los blogs de Canarias7

COSAS MÍAS


9innskd.jpgAyer mi día empezó y acabó con la radio. Amanecí en la Calle Mayor de Triana, junto a la espiral de Chirino, sentado alrededor de una mesa de Radio Canarias, tiritando por el viruje que se cuela haciendo embudo desde el parque de San Telmo, pero abrigado por la buena compañía. Luego el día se puso futurista, y me vi cavilando lo que debía pensar yo mismo hace años, si me hubieran dicho que iban a resolverme un problema informático a distancia, con alguien a muchos kilómetros pulsando un teclado que incidía en mi ordenador. En mi adolescencia, el único ordenador que conocía era el de la película 2001, una odisea del espacio; cuentan que el nombre original era el de una conocida marca cibernética, a la que le pareció una mala publicidad que en la película el ordenador se volviera loco: entonces Kubrick mudó las iniciales a la anterior letra del orden alfabético, y de IBM pasó a ser HAL. Hay otras versiones que desmienten este relato. Si no es verdad, da lo mismo, porque es una mentira preciosa. Cerré la noche escuchando a alguien que en la radio hablaba de una cafetera que se puede controlar desde una aplicación de móvil. Cambié porque no quería dormirme en una novela de Orwell, y en la otra emisora hablaban de algo que se me borró en la duermevela, ya tranquilo al sentir que habitaba un mundo en el que de momento no hace falta el móvil para hacer café expresso. Eso sí, la radio se apagó a la hora que le había programado. Contradicciones.

COSAS MÍAS

***

Veo que Güi Güi se pone a la venta en China. Sería igual de triste que se vendiera en cualquier otra parte, pero el hecho de que sea en China hace que sea más preocupante, porque estamos viendo la voracidad del país asiático, dispuesto a implantarse en los cinco continentes, especialmente en África. Si ya es terrible que una zona tan especial quede a merced de la especulación urbanística e inmobiliaria, que caiga en manos que solo buscan sacar beneficio duele más, porque me temo las presiones que habrá sobre las instituciones encargadas de velar por la conservación de los espacios. Güi Güi puede aparecer en cualquier paquete de negociaciones empresariales con los chinos, y ya conocemos la facilidad con que nuestro políticos transigen frente a los países poderosos. Anuncio que a quienes nos oponemos a tal desastre nos tratarán de ignorantes y paletos, como hicieron cuando las prospecciones petrolíferas. La historia de siempre. Digo yo que, si es zona tiene tanto valor -y lo tiene-, ¿por qué el Cabildo y el Gobierno de Canarias no la compran para dejarla como está? Son 6 millones de euros, una cantidad que siempre encuentran para cualquier machangada que se les ocurra. Esto es importante y hay que pararlo.


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lino jj.jpgEn 1996, hace 22 año publiqué esta entrevista a Pedro González Lino
en el dominical que entonces se hacía en Canarias7, ilustrada por
las siempre magníficas fotos de Tato Gonçalves.

Con motivo del fallecimiento de esta figura central del renacimiento y consolidación de la música popular canaria, la cuelgo en este blog, como homenaje a un cantor que hoy se ha ido.

Descanse en paz.


ENLACE: LINO1996.pdf


Te has ido, José Luis Vega, querido pintor, pero te quedas en la memoria de

tu sonrisa, la lucidez de tu mirada, el humor inteligente y a veces

necesariamente corrosivo que tan sabiamente administrabas, la justa ira de

los indignados que siempre te acompañó, y sobre todo en la honestidad de tu

arte. Supiste siempre que la verdadera grandeza no está en el oropel tan

efímero como la memoria de quienes lo reparten sin criterio. Fuiste un gran

artista porque sabías de la grandeza silenciosa de los seres imprescindibles.

Agaete, Barcelona, Las Palmas de Gran Canaria, qué más da, tu patria

siempre fue lo humano, la fuente de donde surtía tu arte. Tú eres la huella

que dejas, en el alma de tus amigos y en el aire de una sociedad que siempre

conociste y generosamente toleraste. La tierra te será leve porque sabe que

formas parte de ella y no habrá olvido porque eres la propia tierra. Dejas

dolor de ausencia pero también la alegría de haber podido coincidir contigo

en un tiempo y un espacio de un cosmos y un tiempo infinitos e insondables

que ahora ya conoces del todo. Descansa en paz. Lo mereces.


Foto modelo ghj.jpg


No es una novedad que en estas primeras décadas del siglo XXI la narrativa se ha hecho presente cotidiano en la literatura que se hace en Canarias, pero ahora mismo parece que está tratando de buscar nuevos caminos, hasta ahora no muy transitados en la narrativa en general y en la canaria en particular. Por desgracia, poco se ha escrito de los estilos, las técnicas y los propósitos de la novela en Canarias desde que empezó a normalizarse hace 45 años. Se habla de generaciones que van desde aquel mítico boom de los años setenta hasta la más reciente llamada Generación 21, con otras que han ido surgiendo en todos estos años. Pero no ha habido generaciones más allá de la coincidencia temporal, que no en la edad de los componentes. Ha sido una manera de medir el tiempo, no la literatura.

Por aquí, como diría Serrat, cada quien es cada cual, y raramente puede adscribirse a varios autores a un movimiento, una idea y objetivo. Pero sí que ha habido una norma común: las novelas se han escrito primando lo narrativo, retratando la realidad o rebuscando en la historia, cuando no se han hecho ejercicios literarios sobre las relaciones humanas o incluso los avatares políticos. Cuando se ha querido romper la norma, se ha entrado en el género adecuado para cada historia, fuera el histórico, el fantástico o, como ha ocurrido con profusión en la última década, la novela etiquetada como género negro. Es decir, se han escrito novelas históricas, fantásticas, políticas, negras, eróticas o de cualquier otra etiqueta, y cuando no había que entrar en los géneros, simplemente se escribía una novela al uso, con la narración como bandera y una historia como columna vertebral.

supervivencia33.JPG¿Qué ocurre ahora mismo? Pues que parece haberse roto la norma. Aunque la palabra novela procede del italiano novella, y esta del mismo término en latín, desde los primeros atisbos del género, ya en el esplendor del Imperio Romano con El Satiricón de Petronio o El asno de oro de Apuleyo, las novelas se han caracterizado por ser una ficción en prosa, y los franceses, que son muy suyos en lo de la semántica, llaman nouvelle a la noticia. Es decir, la mayor parte de las novelas en todas las épocas y en todos los géneros han sido y son artefactos que "dan noticia", cuentan una historia. Las consideraciones de cualquier tipo que se deduzcan de esos relatos vienen por añadidura, pero la esencia de las novelas radicaba en la peripecia de sus personajes y surgían a posteriori porque la historia y el lenguaje eran lo fundamental.

Aunque antes hubo algunos amagos, este fenómeno empiezo a hacerse visible años atrás y ahora es una evidencia. Lo curioso es que se rompe una regla pero permanece la disparidad de objetivos, cada quien sigue siendo cada cual, nada que ver un autor con otro. Empezó a notarse el año pasado, cuando aparecieron dos novelas muy distintas pero tributarias de la misma idea, que no es otra que la de pasar la narración a segundo término, convertirla en un instrumento para expresar una idea previa a toda la escritura. Esas novelas son Anturios en el salón de Juan Ramón Tramunt y Entrelazamientos, de Luis Junco. La primera plantea la posibilidad de un futuro postapocalíptico en la isla de Gran canaria después de un desastre nuclear, la segunda profundiza en el mundo de los universos paralelos. Se cuenta una historia, pero la especulación es el objetivo, no la peripecia, que viene a ser una especie de ejemplificación metafórica de la idea sobre la que el autor reflexiona. Son novelas que formulan una tesis sin que se enuncie explícitamente, un juego literario que tiene antecedentes muy egregios en Wells, Orwell, Huxley, Lem, Kafka o Camus. Todo lo que conforma la novela, sea género, estilo, lenguaje, personajes e historia son piezas de un mecanismo que sostiene una idea.

Llamo la atención sobre el fenómeno porque recientemente han aparecido varias novelas que entran en ese campo. Cuatro son los ejemplos que propongo: Mares, de Silvia R. Court, que establece un juego de realidades superpuestas que sirven a una idea que va más allá de la narración; El conocimiento de Jonathan Allen, que usa el relato para preguntarse sobre la conveniencia de conocer verdades sobre nosotros mismos que tal vez no nos gusten; por su parte, Santiago Gil reflexiona en la novela 2 sobre la dualidad de cada uno de nosotros, utilizando argumentos narrativos que dibujan la idea motriz de la narración; y también Manuel M. Almeida ha utilizado en Evanescencia el formato novela para plantearnos un relato, aparentemente fantástico, que es finalmente una llamada de atención sobre este mundo que se despersonaliza por momentos.

Tal vez esta eclosión de temas y de inquietudes convertidas en novelas sea una consecuencia de los momentos confusos que vive nuestra sociedad en todos sus estratos; los humanos parecen empeñados en convertir el planeta en una falla valenciana. En España y Canarias no estamos mejor, y podemos resumir el momento como el de la mayor crisis política, económica e institucional en muchos años (que genera tribulación, miedo y desesperanza), y que hace que los escritores traten de avizorar lo más esencial del ser humano, o acaso la recuperación del paraíso perdido que no lo parecía cuando era real ("Cualquiera tiempo pasado fue mejor", verseaba Jorge Manrique). Puede incluso que se ponga en tela de juicio la mera posibilidad de la supervivencia física. Decía Facundo Cabral que la vida es una novela escrita por un loco; menos mal que hay otros a los que su locura los empuja pensar, no a pulsar botones letales en todo el círculo que recorre el Sol.

***

(Este trabajo fue publicado en la edición impresa del suplemento cultural Pleamar del periódico Canarias7 de Las Palmas de Gran Canaria del 17 de diciembre de 2017).


Que una visión aparentemente real pero imposible ante la lógica cotidiana (los burros no vuelan) se presente con normalidad no sería raro, si entramos en territorios imaginativos irracionales, que son lo suyo en novelas de género fantástico. Que estas cosas ocurran como metáfora de una realidad evanescente es menos usual en novelas no encasilladas por los críticos en un género concreto, y que suelen calificar de "literarias", como si no lo fuera cualquier novela que se precie en cualquier género.

Evanescencia1.jpgManuel M. Almeida no es nuevo en esta plaza. Aparte de su exitosa trayectoria como bloguero, es autor de novelas, poesía y una colección de relatos cortos en los que suele jugar con lo sorprendente, absurdo y a menudo irracional. Ahora publica la novela Evanescencia que podríamos entenderla como el océano en el que desembocan esos argumentos imposibles de mucha de su narrativa breve. Sin complejos literarios de ningún tipo, se interna en un argumento que contraviene las leyes de la física y la biología, tenidas por universales desde siempre, aunque ahora empiezan a plantearse otras posibilidades desde distintas vertientes de la ciencia más avanzada. Tampoco es tan nuevo, hace cien años Einstein puso contra la pared una magnitud tan aparentemente inmutable como el tiempo, y también Gregor Samsa amaneció convertido en una cucaracha desde la metafórica imaginación de Franz Kafka.

Evanescencia se mueve entre la realidad más material y esa otra realidad metafórica que acaba por imponerse en un relato que no deja hueco a la respiración. Almeida transita sin miedo por un territorio nuevo, pues se trata de una realidad paralela creada por el novelista, y consigue meter al lector en ese universo simbólico que a la postre viene a resultar rabiosamente realista como las bocas de fresa de Rubén Darío. De alguna forma, la fábrica de distintas maneras de interpretar el mundo, que tiene como operarios de lujo a Bardbury, Lem, Orwell o el mencionado Kafka, es el faro que guía esta narración de Manuel M. Almeida.

La ciencia tiene que estar dominada para saltarse sus reglas en una novela, y al fondo siempre está la filosofía, puesto que cada intento científico lleva aparejado el planteamiento de para qué y hasta dónde. Hay, además, un componente que nos plantea un sistema de creencias más allá de la religión, que hace que uno de los personajes pregunte y se responda a la vez: "¿ves cómo al final tu fantástico diseñador de universos resultará ser Dios?" Estamos, por lo tanto, ante una novela valiente y a la vez rebosante de insolencia, pues se viste con la valentía de los que siempre tienen una pregunta más allá de cualquier respuesta. Si, encima, el relato se construye con una prosa deliberadamente diseñada para crear inquietud, estamos ante una novela que viene resultar una gozosa e interesante curiosidad literaria.


Vuelvo a definir a Santiago Gil por enésima vez como el escritor que tiene un periscopio siempre fuera del agua para ver qué ocurre alrededor de los 360 grados de la vida. Pero no se limita con ver e informar de lo que ve, sino que indaga y deduce qué significa cada una de las cosas que atraviesan el juego de espejos de su mecanismo observatorio. Tiene la facultad de escarbar en los sentimientos más ocultos de sus personajes, que indefectiblemente son perdedores, o al menos se ocupa de los momentos en que el alma humana es poseída por la certeza del abandono y la desolación.

2 santiago gil.JPGEsos momentos oscuros son comunes a todos los seres humanos, aun a los que parecen brillar sobre la peana de oropel de los triunfadores. Desde ese punto de vista, el novelista rebusca en el territorio más íntimo, ese que nadie comparte ni con la persona más cercana. Cualquiera que conozca a Santiago en su vida personal puede encontrar una gran divergencia entre su manera de ser y en los mundos que crea en sus novelas. Es un hombre jovial, alegre y extrovertido, un arquetipo que raramente vemos en sus páginas. Cuando se calza el uniforme de novelista, trata de encontrar ese otro yo que existe en todos nosotros. Sus libros no suelen ser una verbena, y cuando el humor aparece lo hace de una manera tan dura que pasa a formar parte del retrato de esos personajes, que a veces ríen hasta sin motivo.

Escribir en ese filo de la navaja, usando técnicas que a menudo contravienen la lógica cotidiana, es un ejercicio literario de una enorme dificultad. Para trasladar ese camino por la naturaleza humana sin perder el pulso hay que tener un don. Casi diría que a Santiago lo que menos le interesa de la novela es la historia, persigue sobre todo las consecuencias de la vida, la historia sirve como detonante, pero el corazón de sus novelas está en la puesta en funcionamiento de un proceso reflexivo en el que quien lee se coloca en primera fila para tratar de ver lo que el novelista quiere que vea. La prosa exacta es su secreto fundamental, cada palabra está en el sitio que conviene, como las piedras de un arco ojival; la narración es la campana que toca a rebato hacia la reflexión; pero cuando encontramos a Santiago Gil en estado puro es cuando recrea esos mundos ambiguos, contradictorios y a menudo doloroso, es decir, cuando llega a toda su capacidad como novelista.

2 es una novela corta que se expande cuando llega a manos del lector, porque en ella hay otras novelas, otras reflexiones, otras salidas posibles que no estás expresadas pero que surgen. Cada lector encontrará la suya. Es Santiago un autor que confiesa su admiración por Stendhal, pero su obra es más centroeuropea. No sé si estos autores serán habituales en su biblioteca, pero al leerlo resuenan al fondo el pesimismo creativo de autores del corte de Thomas Bernhard, el más reflexivo Kundera e incluso de la poesía duramente humanista de la última fase creativa de la poeta Wisława Szymborska. Desde ese punto de vista, parece entroncar poco con esa otra vertiente canaria que viene de América, aunque no todo en el oeste del idioma es narración sin tregua; también hay corrientes reflexivas más allá de la fanfarria narrativa habitual que todos celebramos, que vienen de Onetti y más atrás y que en la actualidad tienen en su cima a autores como el peruano Alonso Cueto.

La nueva novela de Santiago Gil, que tiene un título tan corto como rotundo, usa el número 2, en cifras, como elemento contradictorio, que toma las relaciones gemelares como recurso para reflexionar sobre la dualidad que todos arrastramos. Y es que en las novelas de Santiago Gil, nada existe por azar.


El novelista Santiago Gil suele insistir en la diferencia entre narradores de mapa y narradores de brújula. Los primeros son los que lo planifican todo, hasta el último detalle, antes de emprender la redacción de una novela; los de brújula son los que se echan a la mar y se dejan llevar por la propia fuerza de la narración. Como en todo, no existen autores puros en ninguno de los dos tipos, pues siempre hay algo de planificación en los de brújula y de improvisación en lo de mapa. Jonathan Allen pertenece sin duda a los de mapa, aunque a menudo no lo parece porque la fuerza de la narración lo conduce con frecuencia a territorios que él no contaba pisar.

Dentro de los narradores que planifican, los hay que han de hacerlo por necesidad técnica porque si no sería imposible emprender una novela, y esto suele ocurrir claramente en quienes escriben novelas de géneros concretos, especialmente históricas o de la amplia gama de lo que hoy llamamos novela negra. Jonathan Allen necesita el mapa porque la mayor parte de sus narraciones, especialmente El conocimiento, su novela más reciente, responden a la definición clásica de mito, que es un relato metafórico que sirve como ejemplo y es aplicable en cualquier tiempo y en cualquier lugar. Y tiene que ver con el mito del origen, que no es ajeno al muy truculento relato de Edipo, aunque en este caso se refiere a la procedencia personal en el sentido más amplio.

El conocimiento 1.jpgCon la apariencia de una novela sobre las dudas, miedos y curiosidades de un adolescente, El conocimiento funciona con el mismo mecanismo que las peripecias trágicas de la Grecia Clásica y los cuentos infantiles, creadores de mitos donde los haya. Se establece un pulso dialéctico entre el adolescente protagonista y el adulto que hace de oráculo, y que el chico supone tiene las respuestas a tres preguntas cuyo conocimiento definirá su propio origen. Hacer preguntas es un arma de doble filo, porque se corre el peligro de que alguien conteste con una verdad que tal vez no guste.

La diferencia con el modelo es que no existe la seguridad de que las respuestas sean predicciones que se cumplirán inexorablemente, como el futuro de Edipo anunciado por la Esfinge. En El conocimiento se mira más al pasado aunque hay un deseo inconsciente de atisbar el futuro como proyección de la inercia de las raíces. Y es casi una norma que, cuando se hurga en los cimientos, encontramos las razones por las que es necesario restaurar lo que estaba oculto bajo tierra y es dañino. Ese descubrimiento de lo que no nos gusta es un ejercicio muy doloroso pero, si se consiguen reparar las vigas que nos sotienen, el resultado es una libertad ontológica que nos hace más fuertes, aunque nunca estamos exentos del peligro de que llegar a ese conocimiento pueda ocasionar el derrumbe definitivo.

Por ello, indagar en el oráculo de nuestra base vital es un acto de valentía. Hay personas que por ese peligro no quieren, otras sencillamente no pueden y otras ni siquiera se lo plantean porque el inconsciente les dice que tal vez sea mejor vivir con sordina que perecer apabullado por el estrépito. Una novela como El conocimiento es un ejercicio de reflexión que atañe al autor y se traspasa al lector, y en ese sentido nos sirve como instrumento para plantearnos qué niveles de certeza queremos en nuestra vida. Una vez más, Jonathan Allen nos ofrece un ejerció muy literario que va más allá de la propia literatura que lo envuelve.


Desde que nos conocimos, una tarde de otoño de 1982, no recuerdo haber hablado nunca en serio con Dolores Campos-Herrero. Desde que nos conocimos, en la vieja redacción del Canarias7, mantuvimos una comunicación humana y literaria fluida, transparente y cómplice. Ambas afirmaciones parecen contradictoria, pero no lo son; por alguna razón que ambos desconocíamos, usábamos entre nosotros un idioma que solo tenía dos hablantes, que sonaba como el castellano normativo pero en cuya ejecución nada era lo que parecía. Sin embargo, el otro siempre entendía. Nuestra lengua común fue la ironía, usada unas veces con elegancia florentina y otras como la más pura esencia del sarcasmo.

Fotos pruebalola77.JPGCon esas cabriolas lingüísticas mantuvimos una relación permanente que duró toda la vida común que nos fue permitida, 25 años en los que no tengo memoria de una traición, un malentendido o siquiera un leve contratiempo. La sonrisa presidía nuestras conversaciones en esa lengua imposible (para los demás), que usaba las palabras siempre con otra semántica. La carcajada nunca se presentaba, no es buena compañera de la ironía, que siempre se mantiene en posiciones moderadas aunque por dentro sea una bomba que incluso estalla. No nos veíamos con demasiada frecuencia, a veces pasaban meses sin vernos ni hablarnos, pero daba igual, cuando nos encontrábamos nos informábamos en nuestro idioma exclusivo. A veces no nos dábamos cuenta de que había otras personas con nosotros y armábamos nuestros castillos de palabras propias, y nos ocurrió en ocasiones que los presentes llegaron a pensar que discutíamos, o que nos hablábamos con enfado. Y nunca era así.

Vivimos muchas aventuras literarias juntos, cada cual en su registro, solo teníamos en común nuestro idioma hablado. Ella veía nacer mis novelas y las saludaba, mientras yo asistía a su primer poemario y sobre todo a sus sucesivas publicaciones de narrativa de breve formato, hasta llegar a condensarla en microrrelatos fascinantes. Aparte de sus poemas, que no pueden quedarse al margen por su fuerza expresiva, su obra narrativa hoy publicada es sin duda uno de los corpus cuentísticos contemporáneos más interesantes que conozco, no solo en el ámbito de Canarias, y que sin duda irán pregonando el nombre de Lola por toda la lengua y más allá, sobre todo cuando se hacen ediciones tan esmeradas como esta que publica ahora Ediciones La Palmas de Historias de Arcadia y otros cuentos.

No sé si dejó inédito algún texto de larga extensión, pero desde luego, lo mismo que a ese Borges que ella admiraba, no se le echa en falta una novela para entrar en sus mundos, que finalmente era uno solo, una ficción que metaforizaba al ser humano de cualquier tiempo, como un mito actual que explica a los griegos, a los chinos o a los britanos, lo mismo que hoy aquellos mitos antiguos nos explican a nosotros. El mundo literario de Lola es singular, y supongo que su total de cuentos iremos viéndolo formando incontables libros distintos según la selección que haga cada antólogo. Eso es una suerte, como ocurre con los cuentos de Cortázar, que se prodigan en tantos títulos como relatos escribió. Y cuando se conoce la cuentística de Lola, se conforma un mundo único y especial que irá extendiéndose como una luminosa mancha de literatura.

Hoy, en el suplemento cultural Pleamar del periódico Canarias7, se ha publicado un especial dedicado al desaparecido poeta Carlos Ramos, con un artículo del poeta Javier Cabrera y otro del titular de este blog, una muestra de poemas de Carlos Ramos y una ilustración realizada para ello del artista Asmir Pozderovic "Asko".

Carlos Ramos, el poeta rescatado

Por Emilio González Déniz

Libro de Carlos Ramos.jpgSalvo sus amigos más cercanos y un reducido círculo alrededor de estos sabe de Carlos Ramos, un poeta que nació en Telde (Gran Canaria) en 1957 y desapareció por voluntad propia en 1979. Pasó por la vida como un relámpago, pero dejó la huella profunda de su talento. Su actividad literaria abarca los últimos cinco años de su vida (1974-1979). Su partida dejó a sus amigos perplejos y confundidos; conocían el enorme talento natural del poeta y desde entonces trataron de recuperar esa obra manuscrita dispersa e inédita, en manos de unos y de otros. Poco publicó en vida, aparte de algunas cosas en revistas y suplementos (varios poemas en la revista Ajoblanco, entonces de gran incidencia literaria en toda España), y algún texto dramático representado por grupos teatrales que entonces trataban de encender una llama después de la larga noche de la dictadura. Desde entonces, hubo varios intentos para dar a conocer su obra, pero nunca llegaron a cristalizar.

Por fin, sus amigos lo han conseguido, antes de que papeles volanderos aquí y allá fueran diluidos por el tiempo, el extravío o el olvido. La mayor parte del trabajo ha recaído en los artistas plásticos, escritores y amigos Alfonso Crujera, José Medina Hernández, Agustín Hernández, Ángel Sánchez y Javier Cabrera, pero han sido muchas las personas que han puesto su empeño, desde el intercambio de fotocopias al paso al teclado de lo que estaba manuscrito. Patronos y colaboradores han hecho posible que se reúna la obra del poeta en la colección Biblioteca Carlos Ramos, que sale bajo el sello de Ediciones OK en cinco tomos desde ahora a 2019.

Es muy evidente que la recuperación de la memoria del poeta es la hermosísima historia de una amistad indeleble de un grupo de artistas en distintas materias, pero sobre todo es un ejemplo de la necesidad de dar a conocer un legado literario importante. Como dice Ángel Sánchez en el prólogo, nunca sabremos cuál habría sido la trayectoria literaria de un autor que murió a los 22 años y dejó una obra importante y muy personal. Quién sabe si se habría proyectado muy arriba con una obra in crescendo, se habría convertido en uno más de los que formaron la Generación del Silencio, o incluso si ese silencio habría apagado su luz definitivamente como ha ocurrido con otras voces que no aguantaron la dura travesía del desierto. También es verdad que ninguna de esas brasas convertidas en cenizas fue tan tempranera y tan luminosa como la del malogrado poeta teldense.

Lo que sí sabemos es que Carlos Ramos tiene hoy un lugar en nuestra historia literaria, y es una novedad leer ahora por primera vez poemas que llevan cuarenta años a la espera de ser alumbrados. Y la impresión de esa lectura es la de que estamos ante un poeta que permanece, que no es una curiosidad arqueológica, sino un poeta vivo, actual, eterno.

Consta este primer tomo de la Biblioteca Carlos Ramos de un poemario, O la luz tiene huellas en su frente, de dos opúsculos con vida propia, Dejad que los muertos entierren a sus muertos y Poems for descargas, y de dos pequeñas colecciones de poemas. La injusticia, el dolor y lo eterno sobrevuelan todas las páginas de este libro, con la voz firme del poeta que indaga en lo ignoto, lo oculto, y que habiendo acumulado un miedo pavoroso a lo desconocido, acaba perdiendo toda prevención para desafiar ese miedo hasta anularlo. Sus versos son infatigables surtidores de imágenes polisémicas que nos muestran varias dimensiones del mundo.
***


Carlos Ramos. Su poesía a día de hoy

Por Javier Cabrera


La selección de poemas que aparece en esta página es una pequeña muestra de la obra poética que Carlos Ramos produjo entre los años 1974 y 1979, periodo de máxima actividad creativa hasta el año de su fallecimiento, con apenas 22 años. Estos poemas en concreto datan del año 1976. Hablamos entonces de un poeta que, nacido en 1957, cuenta en ese momento con sólo 19 años. Sorprende, así, la concentración de imágenes en sus versos, la unidad de criterio en su concepción lírica y la madurez en un sostenimiento continuado del pensamiento. La suya fue una poesía de orden vital, con características tales que la hicieron pivotar entre el experimentalismo de la época -cierta asunción de Paul Celan-, la actitud desaforada de Alejandra Pizarnik -poeta de cabecera en más que contadas ocasiones- y cierta constancia de los últimos ramalazos de la condición surreal, rayando a veces, por qué no explicitarlo, en una deriva que le empataría -como vislumbra el poeta y ensayista Ángel Sánchez- con la radicalidad lúdica de cierto Artur Rimbaud. Pasemos, entonces, a leer esa muestra.

Es, Carlos Ramos, indiscutiblemente, un poeta de su tiempo, tanto que, tras casi cuarenta años de permanecer su obra ajena a una lectura consciente, al retomarla, caemos en la cuenta de dicha premisa apenas avanzamos en la lectura de sus versos. Viene esto a decir, y confirmar, que su obra goza de la actualidad más inmediata de una escritura puesta al día. Nos produce satisfactoria alegría que su poesía parece haber sido escrita apenas días antes de ser leída a día de hoy. Lo que viene a concluir que su obra, tras esos casi cuarenta años desde su muerte, está tan al día que pregona entre sus líneas la actualidad más cenital.

Los poemas aquí reproducidos pertenecen al Primer Tomo de una selección de su obra que abarcará 5 libros y que se editarán bajo el titular genérico de Biblioteca Carlos Ramos.

***

CR-Ilustracion de Asmir Pozderovic (ASKO).JPG

Poemas

-1-
V
La palmera bañada de viento
recogió su figura hasta quedar en
un otoño blanco:
quemar la forma en vida fugaz
que se cuelga
columpiándose en las barbas negras
de los antepasados no gloriosos.


-17-

Estoy a punto de estallar en el lenguaje del silencio
a desgajarme entre el espacio separado de los dos
yo
yo
Presiento que cuando te encuentre encontraré la muerte
Presiento que cuando te encuentre encontraré la vida
Encontraré el secreto de tu búsqueda entre el respiro de la arena
y entre los huracanes
del silencio cuando estalle entre las vidas
y rompa la costumbre de los tiempos al ruido de mil ojos
Reprendo mis acciones y acabo hecho pedazos por
el fuego, que me entierra en el viento para no pararme en el camino
encerado que conduce hasta el silencio
abierto por las gotas del rocío
Me dejo llevar hacia la noche
En el rito de amor desconectado por la luz
en el baile de la hoguera resaltada

(Del libro O la luz tiene las huellas en su frente, 1976)

En el panteón familiar
Resopla el viento
Como si quisiese
Recordarnos
Las tardes que pasamos
con las manos unidas
y los ojos sangrando metal
Ahora se nos quedó la palidez
entre los labios
y dejamos los úteros vacíos


Con el elixir del resorte
que zozobra por el polen
mancha a los hombres
Que en las esquinas
Rompen a llorar guijarros
Como tiernos
Alelíes de cristal
y se desembocan
como caballos
de plástico
Entre la humareda de los autos.


Con los rostros pintados por las aceras
Te fuiste y me quedaron las lágrimas
En el pensamiento
Rizos de metal
Rizos de acero que
me ruborizaron la noche
erecta por la luna

(Del libro Poems for descargas, 1976)

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