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En el mundo rural canario, hasta muy avanzados los años sesenta del siglo XX, existía la tradición de celebrar un baile de taifas el 17 de mayo, día de San Pascual Bailón (o Baylón). La particularidad que tenía tal baile consistía en que eran las mujeres las que sacaban a bailar a los hombres mientras la luz de una vela llegase hasta un lazo azul que habían atado a una altura proporcional al tiempo que determinaban al encenderla. Podemos decir que esta costumbre se ha perdido en Canarias, pero se sigue conservando entre los descendientes de canarios en Venezuela, y en algunos lugares ha pasado a formar parte del folclore local. Lo curioso es que el santo fraile aragonés del siglo XVI, desprendido, profético y milagrero, que yo sepa, nunca tuvo relación con Canarias, pues pasó gran parte de su vida en un convento de Villarreal (Castellón), donde murió y fue enterrado.

sp2.jpgSe cuenta que, para anunciar acontecimientos colectivos, salían de su sepulcro unos golpes secos y ensordecedores, y dependiendo del número de ellos (entre uno y tres) avisaba de novedades, venturas o desgracias, fuese una victoria española sobre los franceses, la llegada de un tiempo de paz, la derrota de Trafalgar o un gran año de lluvias después de una larga sequía. Se documenta que la última vez que se escucharon esos golpes fue en 1994, aunque la fuente no asocia el hecho con glorias o infortunios posteriores. Ayer, alrededor de la medianoche canaria (en Villarreal es una hora más), circulaba por la red la supuesta noticia de que se habían escuchado al inicio de la fecha los míticos golpes, y que en este caso debían de ser anuncio de buenas noticias porque fueron dos. Como saben, poco hay que fiarse de lo que circula por las redes, pero al verlo recordé la tradición canaria de baile tan singular, que tal vez se relacione con el apellido del santo, y la incoherencia de que la estampita popular en Canarias sea una foto de la imagen del fraile esculpida por Pedro de Mena y que está en tesoro de la catedral de Málaga. Esta tradición me sirvió de telón de fondo para novelar una terrible historia impregnada de machismo, poder e ignorancia que sucedió en Gran Canaria en tiempos de posguerra. Por eso la recuerdo ahora:

"Cuando Bernardo, el capataz, sopló la firria metálica que siempre llevaba colgada al cinto como emblema de su cargo, el sonido agudo del artilugio paró en seco a las parejas que bailaban. Cesó la música y los jóvenes se agruparon a un lado de la explanada, frente a donde las muchachas se arracimaban nerviosas. Otra vez Bernardo, en su función de camarlengo de aquel protocolo, sopló su silbato y los hombre tocados se quitaron el sombrero. Hizo una señal a Lucrecia Toledo para que oficiara de sacerdotisa en aquella ceremonia tan vieja que nadie recordaba su principio. La anciana se acercó al altar en el que ya se habían consumido los hachones, parpadeaban los debilitados voltios de las linternas y permanecían incólumes las llamas de las velas. Se persignó y todos los presentes la imitaron. Enseguida comenzó su retahíla que sonó como un conjuro:

-"Con licencia de Nuestro Señor Jesucristo, con la venia de su Santa Madre la Virgen de la Candela y con el consentimiento de todos los santos, honremos a San Pascual Bailón..."

Rezó en latín una jaculatoria al santo, ininteligible hasta para ella, y terminó el rito con la señal de la cruz. Se volvió hacia los presentes y llamó a los tocadores de violín y acordeón para que se incorporasen a la fanfarria de cuerdas que hasta entonces había puesto música a los pies de los bailantes. Un baile de San Pascual debía contar al menos con uno de los dos instrumentos, mejor si eran los dos.

sp1.jpgCuando el grupo estuvo completo, no hubo necesidad de afinar, puesto que ya lo habían hecho antes de comenzar el baile, guiándose por las notas fijas del acordeón. Suavemente, el violín acometió un vals lentísimo y los demás instrumentos lo siguieron. Aquella primera pieza no era para bailar sino para crear el ambiente mientras los hombres se sentaban en la primera fila de las gradas y las mujeres se agolpaban en grupo cerca de la puerta.

Todos se habían vestido para la ocasión, sin llegar a la máxima gala que se guardaba para ceremonias más solemnes o más mundanas; los jóvenes vestían en su mayoría camisas blancas de popelín y pantalones de hilo con dibujo de espiga labrado en el mismo color, gris o negro. Ninguno llevaba chaqueta, en mayo no se necesita y menos si se va a pasar la noche bailando y bajo techado. Las muchachas lucían vestidos de algodón, casi todos blancos, sin más abalorios que alguna medalla o una cinta en el pelo. La pobreza de aquella noche era limpia, no olía a sudor, tierra y azufre, sino a la colonia y el jaboncillo de las grandes ocasiones.

A un nuevo sonido de la firria de Bernardo, Lucrecia Toledo puso una vela delante de la estampa de San Pascual Bailón y le ató un lazo azul en su mitad. El vals se apagaba a medida que prendía la vela y el concertino del violín blandió el arco a modo de batuta hasta hacer el silencio de la orquestina. Un nuevo movimiento del arco puso en atención a los tocadores, que esperaban el nuevo pitido de la firria de Bernardo..."

(Fragmento El baile de San Pascual, publicada con otras dos novelas cortas en el libro Tríptico de fuego. Editorial Sial, Madrid 2008).


Por lo visto, ayer fue Día del Libro, y hasta se celebró esa concentración de gente que escribe en la Ramblas de Barcelona. Según mis noticias, por todas partes hubo descuentos, ventas masivas de libros de moda y presencia de figuras mediáticas que provocaban colas enormes. Se han vendido millones de páginas de cotilleos, recetarios de cocina mil veces repetidos, firmados por estrellas de esto o lo otro, novelones Corín Tellado king zise, ripios a mansalva que hacen pasar por poesía, porque me cuentan que son buenos porque riman, y ha habido banderas, fanfarrias y saltimbanquis en muchas plazas y calles. Una gran fiesta.

llllllllo.jpgPor lo tanto, felicito a presentadores y presentadoras de televisión, ex-concursantes de Gran Hermano, memorialistas de sus azarosas vidas en el fútbol, los toros, la moda o el ciclismo, youtubers conocidos, influencers abnegadas y otras exitosas plumas que son mimadas por las editoriales de consumo, las cadenas de televisión y otras industrias dedicadas al embrutecimiento. Me complace que la gente se lo pase bien, pero me pregunto si el libro tiene a estas alturas algo que ver con la sensibilidad, el pensamiento, la indagación, la belleza y el conocimiento, vamos, con eso que antes se llamaba LITERATURA. Que digo yo, hablando aquí conmigo, que estaría bien que hubiera también una fiesta dedicada a eso. Es que el 23 de abril ya no es lo que era.

La verdad puede eclipsarse
pero no extinguirse.

Tito Livio


La verdad puede eclipsarse pero no extinguirse
Así que no me mienta,
tarde o temprano se sabrá que no es usted IMG_8006JJJ.jpg
un Brunetti auténtico.

Se apellida usted Brunetti, sí.
¿Es acaso de los Brunetti importadores?
¿de los Brunetti farmacéuticos?
¿canónigos?
¿banqueros?
¿nooo?
¡Entonces usted no es un Brunetti!

Al menos no es un Brunetti con legitimidad.

Hay Brunettis arrieros,
descargadores del puerto,
panaderos,
gente baja.

¡Ah! Que es usted magistrado de la Audiencia.

Sí, pero su padre fue asalariado,
un hombre sin rango.

No es usted uno de los nuestros,
carece de sangre noble,
y por lo tanto debo denegar
su solicitud para ser miembro
del Club de los Próceres.

¿Tiene hijos?
¿Dos? Dígales
que pueden pasar a hacerse socios.
¿Qué el varón solo es enfermero
en un ambulatorio
de la Seguridad Social
y la niña monitora en un gimnasio?

No importa que sean asalariados.

Aunque fuesen taxista,
auxiliar administrativo
o camarera,
son de buena familia.

Usted no es de los nuestros,
ellos sí,
tienen rango: por sus venas
corre sangre de un prócer.

Tenga en cuenta que son
hijos de un magistrado de la Audiencia.

Usted no.

COSAS MÍAS


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En todas las épocas ha habido distintos criterios sobre lo que es buena o mala literatura, obras útiles para desarrollo del pensamiento o que generan placer estético según gustos, pero, salvo rivalidades encendidas y hasta crueles como las de Góngora y Quevedo, o la mala leche que le surtía a Lope de Vega en cuanto le mentaban a Cervantes, o la pelusilla que tal vez tuvieron Virgilio y su contemporáneo Horacio, la gente que los leía no hacía de ello un asunto personal. Lo que hoy cambia las cosas es que antaño no había redes sociales y no sabemos qué discutían los admiradores de tan elevados artistas. Ahora es como una guerra, no solo entre algunos de quienes escriben, pintan o cantan, sino y sobre todo entre los seguidores, porque si eres de unos tienes que odiar a los de los otros, y comportamientos humanos de los artistas sirven para descalificar toda su obra, o bien criterios nuevos convierten a un autor pretérito en un apestado. En este pim-pam-pum han recibido hasta en el velo del paladar celebridades que han escrito, pintado o compuesto obras cimeras. Que si fueron filonazis, o nazis directamente, que si les bailaron el agua a Stalin o que fueron rebeldes de salón que sirvieron de coartada al sistema. Y se forman bandos, en los que elevan a la divinidad a determinados nombres porque se supone que crean lo que cada cual quiere, o bien ni siquiera pesa su obra, sino porque milita en el mismo pensamiento expresado en entrevistas conferencias o sacadas de las hemerotecas si ya ha fallecido, o por sus conductas personales ajenas a su obra. Por el contrario, y por las mismas razones aleatorias, así, de repente, Nabokov se ha convertido en un pederasta, Simone de Beauvoir en una indeseable, Louis-Ferdinand Céline en un colaboracionista, García Márquez en un castrista y Herman Hesse en un nazi, sin atenuantes. Da igual si han escrito Viaje al fin de la noche o El segundo sexo, han pintado El Guernica o Las hilanderas, han filmado Annie Hall o Tess, han esculpido El Pensador o han compuesto La Pastoral. Y digo yo que tal vez pudieran ser ciertas algunas de estas afirmaciones, o todas, pero entonces, sea por su biografía o por el pensamiento que transmiten algunas obras (siempre interpretable según los colores del cristal), ya podemos dar por liquidada la cultura universal, y nos preparamos para prescindir de obras maestras de la literatura, la pintura, el cine, la música y hasta de los cómics y anuncios publicitarios que han marcado épocas. Si no fuera tan escandaloso y triste, daría risa que las voces que exigen la censura de unas obras o unos nombres sean a menudo las mismas que claman por la libertad de expresión.


3r56.jpgQue se celebre cada 21 de marzo el Día Mundial de la Poesía seguramente indica que se le presta poca atención. En general, se entiende la poesía como algo endeble y propio de personas pusilánimes y extraviadas de la realidad. Es falso, la poesía es expresión de fortaleza que nace de las almas fuertes y apela a la humanidad, a la inteligencia y a la sensibilidad. ¡Ah, qué triste equiparar sensibilidad con languidez, debilidad y cursilería! Si algo no es remilgado en el mundo es la poesía, que nunca consiste en apilar versos que suenen o que incluso estén tamizados por cien diccionarios; la poesía es otra cosa y aparece en los versos, pero también en la prosa, en cualquier acto creativo en incluso en la vida cotidiana. Porque se trata de una forma de mirar, es el microscopio del pensamiento, el bisturí que transforma a los seres humanos. Poesía es entablar relación de igualdad con personas afectadas por el Síndrome de Down, que también celebra hoy su Día Mundial. ¿Hay algo más poético que la comunicación entre seres humanos? Desde la poesía se crea belleza, pero no solo la belleza puede ser poética. Así que hoy felicito a la gente que hace poesía amasando pan, cuidando a un anciano, contando una historia, barriendo una calle, enseñando a quien no sabe, transmitiendo los tres focos de luz de la poesía: humanidad, inteligencia y sensibilidad. Y, cómo no, felicito a quienes, escribiendo versos, a veces también hacen poesía.

COSAS MÍAS

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No estás todas las que son, pero sí son todas las que están.
COSAS MÍAS

Juan Hidalgo.jpg

(Foto tomada de Internet. Desconozco autoría)


Este febrero que nos deja ha sido raro, otro momento en el que suele repetirse la frase de que estamos clausurando una época, lo cual es cierto, pero también lo es que según se mire, porque la época de las grandes figuras melódicas forma parte de la historia de muchas personas, pero no tengo claro si esa época se clausuró con Modugno, con Sinatra o con Nat King Cole, o habrá que esperar a que cierren su carpeta Aznavour y Tony Benet. Tampoco sé si otra vertiente de la música cerró cuando desaparecieron Nina Simone o Ella Fitzgeral, o dará el carpetazo final con la inminente retirada de la inalcanzable Aretha Franklin. Tal vez esta semana cerró la conexión parisina del arte canario con la muerte de Juan Hidalgo, y que siempre tuvo un hilo de seda, fuera con Oscar Domínguez, con Juan Márquez o con Blas Sánchez. Hidalgo fue atrevido, innovador e iconoclasta, aunque de alguna manera eso acabó convirtiéndose en una especie de academia de la creatividad. Al verlo en el CAAM durante el inicio del gran viaje, dormido y silente, desprecoupado, pensé que de alguna forma nos dejaba la responsabilidad de seguir con la imaginación alerta. Seguramente la imaginación, la creatividad y el humor (Juan Hidalgo lo utilizaba) sean las únicas armas que tenemos para afrontar un mundo que cada día es más cerrado y cruel. Como decíamos hace una semana con Forges, ahora también sentimos que notaremos la falta del hombro de Juan Hidalgo en la empresa común. Y es que no abundan hombros fuertes. Ahora son memoria, y la memoria es siempre un homenaje.

Hoy, en el suplemento cultural Pleamar del periódico Canarias7, se ha publicado un especial dedicado al desaparecido poeta Carlos Ramos, con un artículo del poeta Javier Cabrera y otro del titular de este blog, una muestra de poemas de Carlos Ramos y una ilustración realizada para ello del artista Asmir Pozderovic "Asko".

Carlos Ramos, el poeta rescatado

Por Emilio González Déniz

Libro de Carlos Ramos.jpgSalvo sus amigos más cercanos y un reducido círculo alrededor de estos sabe de Carlos Ramos, un poeta que nació en Telde (Gran Canaria) en 1957 y desapareció por voluntad propia en 1979. Pasó por la vida como un relámpago, pero dejó la huella profunda de su talento. Su actividad literaria abarca los últimos cinco años de su vida (1974-1979). Su partida dejó a sus amigos perplejos y confundidos; conocían el enorme talento natural del poeta y desde entonces trataron de recuperar esa obra manuscrita dispersa e inédita, en manos de unos y de otros. Poco publicó en vida, aparte de algunas cosas en revistas y suplementos (varios poemas en la revista Ajoblanco, entonces de gran incidencia literaria en toda España), y algún texto dramático representado por grupos teatrales que entonces trataban de encender una llama después de la larga noche de la dictadura. Desde entonces, hubo varios intentos para dar a conocer su obra, pero nunca llegaron a cristalizar.

Por fin, sus amigos lo han conseguido, antes de que papeles volanderos aquí y allá fueran diluidos por el tiempo, el extravío o el olvido. La mayor parte del trabajo ha recaído en los artistas plásticos, escritores y amigos Alfonso Crujera, José Medina Hernández, Agustín Hernández, Ángel Sánchez y Javier Cabrera, pero han sido muchas las personas que han puesto su empeño, desde el intercambio de fotocopias al paso al teclado de lo que estaba manuscrito. Patronos y colaboradores han hecho posible que se reúna la obra del poeta en la colección Biblioteca Carlos Ramos, que sale bajo el sello de Ediciones OK en cinco tomos desde ahora a 2019.

Es muy evidente que la recuperación de la memoria del poeta es la hermosísima historia de una amistad indeleble de un grupo de artistas en distintas materias, pero sobre todo es un ejemplo de la necesidad de dar a conocer un legado literario importante. Como dice Ángel Sánchez en el prólogo, nunca sabremos cuál habría sido la trayectoria literaria de un autor que murió a los 22 años y dejó una obra importante y muy personal. Quién sabe si se habría proyectado muy arriba con una obra in crescendo, se habría convertido en uno más de los que formaron la Generación del Silencio, o incluso si ese silencio habría apagado su luz definitivamente como ha ocurrido con otras voces que no aguantaron la dura travesía del desierto. También es verdad que ninguna de esas brasas convertidas en cenizas fue tan tempranera y tan luminosa como la del malogrado poeta teldense.

Lo que sí sabemos es que Carlos Ramos tiene hoy un lugar en nuestra historia literaria, y es una novedad leer ahora por primera vez poemas que llevan cuarenta años a la espera de ser alumbrados. Y la impresión de esa lectura es la de que estamos ante un poeta que permanece, que no es una curiosidad arqueológica, sino un poeta vivo, actual, eterno.

Consta este primer tomo de la Biblioteca Carlos Ramos de un poemario, O la luz tiene huellas en su frente, de dos opúsculos con vida propia, Dejad que los muertos entierren a sus muertos y Poems for descargas, y de dos pequeñas colecciones de poemas. La injusticia, el dolor y lo eterno sobrevuelan todas las páginas de este libro, con la voz firme del poeta que indaga en lo ignoto, lo oculto, y que habiendo acumulado un miedo pavoroso a lo desconocido, acaba perdiendo toda prevención para desafiar ese miedo hasta anularlo. Sus versos son infatigables surtidores de imágenes polisémicas que nos muestran varias dimensiones del mundo.
***


Carlos Ramos. Su poesía a día de hoy

Por Javier Cabrera


La selección de poemas que aparece en esta página es una pequeña muestra de la obra poética que Carlos Ramos produjo entre los años 1974 y 1979, periodo de máxima actividad creativa hasta el año de su fallecimiento, con apenas 22 años. Estos poemas en concreto datan del año 1976. Hablamos entonces de un poeta que, nacido en 1957, cuenta en ese momento con sólo 19 años. Sorprende, así, la concentración de imágenes en sus versos, la unidad de criterio en su concepción lírica y la madurez en un sostenimiento continuado del pensamiento. La suya fue una poesía de orden vital, con características tales que la hicieron pivotar entre el experimentalismo de la época -cierta asunción de Paul Celan-, la actitud desaforada de Alejandra Pizarnik -poeta de cabecera en más que contadas ocasiones- y cierta constancia de los últimos ramalazos de la condición surreal, rayando a veces, por qué no explicitarlo, en una deriva que le empataría -como vislumbra el poeta y ensayista Ángel Sánchez- con la radicalidad lúdica de cierto Artur Rimbaud. Pasemos, entonces, a leer esa muestra.

Es, Carlos Ramos, indiscutiblemente, un poeta de su tiempo, tanto que, tras casi cuarenta años de permanecer su obra ajena a una lectura consciente, al retomarla, caemos en la cuenta de dicha premisa apenas avanzamos en la lectura de sus versos. Viene esto a decir, y confirmar, que su obra goza de la actualidad más inmediata de una escritura puesta al día. Nos produce satisfactoria alegría que su poesía parece haber sido escrita apenas días antes de ser leída a día de hoy. Lo que viene a concluir que su obra, tras esos casi cuarenta años desde su muerte, está tan al día que pregona entre sus líneas la actualidad más cenital.

Los poemas aquí reproducidos pertenecen al Primer Tomo de una selección de su obra que abarcará 5 libros y que se editarán bajo el titular genérico de Biblioteca Carlos Ramos.

***

CR-Ilustracion de Asmir Pozderovic (ASKO).JPG

Poemas

-1-
V
La palmera bañada de viento
recogió su figura hasta quedar en
un otoño blanco:
quemar la forma en vida fugaz
que se cuelga
columpiándose en las barbas negras
de los antepasados no gloriosos.


-17-

Estoy a punto de estallar en el lenguaje del silencio
a desgajarme entre el espacio separado de los dos
yo
yo
Presiento que cuando te encuentre encontraré la muerte
Presiento que cuando te encuentre encontraré la vida
Encontraré el secreto de tu búsqueda entre el respiro de la arena
y entre los huracanes
del silencio cuando estalle entre las vidas
y rompa la costumbre de los tiempos al ruido de mil ojos
Reprendo mis acciones y acabo hecho pedazos por
el fuego, que me entierra en el viento para no pararme en el camino
encerado que conduce hasta el silencio
abierto por las gotas del rocío
Me dejo llevar hacia la noche
En el rito de amor desconectado por la luz
en el baile de la hoguera resaltada

(Del libro O la luz tiene las huellas en su frente, 1976)

En el panteón familiar
Resopla el viento
Como si quisiese
Recordarnos
Las tardes que pasamos
con las manos unidas
y los ojos sangrando metal
Ahora se nos quedó la palidez
entre los labios
y dejamos los úteros vacíos


Con el elixir del resorte
que zozobra por el polen
mancha a los hombres
Que en las esquinas
Rompen a llorar guijarros
Como tiernos
Alelíes de cristal
y se desembocan
como caballos
de plástico
Entre la humareda de los autos.


Con los rostros pintados por las aceras
Te fuiste y me quedaron las lágrimas
En el pensamiento
Rizos de metal
Rizos de acero que
me ruborizaron la noche
erecta por la luna

(Del libro Poems for descargas, 1976)


Aunque los días propenden al tema Malos tiempos para la lírica, del grupo Golpes Bajos, y rememorando los versos de Bertol Brecht, creo que la literatura es un refugio en el podemos seguir encontrando humanidad, un lugar en el que se puede rebuscar elementos que nos acerquen al otro. Por ello, estos días he intentado abstraerme de esa vorágine en la que tratan de hacer del dolor un espectáculo, yIMG_6844.jpg me he encontrado con mis libros, que ya son míos aunque fueran otras las manos que los escribieron y otras sensibilidades las que les dieron forma. No quiero hacer reseñas técnicas ni valoraciones subjetivas; solo quiero agradecer a esos libros la compañía que me brindan, el soporte moral que me ofrecen.

Y plasmo mi agradecimiento al poemario Mi corazón es un cubo de Rubik desordenado, que es solo un título porque en el interior ese desorden busca acomodo como las manzanas en un cesto. Su autora, Tina Suárez Rojas, nos habla desde los seis colores de ese cubo. Leer a Tina es siempre una aventura, no hay camino que desdeñe y eso siempre es un acicate para visitar su poesía. También me he acercado a La caligrafía de los isópodos, un libro en el que Evelyn de Lezcano marca territorio poético. Tengo que agradecer igualmente el diálogo con los poemarios escogidos por Eugenio Padorno para la colección Faro de La Puntilla: Alétheia del sur de Iván Cabrera Cartaya, Puerta de embarque de Aquiles García Brito, Ardentía de Antonio Arroyo Silva, En La Isleta de Manuel Díaz Martínez o Remanente al alza de Ángel Sánchez. La poesía siempre es una manera de encontrarse, y por ello hay que agradecer cada verso que nos llega. Y si, para variar, queremos cambiar a la prosa, siempre es buen momento para compartir las reflexiones que hace Rubén Benítez Florido en el libro De la levedad a la insignificancia, título que homenajea claramente a Milan Kundera, o releer al propio Kundera, o incluso volver a la biografía de María Estuardo, de Stefan Zweig, libros que son apuestas seguras para aprender de nosotros mismos.


Aunque el tópico representa a los creadores enfrentados a la crítica, está social, intelectual y académicamente reconocido que la crítica literaria es una rama de la literatura que trata de su mejor comprensión y de su valoración, siempre subjetiva porque en la apreciación del arte la visión personal juega un papel fundamental. Otra cosa es que posiblemente la peor crítica a una obra de arte sea el silencio, y es evidente que se habla de los nombres bien promocionados, que pueden o no coincidir con los más grandes. Pero eso es así desde que existe la crítica literaria, cuyo origen sitúan los especialistas en Dionisio de Halicarnaso, un historiador de origen griego que vivió en Roma en tiempos del emperador Augusto. Entonces, aparte de lo escrito, tenía gran importancia lo hablado, y así la retórica también era objeto de comentarios. ¿De quién trataba en sus escritos? Pues de oradores anteriores, ya tenidos en su tiempo como clásicos, como Lisias, Isócrates y Demóstenes, y de escritores como Tucídides, también de siglos anteriores a Dionisio. Se echan en falta sus críticas sobre sus contemporáneos, y eso que coincidió en el tiempo con el tridente mágico de la poesía latina: Horacio, Ovidio y Virgilio.

Dionisio halicar.JPGEse debe ser un defecto que durante dos mil años han heredado los críticos. La prestigiosa profesora y crítica Mónica Maud, que dirige un suplemento en un periódico de Santiago del Estero (Argentina) dice claramente que allí no existe la crítica literaria, a pesar de que hay valores locales del presente que merecen ser estudiados, y ocurre como en la Roma de Augusto, que siguen hablando de lo anterior. Y eso ocurre en todos los ámbitos literarios pequeños, donde sus escritores no son tenidos en cuenta, y se agrava hoy porque siempre se está pendiente de lo que marquen las grandes editoras y los grandes medios, que por supuesto no están en Santiago del Estero ni en las Islas Canarias. Sabemos hasta el año y hasta el mes del futuro en el que Paul Auster, Murakami o Pérez-Reverte publicarán su próximo libro, pero nada sabemos de lo que nace a nuestro alrededor.

¿Qué es lo que ocurre entonces? Pues que los propios escritores se erigen en reseñadores de libros ajenos, porque no queda otra; sus textos críticos aparecen en la prensa local, en revistas o en blogs. Lo siguiente es que surgen voces que hablan de amiguismo, pero lo cierto es que si los propios escritores no reman nada se mueve. Claro que, siempre está el "supremo poeta" que se erige (tiene sus palmeros, no crean) en el más grande, el más incomprendido, el único, y de paso niega incluso la existencia de literatura nueva porque él "no la ve". O un reconocido crítico, que poco suele tratar sobre lo escrito en Canarias en los últimos 40 años, que afirma que la crítica en estas islas se reduce a "torpes reseñas" (las que aparecen en prensa local, blogs o revistas) que no sirven para nada. Y, claro, si no se hacen esas reseñas se producirá el silencio. Tal vez es eso lo que quieren, ser los últimos de Filipinas y "después de mí, el diluvio".

IMG_6392.jpgTambién tendremos que esperar a que la crítica académica mire a su alrededor, pues las universidades canarias van, tramos más o menos, por el punto kilométrico de Manuel Padorno, Arturo Maccanti y la Generación del 50 o por ahí. Para la supuesta gran crítica, hace medio siglo que no se crea literatura en Canarias, y cuando se dice tímidamente por escrito que algo se ha movido cae sobre quien así se ha atrevido el calificativo de torpe. Por si fuera poco, siempre surge algún espontáneo que niega por sistema cualquier cosa que se escriba aquí, e incluso hay otros que mienten adjudicando a voleo prebendas y favores que nunca existieron. Eso tampoco ayuda, pues ya solo falta que abran una lista de firmas para pedir que la literatura escrita en Canarias entre en el código penal. Y también hay que tener cuidado si alguien se atreve a hablar de un libro, porque puede que no guste lo que dice, y se está llegando al paroxismo de hacer crítica de la reseña. Así, siguen ganando los que quieren silenciar a una sociedad, y surgen rumores sin compromiso, pues se ha llegado a decir que hay gente que publica críticas de sus propios libros. Si eso ha ocurrido, me gustaría saberlo, porque nunca he tenido constancia de que nadie haya reseñado su propio libro, si siquiera con seudónimo.

Así que, seguimos a la espera de esa crítica seria y rigurosa que sustituya a las "torpes reseñas" que aparecen en periódicos, suplementos, revistas y blogs (esa es otra, algunos parecen no haberse enterado de que buena parte de estas actividades, tanto creativas como críticas, están en el mundo digital que para ellos no existe). Pudiera ser que un día de estos a alguien se le ocurra mirar a su alrededor y tal vez descubra que, entre lo que se ha escrito en los últimos 40 años, haya tal vez obras con tanta calidad como las que consideramos clásicas. O más. Pero claro, siguiendo al santo patrono Dionisio de Halicarnaso, mirar hacia atrás es menos comprometido.

***
(Pido disculpas por la necesaria extensión de este trabajo).

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