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Biografías reales o imaginarias


Dicen que conocerse a sí mismo es complicado, por lo que conocer a los demás debe serlo aún más. Se escriben biografías sobre personajes desaparecidos recientemente, y se documentan con cartas, notas o conversaciones con personas que conocieron a la persona biografiada. Pero miren hacia adentro y verán que la gente, incluso la que les rodea, desconoce cuestiones íntimas de cada uno, los miedos, las ilusiones, las fantasías. Por eso, cuando leo una biografía, me creo los datos objetivos, el año en que el personaje viajó a un país, la fecha en que se casó o el tiempo que trabajó en esto o lo otro. Asuntos más personales no acabo de creerlos, porque estoy convencido de que la verdad sobre cada uno de nosotros no se puede conocer, y menos a través de documentos o de terceros. Hay biografías que se atreven con el perfil y hasta con el pensamiento de alguien, y en eso estoy con el escritor chileno José Donoso, que firmó un contrato para escribir sus memorias en cinco volúmenes, y cuando corrigió las pruebas del primero se dio cuenta de que él mismo disfrazaba la realidad y mentía hasta sin querer. Llegó a la conclusión de que había más de él en sus novelas que en sus memorias, y ya no escribió los otros cuatro volúmenes.

atrrrio.JPGAhora se publican magnas biografías sobre Carmen Laforet y Miguel Delibes, donde incluso se trata de la génesis de novelas tan famosas como Nada o La sombra del ciprés es alargada. Ahí sí que directamente no me creo nada, porque una novela que se escribe en tres meses puede venir años dando vueltas, y sobre los tiras y afloja de un autor con su obra hasta él mismo se confunde, porque en su memoria no sólo están las páginas y situaciones novelescas que publicó, sino todas aquellas que fueron desechadas. A veces, cuando pienso en una novela mía coloco un personaje que estuvo alguna vez en el borrador, pero que luego nunca llegó a la imprenta, pero sigue en mi cabeza. ¿Cómo va a saber eso un biógrafo si ni siquiera puede controlarlo el escritor?

1 comentarios

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No sé mucho de escribir Biografías, se me ocurre que quizás se recree lo que siempre uno quiso ser y se mezcla con lo que desea el autor.
Quizás se pierda en lo que se imaginó leyeno o viendo las obras de quien relata su vida, y pone algo de él mismo.
De Carmen Laforet se dice que dejó de pintar por un ataque de misticismo que se originó en su vida.
Contradicciones de lugares y reacreaciones de lo que quizás uno, el que lo escribió, le hubiera gustado ser.

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