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Archivos Julio 2017

PICT0e055.JPGEl cauce del barranco Guiniguada es un pilar de la geografía y la historia de Gran Canaria, y su incidencia empieza en su nacimiento en la cumbre de la isla y termina en la desembocadura, junto al palmeral que ocupaba lo que hoy es el barrio originario de Las Palmas de Gran Canaria. Grandes, bellos, imponentes y fundamentales barrancos componen la conformación radial de una isla circular y cónica como Gran Canaria, y sus nombres nos trasladan a la memoria colectiva: Tirajana, Arguineguín, Jabonero, La Aldea, Azuaje... Muchos, pero el Guiniguada es fuente de mil hechos que han determinado muchas veces el futuro y la supervivencia de toda la isla. Desde la excavación del túnel que trajo el agua a esta vertiente para llevarla a la capital a lo largo de 44 kilómetros, el agua del Guiniguada fue primordial para el crecimiento de la ciudad capital, así como para la prosperidad de los cultivos durante todo su recorrido. En su cauce hay historias que daría para muchos libros, desde las cuevas del tesoro del Cabildo Catedralicio, donde escondía las riquezas de La Catedral cuando se presentían piratas, hasta el uso como defensa de su agua, como cuando la cortaron para dejar sin suministro a la ciudad para matar de sed a los corsarios holandeses de Van Der Doez en 1599.

PICT0005.JPGY todo esto viene a cuento porque están entubando el agua desde la salida del túnel de La Mina, que hasta ahora llegaba libremente hasta el pago de La Yedra, en el municipio de la Vega de San Mateo. En ese recorrido, el barranco ha mantenido distintos ecosistemas, flora única que da cobijo a una fauna peculiar, y desde luego ha incrementado la riqueza paisajística. Y todo eso se está perdiendo sin que se plante el ayuntamiento de Tinamar y sin que el Cabildo grancanario tome cartas en el asunto, porque el uso comunal de esa agua viene de 1501, concedido por los reyes Católicos. Y seguimos en Gran Canaria con la maldición de ser el único lugar en el planeta en el que el agua es propiedad privada, a pesar de que existe una Ley de Aguas canaria de 1990 y otra estatal de 2010 que empiezan a parecer papel mojado (y no es un chiste). Pero, claro, esto no interesa tampoco al Parlamento de Canarias, al Diputado del Común y a todas las instancias que en principio tendrían que velar por el interés general. Y el agua del Barranco de la Mina no solo es un bien económico -que también- es historia de nuestra isla, futuro de nuestras riquezas naturales y presente de nuestro paisaje. Empieza a ser hora de que acabe la práctica de que unos pocos controlen y se apoderen de lo de todos, y encima pongan en peligro el espacio que vamos a legar a las nuevas generaciones. De modo que el agua del Barranco de La Mina tiene que discurrir en superficie; debe ser así por derecho histórico y por sentido común. Lo contrario sería una cacicada.


No voy a descubrir a estas alturas al novelista José Luis Correa. En los complicados tiempos editoriales que corren, son muy pocos los nombres que mantienen libros de hace muchos años vivos en el mercado, sobre todo si se trata de un novelista que da a la imprenta nuevas obras cada uno o dos años. Correa es uno de ellos, y la respuesta tiene dos vertientes: por una parte está una buena política editorial; por otra, que esas novelas anteriores siguen teniendo lectores, y forman parte del imaginario personal de muchas personas. También tiene mucho que ver la creación del despistado detective Ricardo Blanco, que en principio tiene apariencia de astroso y descuidado, pero que arrastra una humanidad que acaba por seducir al lector.

correa 7779.JPGHace unos meses ha visto la luz el noveno título con el peculiar Blanco como protagonista, El detective nostálgico,aunque creo que uno de los secretos de la serie radica precisamente en que el protagonista se esconde hasta diluirse; y lo hace adrede, con lo que su presencia es más un cauce que una historia, aunque poco a poco nos hemos ido familiarizando con su vida, su destartalada sala de estar, sus indecisos amoríos y, desde luego, su inteligencia y su capacidad para desentrañar los comportamientos humanos. Hay lectores que siguen a Blanco desde la primera novela, otros llegaron a la mitad y aun otros en la octava o ahora mismo. El caso es que la mayoría de estos lectores que cogieron el tren en marcha vuelve al principio y acaban leyendo toda la serie. Hay que decir, no obstante, que esta novena entrega es en la que Ricardo Blanco adquiere y asume como en ninguna otra el papel de protagonista, porque empieza cuando le pegan un tiro que lo envía gravemente herido al hospital. A partir de ahí, y en una convalecencia que lo devuelve a las lectura adolescentes de Hegel y Nietzche, su propia vida y su deseo de saber quién y por qué le dispararon desencadenan una historia que, en mi opinión es la más personal de las nueve novelas, pues ese protagonismo indeseado hasta por el propio Blanco se manifiesta desde el título.

JL Correa es un escritor de muchos registros, como ha demostrado sobradamente, pero es evidente que las novelas de género son las que ahora mismo circulan mejor. El autor ha tenido la inteligencia de valerse del género negro para abordar temas que podrían tratarse desde otras perspectivas, pero la que él adopta es perfectamente válida y ha conseguido manejarla con una gran eficacia, hasta el punto de que pocas cosas se la van quedando atrás en su ya larga trayectoria. Al mismo tiempo, y al permitir que su detective-guía cumpla años y tenga alegrías, decepciones y pérdidas en la contemporaneidad del momento en que se escribe, va trazando una historia colectiva de un tiempo, unas personas y una sociedad, con el paisaje urbano de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria con tanta participación como el propio Blanco. Esta inmediatez en el tiempo no es fácil porque contiene el riesgo de carecer de perspectiva; Correa lo ha ido asumiendo y lo ha sorteando con solvencia. Intuyo que tendremos detective para mucho tiempo, porque no creo que un novelista se dé un tiro en el pie liquidando uno de los recursos que le permiten navegar por todos los mares. Ese mundo que él crea y recrea tal vez acabe siendo una foto fija de lo que nuestra ciudad ha sido y es en estos comienzos del siglo XXI.

Por otra parte -y por la misma-, ya que hablo de JL Correa, tengo que mencionar la reciente edición de otra novela, ajena a la serie de Ricardo Blanco. Se trata de La décima caja, un texto publicado hace años y que ahora recupera. Parte del hecho real del naufragio en la Baja de Gando del barco español Alfonso XII que hacía la ruta a la Cuba todavía colonial, cuyo pecio sigue allí, que trasladaba diez cajas con oro y documentos, de las cuales se recuperaron nueve. Y claro, esa décima caja que no aparece le da pábulo a la imaginación del novelista para armar una trama muy jugosa. Ambas novedades editoriales, La décima caja y El Detective nostálgico, vuelven a levantar acta de la solidez de un novelista, José Luis Correa.


Suele decirse que la obsesión por la imagen es propia de nuestra época y que muchas personas venderían su alma por una foto en un periódico, unas imágenes en televisión o aparecer en una película, sea ficción o documental. Es cierto que ahora hay tecnología doméstica que permite resultados de mucha calidad y al alcance de cualquiera (el modo de usarlo es otra cosa), pero la idea de quedar representado es tan vieja como el ser humano sobre este planeta. Para no dilatar la lista, basta solo ver las mil forma de perpetuación que ha habido durante milenios, cierto que solo al alcance de los más poderosos, por medio de esculturas, bajorrelieves, pinturas y todo tipo de imágenes. Hasta en las pinturas rupestres el hombre se representó a sí mismo, así que no es una afición que haya nacido de los móviles. Cuando nació la fotografía, se convirtió en rutina y ya con la imagen en movimiento es casi la constatación de la prevalencia social, aunque esto podría discutirse sobre todo en la televisión. En los albores del cine, los Hermanos Lumiére mandaron camarógrafos a rodar por todo el mundo, y hay imágenes documentales de casi todo desde hace más de 120 años.

villassss.JPGLa demostración de que el gusto por perpetuarse en imágenes en movimiento nació casi a la vez que el cinematógrafo es el hecho cierto y contrastado de que la batalla de Celaya, que tuvo lugar en 1915 y fue una de las más decisivas de la Revolución mexicana porque significó la derrota final de Pancho Villa, fue rodada por camarógrafos llegados de Estados Unidos, detrás de los cuales estaba el magnate de la prensa William Randolph Hearst. El famoso ejército de Villa tenía como una de sus fuentes de financiación a las incipientes productoras del aun más incipiente Hollywood y las grandes empresas periodísticas; muchas batallas se coreografiaban pensando en la filmación, siempre buscando sacar buenos planos del general Villa en pleno combate. Muchos achacaron la derrota de Villa a que estuvo más pendiente de las cámaras que del enemigo, y a partir de entonces dejó de tener peso y cambió el sentido de la guerra. Lo de Pancho Villa era un documental, que acabó mal, pues el general del Norte perdió su única batalla, la definitiva. Por miedo a que se levantara en armas de nuevo, fue asesinado el 20 de julio de 1923. Le cortaron la cabeza, y el rumor más insistente es que se la llevaron como trofeo a su antiguo cliente W.R. Hearts, en el que se basaría Orson Welles para su Citizen Kane. Está claro que esa pasión por salir en el cine no es exclusiva de Pancho Villa, que sin duda era un megalómano, pero ¿cuál de estos personajes no lo es? Aunque claro, Villa es casi un disparate, porque, para que hacernos una idea, se le documentan 23 esposas legítimas y más de dos docenas de hijos, aunque hay historiadores que aseguran que se casó 75 veces (medio estado de Chihuahua debe ser descendiente suyo). Está claro, Pancho Villa creía fervientemente en el matrimonio y en el cine. Por cierto, su cabeza aun no ha aparecido.


caoos5.JPGNo soy vidente, ni tan inteligente como Mozart o Einstein, ni tengo acceso a informaciones privilegiadas que podrían alumbrarme el camino. Es decir, soy un tipo normal, como lo son las personas de mi entorno, con las que hablo y veo que llegan a las mismas conclusiones que yo. Y, claro, me pregunto cómo es posible que quienes se supone que tienen muchos más datos y encima se rodean de muchas asesorías tomen decisiones disparatadas. Como ejemplo pondré que, cuando se celebró la Expo de Sevilla hubo inversionistas que metieron mucho dinero en construir hoteles lujosos que se llenarían durante los seis meses que duraba el evento, tiempo claramente insuficiente para amortizar. Se acabó la Expo y casi todos fueron a la quiebra. Tampoco lo entiendo, si la gente como yo ve de lejos que las cosas iban a ser así, ¿cómo es que grandes grupos empresariales no lo vieron? Pasó con la sobredimensión del mercado digital en la bolsa, dinero de humo que finalmente voló, y pasará con la nueva Ley del Suelo en Canarias, que es pan para hoy (si es que lo hay) y hambre para mañana. Se podría colegir que estamos en manos de gente muy torpe que mete la pata a lo grande sin saber que lo hace. No lo creo, aunque es verdad que cualquier tipo de poder genera ceguera, pero ¿tanta? Me temo que, con más razón porque tienen más datos y más medios, ellos también saben lo que va a pasar, pero se dejan llevar por la inercia o quién sabe por qué. Tal vez sea verdad que el mundo es una novela escrita por un loco y todo sigue funcionando por la lógica del caos.


zzzzmuelleferry.JPGLos problemas con los inmigrantes en Canarias comenzaron lógicamente en las dos islas más cercanas a Africa, especialmente en Fuerteventura, que es adonde llegaban las primeras oleadas. Canarias está a 100 kilómetros de Cabo Jubi, y la travesía en patera desde el continente es corta, aunque no deja de ser peligrosa, porque el mar es siempre un enigma, sobre todo cuando es navegado por una embarcación tan endeble. Hay organizaciones que se dedican al mercado de personas, una moderna versión de los esclavistas que asolaban las costas africanas en busca de mano de obra. La diferencia es que aquellos negreros capturaban a los pobres desgraciados que cogían a la fuerza, ahora estos deben pagar una cantidad de dinero que a veces resulta inalcanzable.

Por si ya no tuviésemos bastantes problemas de cercanías, Marruecos se propone establecer sus aguas territoriales también en la zona del Sáhara Occidental. No tenemos ni idea de cómo va a afectar esa medida a nuestras aguas, mientras los sucesivos gobiernos centrales miran para otro lada cada vez que se les pide una ordenación del mar en Canarias. Viendo lo que ha hecho Rajoy con el asunto de Cataluña, me temo que podemos esperar sentados que tome alguna decisión, y menos cuando Marruecos está en liza, mientras los partidos nacionalistas canarios le ayudan a ir salvando sus obstáculos para permanecer en el poder. De verdad que no lo entiendo.


IMG_2416t7.JPGCada cuatro años, los herreños velan en el santuario de La Dehesa porque antes de despuntar un día de verano toman a hombros la hornacina donde se guarda la escultura de la Virgen de los Reyes. Entre cantos, bailes y oraciones, la memoria de muchos siglos atraviesa la cordillera central de la isla, comprueba cada uno de los cráteres que están junto al camino, y llega a Valverde. Es una tradición que se repite cada cuatro años y que es un día que va mucho más allá del fervor religioso, es la Historia de una isla que aflora en toda su intensidad. La Bajada de la Virgen de Los Reyes es el latido del corazón de los herreños, gente que vive colgada sobre el mar, que siente su isla y tienen hoy su símbolo máximo en la Virgen de los Reyes como antaño lo tuvieron en el árbol del agua, el Garoé. Ahora es la fiesta grande de los herreños, y todas las islas miran hacia poniente, hacia el faro de Orchilla, que se queda solo porque su vecina, la imagen de la Virgen de Los Reyes, ha realizado su viaje cuatrienal a la Villa de Valverde. Queda la vuelta cuando avance más el verano, y en días como estos recordamos a los amigos herreños que, como el inolvidable Aurelio Ayala, llevaban la isla de El Hierro como bandera, y que siempre estarán en esa colectiva memoria infinita.


a66634ggs.JPGEs evidente que por la boca muere el pez. A veces quien habla o escribe queda retratado sin darse cuenta porque el inconsciente le cuela una expresión o incluso una palabra que lo desnuda. Hay otra manera, y en este caso la desnudez se produce precisamente cuando se pretende argumentar sobre un asunto, pensando que es a favor pero... Cuando uno lee o escucha estas frases, sea en forma de sentencia que pretende ser coartada, sea como pregunta más o menos retórica, ve que quien habla así se está definiendo. Son frases que no por choteadas son menos trazadoras de la personalidad de quien habla, del tipo "los ateos tienen que entender que hay respetar todas las creencias religiosas", de donde se deduce que no hay por qué respetar a los ateos, cuando salen a colación las escasas denuncias falsas sobre violencia machista mientras docenas de mujeres son asesinadas, o esta, que es un clásico: "Tengo amigos homosexuales y son gente cojonuda".

Y así, muchas más, referidas al racismo, la xenofobia o cualquier otra muralla cerril de los humanos, aunque las que se llevan la palma son las tres que aparecen un día sí y otro también:

* ¿Cuándo se celebra el Día del varón trabajador?

* ¿Por qué tenemos que dar asilo a los refugiados si aquí hay paro?

* ¿Para cuándo el Día del Orgullo Heterosexual?

Si no fuera tan triste lo que tratan de esconder y que sin querer los delata, es para partirse de risa. Pero no, es para llorar.

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