos la igualdad de salarios por el mismo trabajo... y docenas de asuntos más. Es necesario seguir en la brecha, y ahí no hay que aflojar, pero no perdamos de vista que es la columna vertebral la que hay que cambiar, y una y otra vez se hacen parches pero el óxido sigue saliendo porque está muy profundo. Es la idea, el concepto, la percepción de las cosas lo que permanece inmutable, y alterarlo hacia la justicia supone una revolución, posiblemente la mayor revolución de la historia del ser humano.

8marzo1.JPGQue ese concepto anclado en la memoria del tiempo no se mueve se demuestra cada día. Ha habido y hay movimientos y dirigentes que se han dejado la piel en esto, pero siempre vuelve la noria a su punto de partida. Cuando se demandan guarderías infantiles, se habla siempre de facilitar la integración de la mujer en el mundo laboral, como si los niños solo fueran responsabilidad de las mujeres; lo mismo sucede con eso que ahora llaman conciliación familiar o con la supuesta obligación de toda mujer de tener hijos. Y esas presiones surgen en los entornos más cercanos, porque los modelos que se difunden en los medios perpetúan el sistema.

En la inmensa mayoría de los casos, son las mujeres las que asumen el cuidado de sus mayores, las que cuidan de las compras, la limpieza, la alimentación y la hora del dentista de los niños, y se da por evaporado el machismo cuando el varón echa una mano, la mayor parte de las veces como si hiciera un favor. Aunque asuma alguna vez lo del pediatra, entre en la cocina o vaya al supermercado, se considera que ya está, que él "ayuda" porque a menudo es la propia mujer la que asume como suyas esas responsabilidades; y aunque ella conduzca, el responsable último del coche es el hombre. Cuestión de roles asumidos. Esa es la generalidad, y siempre que una mujer toma las riendas de espacios ocupados habitualmente por los hombres, lo más suave que le cae es lo de "Fräulein Rottenmeier", aunque puede llegar a palabras mucho más gruesas y ofensivas.

8marzo2.JPGLuego están las relaciones entre sexos. Una mujer que toma iniciativas está mal vista; me temo que en la caja negra de esta sociedad ella debe estar quieta, esperando a que el hombre dé un paso. Las películas al uso, los programas de televisión y la sociedad en general, repiten el esquema en el que la mujer ha de estar guapa, pero hay que tener cuidado con pasarse. Da grima cómo todavía se hacen ceremonias de pedida de mano, donde vuelve el fantasma de siempre, y el control de la mujer se transmite del padre al marido. Y no olvidemos que las religiones -sin excepción- ayudan poco; al contrario, en todas se estimula la preponderancia del varón, que es aceptada muchas veces porque se mezclan creencias que confieren status divino a estas normas.

Con estas bases que siguen inalteradas desde hace siglos, apenas cambia la fachada, y como es evidente que vivimos una época de resurgimiento de los poderes y las ideas más reaccionarias, corremos el riesgo de que la violencia machista se convierta en algo que se sienta como "normal", porque hay gente con mucha influencia que trata de que se pierdan los indiscutibles avances que ha habido aunque el núcleo duro resista. Es necesario poner coto al uso hipersexualizado de la mujer, al crecimiento entre los varones más jóvenes de la idea de que son lo reyes del mambo, al compromiso efectivo de los hombres que también desean una sociedad realmente igualitaria. También hay mucho que hacer con las chicas, para que tomen conciencia de sí mismas y no actúen en función de lo que le guste a un varón. Lo que decía más arriba, hace falta una profunda revolución de los conceptos ancestrales que siguen en vigor, y remachar que los micromachismos son en realidad ladrillos del gran edificio del machismo histórico, que sigue en pie.

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