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Archivos Abril 2018


Por lo visto, ayer fue Día del Libro, y hasta se celebró esa concentración de gente que escribe en la Ramblas de Barcelona. Según mis noticias, por todas partes hubo descuentos, ventas masivas de libros de moda y presencia de figuras mediáticas que provocaban colas enormes. Se han vendido millones de páginas de cotilleos, recetarios de cocina mil veces repetidos, firmados por estrellas de esto o lo otro, novelones Corín Tellado king zise, ripios a mansalva que hacen pasar por poesía, porque me cuentan que son buenos porque riman, y ha habido banderas, fanfarrias y saltimbanquis en muchas plazas y calles. Una gran fiesta.

llllllllo.jpgPor lo tanto, felicito a presentadores y presentadoras de televisión, ex-concursantes de Gran Hermano, memorialistas de sus azarosas vidas en el fútbol, los toros, la moda o el ciclismo, youtubers conocidos, influencers abnegadas y otras exitosas plumas que son mimadas por las editoriales de consumo, las cadenas de televisión y otras industrias dedicadas al embrutecimiento. Me complace que la gente se lo pase bien, pero me pregunto si el libro tiene a estas alturas algo que ver con la sensibilidad, el pensamiento, la indagación, la belleza y el conocimiento, vamos, con eso que antes se llamaba LITERATURA. Que digo yo, hablando aquí conmigo, que estaría bien que hubiera también una fiesta dedicada a eso. Es que el 23 de abril ya no es lo que era.

La verdad puede eclipsarse
pero no extinguirse.

Tito Livio


La verdad puede eclipsarse pero no extinguirse
Así que no me mienta,
tarde o temprano se sabrá que no es usted IMG_8006JJJ.jpg
un Brunetti auténtico.

Se apellida usted Brunetti, sí.
¿Es acaso de los Brunetti importadores?
¿de los Brunetti farmacéuticos?
¿canónigos?
¿banqueros?
¿nooo?
¡Entonces usted no es un Brunetti!

Al menos no es un Brunetti con legitimidad.

Hay Brunettis arrieros,
descargadores del puerto,
panaderos,
gente baja.

¡Ah! Que es usted magistrado de la Audiencia.

Sí, pero su padre fue asalariado,
un hombre sin rango.

No es usted uno de los nuestros,
carece de sangre noble,
y por lo tanto debo denegar
su solicitud para ser miembro
del Club de los Próceres.

¿Tiene hijos?
¿Dos? Dígales
que pueden pasar a hacerse socios.
¿Qué el varón solo es enfermero
en un ambulatorio
de la Seguridad Social
y la niña monitora en un gimnasio?

No importa que sean asalariados.

Aunque fuesen taxista,
auxiliar administrativo
o camarera,
son de buena familia.

Usted no es de los nuestros,
ellos sí,
tienen rango: por sus venas
corre sangre de un prócer.

Tenga en cuenta que son
hijos de un magistrado de la Audiencia.

Usted no.

COSAS MÍAS


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En todas las épocas ha habido distintos criterios sobre lo que es buena o mala literatura, obras útiles para desarrollo del pensamiento o que generan placer estético según gustos, pero, salvo rivalidades encendidas y hasta crueles como las de Góngora y Quevedo, o la mala leche que le surtía a Lope de Vega en cuanto le mentaban a Cervantes, o la pelusilla que tal vez tuvieron Virgilio y su contemporáneo Horacio, la gente que los leía no hacía de ello un asunto personal. Lo que hoy cambia las cosas es que antaño no había redes sociales y no sabemos qué discutían los admiradores de tan elevados artistas. Ahora es como una guerra, no solo entre algunos de quienes escriben, pintan o cantan, sino y sobre todo entre los seguidores, porque si eres de unos tienes que odiar a los de los otros, y comportamientos humanos de los artistas sirven para descalificar toda su obra, o bien criterios nuevos convierten a un autor pretérito en un apestado. En este pim-pam-pum han recibido hasta en el velo del paladar celebridades que han escrito, pintado o compuesto obras cimeras. Que si fueron filonazis, o nazis directamente, que si les bailaron el agua a Stalin o que fueron rebeldes de salón que sirvieron de coartada al sistema. Y se forman bandos, en los que elevan a la divinidad a determinados nombres porque se supone que crean lo que cada cual quiere, o bien ni siquiera pesa su obra, sino porque milita en el mismo pensamiento expresado en entrevistas conferencias o sacadas de las hemerotecas si ya ha fallecido, o por sus conductas personales ajenas a su obra. Por el contrario, y por las mismas razones aleatorias, así, de repente, Nabokov se ha convertido en un pederasta, Simone de Beauvoir en una indeseable, Louis-Ferdinand Céline en un colaboracionista, García Márquez en un castrista y Herman Hesse en un nazi, sin atenuantes. Da igual si han escrito Viaje al fin de la noche o El segundo sexo, han pintado El Guernica o Las hilanderas, han filmado Annie Hall o Tess, han esculpido El Pensador o han compuesto La Pastoral. Y digo yo que tal vez pudieran ser ciertas algunas de estas afirmaciones, o todas, pero entonces, sea por su biografía o por el pensamiento que transmiten algunas obras (siempre interpretable según los colores del cristal), ya podemos dar por liquidada la cultura universal, y nos preparamos para prescindir de obras maestras de la literatura, la pintura, el cine, la música y hasta de los cómics y anuncios publicitarios que han marcado épocas. Si no fuera tan escandaloso y triste, daría risa que las voces que exigen la censura de unas obras o unos nombres sean a menudo las mismas que claman por la libertad de expresión.

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