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Hoy, en el suplemento cultural Pleamar del periódico Canarias7, se ha publicado un especial dedicado al desaparecido poeta Carlos Ramos, con un artículo del poeta Javier Cabrera y otro del titular de este blog, una muestra de poemas de Carlos Ramos y una ilustración realizada para ello del artista Asmir Pozderovic "Asko".

Carlos Ramos, el poeta rescatado

Por Emilio González Déniz

Libro de Carlos Ramos.jpgSalvo sus amigos más cercanos y un reducido círculo alrededor de estos sabe de Carlos Ramos, un poeta que nació en Telde (Gran Canaria) en 1957 y desapareció por voluntad propia en 1979. Pasó por la vida como un relámpago, pero dejó la huella profunda de su talento. Su actividad literaria abarca los últimos cinco años de su vida (1974-1979). Su partida dejó a sus amigos perplejos y confundidos; conocían el enorme talento natural del poeta y desde entonces trataron de recuperar esa obra manuscrita dispersa e inédita, en manos de unos y de otros. Poco publicó en vida, aparte de algunas cosas en revistas y suplementos (varios poemas en la revista Ajoblanco, entonces de gran incidencia literaria en toda España), y algún texto dramático representado por grupos teatrales que entonces trataban de encender una llama después de la larga noche de la dictadura. Desde entonces, hubo varios intentos para dar a conocer su obra, pero nunca llegaron a cristalizar.

Por fin, sus amigos lo han conseguido, antes de que papeles volanderos aquí y allá fueran diluidos por el tiempo, el extravío o el olvido. La mayor parte del trabajo ha recaído en los artistas plásticos, escritores y amigos Alfonso Crujera, José Medina Hernández, Agustín Hernández, Ángel Sánchez y Javier Cabrera, pero han sido muchas las personas que han puesto su empeño, desde el intercambio de fotocopias al paso al teclado de lo que estaba manuscrito. Patronos y colaboradores han hecho posible que se reúna la obra del poeta en la colección Biblioteca Carlos Ramos, que sale bajo el sello de Ediciones OK en cinco tomos desde ahora a 2019.

Es muy evidente que la recuperación de la memoria del poeta es la hermosísima historia de una amistad indeleble de un grupo de artistas en distintas materias, pero sobre todo es un ejemplo de la necesidad de dar a conocer un legado literario importante. Como dice Ángel Sánchez en el prólogo, nunca sabremos cuál habría sido la trayectoria literaria de un autor que murió a los 22 años y dejó una obra importante y muy personal. Quién sabe si se habría proyectado muy arriba con una obra in crescendo, se habría convertido en uno más de los que formaron la Generación del Silencio, o incluso si ese silencio habría apagado su luz definitivamente como ha ocurrido con otras voces que no aguantaron la dura travesía del desierto. También es verdad que ninguna de esas brasas convertidas en cenizas fue tan tempranera y tan luminosa como la del malogrado poeta teldense.

Lo que sí sabemos es que Carlos Ramos tiene hoy un lugar en nuestra historia literaria, y es una novedad leer ahora por primera vez poemas que llevan cuarenta años a la espera de ser alumbrados. Y la impresión de esa lectura es la de que estamos ante un poeta que permanece, que no es una curiosidad arqueológica, sino un poeta vivo, actual, eterno.

Consta este primer tomo de la Biblioteca Carlos Ramos de un poemario, O la luz tiene huellas en su frente, de dos opúsculos con vida propia, Dejad que los muertos entierren a sus muertos y Poems for descargas, y de dos pequeñas colecciones de poemas. La injusticia, el dolor y lo eterno sobrevuelan todas las páginas de este libro, con la voz firme del poeta que indaga en lo ignoto, lo oculto, y que habiendo acumulado un miedo pavoroso a lo desconocido, acaba perdiendo toda prevención para desafiar ese miedo hasta anularlo. Sus versos son infatigables surtidores de imágenes polisémicas que nos muestran varias dimensiones del mundo.
***


Carlos Ramos. Su poesía a día de hoy

Por Javier Cabrera


La selección de poemas que aparece en esta página es una pequeña muestra de la obra poética que Carlos Ramos produjo entre los años 1974 y 1979, periodo de máxima actividad creativa hasta el año de su fallecimiento, con apenas 22 años. Estos poemas en concreto datan del año 1976. Hablamos entonces de un poeta que, nacido en 1957, cuenta en ese momento con sólo 19 años. Sorprende, así, la concentración de imágenes en sus versos, la unidad de criterio en su concepción lírica y la madurez en un sostenimiento continuado del pensamiento. La suya fue una poesía de orden vital, con características tales que la hicieron pivotar entre el experimentalismo de la época -cierta asunción de Paul Celan-, la actitud desaforada de Alejandra Pizarnik -poeta de cabecera en más que contadas ocasiones- y cierta constancia de los últimos ramalazos de la condición surreal, rayando a veces, por qué no explicitarlo, en una deriva que le empataría -como vislumbra el poeta y ensayista Ángel Sánchez- con la radicalidad lúdica de cierto Artur Rimbaud. Pasemos, entonces, a leer esa muestra.

Es, Carlos Ramos, indiscutiblemente, un poeta de su tiempo, tanto que, tras casi cuarenta años de permanecer su obra ajena a una lectura consciente, al retomarla, caemos en la cuenta de dicha premisa apenas avanzamos en la lectura de sus versos. Viene esto a decir, y confirmar, que su obra goza de la actualidad más inmediata de una escritura puesta al día. Nos produce satisfactoria alegría que su poesía parece haber sido escrita apenas días antes de ser leída a día de hoy. Lo que viene a concluir que su obra, tras esos casi cuarenta años desde su muerte, está tan al día que pregona entre sus líneas la actualidad más cenital.

Los poemas aquí reproducidos pertenecen al Primer Tomo de una selección de su obra que abarcará 5 libros y que se editarán bajo el titular genérico de Biblioteca Carlos Ramos.

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CR-Ilustracion de Asmir Pozderovic (ASKO).JPG

Poemas

-1-
V
La palmera bañada de viento
recogió su figura hasta quedar en
un otoño blanco:
quemar la forma en vida fugaz
que se cuelga
columpiándose en las barbas negras
de los antepasados no gloriosos.


-17-

Estoy a punto de estallar en el lenguaje del silencio
a desgajarme entre el espacio separado de los dos
yo
yo
Presiento que cuando te encuentre encontraré la muerte
Presiento que cuando te encuentre encontraré la vida
Encontraré el secreto de tu búsqueda entre el respiro de la arena
y entre los huracanes
del silencio cuando estalle entre las vidas
y rompa la costumbre de los tiempos al ruido de mil ojos
Reprendo mis acciones y acabo hecho pedazos por
el fuego, que me entierra en el viento para no pararme en el camino
encerado que conduce hasta el silencio
abierto por las gotas del rocío
Me dejo llevar hacia la noche
En el rito de amor desconectado por la luz
en el baile de la hoguera resaltada

(Del libro O la luz tiene las huellas en su frente, 1976)

En el panteón familiar
Resopla el viento
Como si quisiese
Recordarnos
Las tardes que pasamos
con las manos unidas
y los ojos sangrando metal
Ahora se nos quedó la palidez
entre los labios
y dejamos los úteros vacíos


Con el elixir del resorte
que zozobra por el polen
mancha a los hombres
Que en las esquinas
Rompen a llorar guijarros
Como tiernos
Alelíes de cristal
y se desembocan
como caballos
de plástico
Entre la humareda de los autos.


Con los rostros pintados por las aceras
Te fuiste y me quedaron las lágrimas
En el pensamiento
Rizos de metal
Rizos de acero que
me ruborizaron la noche
erecta por la luna

(Del libro Poems for descargas, 1976)


Aunque los días propenden al tema Malos tiempos para la lírica, del grupo Golpes Bajos, y rememorando los versos de Bertol Brecht, creo que la literatura es un refugio en el podemos seguir encontrando humanidad, un lugar en el que se puede rebuscar elementos que nos acerquen al otro. Por ello, estos días he intentado abstraerme de esa vorágine en la que tratan de hacer del dolor un espectáculo, yIMG_6844.jpg me he encontrado con mis libros, que ya son míos aunque fueran otras las manos que los escribieron y otras sensibilidades las que les dieron forma. No quiero hacer reseñas técnicas ni valoraciones subjetivas; solo quiero agradecer a esos libros la compañía que me brindan, el soporte moral que me ofrecen.

Y plasmo mi agradecimiento al poemario Mi corazón es un cubo de Rubik desordenado, que es solo un título porque en el interior ese desorden busca acomodo como las manzanas en un cesto. Su autora, Tina Suárez Rojas, nos habla desde los seis colores de ese cubo. Leer a Tina es siempre una aventura, no hay camino que desdeñe y eso siempre es un acicate para visitar su poesía. También me he acercado a La caligrafía de los isópodos, un libro en el que Evelyn de Lezcano marca territorio poético. Tengo que agradecer igualmente el diálogo con los poemarios escogidos por Eugenio Padorno para la colección Faro de La Puntilla: Alétheia del sur de Iván Cabrera Cartaya, Puerta de embarque de Aquiles García Brito, Ardentía de Antonio Arroyo Silva, En La Isleta de Manuel Díaz Martínez o Remanente al alza de Ángel Sánchez. La poesía siempre es una manera de encontrarse, y por ello hay que agradecer cada verso que nos llega. Y si, para variar, queremos cambiar a la prosa, siempre es buen momento para compartir las reflexiones que hace Rubén Benítez Florido en el libro De la levedad a la insignificancia, título que homenajea claramente a Milan Kundera, o releer al propio Kundera, o incluso volver a la biografía de María Estuardo, de Stefan Zweig, libros que son apuestas seguras para aprender de nosotros mismos.


Aunque el tópico representa a los creadores enfrentados a la crítica, está social, intelectual y académicamente reconocido que la crítica literaria es una rama de la literatura que trata de su mejor comprensión y de su valoración, siempre subjetiva porque en la apreciación del arte la visión personal juega un papel fundamental. Otra cosa es que posiblemente la peor crítica a una obra de arte sea el silencio, y es evidente que se habla de los nombres bien promocionados, que pueden o no coincidir con los más grandes. Pero eso es así desde que existe la crítica literaria, cuyo origen sitúan los especialistas en Dionisio de Halicarnaso, un historiador de origen griego que vivió en Roma en tiempos del emperador Augusto. Entonces, aparte de lo escrito, tenía gran importancia lo hablado, y así la retórica también era objeto de comentarios. ¿De quién trataba en sus escritos? Pues de oradores anteriores, ya tenidos en su tiempo como clásicos, como Lisias, Isócrates y Demóstenes, y de escritores como Tucídides, también de siglos anteriores a Dionisio. Se echan en falta sus críticas sobre sus contemporáneos, y eso que coincidió en el tiempo con el tridente mágico de la poesía latina: Horacio, Ovidio y Virgilio.

Dionisio halicar.JPGEse debe ser un defecto que durante dos mil años han heredado los críticos. La prestigiosa profesora y crítica Mónica Maud, que dirige un suplemento en un periódico de Santiago del Estero (Argentina) dice claramente que allí no existe la crítica literaria, a pesar de que hay valores locales del presente que merecen ser estudiados, y ocurre como en la Roma de Augusto, que siguen hablando de lo anterior. Y eso ocurre en todos los ámbitos literarios pequeños, donde sus escritores no son tenidos en cuenta, y se agrava hoy porque siempre se está pendiente de lo que marquen las grandes editoras y los grandes medios, que por supuesto no están en Santiago del Estero ni en las Islas Canarias. Sabemos hasta el año y hasta el mes del futuro en el que Paul Auster, Murakami o Pérez-Reverte publicarán su próximo libro, pero nada sabemos de lo que nace a nuestro alrededor.

¿Qué es lo que ocurre entonces? Pues que los propios escritores se erigen en reseñadores de libros ajenos, porque no queda otra; sus textos críticos aparecen en la prensa local, en revistas o en blogs. Lo siguiente es que surgen voces que hablan de amiguismo, pero lo cierto es que si los propios escritores no reman nada se mueve. Claro que, siempre está el "supremo poeta" que se erige (tiene sus palmeros, no crean) en el más grande, el más incomprendido, el único, y de paso niega incluso la existencia de literatura nueva porque él "no la ve". O un reconocido crítico, que poco suele tratar sobre lo escrito en Canarias en los últimos 40 años, que afirma que la crítica en estas islas se reduce a "torpes reseñas" (las que aparecen en prensa local, blogs o revistas) que no sirven para nada. Y, claro, si no se hacen esas reseñas se producirá el silencio. Tal vez es eso lo que quieren, ser los últimos de Filipinas y "después de mí, el diluvio".

IMG_6392.jpgTambién tendremos que esperar a que la crítica académica mire a su alrededor, pues las universidades canarias van, tramos más o menos, por el punto kilométrico de Manuel Padorno, Arturo Maccanti y la Generación del 50 o por ahí. Para la supuesta gran crítica, hace medio siglo que no se crea literatura en Canarias, y cuando se dice tímidamente por escrito que algo se ha movido cae sobre quien así se ha atrevido el calificativo de torpe. Por si fuera poco, siempre surge algún espontáneo que niega por sistema cualquier cosa que se escriba aquí, e incluso hay otros que mienten adjudicando a voleo prebendas y favores que nunca existieron. Eso tampoco ayuda, pues ya solo falta que abran una lista de firmas para pedir que la literatura escrita en Canarias entre en el código penal. Y también hay que tener cuidado si alguien se atreve a hablar de un libro, porque puede que no guste lo que dice, y se está llegando al paroxismo de hacer crítica de la reseña. Así, siguen ganando los que quieren silenciar a una sociedad, y surgen rumores sin compromiso, pues se ha llegado a decir que hay gente que publica críticas de sus propios libros. Si eso ha ocurrido, me gustaría saberlo, porque nunca he tenido constancia de que nadie haya reseñado su propio libro, si siquiera con seudónimo.

Así que, seguimos a la espera de esa crítica seria y rigurosa que sustituya a las "torpes reseñas" que aparecen en periódicos, suplementos, revistas y blogs (esa es otra, algunos parecen no haberse enterado de que buena parte de estas actividades, tanto creativas como críticas, están en el mundo digital que para ellos no existe). Pudiera ser que un día de estos a alguien se le ocurra mirar a su alrededor y tal vez descubra que, entre lo que se ha escrito en los últimos 40 años, haya tal vez obras con tanta calidad como las que consideramos clásicas. O más. Pero claro, siguiendo al santo patrono Dionisio de Halicarnaso, mirar hacia atrás es menos comprometido.

***
(Pido disculpas por la necesaria extensión de este trabajo).


Contando, más que escribiendo, porque no tengo con qué escribir y,
de todos modos, escribir está prohibido.
(Margaret Atwood).

Confieso que la zapatiesta que se ha formado alrededor de las canciones con letras machistas me ha dejado aturdido. Desde luego, el reguetón no es precisamente el tipo de música que más me llega; alguna vez he comentado que me chirrían sus letras. Muchos podrían decir que esa hipersexualización de sus bailes escandaliza; pero ese no es el asunto. También estoy en contra de que, desde canciones, libros, programas de radio o televisión o películas se haga proselitismo, o peor, apología, de costumbres negativas, entre ellas el machismo. Otra cosa es que, con estos mismos medios, se expongan situaciones como reflejo de una sociedad y su consiguiente denuncia. Y ahí está el problema, que como ahora primero se dispara y después se pregunta, no me extañaría que este rasero fuera utilizado sin mirar más allá, y eso sería muy peligroso.

DSCN3649yt.JPGLa libertad de expresión quedó establecida en 1793, en el marco de la Revolución Francesa, se volvió a remachar en el artículo 9 de la declaración de los Derechos Humanos (1948) y figura en las constituciones de los estados democráticos. La Constitución Española de 1978 lo recoge en el artículo 20, y hay que recalcar que, en el apartado 2 dice textualmente: "El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa". Ya hay algo de eso con la obsesión por lo políticamente correcto, con lo que quienes ahora están enarbolando el verbo prohibir o tratan de revisar antes de publicar, están saltándose todas las declaraciones y constituciones que tanto esfuerzo nos ha costado como género humano.
Llegados a este punto, debo insistir en que estoy frontalmente en contra de las barrabasadas, procacidades y degradaciones que aparecen en algunas letras de canciones. Y recalco en lo de "algunas", porque es que se está hilando tan fino que ya casi no se ve el hilo. Con ese baremo, van a quedar tres tangos en pie, buena parte del folclore será demolido (con el flamenco dentro) y, puesto a seguir hilando, habrá quien quiera suprimir el aria La donna è mobile de la ópera Rigoletto y, por supuesto, Otello completo, aunque anden de por medio Shakespeare y Verdi. Puede que esto sea exagerar, pero los incendios empiezan con una chispa.

Si hablamos de libertad de expresión, sepamos que, por muy consagrada que esté, tiene la contrapartida del compromiso, incluso de la responsabilidad penal. La cosa funciona así: se puede decir, cantar, escribir, dibujar o filmar lo que se quiera sin censura previa. Ahora bien, si lo que se ha hecho atenta contra alguno de los principios básicos de convivencia, para eso están las leyes, y será un tribunal quien dirá la última palabra. Y así es como está pensado que actúen los estados de Derecho. La cuestión no es si un ayuntamiento impide que suene determinada canción en sus fiestas, lo que deberíamos plantearnos es qué hacer para que la sociedad rechace este tipo de agresiones a la mujer, que si cruzaran determinada línea, tal vez serían cosa de la fiscalía. El hecho del que se parte es real y deleznable, pero, si entramos en este juego, siempre habrá quien trate de prohibir hasta los amaneceres. Y eso no.


Siempre han existido los tópicos sobre el carácter de los canarios, que han tenido el histórico culmen cuando nos han llamados aplatanados, para jugar con nuestras producciones plataneras. Es verdad que el clima influye en los comportamientos sociales, y es claro que en el Sur se vive más en la calle, mientras que en el Norte el frío hace que la vida sea en lugares cubiertos. Pero de ahí a que eso se relacione con poca actitud hacia el trabajo va un trecho. El canario ha tenido que luchar contra casi todo, empezando por el territorio, y hay que ver la constancia y el tesón de nuestra gente en lugares como La Geria lanzaroteña, o en los bancales en terrazas de nuestras medianías, para aprovechar el terrero o para proteger una sola planta de vid contra el viento. Sobra mencionar las mil iniciativas relacionadas con el agua, que ahora parece ser un problema mundial, pero que en Canarias viene de siempre.

Foto0ft709.JPGOtra cosa es el lenguaje y las actitudes que delatan. En eso hay unas características que van más allá del seseo, de la conversión oral de la "CH" en "Y", de la habitual omisión de las eses finales en algunas zonas o de los acentos más o menos cantarines. Ser islas y que la mayor parte de estas tenga un relieve muy complicado hizo que cada valle, cada vega, cada aldea se convirtiera en un microcosmos por la incomunicación. Se decía que se sabía de dónde era un campesino que iba a la capital por la manera de tocarse el sombrero, pues cuando era un complemento habitual se podía ver distintas formas de armar ese sombrero de paño inglés, si se bajaba o subía el ala por aquí o por allá y la manera de encajarlo, bien calado y recto, ladeado, tirado hacia atrás... El caso es que, combinando la forma final del sombrero con la manera de lucirlo creaba casi un código que diferenciaba claramente el pueblo de procedencia de quien lo portaba. Lo que sí es evidente es la falta de precisión cuando se habla de espacio, tiempo y cantidades. Tendrían que ser los sociólogos quienes determinaran las razones, pero se me antoja que en esto hay un ancestral mecanismo de defensa, que se combina con la costumbre galaico-portuguesa de contestar con una pregunta, seguramente para protegerse y proteger a la comunidad. Si alguien pregunta por Juanito, es frecuente que se le conteste "¿para qué lo quiere?", o si pregunta por uno mismo surge un "depende". Esa imprecisión se extiende a la medida del tiempo; "ahí más allá", "hace un tiempito", "un día de estos" u "otro día" puede referirse lo mismo a dos día que a tres meses. Cuando se habla de espacio surge un "ahí delante" o "un ratito de camino", y si hablamos de cantidad, la numeración va desde un par (que pueden ser siete) a un "puñao", "unos cuantos" o una frase que indica tiempo, espacio, cantidad y lo que sea: "ya veremos". Esta manera de hablar puede indicar que hay que tomarse la vida con distancia, que no hay que agobiarse, y desde luego extraña que aparezca alguien que habla como si retransmitiera un partido de fútbol. Esa manera de ver la vida no es buena ni mala, es así, y tratar de asimilarla a la capacidad de trabajo es no tener ni idea de lo que ha sido y es la historia social de Canarias. Y ya saben, al golpito, que parece van a calentar un poquillo (unos cuantos grados) las temperaturas.


Se ha vuelto a poner en el disparadero la propuesta de nuevo Estatuto de Autonomía de Canarias como consecuencia de los compromisos firmados en los acuerdos previos para aprobar los presupuestos de 2016 en las Cortes Generales. Hemos dejado el asunto en manos de los partidos políticos, que nos tienen acostumbrados a pasarnos sus intereses por delante de los de la gente. Cualquier asesoría pasa por instituciones que generalmente suelen ser el cortijo de unos pocos, y a la vez se manejan elementos que tienen que ver con la economía, la fiscalidad o la representatividad por islas y valor del voto en cada una de ellas. carburo77.JPGY todo eso está muy bien, es organización, aunque tendría que ser un segundo estadio, pero no se habla de lo esencial, y así escuchamos unas voces que celebran como gran victoria que puntualmente se haya conseguido algo más de dinero para Canarias, otras que corean la cantata de siempre, alrededor de los poderes económicos imperantes (que determinan la política por desgracia) o se establecen apuestas sin premio a ver quién es más radical, más intransigente o más aborigen que nadie. El poder establecido trata de acallar esas voces haciendo hincapié en la llamada cultura popular, y así vemos que nuestros políticos van de romería en romería, lanzado conceptos que supuestamente abonan la canariedad, que yo todavía no sé lo que es, pero que por lo visto existe.

Por defectos de estructura, por desidia de unos y por empeño de otros, Canarias quedó hace muchos años exclusivamente en manos de políticos, y hoy es la hora en la que casi nada sobrevive fuera de la política, siempre partidaria y enganchada a objetivos que dan la espalda al interés general. Por eso, entiendo que el nuevo Estatuto debe pasar por el tamiz de la cultura, solo así responderá a las necesidades de Canarias, porque es la cultura la que fija las bases de las colectividades. Su recorrido no puede limitarse a un intercambio de cromos sobre cuotas electorales o caprichos de este o aquel líder. Parece que echo las culpas a los políticos solamente, pero ya he dicho que ha habido desidia de quienes tienen la obligación de poner voz a la gente, que no son solamente los poetas y los pintores, sino también los científicos, los profesionales y entidades como las universidades o los centros de indagación de toda índole. Y es que al final, lo que ha ocurrido es que la política incide en la cultura, cuando tendría que ser necesariamente al revés. Así ha salido el borrador del Estatuto que va hacia Madrid donde necesariamente empeorará porque en cualquier parlamento estatal, tenga la composición ideológica que tenga, siempre actuará una fuerza centrípeta que tratará de embridar cualquier iniciativa que reste poder al Estado. Por eso habría que llevar un borrador mucho más ambicioso, que las rebajas vendrán con toda seguridad, sea quien sea quien gobierne en España.


En otras épocas, la protección de la cultura tenía más que ver con el capricho de un rey, un papa o una duquesa que con el mercado, que se inició en el Renacimiento, cuando empezaron a hacerse funciones musicales o teatrales al público, con una entrada que pagar o con un caché financiado por un mecenas. Los pintores, escultores y arquitectos se hacían con una clientela entre los más pudientes, y esto fue determinante, por ejemplo, en la pintura flamenca, pues en Flandes los ricos comerciantes encargaban cuadros y tapices y de esta manera se establecía una oferta y una demanda. En el siglo XXI la cultura también es negocio de una forma general, es un nicho de empresas y un surtidor de puestos de trabajo. Este mercado es cada vez más globalizado, controlado a menudo por multinacionales o en el caso de España por grandes empresas que a su vez son tributarias de otras de mayor calado. Es raro encontrar hoy una discográfica, una productora de cine o una editorial que empiece y acabe en ella, suele formar parte de un grupo empresarial multimedia en el que hay cadenas de radio y televisión, editoriales de libros de todo tipo, productoras audiovisuales y empresas paralelas dedicadas a la distribución y al marketing.

6tfbn,Nueva imagen.JPGCanarias es una terminal de ese mercado global, y funciona un mecanismo similar a las muñecas rusas hasta que llegamos a la más pequeña: el mercado canario-canario. Entonces nos tropezamos con el problema de que este es un territorio pequeño y fragmentado, y el público a quien se dirigen las producciones culturales es muy reducido, mientas que los costes son iguales que en Madrid. Esa fragilidad es la que determina que haya apoyos, siempre tan criticados en la cultura y tan bendecidos en el deporte, el comercio o cualquier otra actividad. Y más que dinero, lo que se necesita es un proyecto cultural apoyado en y desde todas direcciones. Pero no existe ni ha existido nunca, más bien al contrario, porque esas actividades en las que se hacen fotos los políticos siempre son flor de un día que no sobrevive a unas elecciones o que ni siquiera llega a formularse más allá de cuatro frases sin contenido. Cada vez que alguien trata de poner a funcionar alguna idea que vaya en esa dirección, la desidia se alía con los que quieren mantener el status quo y con los dinamiteros. Y es por ello que estamos en un territorio en el que dar a conocer la cultura es complicado porque hay un desprecio casi endémico, y palabras como artista, poeta o intelectual suenan a menudo como un insulto, porque así se propicia. Es lo que hay.


sira11.jpgComo diría el poeta Miguel Hernández, en Gran Canaria, su isla y la mía, se me ha muerto como del rayo mi amiga la gran artista Sira Ascanio. Fue siempre una mujer singular, que vibraba escuchando Piensa en mí cantada por Luz Casal, metiéndose en las abstracciones de Kandinsky, que coleccionaba copas de cristal y amigos, que sufría por este país machadiano de charanga y pandereta, que en otra vida de ficción fue Ginebra en Camelot o decía que tal vez un pez o un delfín (yo creo que una sirena), esa mujer se ha ido dejando un rastro de luz que se le escapaba en todo lo que hacía. Por cronología, por postulados estéticos y por contenidos vitales, debiera figurar en la generación del setenta, pero entonces la vida personal la absorbía, asunto crónico por desgracia en las mujeres. Despegó como una cometa al filo de los primeros ochenta, y esa cometa voló muy alto apenas se le dio hilo, sira12.jpgporque Sira vivía pendiente de las imágenes de su entorno, era pintora veinticuatro horas, y últimamente se aliaba también con la fotografía. Podría decirse que parecía tímida y callada, pero era muy fuerte, sus cuadros así lo delatan, esos torsos hercúleos, eso colores definitivos. Siempre se intuía el océano en el rumor de sus trazos, aunque no lo pintaba directamente; igual que Oramas, dejaba el mar como respaldo, estaba aunque no estuviera. Al compararla con una cometa, me dijo en una entrevista que le hicimos Tato Gonçalves y yo en el Castillo de La Luz despidiendo el siglo XX: "No creo ser de aire, eso me crearía más inseguridad, ni siquiera soy de tierra; mi elemento natural es el agua, metida en ella me siento segura; me gustaría diluirme en agua como una acuarela". Como pintora, Sira trataba el mar a distancia, y tal vez cuando se diluía en él queriendo ser acuarela lo miraba como un dios, en una especie de panteísmo romántico que solo es posible en la contradicción fructífera del arte. Ya Sira es color, acuarela, memoria, arte. Buen viaje, amiga.


La Bienal de Fotografía de Santa Lucía ha premiado la trayectoria del fotógrafo Tato Gonçalves, que pertenece a una generación de hombres y mujeres que hicieron posible con su trabajo y su talento que en Canarias se empezara a considerar que la fotografía puede ser arte, algo que hacía décadas que era norma fuera de las islas. Tato Gonçalves no es simplemente un fotógrafo. Lo es, sin duda, pero ante todo es un retratista. De toda su obra, la más extensa y la más mimada es el retrato, que tiene unas características muy peculiares, porque, si por una parte hace historia, retratando a personajes de relieve social por cualquier motivo, también trata de definirlos, no en la idea general que de ellos existe, sino desde su naturaleza humana. Para ello la cámara fotográfica es un arma terrible, porque mantiene la mirada mucho más tiempo que el ojo humano, que no es capaz de sumar luces, sino de tomar la que hay cada milisegundo.

tattto.JPGRecuerdo que una tarde fui al estudio de Tato para que me hiciera unas fotos, destinada a la solapilla de un libro o para una entrevista, no recuerdo bien. Disparó algunas instantáneas y sin palabras, solo con una mirada, vino a decirme: "A mí puedes engañarme, pero no a la cámara". Y es verdad, la cámara capta matices que a simple vista no percibimos, y es en esa facultad maravillosa y a la vez terrible de la cámara fotográfica en la que se apoya Tato Gonçalves para retratar a los personajes, que dejan de ser modelos para convertirse en personas que transmiten sentimientos, ilusiones, alegrías, preocupaciones. Es seguramente una micronésima de milímetro en un párpado caído, o medio grado en el rictus de una sonrisa, pero por mucho que se quiera fingir, ante un fotógrafo que domina el retrato es imposible engañar a la cámara.

Ese fugaz y diminuto gesto es lo que da vida, personalidad, fuerza. Y una cámara fotográfica lo capta y lo sistematiza. Se diría entonces que leer en un rostro a través de una fotografía está al alcance de cualquiera que tenga una cámara en las manos, y que leerá mejor el alma expresiva de un careto quien posea una cámara mejor. Pero no es así, porque hay una gramática visual, y una sensibilidad para usarla, como existe un abecedario, la lectura, la poesía. La buena fotografía es la poesía de la imagen detenida. Y para practicarla hay que ser poeta, como lo es Tato Gonçalves cuando aprieta el obturador de su cámara.

Podríamos decir que Tato Gonçalves es un fotógrafo que se ha especializado en el retrato, pero eso sería un error, porque ser retratista es un don, como el de la poesía o la música. Es como si dijéramos que alguien es un escritor que se ha especializado en poesía, novela o teatro. La tendencia natural de Tato es a retratar, y cuando hace alguna cosa que parece alejarse de ello, acaba retratando, pues lo hace a veces con el mar, con un edificio o con una calle. Pero son las personas las que lo llaman, y especialmente los rostros, aunque tampoco es desdeñable la información que proporcionan las manos, la posición de los hombros o cualquier otro elemento de eso que llamamos lenguaje no verbal. Pero es en el rostro donde se milimetran los detalles. La persona se pone delante de la cámara tratando de representar el personaje que intuye que más le conviene. Pero siempre hay un instante en el que la mirada, la dejadez de una minúscula mueca en la boca, un pequeño giro en el cuello, cualquier cosa, deja de estar gobernado por la conciencia del personaje. Es su inconsciente el que se muestra. Ahí sí que aparece la verdadera personalidad, y el fotógrafo ha de saber leer esos instantes para dar la dimensión exacta del personaje.

Por ello este merecido reconocimiento honra la trayectoria artística de Tato Gonçalves, y al mismo tiempo es también un homenaje a una generación que supo imponer una nueva manera de mirar la fotografía, más allá del documento y la memoria, la mirada del arte


bt4.jpgAcaba de dejarnos a los 97 años el historiador Antonio Béthencourt Massieu. Hace 21 años, cuando tenía 76 y le quedaban muchas aportaciones que hacer a nuestra memoria colectiva, tuvimos una larga conversación que fue publicada como entrevista en Canarias7. Hoy sigue vigente como advertencia porque los errores entonces señalados no se han corregido ni parece que haya voluntad de hacerlo. Como homenaje a la memoria de un maestro de varias generaciones de historiadores, rescato hoy esa entrevista con algunas de las magníficas fotografías que, como siempre, hizo Tato Gonçalves.

Puede leerse en este enlace:BETENCOURT MASSIEU.pdf

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