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La hora de los que lo saben todo

Por si los noticiarios no fueran bastante explícitos sobre la intolerancia religiosa, el fanatismo y la utilización de la religión como palanca de poder, llega a las pantallas la película Agora, en la que Alejandro Amenábar, usando como hilo conductor a la científica alejandrina Hypatia, aborda un momento de la historia en la que esta constante llegó tan lejos que debilitó al ya agotado Imperio Romano, y hay quien dice que fue la puntilla para un sistema que estaba muriéndose de éxito. En los medios se ha hablado estos días de todo esto, a veces con rigor histórico, otras, las más, a la buena de Dios. No por haber visto la película se está al tanto de lo que ocurrió, porque el cine es arte y el director usa su libertad de interpretación. Quiero decir que esta película o cualquier otra, que se basa en la Historia, no puede ser tomada como documento inamovible, pues seguramente en el guión y en el rodaje se han movido muchas cosas. Así es el arte, y esto es una mera advertencia que no va en absoluto en desdoro de la obra de Amenábar.

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Estos comentarios que se escuchan por ahí, mezclan a menudo churras con merinas, gnósticos con paganos en siglos equivocados, el martirologio cristiano con el complicado mundo de Alejandría en el siglo IV, que fue el siglo en el que Constantino el Grande declaró al cristianismo con religión del Imperio. Escuché en un programa nacional de la mañana a un reputado crítico cinematográfico traer a colación de Hypatia y la destrucción de Alejandría (siglo IV) a los cismáticos bizantinos (siglo XI) e incluso a los cátaros de la famosa cruzada albigense (sigloXII). No metió a Lutero porque ya entraba la publicidad. Y lo que ocurre cuando alguien quiere dárselas de saberlo todo es que se queda en evidencia, no sin antes haber confundido a algunos.

3 comentarios

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Cuanta razón tienes Emilio, me di cuenta de esta entrada tuya a través de Bitácoras.com, al leerla no puedo más que coincidir contigo en lo que se refiere a esta gente que sabe de todo, sobre cualquier tema.
La cuestión es embrollarlo todo para que parezca que saben mucho, cuando en realidad no son capaces de documentarse de una forma adecuada a la hora de hablar de un tema concreto.
Lo malo de esto es lo que tu dices, no perjudica a quien realmente sabe del tema, sino que contribuye a una desinformación total de los que quieren aprender sobre algo.
Por cierto, me gustaría invitarte a visitar mi blog, sobre historia medieval y, más concretamente, sobre el catarismo:
http://catarismo.com/wordpress

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pues yo vi reglejada la Historia de Hypatia una mujer en un mundo de hombres, Una mujer muy culta, su bibloteca fue arrasada por Cirilo a él lo hacen Santo y a ella la despellejan viva y la queman. Claro que ella pudo acceder a ese mundo por su padre y el final exactamente no es así, ya lo había dicho Ptolomeo.

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Toda una generación quedó marcada por este relato sobre la vida de Hipatia que pudimos leer de la mano del genial Carl Sagan en Cosmos. Recuerdo que en mi niñez odiaba a Cirilo con todas mis fuerzas: era el símbolo del oscurantismo religioso intransigente frente a la luz de la razón representada por la Biblioteca de Alejandría. Hipatia era el mártir de la ciencia por excelencia, un símbolo del conocimiento que nos recordaba lo que podría haber sido y no fue. Nuestra civilización, sugería Sagan, podría haber estado camino de las estrellas hacía tiempo si la chispa del pensamiento grecorromano hubiese prendido en todo el mundo. Este mundo alternativo era tan brillante y perfecto que uno no podía sino maldecir a las religiones y las desgracias que habían causado a la Humanidad.

Por supuesto, esta imagen idílica no era totalmente cierta. En la época de Hipatia, ya hacía siglos que la Biblioteca de Alejandría -y el mundo grecorromano en general- había perdido la genialidad de la época helenística. La sociedad romana de Alejandría distaba de ser un remanso de paz y la intransigencia y el oscurantismo no eran monopolio de los cristianos. Los filósofos neoplatónicos -como Hipatia- se caracterizaban por defender prácticas y creencias que hoy en día identificaríamos con la superstición más rancia y oscura.

Pero corremos el riesgo de relativizar todo y llegar a la conclusión de que todas las épocas históricas son semejantes, con sus luces y sombras. Podríamos hacerlo, y de hecho lo hacemos continuamente, pero sería un error. Porque Hipatia fue la última luz del conocimiento que brilló en Alejandría. Tras ella, ningún otro pensador destacado aparecería en esta ciudad situada en el delta del Nilo. Nos guste o no, el cristianismo primero y luego el islam acabaron con una era donde la razón jugaba un papel protagonista.

Y ahora, casi treinta años después de Cosmos, aparece Ágora, una película de Alejandro Amenábar que nos ofrece esa imagen de Hipatia presentada por Carl Sagan. Y de hecho, muchos han criticado Ágora precisamente por su maniqueísmo: Hipatia es una santa de la ciencia que luce vestidos blancos y relucientes mientras que los cristianos son representados como sujetos siniestros, sucios, barbudos, feos y repugnantes. Y por supuesto que hay maniqueísmo, pero no debemos olvidar que se trata de una película, no de un documental. No me parece nada mal que por una vez una película ponga el dedo en la llaga de todas las religiones: la intolerancia y la intransigencia.

Por otro lado, Amenábar intenta en ocasiones alejarse de la imagen perfecta del mundo grecorromano y refleja las tensiones generadas por la esclavitud o los defectos de la religión pagana. Pese a todo, el mensaje es claro: el mundo antiguo era imperfecto, sí, pero era muy superior -al menos intelectualmente- a la alternativa que ofrecían los cristianos. Desde un punto de vista técnico, la ambientación histórica es magnífica y está muy bien lograda, lo que delata el intenso trabajo de documentación que se ha llevado a cabo. El reparto es también muy bueno: Rachel Weisz encarna a la perfección una Hipatia perfecta y pura cual esfera celeste ptolemaica, mientras que Sami Samir interpreta fantásticamente el papel del oscuro Cirilo.

Ágora no es sólo un alegato contra la intolerancia, sino, por encima de todo, una exaltación de la razón (ciencia) frente a la superstición (religión). Probablemente sea la primera película que se haya atrevido a ir tan lejos en este planteamiento, lo que podría explicar las dificultades que está experimentando para encontrar distribuidor en Estados Unidos, un país profundamente religioso. A diferencia de otras películas donde se intenta dar una de cal y otra de arena con argumentos infantiloides contra la razón del tipo "hay cosas que la ciencia no puede responder" o "el hombre no debería jugar a ser dios" -argumentos que me sacan de quicio, por cierto-, Ágora es brutalmente directa: la ciencia es el único camino para alcanzar el conocimiento. Además, Amenábar no se queda en la anécdota de Hipatia como una simple heroína pagana, sino que se atreve a ofrecer pinceladas de su trabajo como filósofa y sobre cómo aplicaba el método científico, algo inusitado en una película. La escena en la que vemos a Hipatia dilucidar la forma de las órbitas de los planetas es impresionante y logra transmitir toda la fuerza de la pasión por desentrañar los misterios del Universo, esa pasión que era el motor de la vida de Hipatia.

La película está repleta de simbolismos -el mejor: la Bibioteca convertida en un corral por los cristianos- y de diálogos con mucha fuerza. De entre todos ellos me quedo con la respuesta de Hipatia ante la pregunta de Sinesio (el cristiano bueno) sobre por qué no podía convertirse al cristianismo y que resume perfectamente el espíritu de la película:

“Tú no cuestionas lo que crees. Yo sí… Yo debo”
http://danielmarin.blogspot.com/search/label/Cine

Te recomiendo este enlace, es la visión de quién creció viendo a Carl Sagan y a toda una manera diferente de hacer cine.Desde Spilberg, Copola, Oliver Stone ,Tarantino, toda una generación de Directores que nos cambio la manera de amar el cine

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