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Archivos Septiembre 2017

La identificación con una sociedad es un sentimiento noble tan viejo como la Humanidad y tiene las mismas raíces que el sentimiento religioso, que es el que surge de la incertidumbre del ser humano ante lo desconocido, cuando tiene conciencia del azar, el destino y sobre todo de la muerte; la identificación con los demás surte de la necesidad del otro para seguir adelante, de donde nacen la colaboración, la solidaridad y la memoria colectiva. Nunca hubo un grupo humano, fuera grande o pequeño, poderoso o desfavorecido, tribu, ciudad o estado, en el que ese mito de la transcendencia y ese sentimiento de lo común no hayan hecho su aparición. Esto, que en primera instancia funciona como defensa de la individualidad y del grupo, empieza a pervertirse cuando se busca el control absoluto sobre la comunidad y especialmente cuando, lo que nace como factor de cohesión y de defensa, se convierte en instrumento de dominio y ataque a otros colectivos. Es entonces cuando el sentimiento religioso se convierte en religión y la identificación con una sociedad en nacionalismo.

Pandoraaa.JPGGeneralmente han ido juntos, pero también suelen darse por separado, y en regímenes totalitarios expresamente ateos se sustituye una abstracción por otra, Dios por el Estado. Tan discutible es que España sea un todo inseparable como que sea un estado plurinacional, porque ambas percepciones pertenecen al terreno de lo abstracto, y para llevar a mucha gente a tales convencimientos se utiliza la repetición de mantras (verdaderos o falsos, eso no importa) sobre la economía, las tradiciones o la historia. Los sentimientos se apoderan entonces de cualquier razonamiento, y los números, que teóricamente son fríos e imparciales, pueden ser interpretados de una forma y la contraria sin variar un solo guarismo. El nacionalismo se maneja por los mismos mecanismos que la religión, y es como un incendio, que una vez ha prendido, resulta muy difícil apagar. Así que, quienes abren la caja de Pandora para nutrir sus intereses personales o partidistas deberían saber que resulta a veces imposible volver a meter al genio en la lámpara. Y vale tanto para nacionalismos aglutinantes como para los separatistas. El mundo se formula a base de percepciones, y es lo que se percibe, aunque no sea la realidad. Por ello es una grave responsabilidad la de políticos, activistas interesados, medios de comunicación y otros agentes cuando crean situaciones como la que ahora mismo nos ocupa y preocupa. Porque, como ya dije, fabricamos realidades con mitos, y los mitos son ficciones; los representamos con banderas de colores a veces no tan opuestos, que físicamente solo son telas, pero que se convierten en instrumentos muy peligrosos cuando se enarbolan contra ideas de los otros, porque una vez colocada la bandera en el mástil, el diálogo se hace cada vez más laberíntico. Lo más triste es que quienes han hecho salir las banderas (todas las banderas) de la caja tienen las espaldas cubiertas y sabían a qué jugaban. En una sociedad justa, ahora mismo tendrían que dimitir quienes en cualquiera de las instancias de ambas partes han propagado el incendio. En este punto, nadie tiene razón, porque todos desprecian lo que nos hace humanos: el pensamiento para razonar y la palabra para dialogar. Y como escribió hace más de un siglo mi tocayo Émile Zola,YO LOS ACUSO.


Estamos en la línea divisoria entre el verano y el otoño. Astronómicamente, este año el cambio se produce el 22 (hoy, viernes) a las 22 horas y dos minutos. Muy curioso el juego del dos, lo que no sé si para esto en Canarias se aplica también lo de una hora menos. El caso es que entra el otoño; aunque es seguro que a muchas personas les habrá ido muy bien, de forma general este verano pasará a la historia por sembrar incertidumbre, miedo y desgracia a este planeta. Así que, poquita pena me deja la marcha de este verano. Dos locos mantienen un pulso nuclear que nos tiene en vilo; nos harían un gran favor si se entretuvieran mirando revistas de peinados masculinos, porque ambos tienen mucho que mejorar en sus cabezas, dentro y fuera. Las fuerzas de la naturaleza tampoco se han quedado cortas, con dos terremotos muy destructivos en México y una lista de huracanes, a cual con mayor mala leche, haciendo cola para molestar a los ricos y arrasar brutalmente a los pobres.

Fotos prueba633.JPGEn España se ha olvidado la ristra de graves problemas que aquejan a nuestra sociedad porque Cataluña quiere hacer un referéndum. Y el verano culmina con los primeros atisbos del choque de trenes que veíamos venir todos menos los que conducen las locomotoras. La inacción nunca resuelve problemas; al contrario, los enquista y origina que luego las posibles salidas sean más difíciles. Una parte de Cataluña quiere irse de España, y nadie sabe qué hacer con la otra parte. Ahora mismo, me parece poco rentable estar España, pero irme en plan canario es un negocio todavía peor. Y no lo digo por las cabras sino por los que se dicen pastores. En Canarias parece que nunca pasa nada, y ese es el problema, porque mientras tanto nuestra forma de vida se deteriora porque los tiburones solo ven dinero para ellos y miseria esclavista para quienes ponen el sudor. Las microalgas o el barco en llamas con miles de toneladas de fertilizante han pasado con sordina, mientras la gente se rasgaba las vestiduras a favor y en contra a cuenta de la contratación de un cantante de reguetón o el fichaje por tres meses de un futbolista que en enero se irá a otro equipo. Por desgracia, el verano se clausuró con un gran incendio forestal en el corazón de Gran Canaria, que para más dolor se ha cobrado una vida humana. Así que espero que el otoño venga con mejor karma que el verano. Y escuchando las sandeces que dicen unos y otros, recuerdo el famoso verso 20 del Poema del Cid ("¡Ios, qué buen vassallo, si oviesse buen señor!") Se supone que no estamos en tiempo de vasallos y señores, pero como sigan un ratito más estos que pastorean por encargo aquí, allá y acullá, volveremos al feudalismo. Eso sí, con móviles de última generación.


Llevaba unos días muy preocupado por asuntos que se me antojan graves, como todo ese embrollo de significados que por lo visto tiene la palabra democracia, que puede significar una cosa y la contraria según quien la emplee. Y como esta, muchas otras cosas alrededor del mismo asunto; pero esta tarde me ha tranquilizado el hecho de que el Gobierno de Canarias le haya hecho llegar a Rajoy su preocupación, y lo que es más importante, le ha instado al diálogo para resolver el momento político que se vive con respecto a Cataluña. Ya solo falta que ese mensaje le llegue también a los demás. Y a otra cosa.

aaaDSCN3131.JPGTambién me han preocupado otros temas, y como ejemplo pongo que la compañía aérea Ryanair ha suspendido dos mil vuelos hasta final de octubre; el presidente de la compañía ha dicho que se han liado con las vacaciones de los pilotos. Pues ya está, un despiste lo tiene cualquiera. Puigdemont dice que habrá referéndum el 1-O; pues habrá. Rajoy dice que no habrá referéndum el 1-O; pues no habrá. Asunto resuelto, como el de Ryanair.

Pero la mayor preocupación viene del anuncio de que el Fin del Mundo será el próximo sábado 23 de septiembre, con lo que vamos a quedarnos sin saber qué pasó el 1-O, y el resultado del Barça-Las Palmas, que se juega ese mismo día; no han dicho la hora del apocalipsis, porque es de suponer que estarán negociando la publicidad con las cadenas de televisión. Respetados astrofísicos han negado que eso vaya a suceder, que es imposible que el planeta Nibiru colisione con La Tierra sencillamente porque tal planeta existe solamente en los mitos babilónicos; es decir, se anuncia que nos caerá encima un planeta invisible. El incontestable argumento científico es que se cumplen 33 días del eclipse total de Sol del 21 de agosto, y la deducción es evidente: Jesucristo murió a los 33 años. Si elevas al cubo el mito babilónico de Marduk, lo multiplicas por la raíz cuadrada de un eclipse de Sol y lo divides por 33, sale que el Fin del Mundo será el 23 de septiembre, eso lo sabe todo el mundo. Y es que aunque la mismísima NASA haya desmentido que esto vaya a ocurrir, yo no me quedaré tranquilo hasta que el Gobierno de Canarias no se pronuncie, aunque es esperanzador que no haya manifestado su preocupación, y que si el cataclismo va a ser el sábado no tendría lógica que la UD Las Palmas pusiera a la venta las entradas del partido contra el Leganés, que es el domingo. Elemental.

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(La foto podría ser del imaginario planeta Nibiru. En todo caso, el brécol es muy sano).


Entrar en las complejidades de Cataluña sería seguir hablando en balde, y ahora mismo sobra el ruido cansino y patriotero desde cualquier punto de vista. Se mira hacia atrás continuamente, que si tú hiciste, que si tú dijiste y es una discusión bizantina y enconada. La cosa es que estamos en el punto que estamos y esta es la hora de la gran política y de las figuras que hagan lo imposible mirando el interés general, expresión que cobija un gran concepto, pero que generalmente se usa pensando en intereses particulares, partidarios y de otros propósitos menos confesables pero muy evidentes.

Dicho esto, señor Rajoy y la compaña, trato de ponerme en su lugar y entiendo que, desde su perspectiva trate de hacer todo lo posible para que se cumpla el artículo 2 de la Constitución, el de la unidad indisoluble (el adjetivo tiene mangrina) de España; para ello, usted echa mano de jueces, fiscales, fuerzas de seguridad y hasta del Tribunal Constitucional, y sobrevuela la posible aplicación del artículo 155, ese que podría permitirle suspender competencias a instituciones y personas de una comunidad autónoma, que es la música (no la letra) del acuerdo del Consejo de Ministros del día 15 de septiembre. Vale, ya he hecho el esfuerzo, estoy en su lugar.

Y, mire, señor Rajoy; puesto que le mueve un ataque febril de constitucionalismo, los derechos de todos los españoles y otras músicas, digo yo que, ya que está por fin decidido a defender la sacrosanta Constitución, de paso podría mirar alguna cosilla que se le ha ido quedando atrás; por ejemplo:

muro 55.JPGEchar un vistazo al artículo 14 y ver que se incumple gravemente en asuntos de igualdad de sexos, mientras se recortan las prestaciones, ayudas y prevenciones necesarias para erradicar la violencia machista.

Lo del sistema tributario justo, que está en el artículo 31 tampoco le está quedando muy bien, y es asombroso cómo en tiempos de crisis crece el número de pobres y también el de millonarios. Hay alguna palabra que no se ha entendido bien y tal vez haya que mirarla en el diccionario de la RAE (¿progresividad tal vez?)

Habría que defender con uñas y dientes la aplicación del artículo 35, que es el que habla del derecho al trabajo, a una remuneración suficiente y a la no discriminación laboral por razón de sexo, que veo yo que ha quedado en el olvido y es la base del bienestar social basado en la justicia.

Para no cansarle, Presidente, digo yo que defender la Constitución es aplicar el artículo 43, que se refiere a la sanidad, detener y recuperar el deterioro del sistema nacional de salud y proteger la sanidad pública evitando las privatizaciones que están haciendo de la salud un negocio muy lucrativo; o el artículo 47, que habla del derecho a una vivienda digna y adecuada; o el 50, que trata de la protección a las personas mayores y dependientes; o el control del consumo para que no nos vendan productos nocivos; o... Bueno, es que esa sacralizada Carta Magna (parece un nombre de coñac) se la han pasado por el Arco del Triunfo usted y sus antecesores, y ya que está dispuesto a aplicarla, hágalo en toda su extensión, porque salvo para declaraciones grandilocuentes, la Constitución de 1978 suele ser papel mojado.

Ya sé, señor Rajoy, que es mucho lo que queda por hacer, pero en eso consiste gobernar, no en esperar a verlas venir. Y, mire usted por dónde, ya han venido, están encima.

Y, claro, lo de Cataluña. Buen otoño.


Ya sé que hay muchas cosas que me están cargando últimamente, en la vida diaria, en los medios de comunicación y en la redes sociales. Una de ellas es esa especie de nostalgia enfermiza en revivir épocas pasadas en las que carecíamos de adelantos que hoy se nos antojan imprescindibles. Hoy me he tropezado con uno de esos programas de televisión que nos retrotraen a décadas pasadas, y lo que en realidad debieran ser datos a secas se convierten en regodeo contra nosotros mismos (ah, la televisión era en blanco y negro; ah, en las casas no había nevera; ah, muy poca gente tenía teléfono de su domicilio...) El mundo cambia continuamente, y aquella ropa, aquellos peinados o aquella manera de bailar eran rabiosa actualidad entonces, y seguramente dentro de unas décadas se mirará nuestro hoy con la misma nostalgia (o asombro de los más jóvenes por no haberla vivido) que otras generaciones recuerdan ahora los primeros tocadiscos portátiles, los pantalones de campana, refrescos hoy desaparecidos o los ordenadores Spectrum 48K. Todas esas cosas forman parte de todas las décadas que convivimos ahora, y son las que nos han traído hasta hoy, para bien y para mal. A mí me producen ternura,Fotos pruebatvvvv.JPG y en la mayoría de las ocasiones admiración por aquellas personas que salían adelante de otra manera. Pero es que ahora, en lugar de esa memoria cariñosa o ese homenaje admirado, se convierten en materia de chiste y cachondeo insistente. Es como una gran falta de respeto al pasado del que provenimos. Y este fenómeno enfocado en el cachondeo suena a burla a quienes habitaron ese tiempo y han atravesado los años hasta llegar a esta era de información y desinformación inmediatas y de coches con Bluetooth y cierre centralizado con mando a distancia. Todo empezó hace unos años cuando la gente se volvió loca comprando un libro que reproducía la vida en las escuelas de hace muchos años, una enseñanza distinta y represiva porque aquello era una dictadura que predicaba sexismo, clasismo, miedo y desigualdad. Todo ese sufrimiento de muchas generaciones se convirtió en motivo de risa, que puede estar bien un ratito porque no hay que perder el sentido del humor, pero que ya empieza a ser un poco/mucho/bastante/demasiado cargante (doña María Rosa Alonso dixit). Alguien me dirá que el pasado es el lugar de donde suelen venir mis novelas, y es cierto, pero creo que hay recurrir a él para rememorar, aprender, admirar y conocer, pero nunca para burlarse de una cotidianidad en la que ya fue muy duro vivir para que encima ahora esas miserias se conviertan en objeto de chiste fácil. Así que, ese tipo de programas y esos libros puñeteros en mi ámbito no tienen mercado. Conmigo cuenten siempre para la memoria, el respeto y la denuncia si es el caso, pero no para la burla. Eso no.


Como toda persona interesada en la vida colectiva, he seguido y sigo lo de Cataluña. Y no le pongo nombre porque estos los llaman procés, esos ejercicio de soberanía, aquellos ilegalidad manifiesta y varios de una y otra parte utilizan la expresión golpe de estado, que unos achacan a los independentistas y estos al gobierno de Madrid, a los partidos centralistas y a las fuerzas de la llamada caverna mediática. Tendré que releer La Técnica del golpe de estado de Curzio Malaparte porque tenía la impresión de que lo que dice el libro no se ajusta a lo que veo. O sí. amanece que.JPGCuando sintonizas un medio audiovisual o lees un medio escrito, sea en papel o digital, ya sabes de antemano qué van a decir, porque aquí nadie se mueve un milímetro. Luego aparecen quienes nos hablan del siglo XII y anteriores, otros que proclaman que Cataluña es solo una pequeña parte del reino de Aragón, los que dicen aportar documentos que no muestran y sobre todo los que tocan de oído, que en ambas posiciones, de repente, se han convertido en eminentes juristas, ínclitos historiadores e iluminados adalides del separatismo o del unionismo. Y casi sin darme cuenta, he logrado percibir los matices que diferencian el significado de palabras aparentemente sinónimas como argucia, farsa, invención, cuento, ardid o camelo, o la aplicación interesada de otras como bulo, trola, patraña, engaño, fingimiento o calumnia. Eso sí, todos se acusan de dinamiteros de la democracia, y al final suena a un gran caleidoscopio de mentiras. Parece que hay una competición a ver quién dice o hace la cancaburrada más sonora, y me pone nervioso la actitud, las palabras y a veces hasta la presencia de personajes que parecen sacados del siglo XIX. No entiendo el pito pito gorgorito del PSOE, el entreguismo de la burguesía catalana siempre tan orgullosa del "seny", el sonido a bóveda lúgubre de los unionistas catalanes del PP y Ciudadanos, el lenguaje ambivalente de los partidos de nuevo cuño, que ponen una vela a Dios y otra al diablo. La verdad es que no entiendo nada, me quedó más claro el final de la película de José Luis Cuerda Amanece, que no es poco. Confusión es la palabra que define este momento, por usar un término suave, ya que manipulación me suena peor. Y luego los modos bravucones de unos y otros. Si viviese en Cataluña, el 1 de octubre no sabría si votar o no, porque luego cada voto o abstención son suceptibles de ser utilizados para una cosa y la contraria. Dije en el título que iba a hablar de lo de Cataluña; ya he hablado, ahora me mojaré: voy a ducharme.


Me pregunto si quienes tienen la capacidad de impulsar grandes cambios desde el poder son sordos, torpes por no hacer lo que debieran o mala gente porque saben cómo actuar pero no lo hacen seguramente pensando en su propio beneficio. Lo que ahora está pasando en el sector turístico se veía venir desde hace años, cualquiera que no fuese político o gran empresario lo palpaba, pero, como parecía que aquello nunca iba a terminar, nadie movió un dedo en Canarias y tampoco en Madrid. Prueba de ello es este pequeño comentario que publiqué en la página 2 de Canarias7 en septiembre de hace 22 años. Como la mía, había muchas voces que se hacían eco de los argumentos esgrimidos por quienes conocían el sector pero no podían hacer nada para cambiar el rumbo. Para no revolver las hemerotecas, el comentario se titulaba Turismo barato y decía así:

las kellys.JPG"Aunque las cifras turísticas son buenas, la gente que se mueve alrededor de este sector está descontenta. Es cierto que los hoteles se llenan, que los edificios de apartamentos tienen buena ocupación y que las playas están repletas. Pero hay quejas de que se está malbaratando el sol de Canarias, pues los precios de ocupación son bajísimos y el turismo no tiene la calidad deseada. Quienes peor lo están pasando son los establecimientos no hoteleros, restaurantes, cafeterías, discotecas, tiendas de centros comerciales y todo el entramado de servicios que tanto cuesta mantener. Los turistas no consumen, no compran, y se pasan los días que a tan bajo precio compraron a base de bocadillos y botellas de agua sin gas. La pequeña y mediana empresa que tan vigorosa fue hace unos años en el sector turístico está en la cuerda floja, y eso es malo. Esto es lo que hay, y como me lo contaron se lo cuento, señor Olarte".

Se menciona a Olarte porque en 1995 era el político engargado del sector turístico en el Gobierno de Canarias, pero en su lugar hay una hilera de reponsables que en su momento no respondieron. Al contrario; amparados en los pactos primero con Aznar y luego con Zapatero siguieron avanzando en el desmadre, con ideas tan disparatadas como el "todo incluido", que se llevó por delante buena parte de la actividad extrahotelera que se generaba entonces. Como al de La bien pagá, "ná te debo, ná me debes" (uso la ironía para solidarizarme con Las Kellys), pero aquí hay mucha gente que ha comulgado con piedras de molino y a la que seguramente nadie pedirá explicaciones, pero que han traspasado la fina línea que separa responsable de culpable.

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(*) La foto ha sido tomada de la página web de Las Kellys, ingenioso nombre que significa "Las que limpian".

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