los blogs de Canarias7

Novedades en la categoría Letras


En los últimos días, se ha hablado insistentemente del poeta canario Félix Francisco Casanova, fallecido prematuramente en 1976 a los 19 años. Autor de varios poemarios y de una novela, El don de Vorace, que ya es un título de culto, se insiste en la genialidad de su propuesta literaria, algo que siempre se valoró pero que quedó como proyecto inconcluso porque la muerte llegó de golpe. Se dice ahora fuera de Canarias que el joven poeta isleño es un nuevo Rimbaud, y es una alegría que se rescate su obra, pero hace que pensemos en la inconsistencia y en la mezquindad de algunas sociedades, que buscan a destiempo lo que no pudo ser, seguramente como nostalgia de lo no vivido, que es una idea recurrente en la obra de poeta muerto.

IMG_3029-1.jpgY me pregunto si en la consideración -cuando no mitificación- de una obra artística y de quienes la crearon influye el hecho de morir joven. ¿Tiene eso que ver con las leyendas de Emily Brönte, Jim Morrison, Janis Joplin o Jimmy Hendrix, que cerraron antes de los 30? ¿Pesa en ello el suicido, como en los casos de Virginia Wolf, Alejandra Pirzanik, Silvia Plath o David Foster Wallace? ¿Tiene algún significado en la valoración posterior la muerte violenta de mitos como Roque Dalton, García Lorca, John Lenon o Víctor Jara? ¿Se castiga a quienes no tuvieron el buen gusto de morirse a tiempo? Todas estas preguntas surgen un poco al azar, porque para mí no hay dudas, cada uno de los nombres mencionados forma parte de mi galería de imprescindibles. Félix Francisco Casanova es posiblemente el ejemplo más palpitante, no llegó a cumplir 20 años, y ahora su voz, cuarenta años aletargada en el silencio pertinaz del alisio, surge furiosa de entre los muertos y arma vuelo alto y lejano como denuncia de que algo seguimos haciendo mal en estas islas. Lo peor sería que no fuese por torpeza.


rLLLFO 1.JPGJuan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, conocido como Juan Rulfo nació en Sayula, estado mexicano de Jalisco, el 16 de mayo de 1917; murió en Ciudad de México el 7 de enero de 1986. Es autor del volumen de cuentos El llano en llamas (1953) y la novela corta Pedro Páramo (1955). Luego, 30 años de silencio hasta su muerte, apenas roto por otros textos esporádicos o fragmentarios. Su influencia en el cambio de paradigma de la novela hispanoamericana fue tremendo, especialmente con su novela Pedro Páramo. El texto siguiente es una recreación (tal vez osada pero respetuosa) en el espacio y los personajes de algunas partes del comienzo de dicha novela, como un homenaje en el que vuelve a demostrarse que, cuando se entra al desnudo en las grandes preguntas, siempre se habla de cualquier ser humano en cualquier tiempo. Por eso no pasa el tiempo.


DESHESPERIO

Vine a Gran Canaria porque me dijeron que acá vivía mi padre. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. «No dejes de ir a visitarlo. No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio... El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro ». Por eso vine a Gran Canaria.

-¿Cómo dice usted que se llama esa isla que se ve en el horizonte?

-Gran Canaria, señor. rLLLFO 2.JPG

-¿Y por qué se ve esto tan triste?

-Son los tiempos, señor.

-Siempre son los tiempos -le dije.

-¿Y a qué va usted a Gran Canaria, si se puede saber?

-Voy a ver a mi padre.

-¡Ah! Bonita fiesta le va a armar. Sea usted quien sea, se alegrará de verlo.

En la reverberación del sol, el mar parecía una laguna transparente, deshecha en vapores por donde se traslucía un horizonte gris. Y más allá, una línea de montañas. Y todavía más allá, la más remota lejanía.

-¿Y qué trazas tiene su padre, si se puede saber?

-No lo conozco. Solo sé que se llama Deshesperio.

-¡Ah! Vaya -murmuró.

-¿Adónde va usted, señor? ¿Conoce un lugar llamado Bardinia? -le pregunté.

-Para allá mismo voy.

Y lo seguí. Fui tras él tratando de emparejarme a su paso, hasta que pareció darse cuenta de que lo seguía y disminuyó la prisa de su carrera. Después los dos íbamos tan pegados que casi nos tocábamos los hombros.

-Yo también soy hijo de Deshesperio -me dijo, como si no fuese importante.

Todo parecía estar como en espera de algo.

-Hace calor aquí -dije.

-Sí, y esto no es nada. Cálmese. Ya lo sentirá más fuerte cuando lleguemos del todo. Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno. Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al infierno regresan por su manta.

-¿Conoce usted a Deshesperio? -me atreví a preguntarle de nuevo porque vi en sus ojos una gota de confianza.

-Puede ser.

-¿Quién es? -insistí.

- Un rencor vivo.

-¿Se acordará de mí?

-No existe ningún recuerdo, por intenso que sea, que no se apague.

***
GRACIAS, JUAN RULFO.



ega22.JPGCuenta Juan Rulfo en una de sus escasas entrevistas que Pedro Páramo al principio era una novela muy larga, que él fue podando "hasta dejarla en los puros huesos". No quedó en ella una sola palabra sobrante y así alcanza a duras penas el centenar de páginas. Tengo la impresión de que Eduardo González Ascanio debe funcionar de esa manera cuando escribe, porque a sus historias ya no se les puede quitar una palabra, es la máxima expresión de que menos es más. Relojes suizos.

Lo hizo en Para después de colgar, en Calenturas y, cómo no, en su ya clásico Cuentos de Bárbara Bar. Tengo que decir que ahora, en la publicación digital que hace en ATTK Editores del volumen de relatos Desajuste de cuentas, se relaja un poco y deja que la prosa se salga del estricto carril que él suele trazarle. No sé si gana o pierde, porque a mí su literatura me resulta muy atractiva en cualquier caso, por esa capacidad para reducir a un trazo lo que podría ser una historia rimbombante, o para armar un lío de mil demonios con la simple idea de que a un soldado le gusta la herboristería y el teniente imagina conspiraciones terribles. Esa soltura con la que equipara las andanzas de los soldados con las de los escolares, la equivalencia de los oficiales de un ejército con los cargos directivos de un colegio, consigue que veamos las cosas como realmente son, combates guerreros en el aula y juegos de patio de recreo en una expedición militar. Es la mezcla de la ironía y la certeza de que los seres humanos nunca dejan de comportarse como niños caprichosos.

González Ascanio es simplemente un tipo que escribe, muy bien por cierto, que arrastra la sabiduría del trabajo y el talento para transmitir. Siempre he dicho que probablemente en el futuro su obra será de las que perduren, hecha desde casi el silencio pero con una contundencia estilística y una voluntad de rigor indiscutibles. Por ello no me juego nada al recomendar la lectura de Desajuste de cuentas. En ese futuro imaginado, se verá que yo lo dije.


Desde el nacimiento de la imprenta en el siglo XV, el papel impreso ha sido el principal soporte de difusión y conservación de la cultura escrita, sea ciencia, pensamiento, historia o legislación, y por supuesto, la literatura como elemento de ficción que sin embargo está siempre apegado a la realidad del ser humano, sus ilusiones, sus sentimientos y su memoria. Cuando Gutenberg imprimió El Misal de Constanza (1449) y la versión eclesiástica de La Biblia al año siguiente, el libro (papeles encuadernados con un orden) como soporte llevaba siglos funcionando, pues los copistas medievales europeos lo hicieron depositario de la memoria de todo lo que pudiera conservarse por medio de signos casi desde que los árabes trajeron en el siglo VIII el invento del papel, que ya existía en China desde los primeros siglos de nuestra era.

IMG_5293.jpgAsí que, ni en nuestro ámbito cultural occidental, ni, mucho menos, en la historia de la cultura, el libro es un dios supremo, puesto que, no solo es un soporte más, sino que, aun siendo el de mayor uso, no es sinónimo de lo exquisito o de la quintaesencia de la cultura. Siempre hubo volúmenes de todo tipo incluso en tiempos de manuscritos, por lo tanto también libros basura, si bien actualmente estos se hacen presentes con mayor prodigalidad. Por lo tanto, siempre me pareció que usar los aniversarios necrológicos de Cervantes y Shakespeare como símbolo para celebrar el Día del Libro es cuando menos una inexactitud, habida cuenta de que el libro no es solo creación literaria, filosofía o ensayo, es un totum revolutum que responde más al comercio y la industria que a la cultura. Para mayor contradicción, resulta que Shakespeare no publicó ningún libro porque pensaba que eso restaría público a la representación de sus obras, que fueron rescatadas y publicadas por su compañía de teatro después de su muerte. Algunas se perdieron.

Diadellibro.JPGYo celebraría el Día de la creación literaria, de la ficción o del pensamiento, pero celebrar el libro, por ese comercio que nos arrasa, acaba convirtiéndose en escaparate de memorias de un futbolista de 25 años, libros de cocina firmados por un famoso que no sabe cocinar y el último gran premio de novela que, curiosamente, ha ganado alguien que sale mucho en la televisión. La creación y el pensamiento que se convierte en espejo de nosotros mismos utiliza también el libro como soporte, pero no olvidemos que, antes del libro, grandes manifestaciones literarias y filosóficas fueron escritas en piedra, metal, arcilla, cerámica, terracota, vidrio, madera, corteza de árboles, hueso, papiro... El papel encuadernado se usa en los últimos mil años de los cinco mil de historia de la escritura y algunos milenios más de la existencia de la transmisión por la palabra. Por eso el debate sobre el libro digital es secundario, paralelo e inútil, porque finalmente es otro soporte como el pergamino o las tablillas de cera. Hoy, como cada día, celebro la creación y el pensamiento, pues Gilgamesh, Sansón, Helena de Troya, el mito de La Atlántida y Edipo ya eran memoria y espejo de lo humano mucho antes de que existieran el papel y el libro.

(Este trabajo se publicó en el suplemento Pleamar de la edición impresa de Canarias7 del día 23 de abril de 2017)


He dejado pasar la primera oleada alrededor de la nueva novela de Alexis Ravelo, Los milagros prohibidos, para tratar de mirar con algo más de sosiego la narrativa de este autor. A propósito de su anterior novela dije que Alexis quiere saber de dónde son los cantantes, aludiendo a la popular canción del Trío Matamoros, porque aquel relato, La otra vida de Ned Blackbird, es en realidad una indagación del camino que siguen las historias hasta convertirse en literatura. Si ya sabemos que le importa el qué, en esta nueva novela queda absolutamente certificado que también le interesa el para qué, si es que no estaba claro antes, en títulos como Los días de mercurio.

Queda el cómo, y no hablamos de que le interese a Alexis Ravelo, es que se trata justamente del sonido de una voz, que no se ha ido construyendo poco a poco, porque en su primera novela ya estaba. Ahora se maneja con más sabiduría, pero eso que llaman oficio solo modula los sonidos, las pausas y los ritmos, y a quienes van muy justitos les ayuda a entonar. A las voces propias, las que provienen del don de tocar la balalaika como la madre del Doctor Zhivago, se les puede aplicar sordinas, cejillas, vibratos y hasta contrapuntos, pero apenas quites el tapón, sale cortando el aire esa potencia que estaba en el frasco; a propósito de la anterior novela, ya empleé un latinajo (capra tendit in silva), y de lo que se trata es de que ese monte hacia el que siempre tira la cabra es el auténtico Ravelo, la fuente de una narrativa que ahora concita merecidos aplausos, que no me sorprenden porque ya desde sus primeros libros de relatos breves un lector atento podía percibir esa potencia.

milagros Alexis.jpgTambién es cierto que a veces no hay mayor ciego que el que no quiere ver, y reconocer talentos indiscutibles equivale para algunos a dejar a los de la impostura desarmados (otra vez en latín: nudum asinum). Nunca he creído en las carreras literarias que van in crescendo, que engordan y se conforman paulatinamente. Eso nada tiene que ver con el talento, y si repasamos la obra de las plumas importantes veremos que esa voz que las distingue estaba del todo desde el primer libro. Lo otro puede llamarse costumbre, aprendizaje y, como dije antes, oficio, pero el talento no se aprende. Con esto quiero decir que está aquí otra vez Alexis Ravelo, lo cual significa que no solo es altamente recomendable esta última novela, sino que hay que volver a todo ese corpus que ya marca un territorio inscrito en el registro de la propiedad.

Como se supone que hablamos de Los milagros prohibidos, toca ir acotando. Por lo tanto, adjetivemos: novedoso el descubrimiento para la gente de fuera de Canarias (y para muchos canarios) del episodio tremendo de la llamada Semana Roja de La Palma, justo la primera de la guerra que empezó en 1936 y que se me antoja interminable; interesante la capacidad para tratar de entender esa tendencia de mezclar asuntos personales con hechos políticos y posiciones ideológicas; abrumadora la pericia para cautivar con el manejo de un lenguaje supuestamente coloquial y localizado que finalmente es un ejercicio de estilo que en momentos roza el virtuosismo por la eficacia; impactante la dureza con que es tratada la conveniencia, y la naturalidad con que nos cuenta lo lúgubre; sorprendente la facilidad con que el autor es capaz de usar el humor aun en las situaciones más terribles: extraño que el autor, estando ideológicamente cercano a uno de los bandos, permita que los adversarios (en una guerra son enemigos) expongan sus razones, porque eso ayuda a entender -que no justificar- tanta barbarie...

Emilio-Alexis.JPG

(Alexis Ravelo frecuenta compañías sospechosas. Aquí, con el autor de esta nota en una manifestación).

Y así podríamos seguir usando todos los adjetivos que encontremos en el diccionario, pero lo importante de esta novela es que información, ideologías, posicionamientos, flaquezas y heroísmos confluyen en fundar un espacio literario que escapa a los hechos reales en los que se basa. Exactamente eso es novelar, crear mundos, Cortázar nos asista. Fluye el Ravelo más genuino, el que, como en otra de sus novelas, La última tumba, hace que nos preguntemos si la venganza es una forma de justicia, o si, por el contrario, la justicia entendida como generalidad es un ajuste de cuentas de la sociedad. Y eso es lo que extraemos de Los milagros prohibidos, noticias sobre hechos, datos y ambientes, pero ninguna respuesta que nos dé la solución definitiva; es más, las buenas novelas no son las que dan respuestas ni las que se hacen preguntas, sino las que generan preguntas y respuestas a quien las lee, que serán planteadas o resueltas de una forma u otra según cada historia personal.

De modo que he leído con gusto Los milagros prohibidos; esperaba a Ravelo y ha comparecido. No voy a sorprenderme a estas alturas de quien sé hace mucho que es un gran novelista, y sigo teniendo de su obra la misma percepción que cuando no era aplaudido (ahora lo aplauden hasta en francés, acaban de traducirle a esa lengua Las flores no sangran). Y me alegra de que mucha gente y a mucha distancia pueda escucharlo tocar la balalaika. Advierto: prepárese a hacerse preguntas.


Con la llegada de la primavera se suele celebrar el Día de la Poesía. Nada tengo contra que la poesía sea celebrada al menos una vez al año, pero no creo que sea lo ideal hacerlo relacionándola con la primavera y todas las imágenes que revolotean alrededor, a cual más cursi: flores, amaneceres, pajaritos y todos los lugares comunes que llevan a definir a la poesía como algo suave, bello, lánguido y, por lo tanto decadente. Pinojedabetan.JPGPero eso no es poesía, nunca lo fue, porque la verdadera poesía es justamente todo lo contrario; y, además, no está solo en lo versos, está en la vida, y la vida no se compone de lluvias de pétalos, tiene que ver con el dolor, el amor, las ilusiones, las decepciones, la alegría y hasta con el olvido. La poesía no está más relaciónda con la primavera que con el resto de las estaciones, está siempre ahí, porque ya cansa que le den a los nombres florales de mujer características débiles que ni siquiera son de las flores. No son damiselas vaporosas, desvalidas y evanescentes -todo lo contrario- mujeres como la biofísica Rosalind Franklin, la compositora de tangos Azucena Maizani, la activista Rosa Luxemburgo, las novelistas de nombre Marguerite y de apellidoYourcenar y Duras, las también novelistas y Rosas Chacel y Montero, y la inmarcesible Violeta Parra (nombre doblemente vegetal). La poesía es el pulso de la existencia más allá de lo humano, y nada tiene que ver con damas con sombrilla y caballeros amanerados. Justamente, lo poético representa la fuerza, no la debilidad, y ya que hablamos de poesía y mujeres con nombre vegetal, leamos a dos de nuestras grandes poetas: Pino Ojeda y Pino Betancor.


En Canarias, la crítica literaria funciona a salto de mata, por lo que no es raro que haya nombres sobredimensionados en y otros aplastados por el olvido y a veces la mala fe. La tarea es inmensa, pero por alguna parte hay que empezar. Hora es de dejar a un lado simpatías y antipatías, deudas y camarillas. La crítica seria puede acometerse desde distintos frentes, y uno de ellos debiera ser la universidad, desde la independencia, la libertad y la obligación moral y social. Urge sistematizar con rigor el siglo XX y ya empieza a haber bastante tajo en el XXI. Poner a cada cual en su sitio es siempre el mayor respeto que puede rendírsele a quien escribe, a su obra y a la cultura de la que proviene.

Foto0712ui.JPGTan grave como olvidar o silenciar es sobredimensionar lo que no procede. Porque sí, la literatura, como cualquier arte, también es cuestión de gustos, pero antes está el rigor, y ese no debe entender de preferencias. Lo que importa a la cultura es la obra; el escritor es simplemente un ciudadano. Las novelas y los poemas existen, pero no su valoración crítica. Hay autores y obras endebles que suenan mucho y otras escrituras valiosas siguen en el olvido. Soy juez y parte en esto, por lo tanto no me compete entrar en detalles, pero sí demandar de quienes tienen ese deber que desde la investigación certifiquen de una vez por todas el corpus literario de estas islas, que ya está escrito y en su mayor parte es como si no existiera porque se repite una y otra vez la misma cantinela.

La ausencia de estos trabajos lo mismo condenan al olvido páginas valiosas que permiten la perpetuación de fantasmas difíciles de espantar. Si en Canarias seguimos funcionando por mimetismo, capillas e influencias, la historia del futuro contará lo que hoy se haya dicho, a veces sin fundamentos serios. Por eso es importante que el que deba y tenga algo que decir lo diga, antes de que la lápida del tiempo -como el bolero- caiga sobre lo que pudo haber sido y no fue.


Ya ha salido de imprenta el libro Delirium de Teresa Iturriaga Osa, quien me hizo

el honor de permitirme prologárselo. Como dicho prólogo afortunadamente

circula en todas direcciones, entiendo que es precisamente en mi blog donde

no debe faltar. Es este:

Una escritura sin fronteras


wdcte.JPGDeLirium viene a confirmar lo que ya sabíamos: Teresa Iturriaga Osa es una escritora que, sin abandonar nunca su inquietante mirada poética, posee también el don de la narración. Los que conocemos su poesía, que casi tiene cuerpo físico, y sus relatos, siempre sorprendentes, leemos este libro con la seguridad de que no vamos a encontrar una sola rendija por la que pueda entrar la decepción. Lo que sí confieso que me sorprende es que entregue poemas y prosa narrativa en una misma publicación, aunque a poco que avancemos en el texto nos iremos dando cuenta de que todos los textos son piezas de un mismo engranaje.

No es tan raro que un libro contenga poesía y prosa, aunque esto suele ocurrir con la prosa poética, y esa mixtura la encontramos en la modernidad de nuestra lengua desde la publicación de Diario de un poeta recién casado, texto en el que Juan Ramón alterna prosa y verso sin perder el pulso de la poesía. Se me dirá que, años antes, el propio poeta de Moguer usó la prosa en un libro tan poético como Platero y yo. Hay dos diferencias fundamentales que aclaran este punto: en el primero de los libros se amalgaman poemas y textos en prosa que son fogonazos, instantes, ideas, que nunca adquieren olor de relato; en Platero y yo sí que hay una estructura narrativa que sirve de soporte a los instantes poéticos que inundan todo el libro.

El volumen DeLirium participa de ambas concepciones. Hay una parte final que se presenta gráficamente como un poemario, precedida de un conjunto de dieciocho composiciones en prosa. Es en esta parte en la que reside, a mi juicio, la mayor curiosidad del libro, porque no se trata solo de prosas poéticas, que aparece como tal en aproximadamente la mitad de los textos, hechos de imágenes construidas con materiales cuidadosamente seleccionados; muestra de ello son momentos tan luminosos como Alquimia o Madrid Pas de Deux, entre otros. Los demás siguen siendo afilada poesía, pero a la vez contienen una estructura narrativa que los convierte claramente en cuentos sugeridores de historias más largas, que la escritora pone a funcionar y deja al albur del lector. Así se fraguan relatos como Sueños de guerra y paz o Estación Neptuno. El azar, el destino y la casualidad -que a menudo es causalidad- son los motores habituales, y es especialmente paradigmático el relato En las arquerías del amor, en el que el devenir narrativo y la mirada poética conforman un tándem que roza la perfección.

t Itu.JPGEn cuanto a los poemas, es palmario que la autora está en todos, a veces en apenas un verso: "Recitando sonrojos de azotea". Es una mujer que mira desde muy lejos, conoce el territorio de una colectividad contaminada por miles de años de historia, y siempre acaba haciendo emerger lo femenino como el sonido de una campanilla que llama al orden, o a romperlo: "No concibo la vida sin mariposas en la frente..."

Es muy característico en la escritura de Teresa Iturriaga Osa que se rompa la barrera del idioma, no solo por el uso de palabras y expresiones en otras lenguas -especialmente el francés-, sino porque ella transita por ellas en su vida cotidiana, y se ha insertado en culturas distintas que convergen en una mirada muy particular. Sus poemas tienen en el origen el lejano reflejo del simbolismo francés y sus relatos, aunque no estén ambientados en París, huelen a fragancia parisina ese aroma que viene de Maupassant y que respiran los que desde fuera asumen París como suyo, sean Henry Miller, Beckett, Cortázar o Kundera. En la escritura de nuestra autora se funden el desparpajo de la Toscana, la dureza vasca, la música mediterránea de su infancia, la ironía británica de las Islas Canarias y también, por esas islas, un regusto de saudade portuguesa. Todo eso, bien disuelto lo uno en lo otro por una gran sensibilidad poética y humana, dan como resultado una forma única de literatura que se llama Teresa Iturriaga Osa.


mararía 00.JPGDe una vez por todas, aprovechando que en el Día de las Letras Canarias celebramos la literatura de Rafael Arozarena, quiero reivindicar con todas mis fuerza el personaje y el mito de Mararía. No es gratuito que, cuando suena el nombre de Rafael Arozarena, salta inmediatamente la figura, la sombra y el mito de Mararía, porque sin duda ningún relato ha calado tan hondo colectivamente en Canarias. Rafael Arozarena le quitaba importancia, pero cada vez que hablaba con él lo encontraba más resignado que la vez anterior a reconocer que Mararía es una buena narración, aunque sintiera envidia de aquel veinteañero que fue él mismo, que escribió una novela sin pensar que lo hacía (casi siempre, los libros que se escriben solos son las mejores), que hoy conocen miles de lectores, mientras que sus versos son ración de minorías.

En cierto modo es injusto que un libro eclipse al resto de la valiosa obra del propio autor, pero así es la Literatura y ocurre con cierta frecuencia, pues nombras a Cervantes y surge El Quijote, dices Charlote Brönte y se dibuja Cumbres Borrascosas, mencionas a Pasternak y asoma El Doctor Zhivago; y el resto de la obra narrativa o poética queda sepultada bajo la losa que supone la mitificación de una obra literaria. Tal vez por eso, sintiendo la potencia mítica de su libro, Juan Rulfo debió percibir que iba a dar lo mismo lo que escribiera después, Pedro Páramo, como los eucaliptus, no dejaría crecer nada a su alrededor.

Y, claro, Rafael Arozarena es autor de Mararía, pero también lo es de otras narraciones y de una obra poética que merece la más alta valoración. Porque él siempre se sintió más cerca de la poesía, desde que su abuela le dijo que poner palabras en columna era ser poeta, que era el puesto más alto que podía alcanzar un ser humano. Entonces trazó garabatos y compuso una columna. La abuela, que era poeta sin versos, le dijo que aquello era un poema, el niño hizo otra columna y se sintió poeta.

mararía 21.JPGPero siempre está ahí el foco deslumbrante y a la vez la sombra muy alargada de Mararía. Las historias míticas no se proyectan, no se estructuran, no se preparan. Surgen. Y el mito es el personaje que lo inunda todo, pero también lo es el novelista-poeta, en este caso un joven Arozarena de veinte años, que llega a la isla de Lanzarote sobre la que en la primera postguerra levitan las palabras mágicas de Agustín Espinosa. El joven Arozarena es técnico de Telefónica y tiene lecturas, pero al fin y al cabo es un muchacho que aún está muy lejos de lo que luego llegaría a ser. Con estos leves mimbres, solo tenía un arma que ni siquiera pensó utilizar: la sensibilidad poética que tal vez le descubrió su abuela. Despierto y curioso, se llevó una impresión casi inexplicable cuando vio pasar en silencio a una mujer mayor vestida de negro contrastando con el sol y el blancor calizo de Femés. Le dijeron que era una tal Mararía, y él quedó hipnotizado por los ojos bellísimos de la anciana, unos ojos que tal vez le transmitieron lo que no puede decirse con palabras.

Como si hubiera recibido una orden de otra dimensión (vienen algunas veces las musas), el joven preguntó y tomó notas, que luego puso en orden con el mismo aire inconsciente que las voces que se las dictaron. Había escrito una novela y no lo supo hasta que, muchos años después, alguien se dio cuenta de que aquellas notas eran mucho más que el resultado de una curiosidad juvenil. Si tomamos el texto párrafo a párrafo, veremos que no tiene palabras ni construcciones especiales, cuenta una historia como tantas y describe un paisaje que estaba ya en las páginas del Lancelot de Espinosa. ¿Qué tiene entonces Mararía para que nos atrape y ya se quede en nuestro imaginario para siempre? La respuesta es obvia: mito y poesía. El joven Rafael Arozarena era ya un poeta, no necesitaba saber sino sentir, y por eso el personaje de Mararía es una metáfora quemada de Lanzarote, es mágica y está por encima de lo comprensible hasta para su autor. Y hay una conclusión más que evidente: toda buena novela ha sido escrita por un poeta, aunque jamás haya escrito un verso.

mararía 2.JPGLa idea de belleza que nos sugiere Rafael Arozarena es tan sublime y al mismo tiempo tan diabólica, que resulta inalcanzable en la realidad aún por una mujer, aunque sea muy bella. La Mararía de Arozarena tiene una belleza tan imposible que ni siquiera puede expresarse con palabras, pero de alguna forma aparece en la imaginación de quienes la leen. Arozarena sabía que el mito lo había superado porque va más allá de lo escrito. Y seamos prácticos, porque pocas veces puede presumir un ámbito literario de tener un gran mito nuevo, y Canarias lo tiene en Mararía, una novela que puede ser comentada, analizada y criticada, como cualquier obra literaria, pero cuando lo que verdaderamente funciona es lo que se siente es que nos encontramos ante un mito, algo inexplicable e insoslayable, una suerte de mensaje cósmico del que Arozarena ha sido el canal de transmisión. No olvidemos que trabajaba en Telefónica cuando la escribió. Por eso reivindico Mararía.

***

(Este trabajo fue publicado en las ediciones impresa y digital del periódico Canarias7, con motivo del Día de las Letras Canarias 2017).


445img039.jpgParece (esperemos que se consolide) que empieza a saberse que en Canarias se escribe narrativa y poesía tal vez como en ninguna época de sus quinientos años de historia, con unos niveles que nada tienen que envidiar a los de los momentos más recordados de nuestra literatura. Hasta hace poco tiempo, dada la escasa atención mediática, crítica y universitaria, era posible pensar -algunos lo siguen pensando o haciendo que se piense- que la última poesía escrita en Canarias data de los años 60 (Poesía Canaria Última) y que desde el Boom narrativo de los 70 nadie había vuelto a escribir una novela. Ha pasado casi medio siglo de poesía y cuatro décadas de narrativa y, aunque la actividad creativa es muy importante, solo en los últimos años hay referencias de todo ese quehacer que se ha hurtado a nuestra cultura. ¿De quién es la culpa? Pues como se suele decir, entre todos la mataron y ella sola se murió, se han mezclado la desidia general, el feudalismo de unos pocos y el complejo de inferioridad que hace que se piense que lo de aquí no tiene nivel, salvo que hablemos de fútbol, donde a menudo pecamos de cierto chovinismo. Ni una cosa ni la otra, pero lo que no puede negarse es que las cosas existen. Incluso se suele llamar a los poetas y narradores de la década de los 80 La Generación del Silencio, no porque callara, sino porque no había canales de expresión.

Formo parte de esa generación, y por ello hace unos meses un grupo personas de esta hornada nos reunimos para dar a conocer los más recientes poemas, algunos incluso en fase de construcción. A esa iniciativa se la llamó Bitácoras, y para que quedara constancia sufragamos la edición de los poemas recitados, cuyos posibles beneficios editoriales irán a parar a una ONG; es una manera de unir la poesía con la solidaridad, de materializar aunque sea testimonialmente el sentir general de que somos humanos, porque, como dijo Terencio, "nada humano me es ajeno". El próximo viernes al atardecer habrá un recital en el Real Club Victoria, donde participarán algunas de estas voces, pero estarán todas en ese librito que es como el hilo que fija a la tierra la cometa de la poesía. De esa forma se funden las sensibilidades humana y poética en una velada sin más pretensión -grande en su modestia- que la poesía en su amplio significado.

Archivos mensuales

Blogs de Canarias7