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El libro no es un dios


Desde el nacimiento de la imprenta en el siglo XV, el papel impreso ha sido el principal soporte de difusión y conservación de la cultura escrita, sea ciencia, pensamiento, historia o legislación, y por supuesto, la literatura como elemento de ficción que sin embargo está siempre apegado a la realidad del ser humano, sus ilusiones, sus sentimientos y su memoria. Cuando Gutenberg imprimió El Misal de Constanza (1449) y la versión eclesiástica de La Biblia al año siguiente, el libro (papeles encuadernados con un orden) como soporte llevaba siglos funcionando, pues los copistas medievales europeos lo hicieron depositario de la memoria de todo lo que pudiera conservarse por medio de signos casi desde que los árabes trajeron en el siglo VIII el invento del papel, que ya existía en China desde los primeros siglos de nuestra era.

IMG_5293.jpgAsí que, ni en nuestro ámbito cultural occidental, ni, mucho menos, en la historia de la cultura, el libro es un dios supremo, puesto que, no solo es un soporte más, sino que, aun siendo el de mayor uso, no es sinónimo de lo exquisito o de la quintaesencia de la cultura. Siempre hubo volúmenes de todo tipo incluso en tiempos de manuscritos, por lo tanto también libros basura, si bien actualmente estos se hacen presentes con mayor prodigalidad. Por lo tanto, siempre me pareció que usar los aniversarios necrológicos de Cervantes y Shakespeare como símbolo para celebrar el Día del Libro es cuando menos una inexactitud, habida cuenta de que el libro no es solo creación literaria, filosofía o ensayo, es un totum revolutum que responde más al comercio y la industria que a la cultura. Para mayor contradicción, resulta que Shakespeare no publicó ningún libro porque pensaba que eso restaría público a la representación de sus obras, que fueron rescatadas y publicadas por su compañía de teatro después de su muerte. Algunas se perdieron.

Diadellibro.JPGYo celebraría el Día de la creación literaria, de la ficción o del pensamiento, pero celebrar el libro, por ese comercio que nos arrasa, acaba convirtiéndose en escaparate de memorias de un futbolista de 25 años, libros de cocina firmados por un famoso que no sabe cocinar y el último gran premio de novela que, curiosamente, ha ganado alguien que sale mucho en la televisión. La creación y el pensamiento que se convierte en espejo de nosotros mismos utiliza también el libro como soporte, pero no olvidemos que, antes del libro, grandes manifestaciones literarias y filosóficas fueron escritas en piedra, metal, arcilla, cerámica, terracota, vidrio, madera, corteza de árboles, hueso, papiro... El papel encuadernado se usa en los últimos mil años de los cinco mil de historia de la escritura y algunos milenios más de la existencia de la transmisión por la palabra. Por eso el debate sobre el libro digital es secundario, paralelo e inútil, porque finalmente es otro soporte como el pergamino o las tablillas de cera. Hoy, como cada día, celebro la creación y el pensamiento, pues Gilgamesh, Sansón, Helena de Troya, el mito de La Atlántida y Edipo ya eran memoria y espejo de lo humano mucho antes de que existieran el papel y el libro.

(Este trabajo se publicó en el suplemento Pleamar de la edición impresa de Canarias7 del día 23 de abril de 2017)

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