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Suele decirse que el periodismo nació en la Inglaterra del siglo XVIII, décadas antes de la Revolución Francesa, pero en realidad ya se ponían comunicaciones para la gente desde la época de Julio César, y durante la Edad Media había hojas volanderas que comunicaban. Fue en la Venecia más gloriosa cuando se imprimían noticias y opiniones que se vendía al precio de una gazetta, que era la moneda veneciana de la época, y de ahí surgió el primer nombre de las publicaciones, que se instauraron como tales y con fuerza durante el siglo XIX. Los grandes magnates norteamericanos de la prensa influían en la sociedad y en la política, como los míticos Joseph Pulitzer o William Randolph Heart, pero es que los grandes empresarios de la época de consolidación y crecimiento en Estados Unidos se dedicaban en origen a una sola actividad: Carnegie los trenes, Rockefeller el petróleo, los Hermanos Lehman a la banca, los mencionados Heart y Pulitzer a las empresas periodísticas y así en diversos sectores, si bien es cierto que pronto comenzaron a mezclarse intereses y el dinero sin nombre se infiltró en las redes del capitalismo que hoy conocemos.

Scan Mayte.jpgEn esa primera situación, las empresas periodísticas vivían de sus suscriptores, y podían ser relativamente libres, pero cuando el dinero pesó más desde la publicidad, la libertad de prensa empezó a diluirse, y la verdad impresa se tornó duda razonable. El fenómeno ha empeorado con el tiempo, por implicaciones políticas, y eso si hablamos solo de la prensa en países supuestamente democráticos, porque si entramos en otros espacio hablamos de censura clara y manifiesta. Hoy no serían posibles situaciones como la narrada en la famosa película de 1952 El cuarto poder, porque la dueña del periódico encarnada por Ethel Barrymore tendría negocios en otros sectores y el defensor irredento del periodismo independiente que interpretaba Humphrey Bogart estaría despedido y sin posibilidad real de encontrar trabajo en otro medio. Quiero decir que, desde siempre, se ha cumplido la conocida definición de que periodismo es publicar algo que alguien no quiere que se publique.

Muchas voces han sido acalladas, y en estos tiempos son demasiado frecuentes los asesinatos de periodistas en lugares como México, o más cerca, en Rusia, y ahí al lado, en Malta, dentro de la UE, por no hablar de los muertos en misiones informativas en lugares en conflicto, de triste memoria para todos. Y es que, cuando se mezcla la política, el crimen organizado y el dinero, el periodismo estorba.

De eso habla La espiral del silencio, la novela de Mayte Martín que hoy presentamos. Y después de lo dicho, podríamos pensar que ya no existe el periodismo porque ha sido devorado por el dinero. Pero es que precisamente, en estas condiciones tan adversas, en las que muchas personas se juegan la vida y a veces la pierden, sigue habiendo intención y vocación de contar eso que alguien no quiere que se cuente. Hablamos de gente que tiene un armazón ético indestructible, y desde luego una valentía que no tendría que ser imprescindible para empuñar una pluma o un micrófono, o para dar imágenes que alguien no quiere que sean vistas.

La manera que Mayte tiene de contarnos esto es a través de una novela negra; que en realidad no es negra por el género sino porque nuestra sociedad se está convirtiendo en un sistema que funciona como las tramas más socorridas del género. Por desgracia, a las novelas negras hoy habría que llamarlas realistas. Así de tremendo es el problema que a todos nos atañe. La libertad de expresión y por lo tanto la libertad de prensa acaba cuando choca con intereses políticos, económicos o de la propia empresa en la que se trabaja, por no hablar de otras organizaciones indeseables que por desgracia meten sus garras en todas las actividades humanas e inhumanas que dan dinero.

La lectura de esta novela produce desasosiego porque logra transmitir esa inseguridad en la que finalmente no puedes fiarte de nadie cuando hay algo importante en juego. Mayte pasa por ello a formar parte de esas personas valientes que, sea en forma realista y documentada, sea en forma metafórica, expone y denuncia, no solo el desprecio a la vida de los profesionales honestos del periodismo, sino porque se está cometiendo un crimen que nos afecta a todos. Lo que matan de un solo tiro es la verdad y la libertad. Poner sobre la mesa algo tan terrible es por lo tanto un acto de valentía. Si, además, está bien escrito, solo me queda felicitar a su autora.


Desde que, la semana pasada, el nuevo Estatuto de Autonomía fue publicado en el BOE y por lo tanto entró en vigor, llevo dándole vueltas a todo eso de las ventajas que para Canarias tiene que las decisiones importantes se tomen más cerca. Oigo pregonar a los cuatro vientos que tendremos más autogobierno y que la representatividad será mejor porque ahora habrá setenta diputados. Todo suena a música celestial porque siempre es importante que rijan los destinos de una comunidad aquellos que la viven y sienten, porque el mito de que Madrid no se entera es una realidad comprobada. En consecuencia, tendría que estar contento.

IMG_20181108_160652.jpgPero, ¡ay! Echo la vista atrás y lo que veo en estas tres décadas y media no me tranquiliza. A medida que ha ido pasando el tiempo, los poderes económicos de Canarias se han ido afianzando en su control de la política, y ya da igual quien gane las elecciones, siempre gobierna el mismo partido, unas veces con el apoyo de un lado y otras con el de otro, y durante años ha sido una mesa de tres patas que necesitaba dos para sostenerse. Como las posiciones de dos de ellas se tornaron irreconciliables, la tercera siempre ha gobernado con el bastón de mando, y últimamente hasta lo ha hecho sola. Uno se pregunta cómo es posible que los otros se lo permitan, y la deducción es que están en el mismo barco y les toca hacer de grumetes. En las últimas elecciones entraron nuevas fuerzas en el Parlamento, pero ni se notó, como no fuese para que una de las ellas agachara también la cabeza. Es decir, ni con cuatro, ni con cinco, ni con seis patas en la mesa cambia el que reparte la baraja.
Y ahora nos dicen que va a haber una nueva circunscripción electoral autonómica que por lo visto resuelve el desequilibrio que hay en la representatividad por aquello de la triple paridad, que es una mentira que nos hemos tragado y que finalmente nada resuelve. Porque si los escaños proceden de una u otra isla, se supone que el Parlamento trabaja para todo el Archipiélago, y si ahora ese desequilibrio disminuye, sigue siendo abismal la diferencia en el valor de los votos de los canarios según dónde vivan. El caso es que Canarias está en la cola de todos los baremos, y el de la desigualdad social y la pobreza es alarmante. Que haya nueve diputados más o que sean de aquí, de allá o de la Patagonia no resuelve el problema si no se legisla y se gobierna pensando en la gente sino en quienes pagan las campañas electorales.

Se toman las decisiones más cerca. Cierto, pero no parece que se tengan en cuenta las necesidades de esta tierra, solo los deseos de quienes tienen el dinero y quieren más. Como se ha dicho en estos días refiriéndose a las políticas de las grandes potencias con el Tercer Mundo, esto no es economía, es avaricia. Hay dinero para disparates clamorosos y no para atender las dependencias; sanidad, la educación o incluso la seguridad han pasado de ser un servicio fundamental a convertirse en negocio de unos pocos; se gastan pastizales de dinero público en promoción turística y quienes recogen la cosecha esa lluvia de millones pagan salarios exiguos, y se echan manos a la cabeza por una raquítica subida de salarios. El argumento que se aplaza es que hay que diversificar la economía, pero no se dan pasos en esa dirección, y da risa ver cómo en los presupuestos de 2019 se asigna a cada una de las universidades públicas canarias 250.000 euros en I+D+I. ¿A quién quieren engañar? Y nos ponen la zanahoria con el 75% de rebaja en los viajes de los residentes, y al final todo sale de las arcas comunes y acaba en el bolsillo de las grandes corporaciones, en este caso las compañías aéreas, que se despachan a gusto con los precios. Y con todo esto sobre la mesa, se vanaglorian de que tenemos un autogobierno magnífico. La pregunta es ¿para quién?

La demostración de que solo se gobierna pensando en grandes cuentas de beneficios son las muchas decisiones que se han tomado o se quieren tomar. Se ha demostrado o hay informes de que son pan para hoy y hambre para mañana, desde el empecinamiento en las gasificadoras en una tierra con obvias posibilidades de profundizar en energías limpias y con costes menores, hasta trenes, teleféricos o macromuelles, que, aparte de ser ocurrencias interesadas y dañinas para el paisaje que pretenden vender, si llegasen a funcionar necesitarían otras infraestructuras de comunicación que devorarían territorio en islas donde lo que escasea es el espacio. En los últimos 35 años se ha perdido una oportunidad histórica para crear prosperidad colectiva, y temo que el nuevo Estatuto ponga más decisiones vitales en manos de los depredadores sociales. El autogobierno es efectivo cuando se ocupa del bienestar colectivo, cuando prioriza a las personas, cuando escucha la voz de la razón. Pero aquí no se escucha a la gente, y los tribunos se envalentonan porque creen que con unos carnavales, dos paseos ciclistas urbanos y cuatro maratones entretienen a la plebe y dejan tranquilos a los patricios para que sigan engordando su avaricia.
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(Este artículo fue publicado en la edición digital de Canarias7).


Aunque la novela corta ya tuvo su gran recorrido en centurias anteriores, con ejemplos españoles tan brillantes como El lazarillo de Tormes o las doce Novelas Ejemplares de Cervantes, por lo general cuando se habla de novelas cortas siempre se tiende a minusvalorar la obra, aunque es bien cierto que muchas de las cimas narrativas de los siglos XIX y XX suelen ser muy largas, pero junto a ellas siempre hubo novelas menos extensas y de gran calado literario, como las narraciones de Stevenson o maravillas como La muerte en Venecia (1912), de Thomas Mann, o La metamorfosis (1915) de Kafka.

20170526_114526.jpgEn el segundo tercio del siglo XX hay una eclosión de la novela corta, cuyo comienzo podríamos situar en 1942, cuando Camus publicó El extranjero y Cela La familia de Pascual Duarte, y el final en 1961, en el cierre de la trilogía de las primeras novelas cortas de García Márquez con El Coronel no tiene quien le escriba. Y en medio, una colección de joyas literarias, todas espléndidas, en diversos géneros, que van desde El principito, La invención de Morel y La perla, hasta El viejo y el mar, Réquiem por un campesino español, Pedro Páramo, Casas muertas o Desayuno en Tiffany's, firmadas por gigantes en varias lenguas. Y en el centro cronológico de este listado, en 1948, aparece El túnel, la primera novela del argentino Ernesto Sábato.

Aunque los temas y los enfoques de estas novelas son diferentes, todas tienen algo en común: de una forma o de otra merodean el existencialismo, cuando no se sumergen directamente en él. Esta corriente filosófica se afianza en el siglo XIX, de la mano de Kierkegaard y Nietzsche, y de autores literarios tan rotundos como Dostoievski. De algún modo, en el siglo XX siguen su estela pensadores tan dispares como Heidegger, Unamuno y Ortega, pero quien le puso nombre fue Jean-Paul Sartre en los años cuarenta, década en la que también surgen novelas existencialista de Camus, Simone de Beauvoir y del propio Sartre (estos últimos no entraron en el reino de las novelas cortas, necesitaban más espacio).

Por ello, la primera definición que entonces y ahora se hace de El túnel es que se trata de una narración existencialista, aunque también hay quien dice que existencialista es toda la literatura, porque habla de angustias, dolor, alegría y todas las pasiones humanas habidas y por haber. Otros encendidos apologistas suelen hablar de novela psicológica, de cómo se entra en la mente de un asesino y por lo tanto trazan un perfil de Juan Pablo Castel, el protagonista. Al final, todos caen en brazos de Dostoievski, precursor del existencialismo (también dicen que del psicoanálisis) en sus atormentadas narraciones. ¿No sigue este personaje sabatiano el mismo trayecto que el Pascual Duarte de Cela, el Meursault de El extranjero o el mismísimo Rodión Raskólnikov de Crimen y castigo?

Cuando se afronta cualquiera de las novelas cortas mencionadas, la reacción suele ser similar a la que se produce ante otra novela al uso, pero no sucede así ante El túnel. Las críticas, reseñas o comentarios suelen escapar a lo estrictamente literario y toman preferentemente uno de estos dos caminos: el filosófico o el psicológico. Cuando se toma la segunda vía, hay de todo, desde quien se mete en jardines freudianos y reproduce una relación edípica entre Castel y María, su víctima, hasta quien lo zanja con la conclusión, a mi modo de ver apresurada, de que el protagonista es simplemente un esquizofrénico que no ha tomado la medicación. Porque algunas de estas novelas, como la que comentamos, y las mencionadas de Camus y Cela, escarban en la mente de un asesino, y en algunos momentos podemos entender -no compartir- los motivos de su crimen, y de ahí nace la crítica de que, en cierto modo, lo justifica.

IMG_5580.jpgPero eso no es verdad, Sábato, como los otros autores, se interna en el pálpito de la vida y el laberinto de la mente humana. En ese sentido, la novela de Sábato admite un estudio psicológico tanto como un discurso filosófico con los soportes existencialistas. Siendo como es un libro rabiosamente literario, siembra siempre la duda de si es una novela que permite lecturas desde otras disciplinas del pensamiento fuera de la literatura, o bien es una especie de ensayo que utiliza el formato novela para generar debate. No estoy seguro de si Santiago Gil podría determinar si esta es una novela escrita con un mapa o con una brújula. Por consiguiente, surge más que nunca en literatura la duda de si fue primero la tesis que dio lugar al edificio narrativo o si en el camino creativo se reflejó la vida y al final se conformó una tesis. Pero, claro, ¿cuál?

Reza el refranero que algo tendrá el agua cuando la bendicen. Este refrán puede usarse en sentido negativo para dar credibilidad a un bulo o en forma positiva para certificar que una persona o una obra tienen un elemento especial -desconocido o inexplicable- que los pone en la cima. Este puede ser el caso de esta novela, porque pocas veces un texto tan breve ha dado lugar a tantas teorías, debates, opiniones y adjudicaciones de determinados argumentos en todas direcciones y en distintas materias. Se puede contraponer cualquier otro ejemplo, que siendo breve, también haya hecho correr ríos de tinta, pero suele ocurrir que, tomando como ejemplo otras novelas cortas como El extranjero o Pedro Páramo, siempre las teorías y las opiniones sobre ellas van todas en la misma dirección y casi nunca se salen de la literatura. Y otro detalle, cuando se habla de lo estrictamente literario, jamás se pone en tela de juicio el argumento, la estructura, los planos narrativos o cualquier otro elemento formal; se da por hecho que es una obra maestra sin que casi nunca se entre en explicar por qué, ya que al menor despiste se suele entrar en otras dimensiones que salen de los carriles lingüísticos o literarios.

Estamos, por lo tanto, en el aniversario de una de las obras más estudiadas, debatidas y utilizadas de nuestra lengua, aunque posiblemente no supere en lectores a otras menos generadoras de debate. Alguien ha dicho que este es a la vez un libro mágico y maldito, porque si convenimos con los clásicos que la certeza es un estado de ignorancia, nunca tenemos la seguridad de si entramos en la oscuridad del túnel que le da título al libro o logramos ver una brizna de luz al otro lado. Al publicar El túnel, su autor consiguió dispersar cualquier certeza y despertar inquietud, desasosiego y malestar, que fue exactamente lo que pretendió. Sábato en estado puro. Setenta años después, el debate sigue tan vivo como en 1948. ¿Cabe mayor éxito?
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(Este trabajo fue publicado en el suplemento Pleamar de la edición impresa de Canarias7 el sábado 10 de noviembre de 2018.


Desde hace casi dos década, expertos, comentaristas, entidades de peso y trillones de conversaciones de barra de bar están en el acuerdo unánime de varias cosas, que al cabo son la misma: hay que revisar la estructura del estado, la relación entre los territorios, la jefatura del estado... Vamos, que urge reformar a fondo la Constitución de 1978, o bien hacer una nuev
a porque las condiciones en las que fue redactada la actual impidieron que se hiciera bien. Claro, que "hacerla bien" es un asunto muy complicado, porque ese concepto tiene distintas lecturas según para quien. Antes de que naciera la primera hija del entonces Príncipe de Asturias, se hablaba de cambiar la actual preferencia de los varones para heredar la corona, y en cada momento se apunta algo, pero nada se mueve. Al listado de opiniones unánimes en la necesidad de cambio hay que añadir a muchos políticos en la oposición, que cuando llegan al poder y tienen más capacidad de iniciativa se olvidan.

IMG_8424ttttt.jpgDice el refranero que no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, aunque pudiera ser que ese aplazamiento sine die no sea desidia, sino intención de que las cosas permanezcan como están. En otros lugares se sigue la norma de Lampedusa ("Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie"). Ya no es que cambie todo, es que ni siquiera se hace un gatopardismo pequeñito. Nada de nada. Y la conclusión es que hay unos poderes que están infiltrados en todas las instituciones políticas, civiles y hasta marginales a los que les conviene el status quo, porque cuando los más opuestos hacen propuestas radicales hasta pasarse de vueltas, en realidad siguen el juego, porque como su idea es imposible en la presente correlación de fuerzas, siguen enarbolando su discurso "insobornable", y a tirar un tiempito. Lo vemos ahora mismo que se acercan las elecciones: unos se plantan en el cambio de régimen, otros van a provocar donde no son bienvenidos y cada cual va a reforzar su electorado, que son cuatro años los que se juegan y no es cosa de quedarse en la cuneta por ser razonables.

Si había alguna esperanza en los nuevos partidos, ya se ha diluido. Juegan a lo jugaban los que ellos llamaban los de la vieja política. Unos se atrincheran en el poder y aledaños y otros claman por elecciones inmediatas, digo yo que deberán suponer que sus posiciones les van a dar más votos, pero las encuestas siguen siendo tozudas y me temo que unas nuevas elecciones van a seguir perpetuando lo que ocurrió en 2015, en 2016 y después de la moción de censura. Los soberanistas de Euskadi y Cataluña parecen empeñados en que vuelvan los de antes, porque deben tener el convencimiento de que contra la derecha en el poder se vivía más plenamente su radicalidad. Por su parte, la derecha ya se ha puesto en un discurso durísimo, y hasta los que se vendían como de centro hacen piña con un partido de ultraderecha que predica... bueno, lo mismo que el PP. Debe de haberlos poseído de pronto el espíritu del Cid Campeador, y su palabras convierten en izquierdistas las políticas de Adolfo Suárez, las inmóviles de Rajoy y hasta las muy alabadas del aznarato.

Si grande es la confusión que deben tener los posibles votantes de la derecha, no es menor la que sobrevuela a quienes nunca les votarían y reparten sus papeletas entre la socialdemocracia, la izquierda dura que antes por lo visto era transversal, los nacionalistas y la abstención. Como siempre, los triunfos de la derecha no proceden de la suma de sus votantes, que son casi inamovibles, sino de la abstención de la izquierda. Siempre es así, y los que ahora saltan de alegría porque las encuestas (cocinadas o no) les dan buenos números, olvidan que todos los encuestados contestan pero no todos los electores votan. Por lo tanto, cada cual ha sacado a pasear su propuesta más radical, sabiendo en la mayoría de los casos que es absolutamente inviable, sea la derecha, los independentistas o la izquierda. Mientras tanto, los nacionalistas "moderados" siguen agazapados a ver si les cae algo en la pedrea de las decepciones y las deserciones.

IMG_20180728_1905026y.jpgPor otra parte, cuanto más extremista es la idea, se supone que prestigia más a quien la propone. Siempre ha estado larvada, pero ahora el cambio de la forma de estado en república es debate frecuente en todos los foros. Y hablo desde el convencimiento de que esa es la forma de estado más democrática posible, pero resulta que, por muy radical que sea una propuesta, siempre habrá alguien que la tilde de acomodaticia, blanda, burguesa o incluso fascista (cómo gusta esa palabra, sin pararse a pensar su significado). En esta carrera sin rumbo, nunca se es lo suficientemente duro. Y se clama por la república, lo cual es legítimo, pero luego hay una serie de cuestiones encadenadas que nadie se molesta en abordar: ¿república unionista, centralizada, descentralizada, federal, confederal, presidencialista, parlamentarista, simétrica, asimétrica, orgánica por territorios, con doble superposición política? ¿Qué combinación zigzagueante se propone? ¿Cómo se articula la representatividad? Todas estas cuestiones son de vital importancia, pues no es lo mismo Suiza que Portugal, Francia que Estados Unidos, Rusia que Finlandia, y todas son repúblicas. Estas diferencias de visión se llevaron por delante la I República (la de ¡Viva Cartagena!), y fueron una gran dificultad en la de 1931. El republicanismo no debe surgir solo del hartazgo o del cabreo. Una propuesta de esa envergadura tiene que estar muy bien apuntalada en todos los sentidos. Si no hay más detalles, ser más radical que nadie no basta.


Cuando llegan estas fechas, se despierta Halloween, que luego se adormece hasta el año siguiente. Suena la palabra y empieza el mismo debate de siempre, que si estamos invadidos por la maquinaria mediática norteamericana, que si hay que recuperar las costumbres locales -en nuestro caso Los Finaos-, que se pueden hacer las dos cosas. Hay opiniones para todos los gustos, y, claro está, hay mucha gente a la que le pilla muy lejos armar festejo, celebración, tradición o lo que sea alrededor de un hecho tan fundamental en todas las culturas como es la muerte. Y aunque lo que surge a simple vista es una puesta en escena, una costumbre secular o la inercia del calendario, en el fondo estamos hablando de un hecho tremendo e inevitable.

IMG_20181020_131400777.jpgHay lugares, como México, en los que el Día de Difuntos es parte vertebral de su manera de ser como sociedad, mientras que en las grandes urbes occidentalizadas se mira a la muerte por encima del hombro, como si nada tuviera que ver con nosotros. Y luego está el moderno Halloween en nuestro ámbito, muy viejo en Estados Unidos o en Irlanda, que es donde parece que tiene su origen. La idea de disfrazarse con motivos fúnebres y dar la imagen de una persona difunta proviene del intento de engañar a la muerte, que si viniera por nosotros y nos encontrara convertidos en esqueletos, calaveras o zombis podría pensar que ya estamos muertos. El viejo truco de hacerse el muerto para que no te maten, y de ahí viene la famosa frase "truco o trato", porque si falla el truco y no logras engañar a la muerte tendrás que negociar con ella un posible trato.

Con la idea de que la educación va más allá de números, letras y geografías, en la enseñanza se han ido introduciendo celebraciones que tratan de integrar al alumnado en la sociedad en que viven. De ese modo hay actividades en los colegios con diverso motivos, como el Día de Canarias, los carnavales, La Paz y otras que se suceden según criterios de cada centro. Cuando llega el 1 de Noviembre, en unos lugares se hacen los Finaos y en otros Halloween. Por supuesto los hay donde coexisten los dos y otros donde pasan de puntillas. Y es que el Halloween que nos ha llegado seguramente como una campaña comercial es una más de las costumbres que se han asimilado de la potencia dominante, como ha sido siempre, y el ejemplo más patente es La Navidad, que en Europa es antiquísima, y en Estados Unidos se inventaron un Papá Noel gordo, rojo y blanco, que nació como anuncio de refresco y viene en Nochebuena, y desplaza o comparte nuestra ancestral costumbre de los regalos de la noche de Reyes.

aaaannn.jpgAsí que, no está pasando nada que sea nuevo, que las culturas se mezclan y se mueven de un lado para otro. También es un principio inapelable que los países dominantes imponen su cultura a los demás, y de hecho seguimos practicando un sistema de vida que se compone de influencias del dominio británico, francés o español en cada momento, e incluso que proceden de épocas muy lejanas, pues el Carnaval ya estaba en el Imperio Romano y más atrás, y ha ido modificándose en la Italia renacentista, la Francia racionalista y en el calor y el color del Caribe o Brasil. Y sigue siendo Carnaval, de manera que lo que entendemos por cultura propia siempre tiene flecos que proceden de otras, lo que ocurre con Halloween es que lo hemos visto llegar, pero en dos generaciones parecerá que ha estado siempre aquí.

Todas estas costumbres son importantes si significan que una sociedad comparte vivencias; como el mundo es una gran tienda en la que todos tenemos algo que vender, se aprovechan estas fechas para mover el comercio, aunque eso tampoco es novedoso y seguramente ni siquiera tan malo como se dice, porque cuentan que a la entrada del circo romano se vendían reproducciones en barro de los gladiadores más cotizados. Ahora son camisetas de cantantes y futbolistas, disfraces de carnaval, múltiples regalos navideños o calabazas para Halloween. En todas las épocas y en todos los sistemas que imaginemos, el comercio es parte fundamental del engranaje de la economía. Otra cosa es que se practique de forma irresponsable.


Cuando llega el otoño y empiezan las lluvias, o al menos se las espera, salen a la palestra todos los asuntos relacionados con el agua en la isla de Gran Canaria. Y recalco lo de Gran Canaria porque el tratamiento de la propiedad del agua en esta isla es diferente al que se le da en cualquier parte del planeta, incluso en el resto de nuestro archipiélago. A cualquiera de fuera que le digas que el agua ha sido aquí durante siglos propiedad privada, como la tierra, los objetos o las casas, no se lo cree, porque a donde quiera que vayas encuentras sistemas y acuerdos seculares que tienden todos al uso comunal del agua, porque es un bien colectivo, como el aire que respiramos, porque es obvio que sin agua no hay vida, ni economía ni supervivencia, y eso lo vemos desde siempre en la agricultura, la ganadería y, sobre todo, en el servicio del ser humano, pues, si miramos un mapa veremos que las poblaciones nacen junto a los ríos, los lagos o cualquier hilo de agua que haga posible la supervivencia.

1-PICT0h046t.jpgLo mismo que aquellos acuerdos sindicales de hace más de tres décadas desembocaron en leyes que terminaron -al menos teóricamente- con un sistema medieval como la aparcería, pensábamos que la Ley de Aguas aprobada en el Parlamento de Canarias en el año 1990 daría cierre a la propiedad privada del agua, aunque ya ento3 PICTh0043.jpgces lo proyectaban a la distancia de cincuenta años (2040), que nos hacía desconfiar, porque medio siglo da para mucho, y más cuando hay intereses económicos mezclados con la política. Por desgracia, la desconfianza no era gratuita, porque estamos viendo que, de forma encubierta o a cara de perro, el agua sigue siendo controlada por los aguatenientes de toda la vida, y ya hemos consumido más de la mitad de ese plazo pactado entonces en el Parlamento. Para mayor descaro, también empieza a ser papel mojado otra ley posterior del Parlamento español, que en el año 2010 legisló claramente sobre el uso del agua.

También hay instituciones canarias que tienen responsabilidad sobre el uso y reparto del agua, y organismos como el Consejo Insular de Aguas de Gran Canaria, surgido en 1992 a consecuencia de la ley antes mencionada, y que se adscribe al Cabildo de la isla. Se supone que este organismo tiene la penúltima palabra en la interpretación de las normativas (la última en los conflictos la tienen siempre los tribunales), y también se entiende que debe escuchar todas las voces que se hagan oír cuando existan conflictos. Pero no parece tener oídos para el clamor ante el desastre que se está generando en el Barranco de la Mina, y es muy triste que quienes tienen la obligación de velar por la normativa, el medio ambiente y la supervivencia de la isla no asuman su responsabilidad.

Están entubando el agua desde la salida del túnel de La Mina, que hasta ahora llegaba libremente al pago de La Yedra, en el municipio de la Vega de San Mateo. En ese recorrido, el barranco ha mantenido distintos ecosistemas, flora única que da cobijo a una fauna peculiar, y desde luego ha incrementado la riqueza paisajística. Hay instituciones canarias que tienen responsabilidad sobre el uso y reparto del agua, y organismos como el Consejo Insular de Aguas de Gran Canaria, surgido en 1992 a consecuencia de la ley antes mencionada, y que se adscribe al Cabildo de la isla. Confieso que me produce un enorme desencanto la inacción del Cabildo grancanario, del que por su discurso se esperaba mayor preocupación y ocupación alrededor de un asunto de interés colectivo tan claro como este.

2 PICT016c9.jpgLa regulación del uso del agua del Barranco de la Mina viene de 1501, pues consta en un documento signado por los Reyes Católicos. Y seguimos en Gran Canaria con la maldición de ser el único lugar en el planeta en el que el agua es propiedad privada, a pesar de que existen una Ley canaria y otra estatal. Tampoco parece interesar al Parlamento de Canarias, al Diputado del Común y a todas las instancias que en principio tendrían que velar por el interés general. El agua del Barranco de la Mina no solo es un bien económico -que también- es historia de nuestra isla, futuro de nuestras riquezas naturales y presente de nuestro paisaje. Empieza a ser hora de que acabe la práctica de que unos pocos controlen y se apoderen de lo de todos, y encima pongan en peligro el espacio que vamos a legar a las nuevas generaciones. De modo que el agua del Barranco de La Mina tiene que discurrir en superficie; debe ser así por derecho histórico y por sentido común. Lo contrario sería una cacicada (no es la primera vez que lo digo, pero parece que es necesario seguir repitiéndolo).
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(Este artículo fue publicado en la edición digital de Canarias7 el día 23 de octubre de 2018).


Una de mis abuelas fue una extraordinaria contadora de historias; esa facultad le venía con su gran talento natural para la narrativa, pero sin duda se le educó con la afición al romancero popular y a la lectura de lo que ella llamaba "novelas antiguas", que era su definición de las novelas del siglo XIX, o del XX que se situaran en el siglo anterior. Cuando era niño, supe de la insobornable ansia de libertad de una tal Jane Eyre, de las dudas clasistas de la señorita Elizabeth Bennet, y de la fortaleza orgullosa de un huracán llamado Scarlet O'Hara. Cuando empecé a leer aquellos libros, me di cuenta de que Jane Eyre, Orgullo y prejuicio y Lo que el viento se llevó eran novelas escritas por mujeres. Y volví a encontrar maravillas imaginadas por Virginia Wolf, Mary Shelley, Emilia Pardo Bazán y una 1111.jpglista gloriosa de mujeres que llenaron de relatos y de poesía muchas horas de mi primera juventud. Nunca encontré diferencia entre ellas y los varones consagrados en los manuales, y para mí Jane Austen, Rosalía de Castro, Charlote Brönte o Gabriela Mistral ocupaban en mi mente el mismo espacio que los grandes nombres masculinos, tenido por gigantes. Pronto me di cuenta de que algo no iba bien, porque siempre que se hablaba del canon literario moderno de Occidente se repetían Dante, Cervantes, Shakespeare y Goethe, y una pléyade de coroneles, desde Dickens a Baudelaire, todos hombres. Y no había espacio en la memoria, el reconocimiento y la influencia para Teresa de Ávila, Emily Dickinson, Sor Juana Inés de La Cruz y muchas otras, generalmente silenciadas por eso que llaman Academia, que no sé por qué es un sustantivo femenino.

Desde que, muy joven, leí la novela Entre visillos, me enganché a la literatura, tanto de creación como ensayo, de Carmen Martín Gaite, una de las grandes escritoras españolas del siglo XX. Y el canon vuelve a repetir lo mismo, los grandes nombre de la narrativa española de posguerra son Cela, Delibes y, si acaso, Torrente Ballester y Martín-Santos. Carmen Martín Gaite no aparecía ni como segundona, y les aseguro que nada tiene que envidiar a los otros nombres, incontestables, sin duda. Ese silenciamiento de la mujer llega hasta nuestro días, pues es muy conocida la anécdota de que la autora de Harry Potter puso solo sus iniciales J.K. delante de su apellido (Rowlling) cuando presentó el primer libro a una editorial, porque sabía por propia experiencia que ni siquiera lo leerían si sabían que era una mujer. Y así están las cosas, en Canarias también, porque nuestro cuadro de honor literario del siglo XX está ocupado por varones que sin duda lo merecen, pero no surgen a la primera nombres como Josefina de la Torre, Mercedes Pinto, Pino Ojeda o Pilar Lojendio, merecedoras sin duda de ese lugar en nuestra cultura, porque pocos varones, incluso de los del cuadro dorado, fueron más valientes, audaces y coherentes, y sus obras siguen ahí para quien quiera comprobar su peso y su oportunidad. 2222.jpgY aprender, porque al silenciarlas se le hurta a mucha gente lo que ellas aportaron. Creo que este es el renglón adecuado para reclamar el rescate de una autora no suficientemente valorada como es la desaparecida Natalia Sosa Ayala.

Desde 2016, en España se celebra El Día de las Escritoras el lunes siguiente al 15 de octubre, festividad de Santa Teresa, escritora donde las haya. Por ello, el Parlamento de Canarias ha decidido homenajear este año a Elsa López, lo cual me parece un acierto porque todos los reconocimientos que se le hagan a Elsa son merecidos y casi siempre tardíos. Pero nunca es tarde si llegamos a fin de mes. Porque Elsa López, aparte de una poeta de las grandes de nuestra lengua, conecta con las anteriores en su firmeza, su coherencia vital y su valentía en pleno territorio del patriarcado literario y social. Por lo tanto, aplaudamos a Elsa López porque nos estamos reconociendo como sociedad, y leamos su abundante bibliografía en varios géneros, aunque yo recomendaría a los neófitos empezar por su poesía. Y de paso, es buen momento para mirar a nuestro alrededor y apreciar la labor literaria de las mujeres, que merecen ser visualizadas. Claro que hay escritoras buenas y menos buenas, igual que en el reino intocable de los varones, pero la transcendencia literaria debe medirse por la propia obra, no por el sexo de quien la escribe. Y como hoy es Santa Teresa, y celebra su onomástica y su cumpleaños la escritora Teresa Iturriaga Osa, no puedo terminar estas líneas sin unirme a la felicitación jubilosa por su literatura, como la de tantas mujeres escritoras, que admiro porque suele ir unida su calidad humana con el valor de su obra. Felicidades.


Charles Aznavour ha muerto a los 94 años. Todos los noticiarios repiten lo que siempre hemos sabido: que fue un prolífico compositor de 1.200 canciones, muchas de ellas con la grandeza de las tonadas inolvidables, que fue un cantante con una voz singular e inconfundible, que lo sitúa en el Parnaso popular de Gardel, Sinatra y Aretha Franklin, que hasta hace una semana subía a un escenario de Tokio para seguir cosechando aplausos. Un gran artista, sin duda, porque durante siete décadas todos lo recordamos como actor de mucha intensidad en películas como Disparen al pianista, El tambor de hojalata, Papá Goriot y cincuenta más; fue la banda sonora de millones de personas, que ya saben, gracias a él, lo que se siente en Venecia sin ti, en qué consiste La Bohème y lo que realmente significa el nombre de Isabel. Todo eso forma parte de nuestras historias, aunque generalmente no lo tuviéramos presente, porque lo que nos hace vivir es tan evanescente como el aire. De todo eso se habla hoy, día de su muerte, y se quedan cortos ante uno de los grandes artistas de nuestro tiempo.

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(FOTOGRAMA DE LA PELÍCULA DISPAREN AL PIANISTA (1960) DE FRANÇOISE TRUFFAUT).

De lo que se habla menos es de su dimensión humana. Cantaba Atahualpa Yupanki que lo primero es ser hombre y lo segundo poeta. Con la inabarcable dimensión poética de su arte, Aznavour siempre tuvo claro que era poeta, músico, actor y cantante en segundo lugar. Primero fue hombre, un hombre pequeñito físicamente, un metro sesenta de humanidad con sangre armenia, que nació en París al final de la escapada de sus padres, cuando tuvieron que huir de su pequeño país a causa de la intolerancia. Eso lo marcó y lo hizo grande. Cuando era un adolescente, junto a sus padres y su hermana, dieron refugio y libraron de una muerte segura a centenares de judíos que eran buscados por la Gestapo en la Francia ocupada para llevarlos a los campos de exterminio. Se jugó la vida sin complejos, y cuando acabó la guerra siguió siempre alistado en el lado de los débiles, los perseguidos, los pobres. Cuesta creer que en un cuerpo tan delgado y diminuto hubiera sitio para tanto arte, para una voz tan hermosa, para un corazón tan grande. Nunca hizo alarde de nada, su condición de hombre, la primera, la vivió discretamente. Por eso hoy Francia está triste, Armenia llora, la Humanidad está de luto por un artista gigantesco, pero antes que nada, por un hombre justo.

Descansa en paz


Shahnourh Varinag Aznavourián Baghdassarian:


CHARLES AZNAVOUR.


En el cine se producen curiosidades muy paradójicas. Cuando se eligen exteriores de rodaje, se procura que, si no se rueda en el lugar exacto del que se trate, se acuda a espacios similares o muy parecidos, como usar las dunas majoreras para hacerlas parecer el desierto del Sinaí en la versión de Los diez Mandamientos de Ridley Scott, o que el Sureste grancanario sirva como réplica a las islas Filipinas por su parecido paisajístico. Por el contrario, el rodaje de Moby Dick en Gran Canaria es algo casi contra natura, porque la nítida luminosidad de la isla es justamente lo opuesto a la atmósfera plomiza y sombría del espacio en el que se enclava la acción de la película. Pero el azar y la necesidad a veces funcionan, y en este caso funcionaron a satisfacción de los cineastas.
En el arte a menudo se desafía la lógica, y en torno a la Ballena Blanca hay otras curiosidades que realmente son una anomalía. Que lugares muy poblados y con siglos de historia, como París, Roma o Tokio, tengan una presencia inexcusable en el arte universal es lógico; más raro es que una isla diminuta, de la misma superficie que El Hierro, aparezca en el canon literario con letras muy grandes. Es el caso de la isla de Nantucket, 50 kilómetros al sur de Cap Cod, en la costa atlántica de Massachusset, más cinematográfico por su relevancia en películas como Retrato de Jennie o El cabo del terror. En Nantucket está uno de los puertos balleneros más activos y legendarios del Atlántico Norte, sobre todo en el siglo XIX, y sus aguas son escenario real del hundimiento de trasatlántico italiano Andrea Doria (en la misma ruta que el Titánic) y espacio imaginado en relatos -aparte de la mitificada historia sobre la caza de Moby Dick que es objeto de este trabajo- de la novela En el corazón del mar, de Nathaniel Philbrick, y posterior película de Ron Howard que rastrea la obsesión de Melville por la gran Ballena Blanca, después de conocer la peripecia del superviviente de un naufragio ocasionado por un cachalote de 26 metros, que se cuenta en Nantucket pero que al otro lado del mundo se reivindica en aguas chilenas del Pacífico, y que también fue el origen de la novela inacabada de Edgar Allan Poe Las aventuras de Arthur Gordon Pym y dicen que inspiró a Julio Verne en sus historias marinas.

hm1.jpgComo toda gran literatura, especialmente la que contiene elementos épicos, estas historias de balleneros del siglo XIX han acabado en la pantalla. Ya el cine mudo se ocupó de libro de Melville en 1926, y el carismático actor John Barrymore encarnó al demente Capitán Ahab, papel que repetiría cuatro años después en una versión sonora que se salta la deliberada misoginia de una novela "de hombres" (Melville se removería en su tumba) con un personaje femenino tan inesperado como la sensual, turbadora y jovencísima actriz Joan Bennett que lo interpretó. Incluso podemos entender que películas como Tiburón, de Spielberg, bebe de las fuentes de Moby Dick, pues el hombre se enfrenta a la bestia marina. La versión más cercana a la novela es de la que hoy hablamos, y es la dirigida por John Huston, que se terminó de rodar en la Navidad de 1955 en aguas de Gran Canaria, protagonizada por Gregory Peck, que vuelve sobre la misma historia al final de su carrera en una producción para televisión de 1998, aunque esta vez el papel del Capitán Ahab recae en el actor Patrick Stewart (sí, sí, el de la serie Star Trek). También se ha disparatado alrededor de Moby Dick, pero tras casi un siglo de versiones audiovisuales, se tiene a la película de Huston por la más fiel al espíritu de la novela, si bien podemos decir que pasa de puntillas sobre el repetitivo y a menudo irritante discurso circular de Ismael, el narrador-testigo, y centra la filmación en la parte final de la lucha entre el hombre y la bestia, a la que unos ven como una divinidad furiosa y otros como al monstruoso y demoníaco Leviatán descrito en El Libro de Job.

Y ese ambiente invernal, lluvioso y grisáceo de la costa nordeste de Norteamérica es el que suele imperar durante los meses fríos en la isla de Nantucket, a medio camino por mar entre Boston y Nueva York. Esa es la luz que Huston quería para los exteriores de su película, y para ello alistó nada menos que a media docena de los más cotizados directores de fotografía, todos bajo la batuta de Oswald Morris, que Huston había descubierto en sus dos películas anteriores, y que lo soportó dos o tres más. Porque Huston era una persona complicada, y resultaba difícil que repitiesen con él. Quien mejor lo aguantó fue Humphrey Bogart, seguramente porque eran iguales. Rodaron juntos media docena de películas, y seguramente no hicieron más porque Bogart murió. Para conseguir ese color añejo, vibrante y a la vez tenue, rodaron dos copias, una en technicolor y otra monocromo, que luego mezclaron. Pero aun así, la mejor manera de conseguir ese ambiente era rodar en esa zona del planeta, y preferiblemente en Nantucket, pero la isla de los balleneros estaba en territorio norteamericano, del que Huston había renegado y se había nacionalizado irlandés, como protesta por la persecución abanderada por el senador McCarthy en el ámbito del cine.

BUSCANDO UN GIGANTE Y UN PLATÓ

hm2.jpgHuston intentó hacer un guion con la parte más dinámica de la novela, pero se atascaba una y otra vez hasta que se puso a trabajar con el escritor Ray Bradbury, con el que, cómo no, acabó peleado porque el autor de Crónicas marcianas no estuvo de acuerdo en que el propio Huston fuese acreditado como coguionista de un trabajo que consideraba solo suyo. Y una vez que tuvieron el guión, quedaban dos asuntos que resolver: el actor que daría vida al Capitán Ahab y el lugar de rodaje que replicara el puerto ballenero de Nantucket. Alrededor de esta película hay rumores que se dan por certezas documentadas y versiones distintas dadas por varias personas, entre ellas el propio Huston, que nunca sabías cuando decía la verdad, echaba balones fuera o soltaba lo primero que se le venía a la boca. Para decidirse por el actor protagonista, había una condición imprescindible: que fuese un hombre muy alto, de anchas espaldas y de gran presencia caracterial. Descartado su fiel Bogart por la estatura, se buscaron otras opciones entre actores altos; Newman y Brando, no muy altos pero carismáticos, eran demasiado jóvenes y guapos, y Rock Hudson, aunque gigantón, era demasiado blando; Cary Grant, demasiado elegante; Alec Guinnes, demasiado flemático; Clark Gable, demasiado risueño, Burt Lancaster no tenía hueco, Charlton Heston se había ido a recoger las tablas de La Ley al Sinaí, Gary Cooper no podía ser porque se negaba a morir en la pantalla, y cuentan que dicen que dijeron que Robert Mitchum dijo que no, aunque no dicen por qué. Y ya no quedaban hombrones de talla XXL disponibles. Bueno sí, quedaba uno, Gregory Peck, que habría que envejecerlo, afearlo y cabrearlo para quitarle esa pinta de niño bueno del catecismo. Ya había dicho Hitchcock a todo el que quiso escucharlo que la apariencia demasiado blanda de Peck le había chafado su película El Proceso Paradine unos años antes, pero Huston, que se las tenía también con Hitchcock, tal vez quiso demostrarle que él podría hacer de aquel querubín de un metro noventa una fiera intratable. Y enganchó el único gigante que estaba libre.

Descartado por otras razones el lugar estadounidense idóneo para rodar, había que buscar una zona con una latitud parecida para que la incidencia de la luz fuese la misma. Canarias no entraba en el plan, hay una luz distinta por su cercanía al Trópico de Cáncer. ¿Qué mejor lugar que Irlanda para reproducir Nantucket? Y se fueron al puerto de Youghal en la costa sur irlandesa. Allí se aclimataron tan bien que aún hoy, en 2018, sigue estando tal cual el Pub donde trasegaba whisky el plantel de la película, mezclado con los lugareños que hacían de extras o trabajaban en la construcción de ballenas de caucho que una y otra vez se tragaba el Mar del Norte, que aquel otoño de 1955 no estaba por colaborar con Huston. Aquello era la quiebra de la productora, por el material que se perdía y por la tardanza, de manera que tuvieron que buscar soluciones más al sur. La primera la consiguieron en Madeira, donde filmaron la caza real de los cachalotes, que era una actividad terrible pero entonces admitida en aguas portuguesas. El problema es que el puerto de Funchal carecía de infraestructuras técnicas para crear una ballena ortopédica y mantenerla a flote, así que se trasladaron aun más al sur, al puerto de La Luz y de Las Palmas, que ya entonces podía competir con cualquier puerto del mundo en servicios y prestaciones.


GRAN CANARIA: EL SUR ES EL NORTE

De ese modo llega a Gran Canaria y a la desesperada todo el equipo de rodaje en vísperas de la Navidad de 1955. Y si muchos son los datos documentados, ingentes son las peripecias que se cuentan, unas ciertas y otras vaya usted a saber, porque aquel año había sido también el del rodaje de Tirma, y quien más quien menos, había escuchado docenas de historietas alrededor que aquella otra película, especialmente sobre la protagonista, la ubérrima Silvana Pampanini. Es evidente que si la cuarta parte de lo que se cuenta hubiera ocurrido de verdad, tendrían que haber estado rodando durante años, pues en dos meses no caben tantas peripecias, a cual más rocambolesca. Con Moby Dick ocurrió lo mismo. Hay quien habla de la presencia de Orson Welles, con anécdotas, borracheras y pendencias detalladas incluidas, y sí que podemos afirmar con toda seguridad de que, aunque Welles participa como actor en la película, nunca estuvo en el rodaje en Gran Canaria, y por lo tanto no formó parte de la troupe del dólar. Por contar que no quede, hasta se ha hecho literatura sobre el rodaje, y habría sido un desperdicio dejar al carismático Orson fuera de un relato tan mitificado. Como decía el torero Juan Belmonte "hay gente pa'tó", y una diferencia que tiene la novela frente al periodismo y a la historia es que estas han de ajustarse a la verdad, mientras que la novela necesita verosimilitud, y a veces la verdad es inverosímil.

hmm.jpgLa distancia dulcifica la memoria, pero hay que decir que, en algunos aspectos, el equipo de Moby Dick entró en Las Palmas de manera poco discreta, por decirlo suavemente; se hacía la vista gorda porque dejaban un reguero de dólares en tiempos de miseria, y porque eran americanos, por mucho que renegase de ello su director; no era cosa de molestar a los yanquis, que algo se había pillado de las sobras del Plan Marshall. Como llovía sobre mojado, después de los episodios alrededor del rodaje de Tirma, hasta el obispo intervino en contra de John Huston, porque le parecía escandalosa e insultante la actitud de colonos del Far-West que exhibían los cineastas. El prelado había intentado impedir que se le concediera el permiso para rodar una película en la que, según las referencias publicitarias, el hombre desafiaba al mismo Dios y este actuaba en legítima defensa. Todo en vano porque las relaciones de aquel obispo con el poder civil eran precarias... Pero esa es otra historia.

Por fin, todo el equipo de rodaje de Moby Dick se marchó -Huston también-, y la película fue proyectada en la isla varios años después, mutilada por los cortes de la censura y tergiversados los diálogos por el doblaje. Pocos quedaron convencidos de que en realidad los exteriores de la película fueran en verdad rodados en la bahía de Las Isletas y en la playa del Confital, y la leyenda de Huston desapareció enseguida de la memoria de la ciudad. Se ha recuperado en los últimos años gracias a la Filmoteca Canaria, al festival de Cine de Las Palmas, a muchos trabajos periodísticos y a alguna novela que se sitúa en esa época. En realidad, solo salía el mar de la isla, y es muy difícil diferenciar una escena rodada en el Atlántico insular de otra filmada en el Mar del Norte. En la pantalla es solo agua.

La luz es otra cosa, pero hasta en eso hubo suerte, porque, durante las semanas que duró el rodaje, en Gran Canaria hizo un tiempo invernal, muy oscuro y tormentoso, irlandés, y hubo una sucesión de borrascas severas que se notaron también en el mar, hasta el punto de que casi por milagro no se volvió a perder la ballena de caucho que fabricaron en el Puerto, y se pudo rodar el final de una de las películas más importantes de la filmografía de John Huston como director y de Gregory Peck como actor. Así que, un conglomerado de circunstancias impensables a priori hizo que la resplandeciente Gran Canaria interpretase el papel de la brumosa y legendaria isla ballenera de Nantucket, y que se escribiese en el mar de Las Isletas un bello capítulo de la cinematografía mundial, que una a la isla y para siempre a la luz de las estrellas John Huston y Gregory Peck en la Gran Historia del Cine. Y, por supuesto, a la memoria de la diabólico-divina Gran Ballena Blanca: Moby Dick.

***
(Este trabajo fue publicado en el suplemento Pleamar de la edición impresa de Canarias7 del día 22 de septiembre).


Probablemente no haya lugar más idóneo para celebrar la literatura en nuestra lengua que Canarias. A cualquiera de las islas le sobra historia de ida y vuelta en ambas direcciones, pues no olvidemos que Canarias ha sido vehículo de más de cinco siglos de intercambios, y a la vez custodia de buena parte del romancero contemporáneo a la conquista y colonización de América e incluso anterior. En algún momento, han bebido nuestra agua, descansado en nuestro suelo y respirado nuestro aire, desde Ercilla y Bartolomé de las Casas hasta Miguel Ángel Asturias, Pablo Neruda y docenas de nombre que han ayudado a forjar una lengua durante medio milenio. Y La Palma tiene, además, esa memoria de la Ilustración, impregnada en su manera de ser más allá de los detalles culturales y eventos puntuales que se han adherido a su idiosincrasia. Celebrar un congreso hispanoamericano de escritores en La Palma es la constatación del lugar que estas islas han ocupado y ocupan en la comunicación entre continentes, no solo de la lengua y la literatura, porque eso mismo sucede con otras actividades humanas, sean musicales, plásticas o gastronómicas. Hasta la manera de jugar al fútbol en Canarias es el resultado de este tránsito de siglos que ha definido el carácter con que se aborda cualquier manifestación humana.

Sin títulolapalma.jpgProbablemente este sería para mí el congreso ideal de literatura en español. Tanto la organización liderada por el escritor y editor palmero Nicolás Melini como la dirección de la Cátedra Vargas llosa, encabezada por J.J. Armas Marcelo, que es motor inexcusable de esta iniciativa, han tenido a bien invitarme, y coincidencias en el tiempo que nada tienen que ver con el mundo literario impiden que pueda acudir, aunque estaré atento a cada minuto de lo que ocurra, que va a ser mucho y bueno y de lo que tendremos abundante información, como se está viendo en la diligencia con que se trabaja ya en la preparación. Seguramente surgirán opositores enardecidos y justicieros, como ocurre siempre cuando se trata de literatura, y que suelen coincidir con quienes callan o aplauden cuando se realizan otros eventos culturales, científicos o deportivos. Pero ese odio prefabricado hacia lo literario ya está descontado de antemano, porque un encuentro de escritores siempre es un abrazo con la imaginación, material que es el viento que empuja al ser humano y a las sociedades.

Y siempre aparecen las mismas preguntas, que nunca brotan cuando hay encuentros de otra índole, y que también podrían resolverse a través de las nuevas tecnologías de la comunicación. Pero faltaría ese contacto personal que suele ser más importante que las conferencias, comunicaciones, ponencias y mesas redondas, por muy interesantes que estas sean. Es ese contacto el que hace importante un congreso, y me atrevería a decir que, aunque no aparezcan en la memoria final, buena parte de la cosecha tiene mucho que ver con la charla alrededor de una comida, un café o una copa. La literatura forma parte de esa mochila de arte y ciencia que es una carrera de relevos, y que va componiendo la memoria personal y la historia colectiva, en la que la lengua y la literatura son engranajes que sirven de llave y caja fuerte a otros lenguajes; como suelo decir, esa cultura acumulativa es la que, cada día, diferencia más a un ser humano de un tigre.

Por lo tanto, saludo agradecido al Congreso Hipanoamericano de Escritores, al que ofrecemos espacio en nuestro archipiélago, y ojalá haya un futuro en el que cada una de nuestras islas pueda cerrar el abrazo de la lengua común a posibles nuevas ediciones, porque, como ya dije al principio, Canarias es el territorio natural de encuentro entre quienes se comunican en dos continentes a través de una misma lengua. Solo me queda dar las gracias a impulsores, instituciones que colaboran y a los escritores y escritoras que participan. Bienvenidos los que llegan y bien hallados los de aquí. Tratándose de la isla de La Palma, sé que nadie va estar en desacuerdo si personifico ese saludo en una mujer que nos representa a todos y que es un espejo en el que mirarnos: nuestra querida poeta Elsa López.
***
(Este trabajo fue publicado en el suplemento cultural Pleamar de la edición impresa de Canarias7 del 15 de septiembre).

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