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Archivos Octubre 2017

El mito de la caverna es una narración que se encuentra en La República de Platón. Seguramente, con sus cimientos filosóficos, mi amigo Rubén Benítez Florido la explicaría mucho mejor que yo, por lo que desisto de explicarla pero sí que llamo la atención sobre la lección que nos da. Para quienes no lo conozcan, es muy fácil acceder a su contenido con los medios de que hoy disponemos y no necesita más allá de cinco minutos. Platón nos advierte sobre cómo percibimos la realidad, y sobre la necesidad de tratar de llegar al conocimiento de la verdad, que para el filósofo es el bien, y no de cómo esa realidad llega hasta nosotros convertida en un reflejo en la pared de una cueva a la luz de una hoguera. La percepción de la realidad hace que vayamos asumiendo una creencia sobre algo que muchas veces no se corresponde con la verdad, y nos resistimos a aceptar ese cambio de paradigma, porque nos han llevado a entender falsamente que cambiar nuestra concepción sobre las cosas es fracasar.

IMG_5955yy.JPGRecuerdo este mito platónico porque en estos días de informaciones, bulos, mentiras y manipulaciones sobre los que sucede en Cataluña, el mito de la caverna se hace presente porque vemos claramente cómo esos conceptos que tenemos sobre las cosas se resisten a cambiar, aunque alguien nos lo muestre como realmente son. Claro, quien nos lo dice, está a su vez sometido a su percepción de la realidad, con lo que vivimos en una especie de reacción en cadena donde no podemos estar seguros de nada. Lo digo porque me resultan tan irritantes como ingenuas muchas de las opiniones que leo y escucho en estos días. No hablo de quienes siempre tratan de pescar en río revuelto arrimando la brasa a su sardina, hablo de las persona de buena fe que están convencidas de una cosa o de su contraria, y de cómo se valen determinados intereses de ese mito que llevamos en el inconsciente, que se resiste a cambiar y que se manifiesta en todo su esplendor positivo o negativo a poco que lo alienten. Si no existieran esas convicciones previas que provienen de una percepción determinada de la realidad, sería imposible que aflorasen actitudes tan contundentes, casi siempre defensivas porque entendemos que están cruzando la línea roja de nuestra concepción de las cosas. Bien que saben eso los partidos políticos, los movimientos organizados y los medios de comunicación que utilizan esa memoria inconsciente para tratar de llevarse el agua a su molino. He traído hasta aquí la evocación del mito de la caverna porque lo que nos dicen unos y otros son como sombras que se proyectan en la pared de una cueva, y que casi nunca se corresponde con una verdad que, si la conociéramos a fondo y a plena luz, tal vez cerraríamos los ojos por miedo a deslumbrarnos, porque la verdad a menudo es más dolorosa que el mito que hemos aceptado como real.


La he visto de cerca, y es la sobriedad, con una parsimoniosa cadencia de ballet en sus manos; viste con la sencillez de la elegancia innata, y mira con distancia, como solo saben hacerlo las damas del éter. Es hermosa, atemporal, con apariencia de pantera negra que se sabe dominadora de su territorio aunque no mueva un solo centímetro de su piel. Posee lo que los ingleses llaman un toque de distinción, pero se percibe que es humana, que hay cosas que pueden agredirla, que es tan vulnerable como cualquier otro animal de tierra. Siente, ama, ríe, llora, duda y teme como cualquier mujer, y se llama Cristina María del Pino Segura. La veo salir a la pista entre las lonas de la carpa. Oigo a un maestro de ceremonias que dice palabras que la enaltecen mientras redoblan los timbales del ¡más difícil todavía! Me cruzo con ella, todavía es humana, veo la duda en su rostro y el miedo en sus ojos. Es elegante, distinguida, pero sigo percibiendo un halo de vulnerabilidad, una prevención gatuna que la pone a la defensiva porque sigue siendo una mujer.

Pinito del orooo.JPGLa sombra femenina escala el circo. Los timbales redoblan con más fuerza, y el hombre de chaqué dorado que la presenta pide silencio, porque peligra la vida de la artista. Ya está en la cofa del circo, esperando el momento de asirse al trapecio balanceante, que viene y va a sus pies. Desde abajo, aún la noto dudar, la veo mujer, pantera negra que defiende su territorio. El corazón del circo es un puño, solo ella ríe, volando hasta agarrarse al balanceo del trapecio. Es entonces cuando recae sobre ella una luminaria. Se encarama en el trapecio, desafía a Newton, empieza a transformarse. La luz se vuelve dorada, y la mujer la absorbe hasta que de ella emana una resplandor áureo, cegador, imposible. Ya no es humana; no se perciben en ella rasgos felinos, ni dudas, ni miedos. Es dueña del espacio, no necesita luz, ella la emite, es una estrella, una diosa del aire. Todo es oro sobre el trapecio, la elegancia se ha tornado divinidad, la incertidumbre es ahora dominio absoluto del éter, el aire se arrodilla, tiranizado por la levedad de un cuerpo que vuela sin alas. Cientos de ojos permanecen clavados en la trayectoria balanceante del equilibrio imposible. Nadie tiene miedo, saben que la ley de la gravedad ha sido anulada por el poder de una diosa dorada, que antes fue una mujer, Cristina María del Pino Segura, pero que ahora, que ya es eterno resplandor y aúrea levedad, solo puede llamarse PINITO DEL ORO.


3ffttt.JPGCuando de las relaciones políticas e institucionales desaparecen el diálogo y la negociación, surge el encono. Si lo que arbitra estas relaciones es la ley sin más, crecen los muros. La ley es el pilar de todo Estado de Derecho, pero la política es la que viste el entendimiento, y aquí no ha habido política. Si un sector muy importante del pueblo quiere hacer oír su voz y solo se le devuelve el eco de la ley, surge la tentación de pasar por encima de ella. Cuando se entra en la ilegalidad política, siempre hay tiempo para evitar que sea solo la ley el argumento. Es obvio que las instituciones de Cataluña han incurrido en ilegalidad; este es un gran problema que no se resuelve solo con la ley, que, además, puede ser interpretada de muchas maneras, porque pudiera suceder que, tratando de resolver una ilegalidad, se estuviera entrando en terreno jurídicamente pantanoso, porque de un artículo generalista de La Constitución se extraen conclusiones de urgencia que parecen olvidar que las instituciones catalanas nacen de las urnas. No se discute la legalidad de un artículo de la Constitución, pero flaco favor se hace a la historia e incluso al futuro unido que se pretende defender si el único instrumento es la ley desnuda. Por ello hay que insistir en que es necesario poner sobre la mesa todo lo que no se ha puesto durante años. La ley, a secas, es un argumento muy pobre -en este caso excesivo- y, además, inútil, porque no resuelve el problema.


cumplea e7y7y.JPGCuando alguien cumple años, habría que felicitar a su madre, porque fue ella quien se la jugó. Nacer no tiene mérito, se nace sin poner nada de parte de uno; algo más de mérito tiene morir, porque los humanos nos vamos fabricando la muerte; uno debiera tener la muerte que se ha trabajado, pero a menudo no es así, porque si no no morirían tantos inocentes. El verdadero mérito está en vivir, en sacarle el jugo a los veinticocho mil días de media que vivimos los humanos, y eso, sin molestar a nadie. En realidad habría que felicitar el cumpleaños sólo a aquellas personas que han sacado provecho a los años que contabiliza una vez cada otoño, o cada primavera. Por lo pronto, si alguna vez decido celebrar mi cumpleaños será porque empiece a considerar que el año vivido ha merecido la pena. Y quienes dicen que la edad está en el espíritu mienten como bellacos. Posiblemente la cifra que indica la edad es uno de lo grandes culpables de que mucha gente tenga mala relación con las matemáticas.


Aunque parezca que lo hago, no estoy hablando de Cataluña. Lo que quiero comentar es el cansancio que sobre este asunto agarrota a muchas personas que conozco. Cabría decir que somos unos blandos, que nos agobiamos por poca cosa, o bien que este asunto se alarga indefinidamente en el tiempo. Yo creo que no es por ninguna de las dos cosas, porque se han vivido momentos muy duros y también otros que se eternizaron, y hemos aguantado. Entonces la respuesta debe ser otra. Hace ya bastantes días me preocupó que me sintiera sobrepasado, pero pronto me di cuenta de que lo mismo está pasándole a otras personas. Y es raro, porque un hecho de este calado debería tenernos atentos; pero no, Fotos pruebauuu778.JPGse ha establecido una especie de intento de desconexión entre nuestros cerebros y el ruido que nos llega. Sé de mucha gente que, como yo, pasa directamente hasta de los envíos bienintencionados en clave de humor (chistes, memes, parodias). Los reciben y los borran sin mirarlos. Mi impresión es que lo que cansa no es el exceso de noticias, las distintas opiniones, los disparates que se gritan desde uno y otro lado; lo que realmente nos tiene quemados es que hemos empezado a percibir que lo que se hace, se dice, se grita o se mueve forma parte de una especie de juego, mezcla de escondite, ajedrez y póker, que se hace como espectáculo mediático, y que el verdadero juego es otro, del que desconocemos las reglas, los premios, el propósito y hasta los verdaderos jugadores. Es como el juego del bobo de nuestra niñez, en el que dos mayores se tiraban una pelota y el pequeño que estaba en medio nunca lograba cogerla porque pasaba muy alta. Y como todo esto es un arcano que nada tiene que ver con lo que nos llega, nos agota el constatar que lo ignoramos casi todo y nos negamos a que sigan haciéndonos luz de gas. Por eso, y constatando que en nada va a influir lo que pensemos o digamos (sobre todo porque no sabemos de qué va esto porque la pelota está fuera de nuestro alcance), la idea que ha ido incrustándose en nuestro cansancio es la de que nos torean mientras ellos hacen lo que quiera que estén haciendo. Y ni me molesto en preguntar porque dudo incluso de si algún día -como tantas cosas- llegará a saberse.


El mes de marzo tiene fama de violento y conflictivo seguramente porque su nombre proviene de Marte, dios romano de la guerra, y quedó fijado porque justo en su mitad fue asesinado Julio César. Ya no había duda, marzo era el mes de los conflictos, y muy pronto perdió el privilegio del ser el primer mes del año, con lo que los nombres de los últimos cuatro meses actuales quedaron relegados en su numeración, pues noviembre y diciembre perdieron el nueve y el diez que va en sus nombres. De esa manera, septiembre y octubre tomaron el relevo en la numeración de los anteriores, y acaso por este tránsito en el conteo, algunos aseguran que han desplazado claramente a marzo como época con más desavenencias (siempre hay quien se empeña en creer cualquier cosa por disparatada que parezca).

o0ctubre.JPGSeptiembre y octubre son los meses en los que colea el verano y se presenta el otoño reclamando su rango, al que el calor no deja espacio. Cuando hacía mis primeras traducciones de latín, quien me instruía me hizo caer en la conflictividad histórica de estos meses (tenía una lista, pero no me hablaba de otros meses), y se burlaba del ridículo marzo y de las advertencias julianas contra los idus. Este recuerdo es una memoria suspendida que nunca he tenido en cuenta, y he ido recordando la idea de aquel latinista a medida que se producían hechos que caían en esas fechas, como el golpe de estado de Pinochet, la guerra del Yom Kippur o los ataques del 11 de septiembre. Lo que él hacía es el mismo juego que utilizan algunos cartomantes y adivinadores. Ahora mismo veo lo mismo que en marzo o febrero: tengo la impresión de que, aun hablando la misma lengua, la gente no se entiende, y no hay manera de que los eternos monólogos con lógicas internas diversas confluyan al menos un instante. Lo mismo que mi profesor lo achacaba a los meses de septiembre y octubre, los creyentes religiosos dirán que es la voluntad de una fuerza superior, los que se guían por el esoterismo hablarán de conjunciones o alineaciones planetarias, los que predican la conspiración están convencidos que todo obedece a un plan maquinado no se sabe con qué fin por ocultos poderes que nadie sabe dónde operan, y hasta he escuchado a quienes culpan de la sinrazón a un plan alienígena en el que no faltan abducidos o incluso extraterrestres que conviven entre nosotros. Yo creo que no es nada de eso y a la vez es todo, porque el ser humano se construye con dudas y presta atención cuando alguien le muestra algo que hace pasar por certeza, y que tampoco lo es. Y si me pongo a recordar, también en estos meses ocurren cosas buenas, y he visto que soy un tipo con cierta firmeza, puesto que mi cumpleaños es siempre en este filo entre el verano y el otoño y nunca se me ha ocurrido cambiarlo de mes. Pues octubre digo yo que tiene que ser bueno, y de eso no hay quien me haga cambiar de opinión.


Sigo tratando de amortiguar la locura mediática generada por la política, aunque no sé si tal vez sea al revés, porque los medios y las redes se utilizan a veces como no debieran. El caso es que para volver a lo esencial también me sirve la narrativa que ahonda en los comportamientos humanos. No soy inmune a Paul Auster y otros autores bien promocionados, pero aquí prefiero ceñirme a lo cercano. Y en esa cercanía, dos novelas de corte muy diferente pero igualmente inquietantes me llevan a la convicción de que somos seres imprevisibles y por lo tanto peligrosos. Ambas novelas son El canto de la raposa de Rafael Alonso Solís e Interregno de Roberto A. Cabrera. En medio, se me ha vuelto a colar el último poemario de Pedro Flores, Los versos del contramaestre del arca, que también ahonda metafóricamente en las miserias zoológicas que seguimos arrastrando los humanos desde la mítica refundación de la Humanidad en el Arca de Noé.

IMG_6854.jpgPero, en estos días, lo que más apetece leer es algo que nos lleve a mundos distintos, a ser posible desconocidos y mejor si a veces son divertidos. Esto es lo que hace con mano segura Ramón Betancor en su trilogía El reino de los Suelos, un juego literario que empezó en un blog y fue creciendo hasta convertirse en todo un mundo a través de tres novelas, la última de las cuales es Camino del Suelo. Me ha sorprendido la originalidad del tratamiento que hace de las diversas historias que se entrecruzan, un juego sobre la identidad que envuelve con un tratamiento de misterio muy especial. No es fácil mantener el pulso en un recorrido tan largo, pero Betancor lo consigue, dando siempre una vuelta más de tuerca. Esto que digo son sensaciones de lector; podría entenderse como notas de lectura, y entiendo que esta novela pertenece a un universo literario ensamblado con las nuevas formas físicas que toma el mundo. También creo -es otra impresión- que haber terminado la trilogía libera las manos del autor para nuevas empresas literarias; claro, eso si le dejan tiempo las seis cuerdas de una guitarra rockera en el grupo Extática. Y para variar de géneros, he vuelto a un ensayo de los años 80 que ya es un clásico; me refiero a La invención de la tradición de Eric Hobsbawm y Terence Ranger, que puede dar un poco de idea de cómo se construyen de la nada fenómenos sociales como el que ahora nos inquieta.

***

(Tengo en canal la novela El conocimiento, de Jonathan Allen, que, como en él es habitual, será una propuesta interesante de la que hablaré cuando la haya leído).


Aunque los días propenden al tema Malos tiempos para la lírica, del grupo Golpes Bajos, y rememorando los versos de Bertol Brecht, creo que la literatura es un refugio en el podemos seguir encontrando humanidad, un lugar en el que se puede rebuscar elementos que nos acerquen al otro. Por ello, estos días he intentado abstraerme de esa vorágine en la que tratan de hacer del dolor un espectáculo, yIMG_6844.jpg me he encontrado con mis libros, que ya son míos aunque fueran otras las manos que los escribieron y otras sensibilidades las que les dieron forma. No quiero hacer reseñas técnicas ni valoraciones subjetivas; solo quiero agradecer a esos libros la compañía que me brindan, el soporte moral que me ofrecen.

Y plasmo mi agradecimiento al poemario Mi corazón es un cubo de Rubik desordenado, que es solo un título porque en el interior ese desorden busca acomodo como las manzanas en un cesto. Su autora, Tina Suárez Rojas, nos habla desde los seis colores de ese cubo. Leer a Tina es siempre una aventura, no hay camino que desdeñe y eso siempre es un acicate para visitar su poesía. También me he acercado a La caligrafía de los isópodos, un libro en el que Evelyn de Lezcano marca territorio poético. Tengo que agradecer igualmente el diálogo con los poemarios escogidos por Eugenio Padorno para la colección Faro de La Puntilla: Alétheia del sur de Iván Cabrera Cartaya, Puerta de embarque de Aquiles García Brito, Ardentía de Antonio Arroyo Silva, En La Isleta de Manuel Díaz Martínez o Remanente al alza de Ángel Sánchez. La poesía siempre es una manera de encontrarse, y por ello hay que agradecer cada verso que nos llega. Y si, para variar, queremos cambiar a la prosa, siempre es buen momento para compartir las reflexiones que hace Rubén Benítez Florido en el libro De la levedad a la insignificancia, título que homenajea claramente a Milan Kundera, o releer al propio Kundera, o incluso volver a la biografía de María Estuardo, de Stefan Zweig, libros que son apuestas seguras para aprender de nosotros mismos.


Cuando leí la noticia de que la UD Las Palmas iba a jugar hoy en Barcelona con la bandera de España bordada en su camiseta pensé que se trataba de una broma o de una parodia periodística de alguna publicación de humor, o uno de los muchos bulos que circulan estos días. La UD Las Palmas es un equipo de fútbol, nada más, que ya es bastante que sea llamado "nuestro equipo representativo", aunque no sé muy bien por qué y ante quién nos representa. Que lleve en su camiseta los colores de la bandera de la isla de Gran canaria ya es mucho, y con esos colores, que no pertenecen solamente al fútbol, hemos tenido días de alegría y de tristeza, y, por qué no decirlo, hemos sufrido vergüenza ajena más de una vez, que se ha vuelto propia por el color de la camiseta aunque haya grancanarios a los que no les guste el fútbol.
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Una vez confirmada la pretensión de llevar bordada la bandera española en un día tan duro, tengo que decir que hacerlo es una provocación, echar gasolina al fuego y añadir un elemento más de conflicto. El argumento de que el Barcelona FC se ha posicionado en este asunto no me vale; es cosa del Barça, y ellos sabrán. Pero la UD Las Palmas es cosa nuestra, porque ya que por lo visto es una supuesta representación de Gran Canaria, tiene que entender que en esta isla hay distintas sensibilidades, incluso entre los más fervientes seguidores del equipo, y que no puede arrogarse la representación de una isla en un momento como este. A ver si queda claro de una vez por todas que la UD Las Palmas es solo un equipo de fútbol, y no puede tomar decisiones que coloquen el nombre de Gran Canaria en medio de un conflicto político.

Ruego a la UD Las Palmas que, si finalmente no se suspende el partido, se limite a jugar al fútbol, que para posicionamientos políticos hay en la isla otras instancias democráticas. Por ello, como grancanario que ha cedido los colores de la isla a un equipo de fútbol, niego mi aprobación para que en mi nombre se realicen acciones que pueden ser interpretadas como una provocación. Ahora mismo lo que se necesita es templanza, porque tarde o temprano habrá que sentarse a hablar.

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