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Novedades en la categoría Vida


cumplea e7y7y.JPGCuando alguien cumple años, habría que felicitar a su madre, porque fue ella quien se la jugó. Nacer no tiene mérito, se nace sin poner nada de parte de uno; algo más de mérito tiene morir, porque los humanos nos vamos fabricando la muerte; uno debiera tener la muerte que se ha trabajado, pero a menudo no es así, porque si no no morirían tantos inocentes. El verdadero mérito está en vivir, en sacarle el jugo a los veinticocho mil días de media que vivimos los humanos, y eso, sin molestar a nadie. En realidad habría que felicitar el cumpleaños sólo a aquellas personas que han sacado provecho a los años que contabiliza una vez cada otoño, o cada primavera. Por lo pronto, si alguna vez decido celebrar mi cumpleaños será porque empiece a considerar que el año vivido ha merecido la pena. Y quienes dicen que la edad está en el espíritu mienten como bellacos. Posiblemente la cifra que indica la edad es uno de lo grandes culpables de que mucha gente tenga mala relación con las matemáticas.


Aunque parezca que lo hago, no estoy hablando de Cataluña. Lo que quiero comentar es el cansancio que sobre este asunto agarrota a muchas personas que conozco. Cabría decir que somos unos blandos, que nos agobiamos por poca cosa, o bien que este asunto se alarga indefinidamente en el tiempo. Yo creo que no es por ninguna de las dos cosas, porque se han vivido momentos muy duros y también otros que se eternizaron, y hemos aguantado. Entonces la respuesta debe ser otra. Hace ya bastantes días me preocupó que me sintiera sobrepasado, pero pronto me di cuenta de que lo mismo está pasándole a otras personas. Y es raro, porque un hecho de este calado debería tenernos atentos; pero no, Fotos pruebauuu778.JPGse ha establecido una especie de intento de desconexión entre nuestros cerebros y el ruido que nos llega. Sé de mucha gente que, como yo, pasa directamente hasta de los envíos bienintencionados en clave de humor (chistes, memes, parodias). Los reciben y los borran sin mirarlos. Mi impresión es que lo que cansa no es el exceso de noticias, las distintas opiniones, los disparates que se gritan desde uno y otro lado; lo que realmente nos tiene quemados es que hemos empezado a percibir que lo que se hace, se dice, se grita o se mueve forma parte de una especie de juego, mezcla de escondite, ajedrez y póker, que se hace como espectáculo mediático, y que el verdadero juego es otro, del que desconocemos las reglas, los premios, el propósito y hasta los verdaderos jugadores. Es como el juego del bobo de nuestra niñez, en el que dos mayores se tiraban una pelota y el pequeño que estaba en medio nunca lograba cogerla porque pasaba muy alta. Y como todo esto es un arcano que nada tiene que ver con lo que nos llega, nos agota el constatar que lo ignoramos casi todo y nos negamos a que sigan haciéndonos luz de gas. Por eso, y constatando que en nada va a influir lo que pensemos o digamos (sobre todo porque no sabemos de qué va esto porque la pelota está fuera de nuestro alcance), la idea que ha ido incrustándose en nuestro cansancio es la de que nos torean mientras ellos hacen lo que quiera que estén haciendo. Y ni me molesto en preguntar porque dudo incluso de si algún día -como tantas cosas- llegará a saberse.


El mes de marzo tiene fama de violento y conflictivo seguramente porque su nombre proviene de Marte, dios romano de la guerra, y quedó fijado porque justo en su mitad fue asesinado Julio César. Ya no había duda, marzo era el mes de los conflictos, y muy pronto perdió el privilegio del ser el primer mes del año, con lo que los nombres de los últimos cuatro meses actuales quedaron relegados en su numeración, pues noviembre y diciembre perdieron el nueve y el diez que va en sus nombres. De esa manera, septiembre y octubre tomaron el relevo en la numeración de los anteriores, y acaso por este tránsito en el conteo, algunos aseguran que han desplazado claramente a marzo como época con más desavenencias (siempre hay quien se empeña en creer cualquier cosa por disparatada que parezca).

o0ctubre.JPGSeptiembre y octubre son los meses en los que colea el verano y se presenta el otoño reclamando su rango, al que el calor no deja espacio. Cuando hacía mis primeras traducciones de latín, quien me instruía me hizo caer en la conflictividad histórica de estos meses (tenía una lista, pero no me hablaba de otros meses), y se burlaba del ridículo marzo y de las advertencias julianas contra los idus. Este recuerdo es una memoria suspendida que nunca he tenido en cuenta, y he ido recordando la idea de aquel latinista a medida que se producían hechos que caían en esas fechas, como el golpe de estado de Pinochet, la guerra del Yom Kippur o los ataques del 11 de septiembre. Lo que él hacía es el mismo juego que utilizan algunos cartomantes y adivinadores. Ahora mismo veo lo mismo que en marzo o febrero: tengo la impresión de que, aun hablando la misma lengua, la gente no se entiende, y no hay manera de que los eternos monólogos con lógicas internas diversas confluyan al menos un instante. Lo mismo que mi profesor lo achacaba a los meses de septiembre y octubre, los creyentes religiosos dirán que es la voluntad de una fuerza superior, los que se guían por el esoterismo hablarán de conjunciones o alineaciones planetarias, los que predican la conspiración están convencidos que todo obedece a un plan maquinado no se sabe con qué fin por ocultos poderes que nadie sabe dónde operan, y hasta he escuchado a quienes culpan de la sinrazón a un plan alienígena en el que no faltan abducidos o incluso extraterrestres que conviven entre nosotros. Yo creo que no es nada de eso y a la vez es todo, porque el ser humano se construye con dudas y presta atención cuando alguien le muestra algo que hace pasar por certeza, y que tampoco lo es. Y si me pongo a recordar, también en estos meses ocurren cosas buenas, y he visto que soy un tipo con cierta firmeza, puesto que mi cumpleaños es siempre en este filo entre el verano y el otoño y nunca se me ha ocurrido cambiarlo de mes. Pues octubre digo yo que tiene que ser bueno, y de eso no hay quien me haga cambiar de opinión.


Ya sé que hay muchas cosas que me están cargando últimamente, en la vida diaria, en los medios de comunicación y en la redes sociales. Una de ellas es esa especie de nostalgia enfermiza en revivir épocas pasadas en las que carecíamos de adelantos que hoy se nos antojan imprescindibles. Hoy me he tropezado con uno de esos programas de televisión que nos retrotraen a décadas pasadas, y lo que en realidad debieran ser datos a secas se convierten en regodeo contra nosotros mismos (ah, la televisión era en blanco y negro; ah, en las casas no había nevera; ah, muy poca gente tenía teléfono de su domicilio...) El mundo cambia continuamente, y aquella ropa, aquellos peinados o aquella manera de bailar eran rabiosa actualidad entonces, y seguramente dentro de unas décadas se mirará nuestro hoy con la misma nostalgia (o asombro de los más jóvenes por no haberla vivido) que otras generaciones recuerdan ahora los primeros tocadiscos portátiles, los pantalones de campana, refrescos hoy desaparecidos o los ordenadores Spectrum 48K. Todas esas cosas forman parte de todas las décadas que convivimos ahora, y son las que nos han traído hasta hoy, para bien y para mal. A mí me producen ternura,Fotos pruebatvvvv.JPG y en la mayoría de las ocasiones admiración por aquellas personas que salían adelante de otra manera. Pero es que ahora, en lugar de esa memoria cariñosa o ese homenaje admirado, se convierten en materia de chiste y cachondeo insistente. Es como una gran falta de respeto al pasado del que provenimos. Y este fenómeno enfocado en el cachondeo suena a burla a quienes habitaron ese tiempo y han atravesado los años hasta llegar a esta era de información y desinformación inmediatas y de coches con Bluetooth y cierre centralizado con mando a distancia. Todo empezó hace unos años cuando la gente se volvió loca comprando un libro que reproducía la vida en las escuelas de hace muchos años, una enseñanza distinta y represiva porque aquello era una dictadura que predicaba sexismo, clasismo, miedo y desigualdad. Todo ese sufrimiento de muchas generaciones se convirtió en motivo de risa, que puede estar bien un ratito porque no hay que perder el sentido del humor, pero que ya empieza a ser un poco/mucho/bastante/demasiado cargante (doña María Rosa Alonso dixit). Alguien me dirá que el pasado es el lugar de donde suelen venir mis novelas, y es cierto, pero creo que hay recurrir a él para rememorar, aprender, admirar y conocer, pero nunca para burlarse de una cotidianidad en la que ya fue muy duro vivir para que encima ahora esas miserias se conviertan en objeto de chiste fácil. Así que, ese tipo de programas y esos libros puñeteros en mi ámbito no tienen mercado. Conmigo cuenten siempre para la memoria, el respeto y la denuncia si es el caso, pero no para la burla. Eso no.


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Danza de la Muerte

Por el diverso azar
de nuestro tiempo, la lluvia
sutil ha de juntarnos.
En la noche que escucha
arderán lentos cirios,
cera rebelde, ejército
desazonado por el lejano
orden de las serenas
patrias de luz, de los nobles
portadores del silencio.

Salvador Espriu.


las ramblas.JPGLas Ramblas son la ruta de la historia. El cauce por donde bajaban y subían los reyes hacia la Atarazanas Reales, la catedral y la basílica de Santa María del Mar. Surgió la Plaza de Cataluña y Las Ramblas fueron el camino hasta el puerto. Siempre hay un hueco entre las calles desde donde se ven el castillo de Montjuich y la noria del Tibidabo. Es la guía del Paseo de Gracia que se prolonga en Sarriá hasta el tranvía de Valvidriera. Las Ramblas es Barcelona. Barcelona es Las Ramblas. Ese camino está jalonado de acacias, un árbol especial, posiblemente el único que es capaz de pensar, que sabe defenderse y defender a sus congéneres. Ese es el árbol que define Las Ramblas. Ni los puestos de flores, que son el aire; ni los quioscos, que son la palabra; ni el Gran Teatro del Liceu, que es la música; ni la fuente de Canaletas, que es la foto fija de un espacio urbano. Nada confiere tanta fuerza a Las Ramblas como las acacias, las que dan color y alegría y a la vez resisten el sufrimiento y el tiempo. Esa es la Barcelona que siempre seguirá de pie frente al odio, el dolor y la muerte, porque las acacias son la metáfora de la resistencia. Por eso golpearon ahí. Barcelona, Ramblas, Vida. Siempre.

PICT0e055.JPGEl cauce del barranco Guiniguada es un pilar de la geografía y la historia de Gran Canaria, y su incidencia empieza en su nacimiento en la cumbre de la isla y termina en la desembocadura, junto al palmeral que ocupaba lo que hoy es el barrio originario de Las Palmas de Gran Canaria. Grandes, bellos, imponentes y fundamentales barrancos componen la conformación radial de una isla circular y cónica como Gran Canaria, y sus nombres nos trasladan a la memoria colectiva: Tirajana, Arguineguín, Jabonero, La Aldea, Azuaje... Muchos, pero el Guiniguada es fuente de mil hechos que han determinado muchas veces el futuro y la supervivencia de toda la isla. Desde la excavación del túnel que trajo el agua a esta vertiente para llevarla a la capital a lo largo de 44 kilómetros, el agua del Guiniguada fue primordial para el crecimiento de la ciudad capital, así como para la prosperidad de los cultivos durante todo su recorrido. En su cauce hay historias que daría para muchos libros, desde las cuevas del tesoro del Cabildo Catedralicio, donde escondía las riquezas de La Catedral cuando se presentían piratas, hasta el uso como defensa de su agua, como cuando la cortaron para dejar sin suministro a la ciudad para matar de sed a los corsarios holandeses de Van Der Doez en 1599.

PICT0005.JPGY todo esto viene a cuento porque están entubando el agua desde la salida del túnel de La Mina, que hasta ahora llegaba libremente hasta el pago de La Yedra, en el municipio de la Vega de San Mateo. En ese recorrido, el barranco ha mantenido distintos ecosistemas, flora única que da cobijo a una fauna peculiar, y desde luego ha incrementado la riqueza paisajística. Y todo eso se está perdiendo sin que se plante el ayuntamiento de Tinamar y sin que el Cabildo grancanario tome cartas en el asunto, porque el uso comunal de esa agua viene de 1501, concedido por los reyes Católicos. Y seguimos en Gran Canaria con la maldición de ser el único lugar en el planeta en el que el agua es propiedad privada, a pesar de que existe una Ley de Aguas canaria de 1990 y otra estatal de 2010 que empiezan a parecer papel mojado (y no es un chiste). Pero, claro, esto no interesa tampoco al Parlamento de Canarias, al Diputado del Común y a todas las instancias que en principio tendrían que velar por el interés general. Y el agua del Barranco de la Mina no solo es un bien económico -que también- es historia de nuestra isla, futuro de nuestras riquezas naturales y presente de nuestro paisaje. Empieza a ser hora de que acabe la práctica de que unos pocos controlen y se apoderen de lo de todos, y encima pongan en peligro el espacio que vamos a legar a las nuevas generaciones. De modo que el agua del Barranco de La Mina tiene que discurrir en superficie; debe ser así por derecho histórico y por sentido común. Lo contrario sería una cacicada.


Ya debiéramos estar acostumbrados a que nos etiqueten de lo primero que se les ocurra. Que desde la derechona se me mire mal no es que me importe, es que me tranquiliza. De la izquierda es más complicado hablar, porque aunque fuese el más radical de mundo, siempre surgirá alguien que se cree más a la izquierda. Así que ya me resbala que, por dar mi opinión, me puedan colocar adjetivos distintos e incluso opuestos. De un tiempo a esta parte resulta que se ha instaurado la moda de dar lecciones de cómo ser demócrata, palabra que por lo visto acaban de implantar y que otros nunca hemos entendido. No me espanta que se erijan en adalides de esta corriente las nuevas generaciones, porque eso es lo normal, cada hornada trae su propia lectura de la historia; paralelamente a eso, entre la risa y el patetismo, criaturas de largo recorrido se han convertido en oráculos de la nueva política, una especie de nuevo cuerpo profesoral de la democracia "verdadera".

555555.JPGPuedo entender que haya personas que sientan que hasta ahora han estado en el error, les haya invadido una luz cegadora en el camino de Damasco y se hayan caído del caballo. Perfecto; lo que resulta más pintoresco es que gente que nunca ha pisado esa calle de Agustín Millares en la que se luchan los derechos ciudadanos, aparezca ahora como una fuente de sabiduría revolucionaria. De pronto tratan de ponerse al frente de cualquier cosa -que por supuesto acaban de descubrir-, despreciando los esfuerzos de mucha gente durante décadas, seguramente porque ignoran la historia y la necesidad de que se haga cada día. Y esta soberbia absoluta de la izquierda -que me recuerda a las matrioskas rusas, pues cuando crees que has sacado la última muñeca, aparece otra y otra- es la que lleva demasiado tiempo impidiendo que pueda haber una posibilidad real de gran cambio. Aparte de los personalismo evidentes, pone palos a las ruedas esa manía conspirativa de querer ser siempre el más de lo que sea, y si no compartes su idea, aunque sea delirante, no es que te hayas quedado antiguo, estás equivocado o qué sé yo. Nada de eso, no hay matices; si no lo sigues eres un facha, directamente. Y así es como la gran derecha sigue en el poder, cuando las circunstancias que la rodean aconsejarían otra cosa. Por eso podemos decir que quien mantiene a Rajoy en La Moncloa es sobre todo la estúpida desunión de las fuerzas progresistas, y no especifico las culpas porque, como dice el pueblo, entre todos la mataron y ella sola se murió.


¡A la hoguera!

Echemos a las llamas las mentiras, calumnias o injurias que arman quienes viven en la frustración, la envidia y el fracaso propio del que culpan a los demás.


Quememos el odio, sea cual sea su tamaño, porque una leve brizna de su esencia
se multiplica en el infecto alimento de sí mismo; tan putrefacto es el que pone sal
en las heridas y las ilusiones como el que genera catástrofes humanas de
dimensiones bíblicas. Solo es cuestión de oportunidad.

Prendamos fuego a la indiferencia que nos hace cerrar los ojos ante el sufrimiento
ajeno, y enviemos al olvido las ofensas, murmuraciones, traiciones e infamias
que nos pesan en el orgullo.


***
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Mantengamos siempre lejos del fuego la memoria de los afectos,

la fuerza de la generosidad y el peso de la lealtad.

¡FELIZ SOLSTICIO DE VERANO!



La mayor parte de las personas pueden sentirse atraídas de manera irresistible por algo, que también suele ser una idea engañosa. Puede pasar en ciertos momentos de la vida, y a veces ese momento se alarga hasta el punto de que, en algunos casos, puede ocupar muchos años o incluso la vida entera. Es una especie de adicción mental que abarca todo lo que nos rodea, incluyéndonos a cada uno. Francis Scott Fitzgerald estaba fascinado por la riqueza, lo que se trasluce en su novela El Gran Gastby; para él los ricos eran una especie de aristocracia elegida y respetable porque así se había establecido por una combinación morganática entre sociedad y naturaleza. Esta idea enlaza con una manera de pensar parecida que expresaba en sus cartas nada menos que el Cervantes en lengua alemana Johann Wolfgang von Goethe, que se debatía entre su amor por su patria y su admiración ilimitada hacia Napoleón. Esa fascinación por el poder no es exclusiva de Goethe, y no me refiero a quienes se arriman al sol que más calienta para medrar, sino admiración en sí misma de alguien que no necesita del poder para ser reconocido, como es el caso de García Márquez, IMG_5673.jpgabducido por el propio concepto de poder como él mismo admitió más de una vez. Luego está la fascinación hacia uno mismo, que se iguala con la perfección en la valoración propia; son adorados y desprecian esa rendición ajena porque en realidad lo que les colma es la perfección, que creen poseer, lo cual a veces se acerca a la verdad. Es el caso de Herbert Von Karajan, a quien el aplauso y el halago le importaban poco porque sabía lo que hacía cada noche en el escenario; o esa vida fugitiva hacia el anonimato de escritores muy celebrados, como Thomas Pynchon y Juan Rulfo, aunque el paradigma de esa fobia a ser visto es J.D. Salinger, que algunos psicólogos interpretan como una muestra de soberbia, al considerar inconscientemente que la gente no merece su presencia y menos su simpatía.

Por el contrario, las más frecuentes muestras de este fenómeno son las que requieren una loa permanente, y sus protagonistas siempre están insatisfechos porque basta con que les suene mal una palabra en medio de una lluvia de parabienes para que entren en cólera, se depriman o se oculten majestuosamente, que de todo hay. Esa fascinación consigo mismos se da en determinados personajes que triunfan en disciplinas que tienen proyección pública, sean artistas, científicos o humanistas, desde Truman Capote y María Callas a Edison y Miguel Ángel Buonarroti. Y los hay, incluso, que se consideran elegidos por los dioses, el destino o quien fuere, se saben grandes y se comportan de forma mesiánica, como Bob Dylan, que en 1978 declaró a la revista Rolling Stone: "Dylan siempre ha estado ahí, siempre lo estuvo; antes de que yo naciera ya estaba Bob Dylan. Yo estaba mejor preparado para interpretar ese papel". Y siguió tocando la armónica.

***

NOTA FINAL:

No se niega la grandeza y el talento de estas figuras, ya que su influencia en su

campo y a menudo en toda la sociedad está por encima de cualquier discusión;

es de su carácter de lo que hablamos.


sira11.jpgComo diría el poeta Miguel Hernández, en Gran Canaria, su isla y la mía, se me ha muerto como del rayo mi amiga la gran artista Sira Ascanio. Fue siempre una mujer singular, que vibraba escuchando Piensa en mí cantada por Luz Casal, metiéndose en las abstracciones de Kandinsky, que coleccionaba copas de cristal y amigos, que sufría por este país machadiano de charanga y pandereta, que en otra vida de ficción fue Ginebra en Camelot o decía que tal vez un pez o un delfín (yo creo que una sirena), esa mujer se ha ido dejando un rastro de luz que se le escapaba en todo lo que hacía. Por cronología, por postulados estéticos y por contenidos vitales, debiera figurar en la generación del setenta, pero entonces la vida personal la absorbía, asunto crónico por desgracia en las mujeres. Despegó como una cometa al filo de los primeros ochenta, y esa cometa voló muy alto apenas se le dio hilo, sira12.jpgporque Sira vivía pendiente de las imágenes de su entorno, era pintora veinticuatro horas, y últimamente se aliaba también con la fotografía. Podría decirse que parecía tímida y callada, pero era muy fuerte, sus cuadros así lo delatan, esos torsos hercúleos, eso colores definitivos. Siempre se intuía el océano en el rumor de sus trazos, aunque no lo pintaba directamente; igual que Oramas, dejaba el mar como respaldo, estaba aunque no estuviera. Al compararla con una cometa, me dijo en una entrevista que le hicimos Tato Gonçalves y yo en el Castillo de La Luz despidiendo el siglo XX: "No creo ser de aire, eso me crearía más inseguridad, ni siquiera soy de tierra; mi elemento natural es el agua, metida en ella me siento segura; me gustaría diluirme en agua como una acuarela". Como pintora, Sira trataba el mar a distancia, y tal vez cuando se diluía en él queriendo ser acuarela lo miraba como un dios, en una especie de panteísmo romántico que solo es posible en la contradicción fructífera del arte. Ya Sira es color, acuarela, memoria, arte. Buen viaje, amiga.

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