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Aunque la novela corta ya tuvo su gran recorrido en centurias anteriores, con ejemplos españoles tan brillantes como El lazarillo de Tormes o las doce Novelas Ejemplares de Cervantes, por lo general cuando se habla de novelas cortas siempre se tiende a minusvalorar la obra, aunque es bien cierto que muchas de las cimas narrativas de los siglos XIX y XX suelen ser muy largas, pero junto a ellas siempre hubo novelas menos extensas y de gran calado literario, como las narraciones de Stevenson o maravillas como La muerte en Venecia (1912), de Thomas Mann, o La metamorfosis (1915) de Kafka.

20170526_114526.jpgEn el segundo tercio del siglo XX hay una eclosión de la novela corta, cuyo comienzo podríamos situar en 1942, cuando Camus publicó El extranjero y Cela La familia de Pascual Duarte, y el final en 1961, en el cierre de la trilogía de las primeras novelas cortas de García Márquez con El Coronel no tiene quien le escriba. Y en medio, una colección de joyas literarias, todas espléndidas, en diversos géneros, que van desde El principito, La invención de Morel y La perla, hasta El viejo y el mar, Réquiem por un campesino español, Pedro Páramo, Casas muertas o Desayuno en Tiffany's, firmadas por gigantes en varias lenguas. Y en el centro cronológico de este listado, en 1948, aparece El túnel, la primera novela del argentino Ernesto Sábato.

Aunque los temas y los enfoques de estas novelas son diferentes, todas tienen algo en común: de una forma o de otra merodean el existencialismo, cuando no se sumergen directamente en él. Esta corriente filosófica se afianza en el siglo XIX, de la mano de Kierkegaard y Nietzsche, y de autores literarios tan rotundos como Dostoievski. De algún modo, en el siglo XX siguen su estela pensadores tan dispares como Heidegger, Unamuno y Ortega, pero quien le puso nombre fue Jean-Paul Sartre en los años cuarenta, década en la que también surgen novelas existencialista de Camus, Simone de Beauvoir y del propio Sartre (estos últimos no entraron en el reino de las novelas cortas, necesitaban más espacio).

Por ello, la primera definición que entonces y ahora se hace de El túnel es que se trata de una narración existencialista, aunque también hay quien dice que existencialista es toda la literatura, porque habla de angustias, dolor, alegría y todas las pasiones humanas habidas y por haber. Otros encendidos apologistas suelen hablar de novela psicológica, de cómo se entra en la mente de un asesino y por lo tanto trazan un perfil de Juan Pablo Castel, el protagonista. Al final, todos caen en brazos de Dostoievski, precursor del existencialismo (también dicen que del psicoanálisis) en sus atormentadas narraciones. ¿No sigue este personaje sabatiano el mismo trayecto que el Pascual Duarte de Cela, el Meursault de El extranjero o el mismísimo Rodión Raskólnikov de Crimen y castigo?

Cuando se afronta cualquiera de las novelas cortas mencionadas, la reacción suele ser similar a la que se produce ante otra novela al uso, pero no sucede así ante El túnel. Las críticas, reseñas o comentarios suelen escapar a lo estrictamente literario y toman preferentemente uno de estos dos caminos: el filosófico o el psicológico. Cuando se toma la segunda vía, hay de todo, desde quien se mete en jardines freudianos y reproduce una relación edípica entre Castel y María, su víctima, hasta quien lo zanja con la conclusión, a mi modo de ver apresurada, de que el protagonista es simplemente un esquizofrénico que no ha tomado la medicación. Porque algunas de estas novelas, como la que comentamos, y las mencionadas de Camus y Cela, escarban en la mente de un asesino, y en algunos momentos podemos entender -no compartir- los motivos de su crimen, y de ahí nace la crítica de que, en cierto modo, lo justifica.

IMG_5580.jpgPero eso no es verdad, Sábato, como los otros autores, se interna en el pálpito de la vida y el laberinto de la mente humana. En ese sentido, la novela de Sábato admite un estudio psicológico tanto como un discurso filosófico con los soportes existencialistas. Siendo como es un libro rabiosamente literario, siembra siempre la duda de si es una novela que permite lecturas desde otras disciplinas del pensamiento fuera de la literatura, o bien es una especie de ensayo que utiliza el formato novela para generar debate. No estoy seguro de si Santiago Gil podría determinar si esta es una novela escrita con un mapa o con una brújula. Por consiguiente, surge más que nunca en literatura la duda de si fue primero la tesis que dio lugar al edificio narrativo o si en el camino creativo se reflejó la vida y al final se conformó una tesis. Pero, claro, ¿cuál?

Reza el refranero que algo tendrá el agua cuando la bendicen. Este refrán puede usarse en sentido negativo para dar credibilidad a un bulo o en forma positiva para certificar que una persona o una obra tienen un elemento especial -desconocido o inexplicable- que los pone en la cima. Este puede ser el caso de esta novela, porque pocas veces un texto tan breve ha dado lugar a tantas teorías, debates, opiniones y adjudicaciones de determinados argumentos en todas direcciones y en distintas materias. Se puede contraponer cualquier otro ejemplo, que siendo breve, también haya hecho correr ríos de tinta, pero suele ocurrir que, tomando como ejemplo otras novelas cortas como El extranjero o Pedro Páramo, siempre las teorías y las opiniones sobre ellas van todas en la misma dirección y casi nunca se salen de la literatura. Y otro detalle, cuando se habla de lo estrictamente literario, jamás se pone en tela de juicio el argumento, la estructura, los planos narrativos o cualquier otro elemento formal; se da por hecho que es una obra maestra sin que casi nunca se entre en explicar por qué, ya que al menor despiste se suele entrar en otras dimensiones que salen de los carriles lingüísticos o literarios.

Estamos, por lo tanto, en el aniversario de una de las obras más estudiadas, debatidas y utilizadas de nuestra lengua, aunque posiblemente no supere en lectores a otras menos generadoras de debate. Alguien ha dicho que este es a la vez un libro mágico y maldito, porque si convenimos con los clásicos que la certeza es un estado de ignorancia, nunca tenemos la seguridad de si entramos en la oscuridad del túnel que le da título al libro o logramos ver una brizna de luz al otro lado. Al publicar El túnel, su autor consiguió dispersar cualquier certeza y despertar inquietud, desasosiego y malestar, que fue exactamente lo que pretendió. Sábato en estado puro. Setenta años después, el debate sigue tan vivo como en 1948. ¿Cabe mayor éxito?
***
(Este trabajo fue publicado en el suplemento Pleamar de la edición impresa de Canarias7 el sábado 10 de noviembre de 2018.


Cuando llegan estas fechas, se despierta Halloween, que luego se adormece hasta el año siguiente. Suena la palabra y empieza el mismo debate de siempre, que si estamos invadidos por la maquinaria mediática norteamericana, que si hay que recuperar las costumbres locales -en nuestro caso Los Finaos-, que se pueden hacer las dos cosas. Hay opiniones para todos los gustos, y, claro está, hay mucha gente a la que le pilla muy lejos armar festejo, celebración, tradición o lo que sea alrededor de un hecho tan fundamental en todas las culturas como es la muerte. Y aunque lo que surge a simple vista es una puesta en escena, una costumbre secular o la inercia del calendario, en el fondo estamos hablando de un hecho tremendo e inevitable.

IMG_20181020_131400777.jpgHay lugares, como México, en los que el Día de Difuntos es parte vertebral de su manera de ser como sociedad, mientras que en las grandes urbes occidentalizadas se mira a la muerte por encima del hombro, como si nada tuviera que ver con nosotros. Y luego está el moderno Halloween en nuestro ámbito, muy viejo en Estados Unidos o en Irlanda, que es donde parece que tiene su origen. La idea de disfrazarse con motivos fúnebres y dar la imagen de una persona difunta proviene del intento de engañar a la muerte, que si viniera por nosotros y nos encontrara convertidos en esqueletos, calaveras o zombis podría pensar que ya estamos muertos. El viejo truco de hacerse el muerto para que no te maten, y de ahí viene la famosa frase "truco o trato", porque si falla el truco y no logras engañar a la muerte tendrás que negociar con ella un posible trato.

Con la idea de que la educación va más allá de números, letras y geografías, en la enseñanza se han ido introduciendo celebraciones que tratan de integrar al alumnado en la sociedad en que viven. De ese modo hay actividades en los colegios con diverso motivos, como el Día de Canarias, los carnavales, La Paz y otras que se suceden según criterios de cada centro. Cuando llega el 1 de Noviembre, en unos lugares se hacen los Finaos y en otros Halloween. Por supuesto los hay donde coexisten los dos y otros donde pasan de puntillas. Y es que el Halloween que nos ha llegado seguramente como una campaña comercial es una más de las costumbres que se han asimilado de la potencia dominante, como ha sido siempre, y el ejemplo más patente es La Navidad, que en Europa es antiquísima, y en Estados Unidos se inventaron un Papá Noel gordo, rojo y blanco, que nació como anuncio de refresco y viene en Nochebuena, y desplaza o comparte nuestra ancestral costumbre de los regalos de la noche de Reyes.

aaaannn.jpgAsí que, no está pasando nada que sea nuevo, que las culturas se mezclan y se mueven de un lado para otro. También es un principio inapelable que los países dominantes imponen su cultura a los demás, y de hecho seguimos practicando un sistema de vida que se compone de influencias del dominio británico, francés o español en cada momento, e incluso que proceden de épocas muy lejanas, pues el Carnaval ya estaba en el Imperio Romano y más atrás, y ha ido modificándose en la Italia renacentista, la Francia racionalista y en el calor y el color del Caribe o Brasil. Y sigue siendo Carnaval, de manera que lo que entendemos por cultura propia siempre tiene flecos que proceden de otras, lo que ocurre con Halloween es que lo hemos visto llegar, pero en dos generaciones parecerá que ha estado siempre aquí.

Todas estas costumbres son importantes si significan que una sociedad comparte vivencias; como el mundo es una gran tienda en la que todos tenemos algo que vender, se aprovechan estas fechas para mover el comercio, aunque eso tampoco es novedoso y seguramente ni siquiera tan malo como se dice, porque cuentan que a la entrada del circo romano se vendían reproducciones en barro de los gladiadores más cotizados. Ahora son camisetas de cantantes y futbolistas, disfraces de carnaval, múltiples regalos navideños o calabazas para Halloween. En todas las épocas y en todos los sistemas que imaginemos, el comercio es parte fundamental del engranaje de la economía. Otra cosa es que se practique de forma irresponsable.


Una de mis abuelas fue una extraordinaria contadora de historias; esa facultad le venía con su gran talento natural para la narrativa, pero sin duda se le educó con la afición al romancero popular y a la lectura de lo que ella llamaba "novelas antiguas", que era su definición de las novelas del siglo XIX, o del XX que se situaran en el siglo anterior. Cuando era niño, supe de la insobornable ansia de libertad de una tal Jane Eyre, de las dudas clasistas de la señorita Elizabeth Bennet, y de la fortaleza orgullosa de un huracán llamado Scarlet O'Hara. Cuando empecé a leer aquellos libros, me di cuenta de que Jane Eyre, Orgullo y prejuicio y Lo que el viento se llevó eran novelas escritas por mujeres. Y volví a encontrar maravillas imaginadas por Virginia Wolf, Mary Shelley, Emilia Pardo Bazán y una 1111.jpglista gloriosa de mujeres que llenaron de relatos y de poesía muchas horas de mi primera juventud. Nunca encontré diferencia entre ellas y los varones consagrados en los manuales, y para mí Jane Austen, Rosalía de Castro, Charlote Brönte o Gabriela Mistral ocupaban en mi mente el mismo espacio que los grandes nombres masculinos, tenido por gigantes. Pronto me di cuenta de que algo no iba bien, porque siempre que se hablaba del canon literario moderno de Occidente se repetían Dante, Cervantes, Shakespeare y Goethe, y una pléyade de coroneles, desde Dickens a Baudelaire, todos hombres. Y no había espacio en la memoria, el reconocimiento y la influencia para Teresa de Ávila, Emily Dickinson, Sor Juana Inés de La Cruz y muchas otras, generalmente silenciadas por eso que llaman Academia, que no sé por qué es un sustantivo femenino.

Desde que, muy joven, leí la novela Entre visillos, me enganché a la literatura, tanto de creación como ensayo, de Carmen Martín Gaite, una de las grandes escritoras españolas del siglo XX. Y el canon vuelve a repetir lo mismo, los grandes nombre de la narrativa española de posguerra son Cela, Delibes y, si acaso, Torrente Ballester y Martín-Santos. Carmen Martín Gaite no aparecía ni como segundona, y les aseguro que nada tiene que envidiar a los otros nombres, incontestables, sin duda. Ese silenciamiento de la mujer llega hasta nuestro días, pues es muy conocida la anécdota de que la autora de Harry Potter puso solo sus iniciales J.K. delante de su apellido (Rowlling) cuando presentó el primer libro a una editorial, porque sabía por propia experiencia que ni siquiera lo leerían si sabían que era una mujer. Y así están las cosas, en Canarias también, porque nuestro cuadro de honor literario del siglo XX está ocupado por varones que sin duda lo merecen, pero no surgen a la primera nombres como Josefina de la Torre, Mercedes Pinto, Pino Ojeda o Pilar Lojendio, merecedoras sin duda de ese lugar en nuestra cultura, porque pocos varones, incluso de los del cuadro dorado, fueron más valientes, audaces y coherentes, y sus obras siguen ahí para quien quiera comprobar su peso y su oportunidad. 2222.jpgY aprender, porque al silenciarlas se le hurta a mucha gente lo que ellas aportaron. Creo que este es el renglón adecuado para reclamar el rescate de una autora no suficientemente valorada como es la desaparecida Natalia Sosa Ayala.

Desde 2016, en España se celebra El Día de las Escritoras el lunes siguiente al 15 de octubre, festividad de Santa Teresa, escritora donde las haya. Por ello, el Parlamento de Canarias ha decidido homenajear este año a Elsa López, lo cual me parece un acierto porque todos los reconocimientos que se le hagan a Elsa son merecidos y casi siempre tardíos. Pero nunca es tarde si llegamos a fin de mes. Porque Elsa López, aparte de una poeta de las grandes de nuestra lengua, conecta con las anteriores en su firmeza, su coherencia vital y su valentía en pleno territorio del patriarcado literario y social. Por lo tanto, aplaudamos a Elsa López porque nos estamos reconociendo como sociedad, y leamos su abundante bibliografía en varios géneros, aunque yo recomendaría a los neófitos empezar por su poesía. Y de paso, es buen momento para mirar a nuestro alrededor y apreciar la labor literaria de las mujeres, que merecen ser visualizadas. Claro que hay escritoras buenas y menos buenas, igual que en el reino intocable de los varones, pero la transcendencia literaria debe medirse por la propia obra, no por el sexo de quien la escribe. Y como hoy es Santa Teresa, y celebra su onomástica y su cumpleaños la escritora Teresa Iturriaga Osa, no puedo terminar estas líneas sin unirme a la felicitación jubilosa por su literatura, como la de tantas mujeres escritoras, que admiro porque suele ir unida su calidad humana con el valor de su obra. Felicidades.


Charles Aznavour ha muerto a los 94 años. Todos los noticiarios repiten lo que siempre hemos sabido: que fue un prolífico compositor de 1.200 canciones, muchas de ellas con la grandeza de las tonadas inolvidables, que fue un cantante con una voz singular e inconfundible, que lo sitúa en el Parnaso popular de Gardel, Sinatra y Aretha Franklin, que hasta hace una semana subía a un escenario de Tokio para seguir cosechando aplausos. Un gran artista, sin duda, porque durante siete décadas todos lo recordamos como actor de mucha intensidad en películas como Disparen al pianista, El tambor de hojalata, Papá Goriot y cincuenta más; fue la banda sonora de millones de personas, que ya saben, gracias a él, lo que se siente en Venecia sin ti, en qué consiste La Bohème y lo que realmente significa el nombre de Isabel. Todo eso forma parte de nuestras historias, aunque generalmente no lo tuviéramos presente, porque lo que nos hace vivir es tan evanescente como el aire. De todo eso se habla hoy, día de su muerte, y se quedan cortos ante uno de los grandes artistas de nuestro tiempo.

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(FOTOGRAMA DE LA PELÍCULA DISPAREN AL PIANISTA (1960) DE FRANÇOISE TRUFFAUT).

De lo que se habla menos es de su dimensión humana. Cantaba Atahualpa Yupanki que lo primero es ser hombre y lo segundo poeta. Con la inabarcable dimensión poética de su arte, Aznavour siempre tuvo claro que era poeta, músico, actor y cantante en segundo lugar. Primero fue hombre, un hombre pequeñito físicamente, un metro sesenta de humanidad con sangre armenia, que nació en París al final de la escapada de sus padres, cuando tuvieron que huir de su pequeño país a causa de la intolerancia. Eso lo marcó y lo hizo grande. Cuando era un adolescente, junto a sus padres y su hermana, dieron refugio y libraron de una muerte segura a centenares de judíos que eran buscados por la Gestapo en la Francia ocupada para llevarlos a los campos de exterminio. Se jugó la vida sin complejos, y cuando acabó la guerra siguió siempre alistado en el lado de los débiles, los perseguidos, los pobres. Cuesta creer que en un cuerpo tan delgado y diminuto hubiera sitio para tanto arte, para una voz tan hermosa, para un corazón tan grande. Nunca hizo alarde de nada, su condición de hombre, la primera, la vivió discretamente. Por eso hoy Francia está triste, Armenia llora, la Humanidad está de luto por un artista gigantesco, pero antes que nada, por un hombre justo.

Descansa en paz


Shahnourh Varinag Aznavourián Baghdassarian:


CHARLES AZNAVOUR.


Sin títulouuuuuu.jpgRastreando la obra periodística de la escritora Mónica Lavín, encuentro un artículo en El Universal de Ciudad de México en el que habla de uno de los charros mexicanos pioneros, de nombre artístico Guty Cárdenas, contemporáneo de Pedro Vargas y una decena de años mayor que Jorge Negrete y Pedro Infante. Nació en 1905 y murió en 1932, por lo que solo cumplió 26 años en este planeta. Una vida tan breve no le impidió alcanzar el éxito, grabar discos y hacer una gira entre aplausos por Estados Unidos y Cuba. Su talento natural seguramente le habría hecho cruzar las fronteras de los corridos, los huapangos y las rancheras, pues andaba investigando sobre los ritmos y las músicas negras después de su visita a La Habana y su corta pero fructífera amistad con el poeta Nicolás Guillén.

Guty Cárdenas convertía en canción cualquier acontecimiento, y una de las más celebrados fue la que hizo en 1931 para contar el cambio de régimen que dio lugar a la II República española. De regreso a México, se encontró en una cantina con dos hermanos españoles que por lo visto eran monárquicos y consideraban una ofensa el corrido que tanto éxito había cosechado. No se sabe muy bien si fue un duelo crepuscular, porque, en 1932, en México se portaban pistolones a la vista, o si fue directamente un asesinato, pero lo cierto es que Guty Cárdenas cayó muerto en aquella balacera. Y esto vuelve a poner sobre la mesa la eterna intransigencia de una parte de nuestra sociedad con los que piensan diferente. Si sienten curiosidad, la canción está en este enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=LfEM_DEfdhw


María Dolores Pradera se marchó en mitad de una semana vertiginosa, y se ha dicho todo de ella, siempre bueno, pero tal vez no se ha incidido en el hecho de que su voz y su elegancia sirvieron de puente entre dos continentes que hablan la misma lengua, pero que antes de ella se conocían menos. Porque María Dolores Pradera es mucho más que un ramillete de canciones, por muy bellas que estas sean. En los años sesenta del siglo pasado, la relación de España con Hispanoamérica se sostenía en disparates supremacistas como "El Día de la Raza" o "La Madre Patria", y su colaboración con aquellos países -la mayor parte de ellos dictaduras o con democracias formales pero muy vigiladas por los grandes poderes económicos transnacionales- se basaba en un organismo que llamaban Instituto de Cultura Hispánica, pura retórica imperial sin más imperio que la verborrea alternante de la memoria de un tiempo ido y la inútil reivindicación de Gibraltar. La música de aquel continente que cantaba en español se reducía a las rancheras que venía de la época dorada de los charros mexicanos y algún joropo venezolano que se colaba por el flujo de la emigración. Así que la cosa quedaba entre Allá en el rancho grande y los boleros de Los Panchos y Antonio Machín.

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Además de esas hermosas canciones inolvidables, había otras muchas que desconocíamos; Argentina no solo era el tango y Chile era mucho más que los cantantes de importación que sonaban en España, como Monna Bell o el incalificable Luis Aguilé. Por el Sur trovaban voces y mensajes nacidos de figuras como Atahualpa Yupanqui, Ariel Ramírez y Violeta Parra, que algunos aventajados lograban escuchar entre zumbidos nocturnos en las emisiones de onda corta para Latinoamérica de la BBC, Radio Francia Internacional y Radio Moscú. En el fulgurante México de entonces brillaban los tríos románticos (Calaveras, Ases, Diamantes, Caballeros...) y mujeres del peso de Irma Vila, Lola Beltrán y Libertad Lamarque, argentina trasplantada a Sierra Madre. Por todas partes había vallenatos, carnavalitos, zambas, chacareras y valses peruanos que eran La flor de la canela. Pero aquí apenas se escuchaban durante aquellos años, en medio de una eclosión musical en España. La copla, dueña y señora de las radios, empezó a mezclarse con la música nueva que provenía del rock anglosajón y las baladas italianas y francesas. Y entre Los Brincos, los Pekenikes y los Mustang, empezaba a escucharse una voz de seda que cantaba unas canciones que se colaban como la humedad; eran aquellas canciones que desconocíamos y que de pronto nos mostraban otras sensibilidades.


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(Agaete al atardecer. Foto de José Antonio Godoy)

Empezamos a escuchar y a amar la voz sublime de María Dolores Pradera. Decía Atahualpa Yupanqui que oírla era como subirse a automóvil con cambio automático. No había estridencias, frenazos ni chirridos; sonaba como una caricia continua que nos llevaba suavemente por las carreteras de la vida. Y en aquella voz se nos iba colando por primera vez el talento de la peruana Chabuca Granda, del cubano Miguel Matamoros, del uruguayo Alfredo Zitarrosa, del argentino Atahualpa Yupanqui y docenas de músicas que nos hacían sentir la Fina estampa de la Lunita tucumana. Después, ya la vimos en televisión, siempre flotando sobre una almohada de suavidad, moviendo las manos como una garza llanera, transmitiendo belleza en cada nota, en cada movimiento. Más tarde escuchamos esas mismas canciones en las voces que las crearon, y también eran hermosas, pero sabíamos que cuando ella las cantaba era cuando se juntaban las dos orillas del Atlántico. Su voz era la música de nuestra lengua, amorosa, protectora, serena. Y se ha ido aleteando como solo ella sabía volar, a reunirse con los cantantes que ya sabemos que Son de la loma, a pasar la tarde con Chabela, Violeta, Libertad y Chabuca. Allí, el gran José Alfredo Jiménez le cantará lo que todos deseamos: Ojalá que te vaya bonito.

pili-mojo.jpgLa editorial vasca Literarte, abre su colección Letra y punto con un volumen de relatos en los que la gastronomía es parte fundamental de las narraciones. Cinco plumas de Euzkadi y otras tantas de Canarias componen un mosaico en el que la comida sirve de hilo conductor de las historias y definen de alguna forma la idiosincrasia de vascos y canarios. Toma el título de dos salsas muy populares en ambos territorios, Pil-pil y mojo, y será presentado el próximo jueves 31 de mayo, en el edificio La Bolsa (Sala Ganbara) de Bilbao. Más adelante también será presentado en Canarias.

La iniciativa se debe al impulso de María José Mielgo Busturia, escritora, editora y alma de Literarte Editorial, y de la poeta y narradora Teresa Iturriaga Osa, que también forman parte de la nómina de autores y autoras, que se completa con relatos de Sergio Arrieta, Santiago Gil, Guadalupe Martín Santana, Miren Agur Meabe Plaza, Elisa Rueda, Pablo Sabalza Ortiz-Roldán, Pedro Ugarte y quien esto escribe. El libro trata de tender puentes desde la diferencia.

La gastronomía no solo es un factor clave en los estudios etnográficos, también es el resultado de muchos elementos físicos de cada lugar, su espacio geográfico, sus características climatológicas, el devenir de la historia y las influencias diversas. Al sentarnos ante un plato o un postre propio de un territorio, estamos frente a cientos de años de evolución y de aportaciones que nos cuentan a su manera el relato de muchas generaciones que son como un río que desemboca en lo que hoy somos tantos vascos como canarios. Y si la comida es el resultado de muchas cosas, este es, a su vez, un retrato que define la manera de ser de los pueblos.

Por lo tanto, este es que contiene gastronomía, etnografía e historia, pero ante todo hablamos de literatura, porque cada relato está escrito desde la sensibilidad que han acreditado quienes han dedicado su esfuerzo y su talento a contarnos una historia literaria. La presentación inmediata será sin duda un éxito frente al Cantábrico, y espero que pronto esté ese libro en las librerías canarias y podamos hacer su presentación en medio del Atlántico.


En el mundo rural canario, hasta muy avanzados los años sesenta del siglo XX, existía la tradición de celebrar un baile de taifas el 17 de mayo, día de San Pascual Bailón (o Baylón). La particularidad que tenía tal baile consistía en que eran las mujeres las que sacaban a bailar a los hombres mientras la luz de una vela llegase hasta un lazo azul que habían atado a una altura proporcional al tiempo que determinaban al encenderla. Podemos decir que esta costumbre se ha perdido en Canarias, pero se sigue conservando entre los descendientes de canarios en Venezuela, y en algunos lugares ha pasado a formar parte del folclore local. Lo curioso es que el santo fraile aragonés del siglo XVI, desprendido, profético y milagrero, que yo sepa, nunca tuvo relación con Canarias, pues pasó gran parte de su vida en un convento de Villarreal (Castellón), donde murió y fue enterrado.

sp2.jpgSe cuenta que, para anunciar acontecimientos colectivos, salían de su sepulcro unos golpes secos y ensordecedores, y dependiendo del número de ellos (entre uno y tres) avisaba de novedades, venturas o desgracias, fuese una victoria española sobre los franceses, la llegada de un tiempo de paz, la derrota de Trafalgar o un gran año de lluvias después de una larga sequía. Se documenta que la última vez que se escucharon esos golpes fue en 1994, aunque la fuente no asocia el hecho con glorias o infortunios posteriores. Ayer, alrededor de la medianoche canaria (en Villarreal es una hora más), circulaba por la red la supuesta noticia de que se habían escuchado al inicio de la fecha los míticos golpes, y que en este caso debían de ser anuncio de buenas noticias porque fueron dos. Como saben, poco hay que fiarse de lo que circula por las redes, pero al verlo recordé la tradición canaria de baile tan singular, que tal vez se relacione con el apellido del santo, y la incoherencia de que la estampita popular en Canarias sea una foto de la imagen del fraile esculpida por Pedro de Mena y que está en tesoro de la catedral de Málaga. Esta tradición me sirvió de telón de fondo para novelar una terrible historia impregnada de machismo, poder e ignorancia que sucedió en Gran Canaria en tiempos de posguerra. Por eso la recuerdo ahora:

"Cuando Bernardo, el capataz, sopló la firria metálica que siempre llevaba colgada al cinto como emblema de su cargo, el sonido agudo del artilugio paró en seco a las parejas que bailaban. Cesó la música y los jóvenes se agruparon a un lado de la explanada, frente a donde las muchachas se arracimaban nerviosas. Otra vez Bernardo, en su función de camarlengo de aquel protocolo, sopló su silbato y los hombre tocados se quitaron el sombrero. Hizo una señal a Lucrecia Toledo para que oficiara de sacerdotisa en aquella ceremonia tan vieja que nadie recordaba su principio. La anciana se acercó al altar en el que ya se habían consumido los hachones, parpadeaban los debilitados voltios de las linternas y permanecían incólumes las llamas de las velas. Se persignó y todos los presentes la imitaron. Enseguida comenzó su retahíla que sonó como un conjuro:

-"Con licencia de Nuestro Señor Jesucristo, con la venia de su Santa Madre la Virgen de la Candela y con el consentimiento de todos los santos, honremos a San Pascual Bailón..."

Rezó en latín una jaculatoria al santo, ininteligible hasta para ella, y terminó el rito con la señal de la cruz. Se volvió hacia los presentes y llamó a los tocadores de violín y acordeón para que se incorporasen a la fanfarria de cuerdas que hasta entonces había puesto música a los pies de los bailantes. Un baile de San Pascual debía contar al menos con uno de los dos instrumentos, mejor si eran los dos.

sp1.jpgCuando el grupo estuvo completo, no hubo necesidad de afinar, puesto que ya lo habían hecho antes de comenzar el baile, guiándose por las notas fijas del acordeón. Suavemente, el violín acometió un vals lentísimo y los demás instrumentos lo siguieron. Aquella primera pieza no era para bailar sino para crear el ambiente mientras los hombres se sentaban en la primera fila de las gradas y las mujeres se agolpaban en grupo cerca de la puerta.

Todos se habían vestido para la ocasión, sin llegar a la máxima gala que se guardaba para ceremonias más solemnes o más mundanas; los jóvenes vestían en su mayoría camisas blancas de popelín y pantalones de hilo con dibujo de espiga labrado en el mismo color, gris o negro. Ninguno llevaba chaqueta, en mayo no se necesita y menos si se va a pasar la noche bailando y bajo techado. Las muchachas lucían vestidos de algodón, casi todos blancos, sin más abalorios que alguna medalla o una cinta en el pelo. La pobreza de aquella noche era limpia, no olía a sudor, tierra y azufre, sino a la colonia y el jaboncillo de las grandes ocasiones.

A un nuevo sonido de la firria de Bernardo, Lucrecia Toledo puso una vela delante de la estampa de San Pascual Bailón y le ató un lazo azul en su mitad. El vals se apagaba a medida que prendía la vela y el concertino del violín blandió el arco a modo de batuta hasta hacer el silencio de la orquestina. Un nuevo movimiento del arco puso en atención a los tocadores, que esperaban el nuevo pitido de la firria de Bernardo..."

(Fragmento El baile de San Pascual, publicada con otras dos novelas cortas en el libro Tríptico de fuego. Editorial Sial, Madrid 2008).


Por lo visto, ayer fue Día del Libro, y hasta se celebró esa concentración de gente que escribe en la Ramblas de Barcelona. Según mis noticias, por todas partes hubo descuentos, ventas masivas de libros de moda y presencia de figuras mediáticas que provocaban colas enormes. Se han vendido millones de páginas de cotilleos, recetarios de cocina mil veces repetidos, firmados por estrellas de esto o lo otro, novelones Corín Tellado king zise, ripios a mansalva que hacen pasar por poesía, porque me cuentan que son buenos porque riman, y ha habido banderas, fanfarrias y saltimbanquis en muchas plazas y calles. Una gran fiesta.

llllllllo.jpgPor lo tanto, felicito a presentadores y presentadoras de televisión, ex-concursantes de Gran Hermano, memorialistas de sus azarosas vidas en el fútbol, los toros, la moda o el ciclismo, youtubers conocidos, influencers abnegadas y otras exitosas plumas que son mimadas por las editoriales de consumo, las cadenas de televisión y otras industrias dedicadas al embrutecimiento. Me complace que la gente se lo pase bien, pero me pregunto si el libro tiene a estas alturas algo que ver con la sensibilidad, el pensamiento, la indagación, la belleza y el conocimiento, vamos, con eso que antes se llamaba LITERATURA. Que digo yo, hablando aquí conmigo, que estaría bien que hubiera también una fiesta dedicada a eso. Es que el 23 de abril ya no es lo que era.

La verdad puede eclipsarse
pero no extinguirse.

Tito Livio


La verdad puede eclipsarse pero no extinguirse
Así que no me mienta,
tarde o temprano se sabrá que no es usted IMG_8006JJJ.jpg
un Brunetti auténtico.

Se apellida usted Brunetti, sí.
¿Es acaso de los Brunetti importadores?
¿de los Brunetti farmacéuticos?
¿canónigos?
¿banqueros?
¿nooo?
¡Entonces usted no es un Brunetti!

Al menos no es un Brunetti con legitimidad.

Hay Brunettis arrieros,
descargadores del puerto,
panaderos,
gente baja.

¡Ah! Que es usted magistrado de la Audiencia.

Sí, pero su padre fue asalariado,
un hombre sin rango.

No es usted uno de los nuestros,
carece de sangre noble,
y por lo tanto debo denegar
su solicitud para ser miembro
del Club de los Próceres.

¿Tiene hijos?
¿Dos? Dígales
que pueden pasar a hacerse socios.
¿Qué el varón solo es enfermero
en un ambulatorio
de la Seguridad Social
y la niña monitora en un gimnasio?

No importa que sean asalariados.

Aunque fuesen taxista,
auxiliar administrativo
o camarera,
son de buena familia.

Usted no es de los nuestros,
ellos sí,
tienen rango: por sus venas
corre sangre de un prócer.

Tenga en cuenta que son
hijos de un magistrado de la Audiencia.

Usted no.

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