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Ya debiéramos estar acostumbrados a que nos etiqueten de lo primero que se les ocurra. Que desde la derechona se me mire mal no es que me importe, es que me tranquiliza. De la izquierda es más complicado hablar, porque aunque fuese el más radical de mundo, siempre surgirá alguien que se cree más a la izquierda. Así que ya me resbala que, por dar mi opinión, me puedan colocar adjetivos distintos e incluso opuestos. De un tiempo a esta parte resulta que se ha instaurado la moda de dar lecciones de cómo ser demócrata, palabra que por lo visto acaban de implantar y que otros nunca hemos entendido. No me espanta que se erijan en adalides de esta corriente las nuevas generaciones, porque eso es lo normal, cada hornada trae su propia lectura de la historia; paralelamente a eso, entre la risa y el patetismo, criaturas de largo recorrido se han convertido en oráculos de la nueva política, una especie de nuevo cuerpo profesoral de la democracia "verdadera".

555555.JPGPuedo entender que haya personas que sientan que hasta ahora han estado en el error, les haya invadido una luz cegadora en el camino de Damasco y se hayan caído del caballo. Perfecto; lo que resulta más pintoresco es que gente que nunca ha pisado esa calle de Agustín Millares en la que se luchan los derechos ciudadanos, aparezca ahora como una fuente de sabiduría revolucionaria. De pronto tratan de ponerse al frente de cualquier cosa -que por supuesto acaban de descubrir-, despreciando los esfuerzos de mucha gente durante décadas, seguramente porque ignoran la historia y la necesidad de que se haga cada día. Y esta soberbia absoluta de la izquierda -que me recuerda a las matrioskas rusas, pues cuando crees que has sacado la última muñeca, aparece otra y otra- es la que lleva demasiado tiempo impidiendo que pueda haber una posibilidad real de gran cambio. Aparte de los personalismo evidentes, pone palos a las ruedas esa manía conspirativa de querer ser siempre el más de lo que sea, y si no compartes eres su idea, aunque sea delirante, no es que te hayas quedado antiguo, estás equivocado o qué sé yo. Nada de eso, no hay matices; si no lo sigues eres un facha, directamente. Y así es como la gran derecha sigue en el poder, cuando las circunstancias que la rodean aconsejarían otra cosa. Por eso podemos decir que quien mantiene a Rajoy en La Moncloa es sobre todo la estúpida desunión de las fuerzas progresistas, y no especifico las culpas porque, como dice el pueblo, entre todos la mataron y ella sola se murió.


¡A la hoguera!

Echemos a las llamas las mentiras, calumnias o injurias que arman quienes viven en la frustración, la envidia y el fracaso propio del que culpan a los demás.


Quememos el odio, sea cual sea su tamaño, porque una leve brizna de su esencia
se multiplica en el infecto alimento de sí mismo; tan putrefacto es el que pone sal
en las heridas y las ilusiones como el que genera catástrofes humanas de
dimensiones bíblicas. Solo es cuestión de oportunidad.

Prendamos fuego a la indiferencia que nos hace cerrar los ojos ante el sufrimiento
ajeno, y enviemos al olvido las ofensas, murmuraciones, traiciones e infamias
que nos pesan en el orgullo.


***
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Mantengamos siempre lejos del fuego la memoria de los afectos,

la fuerza de la generosidad y el peso de la lealtad.

¡FELIZ SOLSTICIO DE VERANO!



Resuenan en la bóveda de la memoria colectiva palabrones como dignidad, justicia, decencia y otra docena que vienen a significar lo mismo: nada. Y es así porque encubren intereses, manipulaciones y un saqueo inmundo que no parece importar debido a la ignorancia programada de una sociedad que no se respeta a sí misma. Los partidos políticos hacen y deshacen a su antojo, los poderosos conforman una especie de aristocracia del dinero, que finalmente es aceptada por esa sociedad que de alguna manera acaba justificando sus desmanes. De otra manera no se comprende cómo es que una parte importante del pueblo catalán le siga el juego a unos voceros capitaneados por personas de un partido que siempre se quedaba con el tres por ciento, o que un partido que tiene mil personas en los juzgados por corrupción siga ganando las elecciones y gobernando, o que... Tantas infamias que, aunque armen mucho ruido mediático, se quedan en eso.

dinerrro.JPGY no hay consecuencias, nada cambia, y cuando algo se mueve es a peor: reforma laboral, abandono de los ancianos, exilio de la juventud, salarios de miseria... Y siguen hablándonos de dignidad, justicia y decencia los mismos que siguen recortando derechos y haciendo el Robin Hood al revés, saqueando a los pobres para engordar a los ricos, que a estas alturas no sé dónde van a guardar tanto dinero. El colmo de la locura, la humillación y el entreguismo es que se recojan firmas para exigir al gobierno que no se investigue el presunto fraude fiscal de un futbolista multimillonario, porque el chico se siente perseguido y quiere irse de la liga española. Que sí, que hace muy bien su oficio de futbolista; y al decir esto se da por supuesto que la Agencia Tributaria, que debe ser implacable con personas que trabajan y también hacen bien su trabajo en sanidad, educación, agricultura o panadería... tiene que ser magnánima con los superhéroes que meten goles. Pues conmigo no cuenten si eso es lo que entienden por dignidad, justicia y decencia. También les encanta la palabra patria, que a estas alturas debe de ser lo mismo: mucho ruido y más indecencia, más injusticia y mayor indignidad, con el aplauso de los siervos educados para besar la bota que cada día les da una patada en el culo.


Se ha vuelto a poner en el disparadero la propuesta de nuevo Estatuto de Autonomía de Canarias como consecuencia de los compromisos firmados en los acuerdos previos para aprobar los presupuestos de 2016 en las Cortes Generales. Hemos dejado el asunto en manos de los partidos políticos, que nos tienen acostumbrados a pasarnos sus intereses por delante de los de la gente. Cualquier asesoría pasa por instituciones que generalmente suelen ser el cortijo de unos pocos, y a la vez se manejan elementos que tienen que ver con la economía, la fiscalidad o la representatividad por islas y valor del voto en cada una de ellas. carburo77.JPGY todo eso está muy bien, es organización, aunque tendría que ser un segundo estadio, pero no se habla de lo esencial, y así escuchamos unas voces que celebran como gran victoria que puntualmente se haya conseguido algo más de dinero para Canarias, otras que corean la cantata de siempre, alrededor de los poderes económicos imperantes (que determinan la política por desgracia) o se establecen apuestas sin premio a ver quién es más radical, más intransigente o más aborigen que nadie. El poder establecido trata de acallar esas voces haciendo hincapié en la llamada cultura popular, y así vemos que nuestros políticos van de romería en romería, lanzado conceptos que supuestamente abonan la canariedad, que yo todavía no sé lo que es, pero que por lo visto existe.

Por defectos de estructura, por desidia de unos y por empeño de otros, Canarias quedó hace muchos años exclusivamente en manos de políticos, y hoy es la hora en la que casi nada sobrevive fuera de la política, siempre partidaria y enganchada a objetivos que dan la espalda al interés general. Por eso, entiendo que el nuevo Estatuto debe pasar por el tamiz de la cultura, solo así responderá a las necesidades de Canarias, porque es la cultura la que fija las bases de las colectividades. Su recorrido no puede limitarse a un intercambio de cromos sobre cuotas electorales o caprichos de este o aquel líder. Parece que echo las culpas a los políticos solamente, pero ya he dicho que ha habido desidia de quienes tienen la obligación de poner voz a la gente, que no son solamente los poetas y los pintores, sino también los científicos, los profesionales y entidades como las universidades o los centros de indagación de toda índole. Y es que al final, lo que ha ocurrido es que la política incide en la cultura, cuando tendría que ser necesariamente al revés. Así ha salido el borrador del Estatuto que va hacia Madrid donde necesariamente empeorará porque en cualquier parlamento estatal, tenga la composición ideológica que tenga, siempre actuará una fuerza centrípeta que tratará de embridar cualquier iniciativa que reste poder al Estado. Por eso habría que llevar un borrador mucho más ambicioso, que las rebajas vendrán con toda seguridad, sea quien sea quien gobierne en España.

Para entender la fuerza con la que irrumpió la novela Cien años de soledad en la literatura, la cultura y la sociedad, situémonos en la primavera del año 1967, cuando un inquieto periodista colombiano, Gabriel García Márquez (Gabo, rebautizado en la redacción del diario El Espectador de Bogotá), con cuarenta años recién cumplidos, autor anterior de algunos relatos y unas pocas novelas cortas de cierto éxito, logró que Editorial Sudamericana de Buenos Aires publicase un texto que ya había sido devuelto por otras editoriales. Se cuenta que el escritor argentino Miguel Mujica Láinez, entonces la estrella de la editorial por el éxito de Bomarzo y otras novelas, creyó en el libro y presionó para que viese la luz. Lo que ni los más optimistas esperaban es que los 8.000 ejemplares de la primera edición de una novela de autor desconocido en Argentina se agotaran en una semana.

Unos meses después, en el verano decembrino de Buenos Aires, Gabo, novato en el papel de estrella, fue invitado con su esposa Mercedes Barcha a un palco para ver una representación de ópera en el Teatro Colón. Cuando su figura se hizo visible para el público, el teatro se puso en pie y estalló una ovación atronadora, inacabable y sorpresiva, porque estas manifestaciones espontáneas y entusiastas raramente se dan alrededor de un escritor recién llegado, y en todo caso ocurren ante una figura muy consagrada por una larga trayectoria y que ya está en la historia. Según confesión del propio Gabo, ese día sintió emoción agradecimiento y sobre todo miedo, porque se dio cuenta de que había sido el artífice de algo que sobrepasaba todas sus expectativas y que no sabía cómo explicar.

cien años 1.JPGHay algunas obras literarias que son mojones en el camino, de las que se dice que dividen las aguas y se convierten en fuentes de las que bebe toda la cultura, pues trascienden el hecho literario. Desde La Divina Comedia a Las flores del mal, conforman esa imaginaria lista títulos como El Quijote, Hamlet, Moby Dick, La metamorfosis y toda la poesía de Emily Dickinson; hay más, por supuesto, pero no demasiados, porque el status de libro sagrado sobrevuela estilos, movimientos y hasta la propia literatura; aparte del talento de sus autores y los elementos técnicos perfectamente explicables, hay muchos otros factores azarosos que determinan esa consagración suprema, y coloca a esas obras en el inalcanzable anaquel en el que están El Cantar de los cantares o Las mil y una noches, que son a la vez literatura, mito y a veces religión. La novela Cien años de soledad es uno de esos libros.

La sacralización de estas obras se va produciendo a través del tiempo. Suelen pasar décadas e incluso siglos hasta que se establece que una obra literaria es un faro insoslayable. Con Cien años de soledad no hubo que esperar, en semanas ya se intuía que la novela era un acontecimiento que no iba a detenerse en fronteras de espacio ni de tiempo. Era un sentimiento general, pues aunque la obra había sido saludada con entusiasmo por algunos críticos y escritores, esas opiniones especializadas apenas habían llegado a los lectores. Era la propia novela, que vendía una edición por semana y se extendía a todo el territorio de la lengua, la que había trasladado a la gente la certeza de que no era otra buena novela más. Si acaso puede comparársele en la inmediatez de la consagración mítica El guardián entre el centeno, aunque solo aplicable en esta dimensión a Estados Unidos, pues en el resto del mundo solo es una buena novela más.

Cierto es que, de vez en cuando, surge alguna voz que disiente, que trata de minusvalorar una obra maestra; suelen ser los predicadores de no qué modernidad (por cierto inventada por Sófocles hace 2.500 años), que en aras de esas iglesias de las que tratan de erigirse en sumos sacerdotes son capaces de negar el talento de Velázquez, Mozart y María Callas sencillamente porque suenan demasiado. Es lo rebuscado e ignoto lo que aplauden, seguramente porque se les parece. Negar una novela como Cien años de soledad resulta inútil. Es la fascinación por las respuestas imposibles.

cien años 2.JPG (Principio y final de la primera edición en España de Cien años de soledad. Aunque finalmente se sabe que GGM nació en 1927, en la nota biográfica que hay al final de la novela aparece 1928 como año de nacimiento, que se repitió en la solapillas de sus libros durante décadas, y es curioso que un error tan evidente no fuese corregido antes).

Y siempre me hago las mismas preguntas porque sigo desconociendo las respuestas: ¿Qué demonios tiene entonces Cien años de soledad que la hace especial y la convierte casi en un libro sagrado a los pocos meses de su publicación? A pesar de que la novela carece de deslumbrantes características diferenciadoras que son propias de las obras que dividen las aguas, marca un hito, es un faro en el océano de la cultura que hace que nada sea igual después de su publicación. Se trata de una novela escrita sin miedo, en la que hay lluvias de flores, asunciones al cielo en cuerpo y alma, niños que nacen con cola de cerdo, hombres comedores de hormigas, un anciano con la fuerza de veinte jóvenes que sin embargo no puede romper una cadena que le tiene atado a un tronco, una protagonista que vive un tiempo indeterminado pero que debe sobrepasar el siglo con creces, un diluvio que dura casi cinco años... No hay miedo porque el pasado se repite en el presente y el futuro es previsible porque ya ocurrió. El tiempo no existe, está congelado, o es circular, o es lineal, o...También es verdad que la exageración se vuelve normalidad en la narración, todo es muy lejos, muy grande, muy lluvioso, muy violento, muy tremendo. Creo que Cien años de soledad tiene algo de esotérica, pues es inaprehensible, inalcanzable, y a la vez cercana y casi familiar. Algo así como los relatos bíblicos en los que Sansón arranca las puertas de la ciudad o el profeta Elías se marcha al cielo en un carro de fuego.

***

(Este trabajo fue publicado en el suplemento cultural Pleamar del periódico Canarias7 el domingo 11 de junio).


La mayor parte de las personas pueden sentirse atraídas de manera irresistible por algo, que también suele ser una idea engañosa. Puede pasar en ciertos momentos de la vida, y a veces ese momento se alarga hasta el punto de que, en algunos casos, puede ocupar muchos años o incluso la vida entera. Es una especie de adicción mental que abarca todo lo que nos rodea, incluyéndonos a cada uno. Francis Scott Fitzgerald estaba fascinado por la riqueza, lo que se trasluce en su novela El Gran Gastby; para él los ricos eran una especie de aristocracia elegida y respetable porque así se había establecido por una combinación morganática entre sociedad y naturaleza. Esta idea enlaza con una manera de pensar parecida que expresaba en sus cartas nada menos que el Cervantes en lengua alemana Johann Wolfgang von Goethe, que se debatía entre su amor por su patria y su admiración ilimitada hacia Napoleón. Esa fascinación por el poder no es exclusiva de Goethe, y no me refiero a quienes se arriman al sol que más calienta para medrar, sino admiración en sí misma de alguien que no necesita del poder para ser reconocido, como es el caso de García Márquez, IMG_5673.jpgabducido por el propio concepto de poder como él mismo admitió más de una vez. Luego está la fascinación hacia uno mismo, que se iguala con la perfección en la valoración propia; son adorados y desprecian esa rendición ajena porque en realidad lo que les colma es la perfección, que creen poseer, lo cual a veces se acerca a la verdad. Es el caso de Herbert Von Karajan, a quien el aplauso y el halago le importaban poco porque sabía lo que hacía cada noche en el escenario; o esa vida fugitiva hacia el anonimato de escritores muy celebrados, como Thomas Pynchon y Juan Rulfo, aunque el paradigma de esa fobia a ser visto es J.D. Salinger, que algunos psicólogos interpretan como una muestra de soberbia, al considerar inconscientemente que la gente no merece su presencia y menos su simpatía.

Por el contrario, las más frecuentes muestras de este fenómeno son las que requieren una loa permanente, y sus protagonistas siempre están insatisfechos porque basta con que les suene mal una palabra en medio de una lluvia de parabienes para que entren en cólera, se depriman o se oculten majestuosamente, que de todo hay. Esa fascinación consigo mismos se da en determinados personajes que triunfan en disciplinas que tienen proyección pública, sean artistas, científicos o humanistas, desde Truman Capote y María Callas a Edison y Miguel Ángel Buonarroti. Y los hay, incluso, que se consideran elegidos por los dioses, el destino o quien fuere, se saben grandes y se comportan de forma mesiánica, como Bob Dylan, que en 1978 declaró a la revista Rolling Stone: "Dylan siempre ha estado ahí, siempre lo estuvo; antes de que yo naciera ya estaba Bob Dylan. Yo estaba mejor preparado para interpretar ese papel". Y siguió tocando la armónica.

***

NOTA FINAL:

No se niega la grandeza y el talento de estas figuras, ya que su influencia en su

campo y a menudo en toda la sociedad está por encima de cualquier discusión;

es de su carácter de lo que hablamos.


Con la muerte de Juan Goytisolo, desaparece uno de los más grandes intelectuales de España y de Europa. Novelista, ensayista y escritor en todas direcciones, tuvo que irse de España porque el ambiente que imperaba en España en plena dictadura lo empujó hacia Francia, e hizo de París su segunda casa, que luego ha sido Marrakech, ciudad marroquí en la que ha muerto y descansará para siempre por propia voluntad. Estamos hablando de uno de los pilares de nuestra narrativa y un pensador que incluso fue más respetado fuera de España que en su patria, que siempre fue para él una gran decepción.

Goytisssssolo.JPGJuan Goytisolo es probablemente el escritor español más influyente en la segunda mitad del siglo XX, piedra angular de todos los puentes que hubo que tender en tiempos difíciles; tal vez por eso haya tenido que morir lejos del hogar machadiano, España nunca lo entendió. Puso a funcionar la novela social cuando publicó en 1954 Juego de manos. Luego se desmarcó y creó su propio espacio lírico que nos dejó joyas como Campo de Níjar. Más tarde entró en una fase experimental, que se hizo legendaria en la novela Señas de identidad; a esta corriente no fueron ajenos en España Luis Martin-Santos, Juan García Hortelano, su hermano Luis y hasta autores de generaciones anteriores como Torrente Ballester y el propio Cela. Los desagradecidos oriundos siguen dando la bandera de este movimiento a Juan Benet, pero ese es su problema y sus intereses. El Goytisolo con el que soy más afín es el que se recupera en su libro de memorias, Coto vedado, y ya sigue con magníficos textos tan comprometidos con la buena literatura como con la realidad de un mundo en conflicto. Esa postura de intelectual crítico le retrasó honores literarios en su país, hasta el punto de que el Cervantes que le llegó a destiempo me sorprendió, porque ya daba por imposible que desde España se le diera un reconocimiento oficial. Barriendo para casa, de todas sus lapidarias sentencias me quedo con esta: "Prefiero la narrativa porque la novela es un género omnívoro, puede incluir la poesía, pero la poesía no puede incluir la novela". Descansa, maestro, en la paz por la que tanto luchaste y al final encontraste a la sombra del Atlas.


El acuerdo de Nueva Canarias con el PP para apoyar los Presupuestos con el diputado 176 debe hacernos pensar en el concepto que se tiene de Canarias en La Península, especialmente en la Villa y Corte y sobre todo en los círculos políticos, económicos y periodísticos. No quiero entrar en consideraciones de ningún tipo sobre el acuerdo, pero a poco que sepamos contar veremos que se logra un beneficio tangible para muchos quevedo 22.JPGcanarios, pues solo en las subvenciones al transporte hablamos de más de siete millones de billetes interinsulares cada año. Y poco ha sido, porque se han quedado en el camino asuntos tan importantes como las dependencias, que la prensa peninsular tilda de mercadeo y nosotros llamamos necesidad social, que en Canarias es un clamor.

Según La Biblia, en un tiempo sin nombre, Esaú vendió la primogenitura a su hermano Jacob por un plato de lentejas (el hambre es muy fea); cuenta la tradición cristiana que, hace veinte siglos, Judas vendió a Cristo por 30 monedas; y la historia nos certifica documentalmente que Napoleón vendió al presidente norteamericano Thomas Jefferson el territorio de Louisiana por unos veinte millones de dólares de 1803. Es decir, la política, la guerra y las relaciones entre humanos, instituciones, estados y territorios siempre han tenido un valor material cuando se trata de canjear patrimonio o beneficios. Unos lo llaman compraventa, otros contrato, los malpensado dicen chantaje, extorsión o mercadeos y no es más que una relación económica, que está siempre en el fondo de todas las guerras, las paces, el comercio o cualquier intercambio de cualquier tipo. Por lo tanto, lo que han hecho Pedro Quevedo y Nueva Canarias es tan viejo como la existencia de las relaciones humanas, políticas y económicas.

En Canarias habrá quien valore de una forma o de otra el acuerdo, dependiendo de ideologías, intereses y criterios. Todo es muy legítimo. Lo que me resulta indignante es la actitud de esos poderosos e influyentes círculos políticos, económicos y periodísticos peninsulares con respecto a Canarias. Los voceros más interesados no se cansan de usar las palabras y expresiones más ofensivas, incluso por parte de quienes se supone desean que se aprueben esos presupuestos. Pintan a Nueva Canarias como si fuese una banda de forajidos que ha asaltado la diligencia de Rajoy. Pero es que estamos hablando de 200 millones de euros, una gota en el océano de las decenas de miles de millones que se manejan. quevedo 11.JPGEsas mismas voces saludaron con alborozo que, entre dádivas y perdones, se cuantificara el acuerdo con el PNV para esa misma votación en más de 4.200 millones de euros. Pensemos que Euskadi tiene una población similar a la de Canarias, poco más de dos millones de habitantes, y una extensión incluso algo menor, con el agravante para Canarias del coste de la lejanía y la insularidad, que es uno de los puntos importantes que se trata de corregir en este acuerdo. Grosso modo, son 2.100 € por cada vasco y 100 € por cada canario. Para estos prebostes, el PNV ha negociado un acuerdo, y cuando se refieren a Nueva Canarias (ya hablan despectivamente de "los canarios") usan vocablos aplicables al hampa y al crimen organizado. Intolerable.

El despiporre es que se publica en grandes tipos que un partido presiona a otro para que a su vez trate de que Pedro Quevedo no firme ese acuerdo. ¿Pero esto qué es? Vote cada cual lo que quiera, que es casi siempre lo que conviene al juego de la oca que allá se traen, y que a los canarios empieza a darnos igual, porque siempre acaban perjudicándonos. Y es que llega un momento en el que sus luchas intestinas, sus exhibiciones de machos Alfa y su presencia casi permanente en los platós de televisión nos interesan poquito, porque lo que aquí nos duele es el desempleo galopante en nuestra comunidad, los salarios de miseria, el abandono a los dependientes y un altísimo índice de pobreza (pregunten en Cáritas). Que alguien trate de paliar esas desigualdades no es chantaje, ni compraventa, ni mercadeo; es justicia, y como en este momento se está en la coyuntura de que se puede hacer valer un solo voto -el disputado voto del señor Quevedo, que diría Delibes-, dejarlo pasar sería de tontos. Ya seguiremos con debates universitarios y enfoques filosóficos una vez que hayamos comido, porque se trata de cubrir necesidades urgentes, y a la vez exigir respeto a nuestra tierra. Que si lo de Nueva Canarias es extorsión, ya me dirán cómo calificaríamos lo del PNV, que es veinte veces esos 200 millones. Ah, sí, lo de los vascos es negociación. Pues vaya...


Pocas veces nos encontramos con un narrador tan definido en su manera de escribir como Santiago Gil. Cierto es que eso que llaman estilo hace reconocible la escritura de cada uno cuando alcanza su propia voz, pero en el caso de Santiago las constantes se repiten de forma casi matemática y se ponen a funcionar sus tres signos de identidad fundamentales que ya he resaltado más de una vez: es un escritor en espiral, es un observador que en el mar de la vida ocupa un submarino siempre con el periscopio en servicio, es un navegante que conoce su destino pero ignora la ruta y se orienta por los vientos y las corrientes del ritmo de su prosa. No puede evitarlo; la historia va contándose sola porque se ha ido almacenando en el disco duro de lo cotidiano que Santiago Gil convierte en materia novelable.

fsgil.JPGDespués del resultado colosal de su anterior novela, La costa de los ausentes, que es un punto de inflexión en su obra, un intento logrado de cerrar uno de los muchos y fructíferos círculos que tiene el autor, vuelve ahora con Gracias por el tiempo, una novela corta que aparentemente solo pretende mostrar el desgarro social y humano que genera la desigualdad y que se ha multiplicado después de este nuevo "crack" programado de 2008 y que se alarga a conciencia y con regodeo. Y es verdad que el trasfondo y en cierto modo uno de los desencadenantes es esa crisis económica terrible, pero hay más vientos en las velas, más luces en el periscopio. En ese juego circular que Santiago domina como nadie, aparecen historias que darían para una saga, desde la de los padres del protagonista que irrumpe en la novela refugiado en un furgón porque no hay otro techo posible y acompañado de un padre ya muy mayor, o acaso no tanto, pero sí avejentado por el sufrimiento.

Es también una de las vidas posibles del protagonista, que sale de su tierra, unas veces se queda en Londres, otras recala en Madrid o vuelve a la isla, o como ahora, que suelta la cometa y salta de continente a un lugar lejos del mar en plena Sierra Madre mexicana. Al final, lo que parecía un juego a dos voces, en las que todos tienen nombre y lo van perdiendo los protagonistas como en una especie de disolución de su propia estima, es un retrato de la impotencia de una sociedad ante la voracidad de quienes la manejan, que nunca se nombran, pero que arrojan sobre los indefensos toda su crueldad sin fin. Si me preguntan si es una novela sobre la crisis diré que sí, pero que no habla de banqueros inmisericordes ni políticos paniaguados, sino de las consecuencias reales y terribles que para la gente tiene el nuevo paradigma en el que el dinero solo produce dinero, que al fin y al cabo a estas alturas es una sucesión de ceros y unos en el lenguaje binario de un ordenador que ni siquiera sabemos dónde está.

Santiago Gil pone de manifiesto que está en el culmen de su actividad creativa, un novelista con fuerza vital y con una obra que lo respalda, y que en estos momentos surte como una fuente inagotable todo lo que ha macerado viendo el mundo que lo rodea. Las grandes aventuras de sus novelas son cotidianas, sencillas y por ello sin fecha de caducidad, y a veces pienso que esa gente innominada que se mueve sin rumbo puede ser el reflejo de los personajes rulfianos que nunca sabemos si están muertos o vivos. Muertos vivientes, que es la condena que parece dictar el ultracapitalismo financiero, que sabe mucho de dinero y nada quiere saber de la gente. No hay mayor denuncia que mostrar la realidad tal como es.


En otras épocas, la protección de la cultura tenía más que ver con el capricho de un rey, un papa o una duquesa que con el mercado, que se inició en el Renacimiento, cuando empezaron a hacerse funciones musicales o teatrales al público, con una entrada que pagar o con un caché financiado por un mecenas. Los pintores, escultores y arquitectos se hacían con una clientela entre los más pudientes, y esto fue determinante, por ejemplo, en la pintura flamenca, pues en Flandes los ricos comerciantes encargaban cuadros y tapices y de esta manera se establecía una oferta y una demanda. En el siglo XXI la cultura también es negocio de una forma general, es un nicho de empresas y un surtidor de puestos de trabajo. Este mercado es cada vez más globalizado, controlado a menudo por multinacionales o en el caso de España por grandes empresas que a su vez son tributarias de otras de mayor calado. Es raro encontrar hoy una discográfica, una productora de cine o una editorial que empiece y acabe en ella, suele formar parte de un grupo empresarial multimedia en el que hay cadenas de radio y televisión, editoriales de libros de todo tipo, productoras audiovisuales y empresas paralelas dedicadas a la distribución y al marketing.

6tfbn,Nueva imagen.JPGCanarias es una terminal de ese mercado global, y funciona un mecanismo similar a las muñecas rusas hasta que llegamos a la más pequeña: el mercado canario-canario. Entonces nos tropezamos con el problema de que este es un territorio pequeño y fragmentado, y el público a quien se dirigen las producciones culturales es muy reducido, mientas que los costes son iguales que en Madrid. Esa fragilidad es la que determina que haya apoyos, siempre tan criticados en la cultura y tan bendecidos en el deporte, el comercio o cualquier otra actividad. Y más que dinero, lo que se necesita es un proyecto cultural apoyado en y desde todas direcciones. Pero no existe ni ha existido nunca, más bien al contrario, porque esas actividades en las que se hacen fotos los políticos siempre son flor de un día que no sobrevive a unas elecciones o que ni siquiera llega a formularse más allá de cuatro frases sin contenido. Cada vez que alguien trata de poner a funcionar alguna idea que vaya en esa dirección, la desidia se alía con los que quieren mantener el status quo y con los dinamiteros. Y es por ello que estamos en un territorio en el que dar a conocer la cultura es complicado porque hay un desprecio casi endémico, y palabras como artista, poeta o intelectual suenan a menudo como un insulto, porque así se propicia. Es lo que hay.

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