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Archivos Noviembre 2018


El análisis de la actual situación política en España podría hacerla un cronista deportivo, de fútbol a ser posible, y le cabría la explicación de que, como le ocurre a determinados equipos, no juega a nada, aunque a veces gane algunos partidos. El cronista diría que no hay intencionalidad de jugar al "catenaccio" italiano, al ataque inmisericorde como el Real Madrid clásico, al fútbol de un tren de mercancías como Alemania, o a la filigrana preciosista de la leyenda brasileña. Es decir, se le da a la bola según llega y luego esta puede irse fuera o ser gol, incluso en propia puerta (por supuesto, la culpa es del árbitro, del mal estado del campo o del faraón Tutankamon, nunca propia). Si esto siempre fue así, ahora es peor, porque se acabaron los amaños y se han derrumbado los prestigios, que sabemos que se mantenían por el silencio de los medios de comunicación, porque trapisondas siempre las hubo.

gibraltar.jpgEstá cada vez más claro que no es lo mismo saber que certificar. Me hace gracia que se rasguen las vestiduras cuando se hace pública una corruptela. Es de risa, porque siempre se han sabido esas cosas, pero no se publicaban y habitualmente no tenían consecuencias jurídicas o políticas. A los diez minutos de bajarte del avión en Barajas, alguien te había contado el desvío de un trazado ferroviario para que revalorizaran terrenos de la familia de un alto cargo, el nombre de la nueva amante de alguien innombrable por poderoso o cualquier otro asunto que nunca se reflejaba en las informaciones; eran secretos a voces pero nadie le ponía el cascabel al gato, entre otras cosas porque las distintas burbujas beneficiaron a mucha gente; se callaban como el Lazarillo de Tormes cuando cogía uvas a mansalva del racimo que compartía con el ciego, hasta que este se dio cuenta y le soltó una bofetada como la que nos ha caído encima en los últimos diez años.

Antes, las noticias verdaderamente fuertes iban de boca en boca, ahora se publican y queda muy feo que, ante tales novedades, los fiscales miren para otro lado. En los años del silencio mediático, de vez en cuando surgía algún escándalo, que supongo dejaban circular para que funcionara como la válvula de una olla a presión, y a menudo eran ajustes de cuentas entre poderes y poderosos; como dice Woody Allen sobre la Mafia, no eran peligrosos porque solo se mataban entre ellos. Pero cuando se acaba el pastel, nadie conoce a nadie, y es por eso que ahora surgen los conflictos que durante décadas estaban acallados, el Lazarillo veía que el ciego cogía las uvas de dos en dos, y no protestaba porque él las arrancaba de tres en tres. El problema es que no hay racimos infinitos.

En la confusión, crece la demagogia, que la RAE define como degeneración democrática. Lo hemos visto con Gibraltar; el gobierno socialista ha tenido que luchar contra unos renglones del Brexit que supuestamente perjudicaban a España. Vende el cambio de redacción como un éxito histórico (demasiadas esdrújulas), mientras Casado habla de gran fracaso (también histórico), pero no dice que, durante el año y medio de negociación (y gobernando), el PP había dado por bueno el texto (o Dastis y Rajoy no se habían enterado), y ahora resulta que la culpa es de lo mal que lo ha hecho Sánchez. Así pasa con todo, porque lo de Gibraltar es un imposible histórico (esta vez de verdad) que dura ya más de tres siglos. Casado dice que la rectificación carece de valor jurídico, y de ello tendríamos que deducir que todo el documento del Brexit no se ajusta a Derecho, porque la nueva redacción forma parte de él. La situación es inamovible, da igual lo que ponga el texto, que lo escriban en letras de oro o que quemen el papel.

IMG_20181122_130318hhh.jpgPero ha sido solo un espectáculo para que los gobiernos de Madrid y Londres y la Comisión Europea saquen pecho sobre "lo bien que negocian". El Reino Unido es una de las potencias vencedoras de la II Guerra Mundial, brazo armado de Estados Unidos en Europa, y ni en sueños va a soltar Gibraltar ni siquiera con la entelequia de la soberanía compartida. Lo de paraíso fiscal es una menudencia sobrevenida que empezó no hace mucho tiempo y tal como apareció puede desvanecerse. La verdadera importancia de Gibraltar es su valor estratégico militar. Si en la improbabilísima hipótesis de que, en un ataque de flaqueza, a los gobernantes ingleses se les ocurriera aflojar su política gibraltareña con España, El Tío Sam se encargará de darles un codazo de advertencia, porque El Peñón es la llave de la puerta occidental del Mediterráneo, que controla la posible salida al Atlántico de la flota rusa del Mar Negro (y más ahora con la nueva crisis de Crimea), que siempre fue una obsesión zarista y soviética, y ahora quita el sueño a Putin. Así que, todo lo que se hable de Gibraltar es patrioterismo barato, bisutería política, porque los hechos son los que son. Ha habido una semana de entretenimiento mediático y asunto cerrado. Y es que he visto parvularios con más adultez que la de nuestra clase política.

Volviendo al símil del locutor deportivo, los equipos que no juegan a nada no llegan a nada. En mi opinión, sabiendo que Gibraltar es también una roca política y militar inexpugnable y eternamente en manos británicas, lo más inteligente habría sido pasar de puntillas sobre el renglón de la discordia, porque lo que iba a producirse inexorablemente era que quedara en evidencia el leve peso de España en la escena internacional. Como dijo Groucho Marx, es mejor permanecer callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente.
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(Este artículo fue publicado en la edición digital de Canarias7 del día 27 de noviembre).


Suele decirse que el periodismo nació en la Inglaterra del siglo XVIII, décadas antes de la Revolución Francesa, pero en realidad ya se ponían comunicaciones para la gente desde la época de Julio César, y durante la Edad Media había hojas volanderas que comunicaban. Fue en la Venecia más gloriosa cuando se imprimían noticias y opiniones que se vendía al precio de una gazetta, que era la moneda veneciana de la época, y de ahí surgió el primer nombre de las publicaciones, que se instauraron como tales y con fuerza durante el siglo XIX. Los grandes magnates norteamericanos de la prensa influían en la sociedad y en la política, como los míticos Joseph Pulitzer o William Randolph Heart, pero es que los grandes empresarios de la época de consolidación y crecimiento en Estados Unidos se dedicaban en origen a una sola actividad: Carnegie los trenes, Rockefeller el petróleo, los Hermanos Lehman a la banca, los mencionados Heart y Pulitzer a las empresas periodísticas y así en diversos sectores, si bien es cierto que pronto comenzaron a mezclarse intereses y el dinero sin nombre se infiltró en las redes del capitalismo que hoy conocemos.

Scan Mayte.jpgEn esa primera situación, las empresas periodísticas vivían de sus suscriptores, y podían ser relativamente libres, pero cuando el dinero pesó más desde la publicidad, la libertad de prensa empezó a diluirse, y la verdad impresa se tornó duda razonable. El fenómeno ha empeorado con el tiempo, por implicaciones políticas, y eso si hablamos solo de la prensa en países supuestamente democráticos, porque si entramos en otros espacio hablamos de censura clara y manifiesta. Hoy no serían posibles situaciones como la narrada en la famosa película de 1952 El cuarto poder, porque la dueña del periódico encarnada por Ethel Barrymore tendría negocios en otros sectores y el defensor irredento del periodismo independiente que interpretaba Humphrey Bogart estaría despedido y sin posibilidad real de encontrar trabajo en otro medio. Quiero decir que, desde siempre, se ha cumplido la conocida definición de que periodismo es publicar algo que alguien no quiere que se publique.

Muchas voces han sido acalladas, y en estos tiempos son demasiado frecuentes los asesinatos de periodistas en lugares como México, o más cerca, en Rusia, y ahí al lado, en Malta, dentro de la UE, por no hablar de los muertos en misiones informativas en lugares en conflicto, de triste memoria para todos. Y es que, cuando se mezcla la política, el crimen organizado y el dinero, el periodismo estorba.

De eso habla La espiral del silencio, la novela de Mayte Martín que hoy presentamos. Y después de lo dicho, podríamos pensar que ya no existe el periodismo porque ha sido devorado por el dinero. Pero es que precisamente, en estas condiciones tan adversas, en las que muchas personas se juegan la vida y a veces la pierden, sigue habiendo intención y vocación de contar eso que alguien no quiere que se cuente. Hablamos de gente que tiene un armazón ético indestructible, y desde luego una valentía que no tendría que ser imprescindible para empuñar una pluma o un micrófono, o para dar imágenes que alguien no quiere que sean vistas.

La manera que Mayte tiene de contarnos esto es a través de una novela negra; que en realidad no es negra por el género sino porque nuestra sociedad se está convirtiendo en un sistema que funciona como las tramas más socorridas del género. Por desgracia, a las novelas negras hoy habría que llamarlas realistas. Así de tremendo es el problema que a todos nos atañe. La libertad de expresión y por lo tanto la libertad de prensa acaba cuando choca con intereses políticos, económicos o de la propia empresa en la que se trabaja, por no hablar de otras organizaciones indeseables que por desgracia meten sus garras en todas las actividades humanas e inhumanas que dan dinero.

La lectura de esta novela produce desasosiego porque logra transmitir esa inseguridad en la que finalmente no puedes fiarte de nadie cuando hay algo importante en juego. Mayte pasa por ello a formar parte de esas personas valientes que, sea en forma realista y documentada, sea en forma metafórica, expone y denuncia, no solo el desprecio a la vida de los profesionales honestos del periodismo, sino porque se está cometiendo un crimen que nos afecta a todos. Lo que matan de un solo tiro es la verdad y la libertad. Poner sobre la mesa algo tan terrible es por lo tanto un acto de valentía. Si, además, está bien escrito, solo me queda felicitar a su autora.


Desde que, la semana pasada, el nuevo Estatuto de Autonomía fue publicado en el BOE y por lo tanto entró en vigor, llevo dándole vueltas a todo eso de las ventajas que para Canarias tiene que las decisiones importantes se tomen más cerca. Oigo pregonar a los cuatro vientos que tendremos más autogobierno y que la representatividad será mejor porque ahora habrá setenta diputados. Todo suena a música celestial porque siempre es importante que rijan los destinos de una comunidad aquellos que la viven y sienten, porque el mito de que Madrid no se entera es una realidad comprobada. En consecuencia, tendría que estar contento.

IMG_20181108_160652.jpgPero, ¡ay! Echo la vista atrás y lo que veo en estas tres décadas y media no me tranquiliza. A medida que ha ido pasando el tiempo, los poderes económicos de Canarias se han ido afianzando en su control de la política, y ya da igual quien gane las elecciones, siempre gobierna el mismo partido, unas veces con el apoyo de un lado y otras con el de otro, y durante años ha sido una mesa de tres patas que necesitaba dos para sostenerse. Como las posiciones de dos de ellas se tornaron irreconciliables, la tercera siempre ha gobernado con el bastón de mando, y últimamente hasta lo ha hecho sola. Uno se pregunta cómo es posible que los otros se lo permitan, y la deducción es que están en el mismo barco y les toca hacer de grumetes. En las últimas elecciones entraron nuevas fuerzas en el Parlamento, pero ni se notó, como no fuese para que una de las ellas agachara también la cabeza. Es decir, ni con cuatro, ni con cinco, ni con seis patas en la mesa cambia el que reparte la baraja.
Y ahora nos dicen que va a haber una nueva circunscripción electoral autonómica que por lo visto resuelve el desequilibrio que hay en la representatividad por aquello de la triple paridad, que es una mentira que nos hemos tragado y que finalmente nada resuelve. Porque si los escaños proceden de una u otra isla, se supone que el Parlamento trabaja para todo el Archipiélago, y si ahora ese desequilibrio disminuye, sigue siendo abismal la diferencia en el valor de los votos de los canarios según dónde vivan. El caso es que Canarias está en la cola de todos los baremos, y el de la desigualdad social y la pobreza es alarmante. Que haya nueve diputados más o que sean de aquí, de allá o de la Patagonia no resuelve el problema si no se legisla y se gobierna pensando en la gente sino en quienes pagan las campañas electorales.

Se toman las decisiones más cerca. Cierto, pero no parece que se tengan en cuenta las necesidades de esta tierra, solo los deseos de quienes tienen el dinero y quieren más. Como se ha dicho en estos días refiriéndose a las políticas de las grandes potencias con el Tercer Mundo, esto no es economía, es avaricia. Hay dinero para disparates clamorosos y no para atender las dependencias; sanidad, la educación o incluso la seguridad han pasado de ser un servicio fundamental a convertirse en negocio de unos pocos; se gastan pastizales de dinero público en promoción turística y quienes recogen la cosecha esa lluvia de millones pagan salarios exiguos, y se echan manos a la cabeza por una raquítica subida de salarios. El argumento que se aplaza es que hay que diversificar la economía, pero no se dan pasos en esa dirección, y da risa ver cómo en los presupuestos de 2019 se asigna a cada una de las universidades públicas canarias 250.000 euros en I+D+I. ¿A quién quieren engañar? Y nos ponen la zanahoria con el 75% de rebaja en los viajes de los residentes, y al final todo sale de las arcas comunes y acaba en el bolsillo de las grandes corporaciones, en este caso las compañías aéreas, que se despachan a gusto con los precios. Y con todo esto sobre la mesa, se vanaglorian de que tenemos un autogobierno magnífico. La pregunta es ¿para quién?

La demostración de que solo se gobierna pensando en grandes cuentas de beneficios son las muchas decisiones que se han tomado o se quieren tomar. Se ha demostrado o hay informes de que son pan para hoy y hambre para mañana, desde el empecinamiento en las gasificadoras en una tierra con obvias posibilidades de profundizar en energías limpias y con costes menores, hasta trenes, teleféricos o macromuelles, que, aparte de ser ocurrencias interesadas y dañinas para el paisaje que pretenden vender, si llegasen a funcionar necesitarían otras infraestructuras de comunicación que devorarían territorio en islas donde lo que escasea es el espacio. En los últimos 35 años se ha perdido una oportunidad histórica para crear prosperidad colectiva, y temo que el nuevo Estatuto ponga más decisiones vitales en manos de los depredadores sociales. El autogobierno es efectivo cuando se ocupa del bienestar colectivo, cuando prioriza a las personas, cuando escucha la voz de la razón. Pero aquí no se escucha a la gente, y los tribunos se envalentonan porque creen que con unos carnavales, dos paseos ciclistas urbanos y cuatro maratones entretienen a la plebe y dejan tranquilos a los patricios para que sigan engordando su avaricia.
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(Este artículo fue publicado en la edición digital de Canarias7).


Aunque la novela corta ya tuvo su gran recorrido en centurias anteriores, con ejemplos españoles tan brillantes como El lazarillo de Tormes o las doce Novelas Ejemplares de Cervantes, por lo general cuando se habla de novelas cortas siempre se tiende a minusvalorar la obra, aunque es bien cierto que muchas de las cimas narrativas de los siglos XIX y XX suelen ser muy largas, pero junto a ellas siempre hubo novelas menos extensas y de gran calado literario, como las narraciones de Stevenson o maravillas como La muerte en Venecia (1912), de Thomas Mann, o La metamorfosis (1915) de Kafka.

20170526_114526.jpgEn el segundo tercio del siglo XX hay una eclosión de la novela corta, cuyo comienzo podríamos situar en 1942, cuando Camus publicó El extranjero y Cela La familia de Pascual Duarte, y el final en 1961, en el cierre de la trilogía de las primeras novelas cortas de García Márquez con El Coronel no tiene quien le escriba. Y en medio, una colección de joyas literarias, todas espléndidas, en diversos géneros, que van desde El principito, La invención de Morel y La perla, hasta El viejo y el mar, Réquiem por un campesino español, Pedro Páramo, Casas muertas o Desayuno en Tiffany's, firmadas por gigantes en varias lenguas. Y en el centro cronológico de este listado, en 1948, aparece El túnel, la primera novela del argentino Ernesto Sábato.

Aunque los temas y los enfoques de estas novelas son diferentes, todas tienen algo en común: de una forma o de otra merodean el existencialismo, cuando no se sumergen directamente en él. Esta corriente filosófica se afianza en el siglo XIX, de la mano de Kierkegaard y Nietzsche, y de autores literarios tan rotundos como Dostoievski. De algún modo, en el siglo XX siguen su estela pensadores tan dispares como Heidegger, Unamuno y Ortega, pero quien le puso nombre fue Jean-Paul Sartre en los años cuarenta, década en la que también surgen novelas existencialista de Camus, Simone de Beauvoir y del propio Sartre (estos últimos no entraron en el reino de las novelas cortas, necesitaban más espacio).

Por ello, la primera definición que entonces y ahora se hace de El túnel es que se trata de una narración existencialista, aunque también hay quien dice que existencialista es toda la literatura, porque habla de angustias, dolor, alegría y todas las pasiones humanas habidas y por haber. Otros encendidos apologistas suelen hablar de novela psicológica, de cómo se entra en la mente de un asesino y por lo tanto trazan un perfil de Juan Pablo Castel, el protagonista. Al final, todos caen en brazos de Dostoievski, precursor del existencialismo (también dicen que del psicoanálisis) en sus atormentadas narraciones. ¿No sigue este personaje sabatiano el mismo trayecto que el Pascual Duarte de Cela, el Meursault de El extranjero o el mismísimo Rodión Raskólnikov de Crimen y castigo?

Cuando se afronta cualquiera de las novelas cortas mencionadas, la reacción suele ser similar a la que se produce ante otra novela al uso, pero no sucede así ante El túnel. Las críticas, reseñas o comentarios suelen escapar a lo estrictamente literario y toman preferentemente uno de estos dos caminos: el filosófico o el psicológico. Cuando se toma la segunda vía, hay de todo, desde quien se mete en jardines freudianos y reproduce una relación edípica entre Castel y María, su víctima, hasta quien lo zanja con la conclusión, a mi modo de ver apresurada, de que el protagonista es simplemente un esquizofrénico que no ha tomado la medicación. Porque algunas de estas novelas, como la que comentamos, y las mencionadas de Camus y Cela, escarban en la mente de un asesino, y en algunos momentos podemos entender -no compartir- los motivos de su crimen, y de ahí nace la crítica de que, en cierto modo, lo justifica.

IMG_5580.jpgPero eso no es verdad, Sábato, como los otros autores, se interna en el pálpito de la vida y el laberinto de la mente humana. En ese sentido, la novela de Sábato admite un estudio psicológico tanto como un discurso filosófico con los soportes existencialistas. Siendo como es un libro rabiosamente literario, siembra siempre la duda de si es una novela que permite lecturas desde otras disciplinas del pensamiento fuera de la literatura, o bien es una especie de ensayo que utiliza el formato novela para generar debate. No estoy seguro de si Santiago Gil podría determinar si esta es una novela escrita con un mapa o con una brújula. Por consiguiente, surge más que nunca en literatura la duda de si fue primero la tesis que dio lugar al edificio narrativo o si en el camino creativo se reflejó la vida y al final se conformó una tesis. Pero, claro, ¿cuál?

Reza el refranero que algo tendrá el agua cuando la bendicen. Este refrán puede usarse en sentido negativo para dar credibilidad a un bulo o en forma positiva para certificar que una persona o una obra tienen un elemento especial -desconocido o inexplicable- que los pone en la cima. Este puede ser el caso de esta novela, porque pocas veces un texto tan breve ha dado lugar a tantas teorías, debates, opiniones y adjudicaciones de determinados argumentos en todas direcciones y en distintas materias. Se puede contraponer cualquier otro ejemplo, que siendo breve, también haya hecho correr ríos de tinta, pero suele ocurrir que, tomando como ejemplo otras novelas cortas como El extranjero o Pedro Páramo, siempre las teorías y las opiniones sobre ellas van todas en la misma dirección y casi nunca se salen de la literatura. Y otro detalle, cuando se habla de lo estrictamente literario, jamás se pone en tela de juicio el argumento, la estructura, los planos narrativos o cualquier otro elemento formal; se da por hecho que es una obra maestra sin que casi nunca se entre en explicar por qué, ya que al menor despiste se suele entrar en otras dimensiones que salen de los carriles lingüísticos o literarios.

Estamos, por lo tanto, en el aniversario de una de las obras más estudiadas, debatidas y utilizadas de nuestra lengua, aunque posiblemente no supere en lectores a otras menos generadoras de debate. Alguien ha dicho que este es a la vez un libro mágico y maldito, porque si convenimos con los clásicos que la certeza es un estado de ignorancia, nunca tenemos la seguridad de si entramos en la oscuridad del túnel que le da título al libro o logramos ver una brizna de luz al otro lado. Al publicar El túnel, su autor consiguió dispersar cualquier certeza y despertar inquietud, desasosiego y malestar, que fue exactamente lo que pretendió. Sábato en estado puro. Setenta años después, el debate sigue tan vivo como en 1948. ¿Cabe mayor éxito?
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(Este trabajo fue publicado en el suplemento Pleamar de la edición impresa de Canarias7 el sábado 10 de noviembre de 2018.


Desde hace casi dos década, expertos, comentaristas, entidades de peso y trillones de conversaciones de barra de bar están en el acuerdo unánime de varias cosas, que al cabo son la misma: hay que revisar la estructura del estado, la relación entre los territorios, la jefatura del estado... Vamos, que urge reformar a fondo la Constitución de 1978, o bien hacer una nuev
a porque las condiciones en las que fue redactada la actual impidieron que se hiciera bien. Claro, que "hacerla bien" es un asunto muy complicado, porque ese concepto tiene distintas lecturas según para quien. Antes de que naciera la primera hija del entonces Príncipe de Asturias, se hablaba de cambiar la actual preferencia de los varones para heredar la corona, y en cada momento se apunta algo, pero nada se mueve. Al listado de opiniones unánimes en la necesidad de cambio hay que añadir a muchos políticos en la oposición, que cuando llegan al poder y tienen más capacidad de iniciativa se olvidan.

IMG_8424ttttt.jpgDice el refranero que no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, aunque pudiera ser que ese aplazamiento sine die no sea desidia, sino intención de que las cosas permanezcan como están. En otros lugares se sigue la norma de Lampedusa ("Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie"). Ya no es que cambie todo, es que ni siquiera se hace un gatopardismo pequeñito. Nada de nada. Y la conclusión es que hay unos poderes que están infiltrados en todas las instituciones políticas, civiles y hasta marginales a los que les conviene el status quo, porque cuando los más opuestos hacen propuestas radicales hasta pasarse de vueltas, en realidad siguen el juego, porque como su idea es imposible en la presente correlación de fuerzas, siguen enarbolando su discurso "insobornable", y a tirar un tiempito. Lo vemos ahora mismo que se acercan las elecciones: unos se plantan en el cambio de régimen, otros van a provocar donde no son bienvenidos y cada cual va a reforzar su electorado, que son cuatro años los que se juegan y no es cosa de quedarse en la cuneta por ser razonables.

Si había alguna esperanza en los nuevos partidos, ya se ha diluido. Juegan a lo jugaban los que ellos llamaban los de la vieja política. Unos se atrincheran en el poder y aledaños y otros claman por elecciones inmediatas, digo yo que deberán suponer que sus posiciones les van a dar más votos, pero las encuestas siguen siendo tozudas y me temo que unas nuevas elecciones van a seguir perpetuando lo que ocurrió en 2015, en 2016 y después de la moción de censura. Los soberanistas de Euskadi y Cataluña parecen empeñados en que vuelvan los de antes, porque deben tener el convencimiento de que contra la derecha en el poder se vivía más plenamente su radicalidad. Por su parte, la derecha ya se ha puesto en un discurso durísimo, y hasta los que se vendían como de centro hacen piña con un partido de ultraderecha que predica... bueno, lo mismo que el PP. Debe de haberlos poseído de pronto el espíritu del Cid Campeador, y su palabras convierten en izquierdistas las políticas de Adolfo Suárez, las inmóviles de Rajoy y hasta las muy alabadas del aznarato.

Si grande es la confusión que deben tener los posibles votantes de la derecha, no es menor la que sobrevuela a quienes nunca les votarían y reparten sus papeletas entre la socialdemocracia, la izquierda dura que antes por lo visto era transversal, los nacionalistas y la abstención. Como siempre, los triunfos de la derecha no proceden de la suma de sus votantes, que son casi inamovibles, sino de la abstención de la izquierda. Siempre es así, y los que ahora saltan de alegría porque las encuestas (cocinadas o no) les dan buenos números, olvidan que todos los encuestados contestan pero no todos los electores votan. Por lo tanto, cada cual ha sacado a pasear su propuesta más radical, sabiendo en la mayoría de los casos que es absolutamente inviable, sea la derecha, los independentistas o la izquierda. Mientras tanto, los nacionalistas "moderados" siguen agazapados a ver si les cae algo en la pedrea de las decepciones y las deserciones.

IMG_20180728_1905026y.jpgPor otra parte, cuanto más extremista es la idea, se supone que prestigia más a quien la propone. Siempre ha estado larvada, pero ahora el cambio de la forma de estado en república es debate frecuente en todos los foros. Y hablo desde el convencimiento de que esa es la forma de estado más democrática posible, pero resulta que, por muy radical que sea una propuesta, siempre habrá alguien que la tilde de acomodaticia, blanda, burguesa o incluso fascista (cómo gusta esa palabra, sin pararse a pensar su significado). En esta carrera sin rumbo, nunca se es lo suficientemente duro. Y se clama por la república, lo cual es legítimo, pero luego hay una serie de cuestiones encadenadas que nadie se molesta en abordar: ¿república unionista, centralizada, descentralizada, federal, confederal, presidencialista, parlamentarista, simétrica, asimétrica, orgánica por territorios, con doble superposición política? ¿Qué combinación zigzagueante se propone? ¿Cómo se articula la representatividad? Todas estas cuestiones son de vital importancia, pues no es lo mismo Suiza que Portugal, Francia que Estados Unidos, Rusia que Finlandia, y todas son repúblicas. Estas diferencias de visión se llevaron por delante la I República (la de ¡Viva Cartagena!), y fueron una gran dificultad en la de 1931. El republicanismo no debe surgir solo del hartazgo o del cabreo. Una propuesta de esa envergadura tiene que estar muy bien apuntalada en todos los sentidos. Si no hay más detalles, ser más radical que nadie no basta.

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