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Les voy a contar un cuento


El profesor comenzó la clase relatando este cuento:

-Érase una vez un continente llamado Europa, que fue cuna de la civilización occidental, y que después de muchas guerras internas que se repitieron durante siglos lograron acabar momentáneamente con esos enfrentamientos en el año 1945. Parece ser que, a partir de entonces, los países de esa vieja Europa crecieron y crearon lo que entonces se llamó Estado de Bienestar, existían los Derechos Humanos, había libertad de expresión y se respetaban las minorías y las distintas tendencias ideológicas y religiosas. Pero hubo una gran crisis económica, cuyo origen sitúan algunos en otros países de otros continentes y que también se sospecha que fue inducida, y poco a poco se fueron zculoo.JPG cancelando derechos conseguidos después de largos años de trabajo y lucha. En Grecia y en Italia colocaron gobiernos títeres, y en los estados de la península Ibérica situaron en los puestos clave a quienes necesitaban para ejecutar un plan, que nadie sabía cuál era; eso sí, con apariencia democrática porque hasta hubo una elecciones de las que surgió un Presidente que se impuso el silencio como medio de comunicación. En Bélgica no se aclararon, en Hungría se permitió que se instalara un sistema parafascista y nadie sabía muy bien qué estaba pasando en Polonia. Por su parte, Alemania y Francia, que lideraban la UE por su potencial económico, se empeñaron en imponer políticas que nunca pueden impulsar las economías, y Gran Bretaña, tal vez amparada por su todopoderoso socio americano, empezó a bailar fuera del ritmo europeo. La permisividad en cuestiones democráticas y la inacción en asuntos económicos pusieron a aquella Europa próspera al borde del abismo...

Una alumna muy pizpireta, impaciente por los circunloquios del relato, se impacientó:

-Pero, profesor, díganos de una vez cómo acaba el cuento.

-Pues depende en gran medida de que a toda una generación de dirigentes que solo piensa en su propio interés, y que pasará a la historia como la más inepta, insolidaria, corrupta y suicida que se recuerda, la ciudadanía le dé por fin una gran patada en...


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3 comentarios

1

A veces, nada mejor que recurrir a las fórmulas narrativas del cuento infantil, que van a lo esencial, para comprender y explicar realidades supuestamente "complejas" (y que en el fondo no lo son tanto...)

2

Rubén Darío

A Margarita Debayle (y a todos nosotros, cambien los nombres)

Margarita está linda la mar,
y el viento,
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento:
Margarita, te voy a contar
un cuento:

Esto era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha de día
y un rebaño de elefantes,
un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita, como tú.

Una tarde, la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla
y una pluma y una flor.

Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.

Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.

Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
más lo malo es que ella iba
sin permiso de papá.

Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.

Y el rey dijo: «¿Qué te has hecho?
te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho
que encendido se te ve?».

La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
«Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad».

Y el rey clama: «¿No te he dicho
que el azul no hay que cortar?.
¡Qué locura!, ¡Qué capricho!...
El Señor se va a enojar».

Y ella dice: «No hubo intento;
yo me fui no sé por qué.
Por las olas por el viento
fui a la estrella y la corté».

Y el papá dice enojado:
«Un castigo has de tener:
vuelve al cielo y lo robado
vas ahora a devolver».

La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.

Y así dice: «En mis campiñas
esa rosa le ofrecí;
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí».

Viste el rey pompas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.

La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.

* * *

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.

Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.

3

Pues yo estoy por reírme, ácidamente, de esta mierda que nos ha tocado de sociedad. Al fin y al cabo, es la que ha fabricado mi generación.
Una mujer ha caído por un precipio por impedir que su perrito fuera atacado por otro: ¡Eso es amor, generosidad, entrega! Sobre todo, entrega, que cuando venga el SCS a pasarle la cuentita del licoto que la tuvo que sacar de allí, entrega tó lo que tiene...

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