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Novedades en la categoría Enredad@s

#Enredad@s

TLP2017 por Ernesto R. Ageitos

Visitar la TLP Tenerife Lan Party se ha convertido en una de mis citas obligatorias anuales. Confieso que a medida que pasan los años me resulta más complicado entender según qué cosas que pasan alrededor. Jóvenes que saltan, todos a una, ante determinado estímulo en el ordenador, abrazos gratis por doquier y corear al unísono canciones en japonés, son cosas que me hacen ver que en algunas cuestiones ya se me pasó el arroz.

Es cierto que hay muchos adultos en la TLP, no solo los organizadores y muchos participantes, sino también esos padres y madres abnegados que acompañan a sus criaturas que no han alcanzado la edad de ir por su cuenta. Normalmente los distingues por su gesto adusto y de resignación ante una situación que no les apetece mucho, pero que se tienen que tragar.

Pero este año nos ha pasado una cosa curiosa y es que mi socio y amigo Ernesto escuchó a dos jovencitas teleperas susurrar: «pero, ¿hay frikis tan mayores?», cuando pasaron a su lado. Ya ni siquiera te salva llevar una camiseta con mensaje de Star Wars, haber conocido a Nolan Bushnell, saber quién es Stan Lee o conocer la versión no anime de Lobezno.

Eso sí, la dignidad es lo primero, así que Ernesto respiró hondo, recogió su orgullo maltrecho, se atusó su camiseta de Pampling y siguió paseando su señorío friki por la TLP.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" de la edición impresa de Canarias7 el 23 de julio de 2014.

#Enredad@s

Pantallazo de Microsoft Power BI

Hace unos meses echaba un vistazo a Microsoft Power BI y reconozco que me llevé una grata sorpresa. Se trata de una herramienta de inteligencia empresarial (business intelligence, si utilizamos el palabro en inglés) que permite interpretar los datos de tu empresa de tal forma que sea posible sacar conclusiones fácilmente.

De esta forma, cualquier persona que tiene una empresa, pequeña o grande, puede incluir sus datos y concluir en qué departamento se le está yendo el dinero por el sumidero, por ejemplo, o que división es la que debe expandir. Todo eso lo presenta con diagramas y estadísticas de fácil interpretación, que permiten analizar la estrategia de la empresa. Como digo, me llevé una grata sorpresa ya que me pareció una herramienta útil en la nube al alcance de los mortales.

También pensé que Microsoft estaba enfocando claramente su negocio al ámbito empresarial. Y esa misma sensación la he tenido cuando me enteré de la compra de LinkedIn y no pude evitar atar cabos. Resulta que ya tienen la herramienta para sacar conclusiones de datos empresariales y ahora además tendrán la información profesional con la nueva red social.

Es cierto que LinkedIn es un poco árida para los neófitos y que una se siente tentada muchas veces de no completar la cantidad de datos que pide para tener el perfil como los chorros del oro. Pero hay que reconocer que es una red social muy interesante si se entra en su juego. Cuando rellenamos el perfil de forma exhaustiva y publicamos convenientemente, LinkedIn se convierte en un estupendo escaparate profesional y un buen sitio para establecer relaciones profesionales. No creo que sirva para encontrar primeros empleos, pero sí para fortalecer puestos y especialidades. El caso es que ahora, Microsoft tiene también todos estos datos.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" de la edición impresa de Canarias7 el 18 de junio de 2013, acompañando al artículo Microsoft pone el foco en las redes de profesionales con LinkedIn.

Pantallazo de Internet.org

Las nuevas tecnologías han aportado también nuevos filántropos a este mundo. Conocidas son las causas de Bill y Melinda Gates en pro de la educación, la sanidad y la alimentación. Pero no son los únicos. Sergey Brin, uno de los fundadores de Google, financia investigaciones genéticas para acabar con el Parkinson. Biz Stone y Evan Williams, fundadores de Twitter, destinan parte de su fortuna a la protección de los animales. El propio Zuckerberg financia varias causas para la educación y la salud. Es lógico pensar que cuando recibes tanto, devuelvas algo a la sociedad.

Entonces, ¿por qué se critica tanto el proyecto Internet.org, que supuestamente apuesta por un fin social? La clave está en ver cómo consigue el dueño de Facebook que la gente sin conexión tenga acceso a Internet. Básicamente les obliga a pasar por una aplicación que restringe qué páginas web pueden ver. Así que, sí, tienen acceso a Internet, pero solo a determinadas páginas. Esto genera un interesante debate, ya que plantea qué es lo más importante, si la posibilidad de conectarse a la red o la libertad de visualizar cualquier contenido.

Sea como fuere, Zuckerberg ya ha conseguido más de nueve millones de nuevos seguidores para Facebook. Y eso, para él, es dinero.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" de la edición impresa de Canarias7 el 11 de julio de 2015, acompañando al artículo Mark Zuckerberg sueña con que Internet sea un servicio público.

Sr. BurnsHay que tener las espaldas muy anchas para exponerte en cualquier medio de comunicación. Bien es cierto que no todo el mundo es de la misma opinión y que los debates son muy sanos, por lo general. Pero en Internet la cosa va de extremos. Cualquier tema insignificante se magnifica y un inocente comentario puede convertirse en el desencadenante de la III Guerra Mundial, al menos en la mente del afectado.

Posiblemente tenga que ver con la inmediatez, el síndrome del dedo tonto que tenemos los internautas que nos hace darle al 'enter' antes de hacer una segunda lectura. Igual también influye el anonimato que te puede dar la red y que hace esconderse detrás de un seudónimo a cualquiera que no se atreva a dar la cara. O puede que haya un deseo mal encauzado de rebelión. El caso es que los haters se hacen legión en Internet.

La traducción del término viene a ser algo así como 'odiador' y con él nos referimos a aquellas personas que solo escupen comentarios negativos y muchas veces desagradables sobre los demás.

No me refiero a una crítica bien dicha o a una discusión desde el respeto, sino a aquellos que vuelcan su mal rollo de forma anónima en sus comentarios. Puede dar una vuelta por el canal de un youtuber, encontrará montones.

[Imagen: Se me ocurren unos cuantos personajes para representar a los haters, pero por poner uno, aquí va el Sr. Burns ;)]

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" de la edición impresa de Canarias7 el 27 de junio de 2015, acompañando al artículo Youtubers, cuando un vídeo consigue influenciar a millones de suscriptores.

Logotipo de MeetupLos profesionales del naming seguro que pueden contar mucho sobre esto, pero cuando escuché por primera vez "¿cuándo es el próximo meetup?", supe que la herramienta ya estaba teniendo el éxito esperado.

Empecé a utilizar Meetup porque un compañero de un coworking de Sevilla me lo recomendó. Le expliqué que organizaba eventos bastante a menudo, pero que no conseguía planificarlos bien con la incertidumbre de la asistencia. Él me dijo que utilizaba esta red social desde hacía tiempo y que le iba muy bien, así que me lancé, ya saben que con poco voy.

Al principio me resultó bastante poco amigable y los primeros eventos que convoqué generaron bastantes críticas. Pero la gente se fue acostumbrando, no solo para apuntarse a los eventos, sino para organizar más grupos. Así que algo que empezó siendo muy residual, está aglutinando cada vez a más gente.

Porque hay que tener en cuenta que una red social es mucho más divertida cuanta más gente conozcas en ella. Desde que Meetup acoge a más personas que viven en Canarias, se ha vuelto mucho más interesante. Ahora da gusto ver ese calendario lleno de eventos y la gran cantidad de iniciativas que salen cada día.

La moraleja: hay que darle siempre una segunda -o tercera- oportunidad a las redes.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" de la edición impresa de Canarias7 el 20 de junio de 2015, acompañando al artículo Si quieres tener la agenda al día conéctate a la red social Meetup.

Me confieso totalmente enganchada a la televisión bajo demanda. Ya está, ya lo he dicho. Es más, voy a profundizar, porque los pecados inconfesables son siempre los más suculentos. Me pirran las series. Da igual la temática, si me enganchan con el capítulo piloto, ya tengo una grabación añadida a mi disco duro. Solo tengo una leve aversión por las series españolas, pero hay que reconocer que cada vez le ponen más entusiasmo. Cuestión de gustos, supongo.

No sé quién tuvo la mente perversa para descubrir que habían personas como yo en este mundo que no estaban dispuestas a tragarse las muchas bazofias de los canales generalistas y que querían ver la tele cuando pudiesen y donde les apeteciese. Y eligiendo los contenidos. Esa mente preclara dio con la piedra filosofal de la cuestión.

En general esa es la tónica de los negocios en Internet. Si usted lo analiza verá que todo empieza por coger una actividad que tradicionalmente se hacía en masa cuando un emisor quería y se pone a disposición de los usuarios para que ellos decidan qué, cómo, cuándo y dónde realizarla. Escuchar música, consumir información, leer libros, ver la tele e incluso desplazarse en coche, son operaciones que los internautas hacemos ya de otra forma.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" de la edición impresa de Canarias7 el 6 de junio de 2015, acompañando al artículo La televisión en Internet amplía su oferta para el público español.


HackForGood Canarias 2015

Cuando me preguntaron si quería mentorizar de nuevo en HackForGood, me hicieron una entrevista a modo de presentación. Una de las cuestiones era qué retos escogería si yo fuese participante y no mentora. Y me lo tuve que pensar, no se crean.

Imaginen que tienen que solucionar un aspecto social y que cuentan con la tecnología para hacerlo. ¿Cuál resolverían? Para empezar hay que pensar en todo lo que requiere de solución en este mundo y a mí eso ya me resulta una tarea de lo más titánica.

Desigualdades sociales, gestión de voluntariado, vulnerabilidad de los derechos humanos, abandono de animales, falta de educación general, medio ambiente en precario, tasas de paro por las nubes, abandono del medio rural... Si me pongo, no paro.

Y ahora, con todo eso, intenten elegir una cuestión e intentar aportar una solución tecnológica para mitigar el efecto negativo. El caso es que me llevó un buen rato responder a esa pregunta y me decanté por algún sistema que avisara de la vulneración de los derechos humanos. Pero porque tenía que decir uno, ya les digo.

Así que pensar en los participantes del HackForGood enfrentándose a estos retos y teniendo que seleccionar uno para intentar resolverlo este fin de semana, me resulta de lo más admirable. Chapó por ellos y por los propulsores de la iniciativa.

En mi esfuerzo por encontrar una respuesta coherente, hice listas de problemas y de posibles soluciones, así de tiquismiquis que soy. Lo cual me lleva a pensar en la cantidad de proyectos de innovación social están todavía por desarrollarse, es decir, la cantidad de problemas que podían mitigarse a través de la tecnología.

Entonces, ¿por qué no se hacen? Lo desconozco, pero por imaginar, se me ocurre que los fines sociales nunca han generado dinero.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" de la edición impresa de Canarias7 el 18 de abril de 2015, acompañando al artículo En HackForGood las 'smart cities' también incluyen 'apps' sociales.

Siempre me han gustado las matemáticas, así que en mi trayectoria escolar no tuve problemas para aprobarlas. Pero no me gustaba nada la filosofía, por ejemplo, y tenía todas las papeletas de la rifa para suspender esa asignatura.

Tuve la inmensa suerte de dar con Arantxa, la profesora que se empeñó en que yo aprobara y que me exigía hasta la médula para razonar aquellas teorías que a mí me parecían infumables. Con el tiempo, no puedo más que agradecer el entusiasmo de esta profesora y cómo consiguió transmitírmelo.

El mismo entusiasmo que me transmitió Carlos cuando me contaba cómo llegó a la conclusión de que sus alumnos debían saber para qué servían las matemáticas. Me contó su caso particular, parecido al mío, en el que no supo para qué le podía servir una fórmula hasta que tuvo que aplicarla en la carrera y luego en su primer trabajo.

Él no quiere que sus alumnos pasen por esa tesitura y por eso se mete en estos fandangos. Los centros en los que da clases no suelen tener recursos para comprar robots o software carísimo como a veces exige una institución pública alejada de las aulas y la realidad. Pero afortunadamente, esos centros cuentan con algo mucho más valioso: profesores con entusiasmo y ganas de enseñar.

Blog de Carlos Morales Socorro, inspirador de esta columna de opinión. Vota el proyecto de Carlos en la competición ODS (busca RoboTIX y vota), antes del 1 de mayo de 2015.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" de la edición impresa de Canarias7 el 11 de abril de 2015, acompañando al artículo Fórmulas matemáticas en la ESO que ponen en marcha a un robot.

Coche con placa de ArduinoMe gusta mucho la filosofía colaborativa. Supongo que es una evolución lógica de la filosofía 2.0, esa que nos dice «comparte más de lo que recibes».

Pues bien, de tanto compartir en Internet, nos hemos dado cuenta de que si colaboramos, las cosas salen mejor. Por eso están surgiendo tantas iniciativas 'co': el coworking, los colaboratorios y hasta la coeconomía.

Ya nos lo decían en La Bola de Cristal: «solo no puedes, con amigos sí». Si a eso le sumamos la crisis por la que estamos pasando, que alguien te eche una mano para minimizar gastos o para reinventarte en tu vida profesional no tiene precio.

No todo el mundo entiende este tipo de forma de trabajar. Los crowdfunding, las causas a través de Internet y, en general, el poder de las masas no cuadran en muchas cabezas carpetovetónicas. Es normal, al que no está acostumbrado a dar le extraña que los demás compartan con tanta facilidad.

Pero a mí particularmente me gusta mucho, como les decía. Dar una vuelta por un makerspace esquivando los robotillos de Arduino por el suelo y alucinar con las simulaciones de huesos que hacen en LpaFábrika, entre otras cosas, puede suponer un subidón de adrenalina.

Y un refuerzo en la idea de que, si compartimos y colaboramos, la cosa funciona mejor.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" de la edición impresa de Canarias7 el 14 de marzo de 2015, acompañando al artículo Un 'makerspace' para imprimir ideas y experimentar con robots.

Hay algunas cosas que no entiendo de este mundo tecnológico que me ha tocado vivir. Bueno, más que no entender, no las comparto. Por ejemplo, me resulta de lo más cutre que los usuarios de iPhone no puedan cambiar la batería sin pasar por el servicio técnico. También me enveneno cuando tengo que llevar dos cargadores diferentes en el bolso, porque mi tableta y mi móvil, pese a ser los dos de Samsung, no comparten la misma clavija. Me mosquea mucho que se resquebraje la pantalla del móvil por darle un ligero toque. Y también que a mi cuñado le haya dejado de funcionar su home cinema de Sony justo a los cinco años de comprarlo.

Y de todo esto, lo que más coraje me da, es la cara que tiene que poner el pobre del servicio técnico de turno cuando te dice eso de «te va a salir más barato comprarte uno nuevo». En esos momentos, no sé por qué, me vienen imágenes de la posguerra española a la cabeza, de las colas de racionamiento y de la época en que se sacaba harina del cosco. ¡Ni tanto ni tan calvo, hombre! Algún punto medio tiene que haber.

Quieren que consumamos tecnología y, lógicamente, eso me parece bien. Pero con cabeza. Los móviles y las tabletas no son especialmente baratos, como para tener que andar con mil ojos para que te duren los años que la casa ha decidido que deben durar. Porque ya no es solo cosa de que los cuidemos, si la obsolescencia programada es a los cinco años, se acabó el cacharro por más que lo hayamos tenido entre algodones.

Así que no me extraña que los dispositivos por bloque estén empezando a estar en auge. Ya no solo es cuestión de que son más baratos y a la larga contaminan menos el medio ambiente, también te dan la libertad de hacerlo como quieras y, por qué no, de imprimirlos en una impresora 3D cuando nos dé la gana.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" de la edición impresa de Canarias7 el 7 de febrero de 2015, acompañando al artículo Hágalo usted mismo, la corriente DIY llega también a la tecnología.

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